Django desencadenado en tres actos

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Django desencadenado (3)

– Cadenas: de la figura del director y los amores y odios que rodean a su sombra. Incluye cameo de Elvira Lindo.

– Django: de la película en sí.

– Realidades alternativas: de la ficción y sus guantazos con la realidad. Incluye cameo de Spike Lee.

Apunte sobre las cadenas

Las películas de Quentin Tarantino han logrado de manera admirable convertirse en una maquinaria capaz de crear dos tipos de espectador antagónico. Por un lado está aquel que contempla al de Knoxville como un mesías del séptimo arte que desciende de los cielos arropado por varios querubines con la gentil intención de azotar al cine contemporáneo disparándole a bocajarro un racimo de coolnes en las pelotas sin quitarse las gafas de leer ni la gorrita de Kangol.

Y por otro está aquella parte de la audiencia que repele dicha canonización del director y no puede evitar sentarse ante sus películas repitiéndose mentalmente lo que el realizador quiere es ametrallarles con una batería de referencias interminable. Referencias que escapan al entendimiento de cualquiera que no haya atracado un videoclub pidiendo a gritos que le rellenaran el saco con lo más selecto del cine paralelo. Destacan los casos extremos, esos que tienen la curiosa teoría de que en alguna vida anterior un antepasado de Tarantino sodomizó a algún ancestro relativo sobre un potro de gimnasia.

Ni tanto ni tan poco. Alguien dijo que Tarantino nunca fabricaba sus películas pensando en lo quería ver el público en pantalla y que en ese detalle probablemente radicaba su frescura. En realidad Tarantino parece rodar las películas que a él le gustaría ver como público. Tildar a su cine de apropiacionista cuando en el fondo demuestra un marcado carácter personal es errar el vaso sobre el que se quiere miccionar, por muy extenso que sea el archivo de influencias y muy evidente la colección de cromos. El realizador sufre de un encumbramiento desmesurado porque tanto su figura de showman cinéfilo como los medios periodísticos han logrado proyectar una sombra de su figura que llega a empapar sus films, y esto es en cierta medida algo inevitable cuando la personalidad de uno está tan acostumbrada a entrar en los sitios con la misma finura con la que un hombre orquesta lo haría en un entierro.

Explotó con la fantástica Reservoir dogs, que era realmente una falsa opera prima; la desconocida y muy casera My Best Friend’s Birthday, de la que solo se conserva parte del metraje (unas llamas ejercieron de improvisadas editoras del resto), fue en realidad su primera cinta finalizada y los restos que se pudieron salvar de la quema rodaron por festivales para disfrute de acérrimos admiradores. Y después remató con Pulp fiction, o el Cien años de soledad del director: recopilar decenas de ideas fantásticas en una obra redonda. Tras esto firmó la parte más digna de aquel Frankenstein que era Four Rooms y ya con un guión ajeno en la mesa estrenó Jackie Brown, su balada a la blaxpotation y la cinta que indicaba el momento justo en el que el hombre decidió pisar un poco más flojo el acelerador. Kill Bill vol 1 y vol 2 amasaron una cantidad envidiable de público con la silueta de niñas (y no tan niñas, ni en el género) de instituto que dejaban las Bratz para agitar las katanas. Las dos entregas de Uma Thurman en modo Dios sesgaron por completo a la población cinéfaga: o era un ejercicio de estilo, o era una mamarrachada con una coñoneta. Y nadie se paró a pensar que quizá solo era un malabarismo pop, absurdamente estirado pero sin tanta ínfula. Con una sosaina Deathproof demostró que algunas películas es mejor no separarlas al nacer de su hermano siamés bueno y con la deshilvanada pero decente Malditos bastardos moldeó el cine bélico a su manera, haciendo que cada personaje recitara cuatro páginas de libreto para preguntar dónde estaba el servicio y osando crear una realidad paralela a la histórica.

Django desencadenado (2)

Por mucho que le pese a unos cuantos (entre ellos los fanáticos de sus inicios) el rumbo que ha tomado el director últimamente, de un carácter mucho más autocomplaciente y dedicado al entretenimiento, no es un cambio tan espantoso como para desgarrar túnicas. En el fondo, su escalada alcanzó cima prematuramente con Pulp fiction y hasta el momento hay pocas señales evidentes de que el hombre quiera repetir algo similar en el mismo terreno. De todos modos, si ya tenemos Pulp fiction, ¿para qué querríamos otra? Para directores compuestos en su mayor parte por ajo y rodeados de familiares de Vinnie Jones ya tenemos a Guy Ritchie. En realidad es más divertido ver al cabezón correteando entre los géneros que le endurecen algún músculo y observar qué es lo que puede, lo que quiere y lo que se le escapa al dedicarse a exprimirlos.

