Hablar de la Guerra Civil española no es sencillo, ni cómodo. Da igual cómo se aborde el tema: sea de forma seria o un poco por encima, de pasada, levantará polémica en cualquier caso. Quedan cabos sueltos, medias verdades, historias sin nombre e injusticias que piden su turno, a voces a pesar del silencio, para salir a la luz.
A los que nacieron durante la llegada del hombre a la Luna, o fueron concebidos con la euforia del momento aquel verano del 69, a esos mismos que crecieron mientras las playas se llenaban de suecas, alemanas e ingleses, durante el Torremolinos de los 60 y 70; pero sobre todo a los que llegaron después, tras el 20N, el sí del pueblo a la democracia, la Constitución del 78 y el 23F, solo les hablaron de las cosas «feas»: el miedo, los «grises», la represión y el exilio, las cartillas de racionamiento, el hambre y la miseria, la devaluación de la peseta, la Batalla del Ebro y el bombardeo de Guernica. Incluso a los que llegamos tarde pero a tiempo, mientras caía el muro de Berlín y se disolvía la Unión Soviética, nadie nos contó que la Guerra Civil también fue una época donde los que supieron rimar la vida dejaron testimonio en verso de aquellos años. Antonio y Manuel Machado, Federico García Lorca, Vicente Aleixandre, Rafael Alberti, Luis Cernuda o Juan Ramón Jiménez son solo algunos ejemplos, entre los que se encontraba Miguel Hernández. Las cosas que parecían merecer la pena dejaron que las descubriésemos por nuestra cuenta… cuando fuese el momento adecuado.
«Recordar a Miguel Hernández, que desapareció en la oscuridad, y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor. Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra. No tenía Miguel la luz cenital del Sur como los poetas rectilíneos de Andalucía sino una luz de tierra, de mañana pedregosa, luz espesa de panal despertando. Con esta materia dura como el oro, viva como la sangre, trazó su poesía duradera. ¡Y este fue el hombre que aquel momento de España desterró a la sombra! ¡os toca ahora y siempre sacarlo de su cárcel mortal, iluminarlo con su valentía y su martirio, enseñarlo como ejemplo de corazón purísimo! ¡Darle la luz! ¡Dársela a golpes de recuerdo, a paletadas de claridad que lo revelen, arcángel de una gloria terrestre que cayó en la noche armado con la espada de la luz!»
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Brillante, como siempre. Gracias.
Me alegra que te haya gustado.
El desencuentro con Lorca se debería explicar más, yo escribí este artículo que le da un poco de luz http://www.diariodeleon.es/noticias/afondo/el-poeta-pastor-y-lorca_577887.html
Podría haberme extendido un poco más, pero no quería salirme de lo principal: repasar brevemente la vida de Miguel Hernández.
Paso a leer, sin falta, su artículo.
Fantástico, una escritura desenvuelta que deja ver horas de trabajo. Lo sé de buena tinta.
¡Enhorabuena!
¡Muchas gracias! La verdad es que llevó lo suyo obtener la información, ordenarla y darle mi enfoque.
Pingback: “Miguel Hernández: métrica del hombre; anatomía del verso.” por Sergio Grande, publicado en Jot Down. | unaletraconsombrero
Sublime. Recordar la memoria de Miguel Hernández siempre viene muy bien, y más en estos tiempos.
¡Muchas gracias! Espero que lo hayas disfrutado.
No sé si es porque el autor no ha leído a Miguel Hernández, más allá de las composiciones que se estudian en el colegio (cosa probable) o la omisión obedece a la mala fe, pero hablar así, en abstracto, de que Miguel Hernández luchó «por la libertad» durante la guerra civil, y omitir deliberadamente que desde 1936 su poesía refleja de forma clara y contundente su compromiso ideológico y personal con el comunismo. Sus poemas hacen referencia explícita al comunismo, al socialismo, a la unión de los trabajadores, al internacionalismo.
Escribir un artículo sobre Miguel Hernández y no hacer ni una referencia a su ideología, por la que escribió, luchó y fue asesinado, es sencillamente ridículo.
Un saludo.
El autor ha leído a Miguel Hernández, aunque aún no todo lo que le gustaría.
Más allá de las composiciones de colegio que usted menciona, donde puedo asegurar que éstas se cuentan con los dedos de una mano porque se centraban en otros poetas, conozco también la relación que Miguel Hernández tenía con el comunismo, aunque sus palabras me dan a entender que usted sabe mucho más del tema.
El uso del «para la libertad» es un recurso literario empleado para que el lector relacione el término con el poeta. En ningún momento he querido omitir, ni deliberadamente ni a mala fe, cualquier relación ideológica.
No se ofenda si parece que he querido omitir información. Podría haber incluido que en algún momento mantuvo relación con Alberti y María Teresa León, reconocidos comunistas, o que viajó a la Unión Soviética, pero no ahondé en algunos aspectos porque mi intención, desde el principio y como indica el título, no era escribir un trabajo de investigación sobre la ideología que defendió el poeta de Orihuela en momentos de su vida ni cómo se refleja ésta en sus composiciones (claro está que su poesía, como la de cualquier poeta, pasó por distintas etapas y refleja más cosas que lo evidente a los ojos) sino hacer un rápido repaso a los puntos más importantes de su vida y su poesía. Mi intención también distaba de provocar discusiones ideológicas.