Elvira Lindo acaba de manifestar su intolerancia hacía los recientes modales del director a través de una columna de opinión de El País. Se antoja medianamente simpático que la escritora salte de la silla a causa de un Tarantino que se niega a responder por millonésima vez cierta cuestión durante una entrevista promocional. Tarantino y sus egos en realidad existen para dirigir películas que pueden ser mejores o peores, pero no para demostrar buenos modales mientras la productora le lleva de tour por los caterings del mundo. Y quizá en una realidad paralela Elvira Lindo podría ser una de esas fanáticas de Pulp fiction que no han perdonado la condición reciente de entertainer del realizador y escribe su columna desde casa bajo un póster con el recitado de Ezequiel 25 17, una camiseta de Speed Racer y la colección alineada de muñequitos gánsters bautizados mediante colores y con inquietudes sobre las dietas carnívora de Madonna. Podría, pero la sombra de Tarantino no es tan alargada. A veces solo parece ser una persona a la que amar u odiar, y eso en realidad es un problema cuando se habla de su cine.

Django

Hay una escena en Django desencadenado en la que unos sirvientes preparan cuidadosamente una mesa para un banquete. Es la antesala a una negociación en la que Tarantino se atreve a soltarnos más de 20 minutos de metraje encerrados en una misma habitación en la que sienta a la mesa a los tres personajes que ejercen de pilares maestros del film. Y junto a ellos a Django. La escena no se hace larga porque la difumina el hecho de que en ella la tensión se esté dedicando de forma obcecada a inflar un globo hasta proporciones obscenas. Previamente a este momento el director ha repasado el rito iniciático, la buddy movie y el spaghetti que condimenta cierto western. Y mientras eso ocurría no nos ha molestado que en su cuento de vaqueros Django, pese a darle nombre al film y llevar el casco de un Sigfrido salido de El anillo del nibelungo, tenga menos presencia y carisma que ciertos miembros del reparto que lo rodea. No es problema tanto de Jaime Foxx como del personaje sobre el papel; Django es el gatillo del film, el fin último es convertirlo en una ametralladora, destaparlo y que ponga el punto y final. El camino que se recorre es su búsqueda y durante ella un personaje coprotagonista (que funciona en realidad como protagonista) y dos villanos se meriendan toda posibilidad de dejarle destacar.

Django desecandenado es la última obra de Tarantino y también es lo mejor que ha rodado en los últimos años. Al mismo tiempo es una película que tiene las pelotas de considerarse interesante durante 165 minutos, cosa rara hoy en día con una cinta que no tiene en su reparto a enanos que serían la pesadilla de un podólogo, y durante la mayor parte de ese tiempo lo logra. Comienza con melodías y títulos de crédito pretendidamente añejos y un Django encadenado. También con el encuentro con un icónico carromato, coronado por un balancín en forma de muela, y con su conductor, el personaje de Christoph Waltz (que se retroalimenta de aquel Coronel Hans Landa de Malditos bastardos) de impagable acento y geniales formas. Se nos descubre el esperado ingenio del diálogo (ese vaquero abatido que menta primero a su caballo y después a su hermano tras un incidente) y la brutalidad de la violencia con las primeras salpicaduras de hemoglobina y carne exageradas. Con esta introducción tenemos un escenario maravilloso montado, como también lo teníamos de manera similar en el brillante prólogo de Malditos bastardos. Pero la fábula de Django parece en su conjunto, y pese a trotar entre los cambios de ritmo con demasiada confianza, una obra más redonda, con menos aristas y más cerrada que la de los judíos que pateaban culos nazis.

La película se sitúa en 1858 y utiliza como marco el periodo de la esclavitud negra americano. Su primera parte convierte al Dr. King Schultz (Waltz) en un Obi-Wan Kenobi que adopta a Django como aprendiz del oficio de cazarrecompensas y ambos nos llevan de viaje por una entretenida cacería de cabezas tasadas, durante la cual se pronunciará el símil con la leyenda germánica cuando ambos personajes decidan unir fuerzas para rescatar a la Brunilda del protagonista, mujer de la que fue separado cruelmente. Esta primera sección funciona de manera excepcional porque el personaje de Waltz está escrito con grandeza y porque las osadías que se permite la narración, como esa broma que en realidad es un sketch con Jonah Hill como guest star a costa de una agrupación anacrónica calcada al Ku Klux Klan, pese a ser simpáticas no suprimen los aciertos en los hallazgos visuales  (la escena de un cuerpo desplomándose de su montura al recibir un disparo fuera de plano), los narrativos (el asesinato de un padre ante su hijo), y la esperada brillantez del texto (You don’t know if you’re positive?). Hasta que tras una hora de rodaje y bajo la excusa de brutales luchas de mandingos (inspiradas directamente por la olvidada Mandigo de Richard Fleischer) se nos presenta al villano en los dientes de un Leonardo DiCaprio inesperadamente genial en el papel de Calvin Candie, engreído iletrado de soberbia subida que se define a sí mismo cuando requiere que lo traten de Monsieur pese a no entender una sola palabra de francés. La película se relaja, nos pasea hasta el escenario del villano y por sorpresa nos regala a uno de los mejores personajes que ha escrito Tarantino: Stephen (el motherfucker de Samuel L Jackson tuneado) o el antagonista supremo, un esclavo negro más esclavista, inteligente, engreído y manipulador que su propio dueño. El Sr Ausente apuntaba recientemente en su blog cómo la verdadera grandeza de ese personaje consistía en pervertir el estereotipo lamentable de negro buenrollista que Disney retrató en Canción del sur, y ese es el apunte más acertado que se puede encontrar sobre lo ingenioso de la figura que ha construido el director. No solo se convierte a la víctima en motor del propio sistema que lo esclaviza sino que además la reviste de una cáscara que en el imaginario popular se sitúa en las antípodas de sus intenciones. Es tan retorcido como los resortes que funcionan dentro del propio Stephen.

Django desencadenado (4)

Y decíamos que Django frente a todo esto no resulta tan interesante. Porque sus visiones quedan eclipsadas por la verborrea de Schultz, por la peligrosidad paleta de Candie y por lo maquiavélico de Stephen. Porque su encuentro con la amada no deriva tan seductor para el espectador como lo que ocurre con el resto del casting, y sobre todo porque en el momento en el que realmente se le desencadena y la única solución posible (y en el fondo lógica) es resolver las cosas redecorando el escenario con una manguera de sangre, la película decide no acabar del todo, volverse autocomplaciente, agarrar a Django por los huevos y llevar al personaje aquí y allá para desembocar en un final en el que a Foxx solo le falta montar en un descapotable con amortiguadores-pogo y alejarse botando hacía el horizonte. Esto no destroza la película, porque todo lo anterior ha sido servido con bastante distinción, pero la aletarga con un epílogo que parece un pegote; Django se pasa toda la narración apilando odio en su interior en silencio (la D es muda, reza el cartel promocional) y somos conscientes de que en algún momento tendrá que estallar, pero Tarantino decide no acabar donde sería lógico y transforma al esclavo vengador en un Bad Motherfucker con gafas de sol. Ojo al apellido de su mujer para más pistas.

El resto de pegas que se le pueden poner a la película sobrevuelan ciertas decisiones cuestionables del guión: los protagonistas permitiéndose un invierno a modo de entrenamiento cuando la amada a rescatar está probablemente siendo utilizada como juguete sexual en la finca de algún degenerado, o lo inesperado de encontrar al metódico Schultz (que recordemos, es un hombre capaz de disparar a otro hombre frente al primogénito de este) perdiendo las formas y liándola parda de la peor manera posible en el último momento de una negociación crucial.

En el escaparate de lo mitómano tenemos el simpático cameo de Franco Nero (protagonista del Django de 1966 de Sergio Corbucci), a Don Johnson con un bigote demencial, a una irreconocible Zoe Bell y un fugaz Tom Savini, a un globo aerostático con sombrero y ridículo acento australiano que las malas lenguas dicen que es el propio director caminando con calzador por su propia película, las referencias a Corbucci (un libro sobre su obra se supone que fue el germen inspirador de la propia Django desencadenado), easter eggs esparcidos de manera voluntariamente accidental y banda sonora ecléctica que recoge desde pistas del score para Dos mulas y una mujer creado por Ennio Morricone hasta estilos mucho más contemporáneos como el del rapero Rick Ross o la pista que se atreve a remezclar Tupac con James Brown. Y a un Tarantino más en forma (mental, que no física, visto lo visto) y equilibrado que de costumbre. Equilibrado en casi todo excepto en su retrato nada discreto de la violencia en pantalla, un detalle que en realidad es estupendo; elevar la salpicadura al carácter de gratuidad injustificable requiere mucho estilo, y exagerar el escenario del tiroteo con litros de tomate y vísceras consigue convertirla en un elemento más de juego, en una evidencia de su irrealidad salvaje.

Django desencadenado (1)

Realidades alternativas

Spike Lee anda bastante cabreado con la película del padre de Vincent Vega. No es el primer cruce que tiene con el director, tiempo atrás (durante la llegada a las salas de Jackie Brown) ya había criticado duramente el uso de la palabra, de tintes despectivos, nigger en sus libretos. En el caso de Django desencadenado a Lee le fastidia bastante que Tarantino toquetee la historia de la esclavitud y la convierta en un western para uso y disfrute. Su opinión quedó reflejada públicamente en forma de tuit: “American Slavery Was Not A Sergio Leone Spaghetti Western. It Was A Holocaust. My Ancestors Are Slaves. Stolen From Africa. I Will Honor Them” (las mayúsculas dominantes son cosa, presumiblemente, del teléfono móvil de Lee). Es decir, “La esclavitud americana no fue un spaghetti western de Sergio Leone. Fue un Holocausto. Mis ancestros son esclavos, robados de África. Yo les honraré.”

La postura del fan de los New York Knicks es respetable, pero algo extrema y quizá más viniendo de alguien que se dedica a la dirección. El hombre posteriormente declararía en una entrevista televisada que no tenía intención de ver el film y Tarantino directamente evitaría entrar en una partida de ping pong dialéctica.