Es inevitable dejar cosas en el tintero para no extenderse. Como habrá comprobado, tampoco hay ninguna referencia al poema de los niños yunteros, por ejemplo.
Que sea ridículo o no, lo dejo al entendimiento y la opinión de cada uno.
¡Un saludo y muchas gracias por haberse tomado la molestia en comentar!
Genial. Me ha gustado muchísimo. Tengo 22 años, y a los de nuestra generación no se nos habla mucho de aquellos años. Yo, gracias a las historias de mi abuela, he podido intentar imaginar lo que serían los años de guerra y de posguerra. Pero siempre nos quedamos lejos, porque la comodidad de nuestra época nos impide ponernos en la piel de aquella gente. Miguel Hernández, con sus poemas, nos ayuda a sentir el dolor, el sufrimiento, y la lucha de aquellos hombres, que querían un futuro mejor para sus hijos, para su país. Para mí, es uno de los más grandes poetas españoles. No sé si para expertos en literatura y poesía su poesía estará a la altura de la perfección, pero desde luego, el sentimiento que refleja en cada línea, para mi es sobrecogedor. Como amante de la poesía de Miguel, me ha encantado leer el artículo, porque está escrito desde el respeto, y el cariño, a un hombre que sin duda fue un grande.
Enhorabuena de verdad, porque es realmente bueno.
Te entiendo a la perfección. Los que no vivimos todo aquello nos podemos hacer una idea por lo que nos cuenten, pero siempre será muy vaga respecto a los recuerdos de esos ojos que lo vieron.
Me alegro mucho que como lector te haya gustado, no hay mejor manera de demostrarlo que con esas líneas que has dejado más arriba. ¡Gracias!
Pingback: Miguel Hernández: métrica del hombre; anatomía del verso, por Sergio Grande
No sale Maruja Mallo.
Lo sé y lo lamento. Es otra de las cosas que dejé a una lado para no acabar extendiéndome demasiado.
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Qué tal.
Mire, comento para corregirle algo, pero no con la arrogancia que he leído en otros más arriba que parecen más querer pavonearse de un conocimiento (quién sabe si cierto) del poeta, sino con una gana sincera de señalarle constructivamente dónde creo que ha «pisado el palito».
Lo primero que noté es lo que se dice de su relación con el padre; hay cierta confusión biográfica allí. Es falso que haya sido su padre quien le brindó acceso a la literatura, y es cierto que alentara su formación, ni mucho menos, que le permitiera leer. De hecho, Miguel leía a escondidas, y contaron sus hermanos, se le daban unas palizas un poco duras al niño cuando se le encontraba leyendo, escondido, por la noche. Su relación con su padre fue tan mala que algunos biógrafos de Hernández mantuvieron -aunque se discute la veracidad de esto- que, cuando a su padre le informaron que Miguel había muerto en prisión, dijo «él se lo ha buscado».
Respecto de lo que dices de García Lorca: Lorca no lo despreciaba nada más porque sí. Cuando Hernández publica Perito en lunas, siendo aún un joven muchacho, enfurecido por la poca atención que el libro recibió, decidió enviar una carta a Lorca. En su carta, manifiesta que es una injusticia que no se leyera su libro, pues esos versos eran mejores que mucho de aquellos grandes poetas a quienes, «si se les quitara la firma, serían olvidados y pasados por alto». Oye, yo soy fanático enloquecido de Hernández, pero aquí tuvo una vanidad muy intolerable… Sin embargo, Lorca le responde aconsejándole que tenga paciencia, que no tenga vanidad por su obra, le dice que es algo común en los primeros libros, y que no se preocupe pues él intentaría hacer algo con Perito en lunas. Hernández le escribe una segunda carta en la que expresa: «maldigo las putas horas y malas en las que di a leer un verso a nadie», y que «no es vanidad, sino un orgullo lastimado» (la cita puede no ser exacta, no tengo a mano la biografía, pero recuerdo bien esos detalles). A partir de aquí, Lorca no volvió a contestarle. Hay quienes dicen que, el hecho de que Miguel haya sido un pastor desgradaba a Lorca, que tenía inclinaciones fuertes a la elegancia y era un poco delicado en lo que toca al verse y al parecerse. Pero no estoy seguro, sólo quería contar lo de aquella correspondencia de la que surge la problemática entre los dos. Y por cierto, Hernández nunca odio a Lorca, ni el sentimiento se le contagió, como dices, sino que su admiración se mantuvo siempre. Su elegía es sincera y desgarradora, y no es, pero no es para naaada, un «no te guardo rencor». Cualquiera que la lea puede verlo.
Está muy bien escrito, muy lindo, y me hace muy feliz saber que sigue siendo recordado y que se sigue escribiendo de él, pero para haber sido una breve reseña biográfica, han habido ciertos errores no de pequeño grado.
Mi franqueza pero mis felicitaciones para ti,
un gran saludo, y que el recuerdo de Miguel siga entre nosotros.
Un abrazo.
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Gracias
En esta red que un día dio esperanzas de libertad de comunicación global, abora convertida en losa, herramienta de control de los poderes ocultos, o no, alivia encontrar texto sin florituras tecnológicas que nos recuerden a aquellos que amaron y vivieron «para la libertad»