La inmoralidad que sugiere Lee resulta bastante errónea por tratar de otorgar una solidez anclada en la fidelidad histórica a lo que en el fondo solo es una película; Django desencadenado no es una lección de historia (como tampoco lo era Malditos bastardos, cercana a otro Holocausto) y ni siquiera sugiere verosimilitud a nada que vaya más allá de los productos de entretenimiento en los que se basa. En ella la esclavitud americana es simplemente un escenario para desarrollar otro tipo de historia. Tarantino no reescribe de manera ofensiva el contexto, simplemente juguetea con él para extraer del mismo a un héroe vengativo dispuesto a escalar montañas y cruzar círculos de fuego. Incluso el carecer de una moraleja sobre el tema tiene su coña: el único personaje del film que se atreve a insinuar, mediante una pseudociencia absurda, el carácter sumiso de la raza negra (¿por qué nunca se han alzado contra nosotros? se pregunta) no podía ser otro que ese payaso inculto construido por DiCaprio.

Y a cuento de todo esto vienen los límites y las cuentas pedidas. Una obra de ficción no tiene la obligación de adaptarse a la realidad si realmente no le conviene y sí que tiene todo el derecho de crear, con mayor o menor fortuna, una realidad paralela. Es gracioso que Pearl Harbor o U-571 (por poner solo dos ejemplos) puedan bajarse los pantalones tomándose cualquier tipo de licencia en cuanto se encuentran frente a frente con el espectáculo y la taquilla pero que a Tarantino, una persona que tiende a hacer lo que le dicta el apio, se le eche en cara trivializar cierto periodo. Más aún cuando ni siquiera ha sido el primero en hacerlo.

Cuando la ficción tenga realmente que rendir cuentas y sacrificar su propia premisa tendremos un problema. Si hubiera que acercar el cuento hasta el plano de la realidad desaparecería el término mismo de ficción y entonces habría que preguntarse para qué querría alguien entrar en una sala de cine. En The New Yorker (un medio que en esta casa conocemos solo de oídas) también le dedicaron un interesante artículo a la realidad alternativa que proponer el celuloide. En el mundo actual The Weinstein Company ha tenido que parar la venta de figuritas basadas en la película porque ciertas protestas consideraban que trivializaba el esclavismo. En las salas cientos de culos inquietos han rellenado butacas propiciando una lluvia de millones de dólares (es la película de Tarantino que más dinero ha recaudado en las Américas). Y en la pantalla Django es un esclavo negro que cose a tiros a decenas de blancos para llegar hasta Broomhilda. Y esto último nos parece estupendo.

Django desencadenado

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49 comentarios

  1. Spike Lee es una señora renegona. Ya se quejó del uso de la palabra nigger en Jackie Brown, pero lo más gracioso del caso que nos ocupa es que ni siquiera ha visto Django desencadenado.

    Pero claro, ver antes de opinar es para los mediocres.

    • ¿Lo mismo sobre leer antes de opinar? Si hubieras terminado de leer el artículo antes de opinar no habrías caído en el mismo error que denuncias.

      • Lo he leído. Mi comentario es una referencia, concretamente, a «El hombre posteriormente declararía en una entrevista televisada que no tenía intención de ver el film».

        • Ignatius

          Jajajaja Sr. Boinez ha sido usted presa del ya clásico «usted no ha leído el texto» que se repite artículo tras artículo en esta página, es un fenómeno digno de estudio.

  2. JasSsoN

    Me gustó mucho, pero habrá que verla 5 o 6 veces más para asegurarse.
    PD ¿Ningún compentario del final? Parece sacado de un anuncio de los cincuenta sobreactuado; Broomhilda con cara de felicisima ama de casa americana, tapandose los oidos y aplaudiendo

    • ¿Y la de gente que hay por ahí criticando que el caballito se ponga Jerezano y se haga un freestyle?

      Ni eso ni la Broomhilda exagerada me molestan demasiado, es una tontada y muy de Looney Tunes (dinamita con mecha, el gesto de taparse los oídos con los dedos) pero yo creo que lo que realmente le crea lastre a la película son los 20 minutos finales de ida y vuelta del personaje, no los 2 minutos finales de Tarantino bromeando.

  3. Hola,

    Estoy de acuerdo en muchos aspectos con este artículo. Aunque no creo que sea la mejor película de Tarantino en años, ni de coña. Para mí, por primera vez en su filmografía, me ha parecido que la banda sonora ha sido fallida.
    Y la peli peca de lo mismo que Malditos Batardos. En vez de contar una historia en sí, parece que simplemente se dedica a poner una colección de escenas de más o menos duración y hala, terminado.
    Ni siquiera el baño de sangre final me parece increíble, porque ya nos enseñó algo así (cambios musicales incluídos) en Kill Bill vol.1.
    Por cierto, el guión de Jackie Brown no es ajeno. Está basado en una novela de Elmore Leonard, pero el guión es suyo.

    Un saludo!

    • Buenas Juan,
      Cierto, me explique fatal y tienes toda la razón. Queria decir que la historia original de Jackie Brown no era suya. Creo además que en alguna entrevista (no recuerdo si reciente o no) he visto a Tarantino comentando que no tiene interés en rodar más textos que no haya escrito él.

  4. Antes de ponerme a leer: ¿Contiene spoilers? Aún no he podido ver la película.

    • Está lleno de spoilers!!! Mejor espera a verla para leer el artículo. Muy acertado, en mi opinión.

    • Llego tarde, pero me apetece comentar que yo directamente suelo evitar leer las críticas de las películas que me interesan para que no asomen tripas que preferiría que me pillasen de sorpresa.
      (Y en la medida de lo posible de los trailers, que es otro tema que tiene coña hoy en día)

  5. El cine violento es una consecuencia de una realidad violenta, y no al contrario.
    Hacer pelis descafeinadas y edulcoradas no va a hacer de éste un mundo menos absurdo.

  6. John Rom

    Yo la vi ayer y se me hizo muy entretenida, al margen de licencias históricas que las hay….el Ku Klux Klan surgió en 1865, al acabar la guerra civil, y la película sitúa la acción en 1858…y otro cosa que chirriaba era ver el propio cameo de Tarantino, todos los capataces y gente blanca que vigila o controla a los esclavos tienen una pinta de sucios paletos malolientes que espanta…y él está como una patena en la escena que Django va camino de las minas….de todas formas me gustó, aunque el desenlace es flojo.

    • En realidad el KKK no aparece en la película, aquí lo que hay es un grupillo de personas que deciden que podría ser muy molón atacar con las capuchas que les ha cosido la mujer de uno de ellos. La intención sigue siendo burlarse de los amigos del capirote blanco, pero en los primeros detalles que asomaban del guión de Django (no me he fijado si durante los créditos se hace mención a ello) el grupo de encapuchados era mencionado como «The Regulators» y no como el KKK.
      Coincido de algún modo con lo del cameo del director, resulta que también me descoloca un poco pero no por las pintas sino por el afán de protagonismo con calzador. Para meter a Tarantino en una película (incluso si es del propio Tarantino) en plan guiño-al-espectador hay que hacerlo como en Desperado, de lo contrario mejor no molestarse.

  7. Igual es obvio, pero por si acaso… ejem…

    OJO, SPOILERS

    (De hecho, yo incluso consideraría spoiler la fotografía de Samuel L. Jackson que hay en el artículo, ya que la presentación de su personaje me parece con diferencia uno de los mejores momentos del film. Hasta no pude reprimir una carcajada cuando vi así al compadre de Vincent Vega)

  8. Pierre Nodoyuna

    Para nada de acuerdo con que Django Desencadenado o Malditos Bastardos sean un mero entretenimiento… Tarantino se venga de la Historia y ridiculiza nazismo, racismo y esclavitud como pocas veces se ha visto y lo hace usando la satira y el humor y de paso critica también el tratamiento excesivamente convencional y políticamente correcto con el que el cine suele tratar estos temas bajo excusa de no herir la sensibilidad de las victimas.

  9. Jeremías

    Hombre, «Malditos bastardos» es algo más que una película «deshilvanada pero decente». Bastante mejor que «Django», en cualquier caso.

    • No es el primero que me comenta que le gustaron más los Bastardos que el Django-Sigfrido, y está claro que tampoco será el último. Si todos opinaramos lo mismo esto sería aburridísimo.

      Malditos Bastardos me gustó, y me pareció mucho mejor película que la sosa Death Proof, aquel antecedente del autor. Pero creo que dista mucho de ser redonda y se queda a las puertas de haber sido muy notable.
      Con los bastardos disfrute de esa manera de agarrar el cine bélico y llevarlo a un campo en la pantalla que no se le suele conceder, limitando la mirada a los personajes y las situaciones y renunciando a la épica de la guerra. Y además porque la premisa era genial: un grupo de judíos deshuevando nazis. Una revenge de las de toda la vida pero amparada por un contexto histórico. Incluso tenía algunos aciertos que no se explotaban lo suficiente pese a insinuarse de forma evidente: la humanización de los soldados nazis (demostrando rasgos humanos en lugar de ser retratados como robots sin alma como suele ser la norma) en contraposición a la maldad directa de los judíos, quienes en el fondo, y por mucho que uno quiera ver crítica sátira o un discurso elaborado, no eran más que unos antihéroes pulperos.

      Pero, la veo deshilvanada, porque parece una película formada a base de pedazos de película (en ocasiones muy buenos, como el arranque, que es espectacular, o esa charla del bar con King Kong incluido) unidos entre sí levemente con algún material blando. Varias tramas y escenas a destacar enlazadas por pasajes muy innecesarios, saltos de un hilo narrativo a otro sin una sensación de conjunto, y todo mezclado y remezclado. O le patina ese ritmo confuso que tiene o le hace falta ser más equilibrada en general, menos agrietada y menos difusa. Necesitaría dar la sensación de ser más película y que el director fuese más claro a la hora de centrar la acción sobre algo. Django la veo más directa (también juega solo con una historia, no como Malditos Bastardos, que se proponía repartirse en dos venganzas) y me da la impresión de que va con la brújula en la mano.

      PS: Eli Roth en Malditos Bastardos, vale que sea colega de Quentin y solo este ahí por eso mismo -porque no sabe actuar y en un casting no pasaría de decir su nombre y edad-, pero a ese hombre siempre que lo veo en pantalla no me lo creo mucho.

  10. La película ha causado basicamente polémica «online» porque el director es blanco y lo acusan de apropiación cultural, de lucrarse de una historia que por raza no le pertence.

    De hecho si este artículo fuese en inglés a Diego Cuevas le recriminarían haber escrito nigger en vez de the n-word. Aunque con su nombre probablemente pensarían que es mexicano con lo cual le estaría permitido…

    Parece raro pero en algunos blogs norteamericanos acusan a «Lo Imposible» de whitewashing (poner actores blancos en el papel de personas de otras razas) porque pensaban que los españoles protagonistas reales de la tragedia no eran blancos.

  11. JordiBCN

    No sé que son peores, si las películas de Tarantino (con la incomprensible excepción de Reservoir dogs), o los artículos sobre películas de Tarantino. Este que nos ocupa, absolutamente infumable.

  12. Es un buen artículo, entretenido y con mejunge, enhorqbuena Diego; pero la conclusión me ha decepcionado un poco. A ver si lo sé decir… Lo que ofrecía Tarantino n RD y PF era un mensaje radical en torno a la violencia y sus ramificaciones: era una explosión descontrolada de todo aquello que está con nosotros pero solo a medias, de esa violencia cívica a la que llamamos «modales», etc etc. Y para mostrar todo eso era IMPRSCINDIBLE el género ficción.

    Taranino, por los motivos que sean, ya ha dejado de ofrecernos ese coctel. En mi opinión, se trata de un proceso interno en los mecanismos motivacionales de sus personajes, que llega a su culmen con Beatrix Kiddo (sobre cuyo único mecanismo motivacional -kill bill- se sostienen seis horas de metraje) y, a partir de ahí, Tarantino decide dar el salto a las motivaciones colectivas. Y eso es muy complicado porque, con todo y poder mantener un estilo, se ve obligado a cambiar de género; y del género que le había dado todo, como era la ficción extrema e inverosimil, tiene que adecuarse al género histórico, que no tiene porqué ser una cárcel narrativa, pero que es otra cosa.

    El debate no es baladí. La desaparición por derribo de mecanismos motivacionales que galvanicen verdaderamente la acción de los personajes es uno de los motivos principales de la decadencia de hollywood (y supongo que la culpa la tienen las productoras con sus miles de exigencias y tal y cual). Tarantino, como amante del cine verdadero, ha luchado contra ello, pero no estoy seguro de que lo haya conseguido. Vincent Vega, o el señor Negro, te decían en tres frases quiénes eran, porqué hacían lo que hacían y porqué harían lo mismo en cualquier otra situación. Django, o el doctor Szchartz, como muy bien señala Diego, se contradicen varias veces en este sentido. Y es ahí donde cojea todo el tinglado: en que el talento de Quentin no alcanza a suplir los desajustes de género que él mismo se ha propuesto desencorsetar.
    Por decirlo rápido y mal: vincent vega es genial porque solamente se representa a sí mismo. Django tiene dos siglos de n-word detrás suyo pasándole factura, y eso pesa. A menudo se nos olvida que lo mejor de Tarantino no era la violencia salavje sino los caracteres que (con sus motivos) nos conducían hasta ella. Y es que lo hacían desde una originalidad tan libérrima que tengo mis dudas de que el género histórico permita igualarlo. Quien sabe, quizá en la próxima.
    Perdón por el peñazo… Saludos,

  13. Una decepción ‘Django’, no me esperaba un clásico pero sí una película más divertida. Apenas aparecen esos diálogos crujientes marca de la casa, y como siempre, qué pena que sus pelis estén tan vacías. ¿Cuándo encontrará messieur Tarantino algo para lo que tan bien sabe hacer: contar? Un saludo!

  14. Miguel

    Me ha gustado la peli y el artículo, y creo coincidir con el autor en que sobra el último giro argumental. Esos últimos 20 min se los podía ahorrar.

    Y me parece que refleja de forma muy dura el racismo y la forma de tratar a los negros, suficientemente dura como para que Lee se moleste porque alguien diga Nigger. No bromea nada con la esclavitud.

  15. Pienso que Django quedará en la memoria cinéfila por el personaje de Samuel L. Jackson. Cristopher Waltz hace una composición muy parecida a la que desplegaba en «Malditos bastardos». Villanos como Leonardo di Caprio, espléndido en su rol, también hemos visto ya algunos. Pero ese negro esclavista, en su ambivalente relación sumisión/dominio con su amo es una novedad absoluta. Pocas veces me ha impactado tanto una escena como el encuentro en la biblioteca, con Jackson, sentado copa en mano, recibiendo a di Caprio como el jefe que convoca a un subordinado un tanto lerdo para desvelarle una situación equívoca.

  16. Brancaleone

    Hace ya casi 20 años que Tarantino situó su propio listón tal alto que es muy difícil que pueda rebasarlo.

    «Django» me ha aburrido soberanamente. Y la culpa es del Tarantino de hace 20 años, que me hace que cada vez que veo una película suya esté esperando constantemente la frase perfecta, la situación más original del mundo, el personaje más carismático de la Historia.

    «Djando» no tiene apenas nada de todo eso. La historia es floja y autocomplaciente se mire por donde se mire. Le sobran muchos minutos, se hace pesada, y el final es sencillamente una chorrada.

    Me da la sensación de que Tarantino se ha convertido en uno de esos alumnos que, de tanto sacar buenas notas, ya ni se esfuerzan ni estudian para el siguiente examen. Hasta que un día les pilla el toro. Con esta ya van dos veces que le pilla (Death Proof). Como siga así va a empantanar su carrera como ya hicieran Spielberg o Soderbergh antes que él.

  17. Justo ayer ví la película. Es entretenida y evidentemente rezuma buen cine y buenas formas de trabajar.
    No obstante tanto la escena del perro deborando al mandingo ciego como la pelea de mandingos son excesivamente duras.

  18. Dazed Pol

    A mi esta película me ha dejado bastante frío, me pareció entretenida y muy bien interpretada, pero ya está.

    Creo que la trama no tiene ni de lejos el suficiente peso para llenar las casi 3 horas de metraje, carece de subtrama alguna, y salvar la peli a base de estilo, que desde luego desborda, y el carisma de los personajes no creo que haya dado resultado. Sólo el personaje de Samuel L. Jackson tiene suficiente fuerza para cargar con el peso de la película, es de hecho al aparecer cuando la cinta se vuelve verdaderamente interesante. Los demás están bien pero ni de coña pueden con el peso del film.

    Los tan admirados por Tarantino westerns de Sergio Leone eran también ejercicios de estilo prácticamente vacíos, pero en el caso de éste la fuerza de los personajes, la atmósfera y el descomunal derroche de estilo sí eran capaces de rellenar 3 horas de peli al más alto nivel. Creo que esta peli es un quiero y no puedo y al final se queda en algo «para ver y ya está» que no dará mucho más de si.

  19. MacBookMan

    La película me gustó relativamente. Creo que tiene buenos momentos y aporta cosas interesantes. También creo que es absurdamente larga y que el final es poco brillante. El exceso de violencia es el habitual en Tarantino. Tampoco le veo especial atractivo al asunto y preferiría soluciones más ingeniosas que no fueran sangre por sangre. Pero Tarantino navega por aguas que domina y ni intenta emocionar al espectador. Simplemente se refugia en orgías de carnaza para tapar ciertas carencias de una película, ‘Django desencadenado’, que está muy lejos de ser redonda y sólida.

    • unforgiven

      ¿por qué tanto interés en demostrar que Tarantino está sobrevalorado y que solo la inteligencia del autor de este artículo puede revelarlo al resto de los mortales? Es una actitud que veo con frecuencia en esta magnífica web (ver artículo sobre Homeland de tintes parecidos) y creo que es un vicio actitudinal de los tipos demasiado listos.
      Te puede gustar o no este director o tal o cual película pero calificar que está sobrevalorado supone no tolerar la opinión de los demás. Dicho lo cual, Kill Bill y Pulp Fiction la tengo entre grandísimas películas.

    • balachina

      Estoy muy de acuerdo con la idea, mucha sangre cuando ya no se sabe por donde salir y un final bastante cogido por los pelos. Por lo demás buena peli con personajes memorables.

  20. carlos V

    El principio de esta pelicula me parece de gran calidad ,con recursos tecnicos que hacen homenaje a peliculas del genero con pequeñas microhistorias y algunos dialogos ingeniosos , pero el final dios mio, me recuerda a una cancion de heavymetal esa parte, en la que el solo se alarga tanto que pierde todo su sentido y se convierto en un gran acto de onanismo.Es lo que tiene el gustarse tanto.

  21. Aquí el problema que tenéis la mayoría es que nada más hacéis comparar la jodida obra de arte Pulp Fiction con todas sus obras de arte. Es como decir que Picasso es mal pintor por que no superó su Guernica. Django Unchained es muy buena, bastante buena, simplemente una opinión. Pero no la veo pensando…»¿superará Pulp Fictioin?», «¿La igualará?». Tarantino es un genio. Y hace genialidades, unas mejores y otras peores. No seáis tan comparativos y apreciad lo que hace el Maestro.

  22. Robayna

    Estoy de acuerdo con Leone. Todos comparáis con la genial Pulp Fiction, pero esta película tiene dos vertientes muy claras.
    Por un lado el homenaje al western más clásico (sobre todo a Leone y Corbucci como claras influencia, también a Boss Nigger si no recuerdo mal) y que tanto dice el propio Tarantino que le ha influeciado. Esto creo que le lleva dar ese giro tan extraño del final.
    Por otro hacer una crítica brutal de la esclavitud, llegando al punto que muchos comentáis y por el que Lee y parte de la comunidad negra le critica. Acertáis al indicar que parece que por pertenecer a determinado sector (en este caso ser blanco) no se puede tratar ciertos temas.
    Un saludo

    • ¿Leone y Corbucci son el western más clásico? ¿quienes son entonces John Ford y Howard Hawks?

  23. el hobbit, capaz de mantener al publico sentado durante 165 minutos? JAJAJA no.

  24. panycirco

    A todos los que taaaaaaanto os ha gustado la película, me gustaría saber cual sería vuestra opinión si vieseis la película pensando que el director fuera cualquier otro…

    Personalmente y ya que lo mencionas en el artículo, quitando el lapsus provocado por Madonna durante aquellos años, Guy Ritchie me parece un director superior a Tarantino en todos los aspectos aunque supongo que se debe a mi ignorancia cinéfila

  25. la pelicula no es tan buena que digamos, pero en su articulo le hisieron bien! exelente articulo! saludos.

  26. Samuradi

    Mejor que los bastardos, y mucho mejor que la bazofia de Death Proof. Está entretenida, pero si la hubiese filmado «el chino cudeiro» no le habrían dado ni la mitad de bombo.

    Lo mejor, los actores. Lo peor, el histrionismo de Tarantino, que no se sabe plantar cuando ya ha ganado.

  27. Javier

    OJO SPOILER

    El desenlace bastante flojo. No es la mejor película de Tarantino se me hizo demasiado larga, tiene algún detalle bueno como las escenas en las que interviene Di Caprio.

    Solo entretenida quizás, esperando a ver algo increíble que al final no acaba de llegar.

  28. ¿Dónde está la historia de la película? Escenas más o menos acertadas, hilvanadas con ¿hilo de oro? Más bien con soga de cáñamo.
    De lo peor de Tarantino.

  29. Hay un curioso gazapo histórico en la película. En el recibidor del Club Cleopatra, al que Schultz y Django acuden en busca de Candy, se ve una reproducción del famoso busto de Nefertiti. La acción se desarrolla en 1858, pero la pieza no fue descubierta hasta el 6 de diciembre de 1912.

  30. Tarantino es el mayor exponente de la infracultura. Tiene la categoria de autor gracias a la industria. Él es el mayor valedor del capitalismo cultural para intoxicarnos con sus obras de parque de atracciones. Tarantino no es un autor propiamende dicho desde el momento en el que hace estudios de mercado, ensayos con publico para ver el posible impacto de sus peliculas y modificarlas si algo no impacta como debiera. Por no hablar de que sus películas dejan a la luz todas nuestras miserias a traves del torrido placer por la violencia.

  31. Perfecta pelicula! ya me l vi!! muy elegante.

  32. taldarroba

    ( Todo es Spoiler )

    Me llama la atención que Lee critique la visión de Tarantino de la esclavitud cuando resulta que Tarantino es mordaz y bastante cruel con todo personaje de color blanco que aparece en la película. Ya sean terratenientes, abogados, capataces de las plantaciones, cualquier blanco es retratado como un ser amoral, vil, sin ningún tipo de código de honor salvo el egoismo más exacerbado, desaliñado, inculto, analfabeto orgulloso de serlo … salvo el personaje de Waltz, que es justo todo lo contrario, culto, educado, con un sentido del honor, pulcro en sus formas y en su vestimenta, que se sacrifica por un ideal aunque no sea el suyo… Casualmente Waltz es el único blanco no estadounidense.

    Y una duda. ¿ qué pinta en la historia una chica que aparece en varias escenas sin pronunciar palabra ? Es una chica que trabaja para Di Caprio, que forma parte del grupo de mercenarios contratados por Di Caprio. Aparece en la escena de los perros con el mandingo y aparece en la escena de Django entrando a asesinar a todos los mercenarios que están en la cabaña. Aquí la cámara se centra inicialmente en unas diapositivas que la chica está viendo, se produce la entrada de Django en la cabaña y con posterioridad, no queda muy claro si también muere o se salva al saltar por la ventana.

    En ambas escenas parece un personaje fuera de lugar y parece que va a tener una mayor relevancia de la que finalmente tiene.

  33. Soy de esos a los que Death Proof les pareció una buena idea y una buena película. De hecho, mejor que Django, que es demasiado larga y se salva por las grandes actuaciones de S.L. Jackson (me pongo en pie ante ella) y Di Caprio

  34. Labrador

    «La inmoralidad que sugiere Lee resulta bastante errónea por tratar de otorgar una solidez anclada en la fidelidad histórica a lo que en el fondo solo es una película»
    Pues no estando para nada de acuerdo con Lee, yo creo que al contrario, moralmente Tarantino si ridiculiza la esclavitud de principios del s.XIX, como lo ridiculiza casi todo. A mi personalmente me parece muy buen director, sobrevalorado por un lado y injustamente criticado por el otro, pero personalmente sus películas no me despiertan mucho interés porque lo vanaliza todo quizás, no se. La película en si tiene muchos altibajos, pero se mantiene en su estilo en muchos momentos. Lee debería ver la película y opinar libremente después. Personalmente quiero ver películas que hablen abiertamente del racismo actual sin tiros ni grandilocuentes diálogos, creo que lejos de estar desterrado cada vez está más subyacente.

  35. La última parte es un auténtico coñazo. Lo único que merece la pena es la escena del Ku Klux Klan; esa, buenísima.

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