Arte y Letras Libros

Librerías con encanto: El árbol de las letras (Valladolid)

El local del número 25 de Juan de Mambrilla donde ahora se encuentra la librería El árbol de las letras “fue en los años 60 una librería especializada en medicina. No había entrado nunca, me daban repelús los ojos, los huesos…”, recuerda Soraya.

El árbol de las letras

Conocían la librería médica porque ambas hermanas, tanto María José como Soraya,  trabajaban en otra que no quedaba muy lejos. Primero Soraya, “no tenía experiencia ninguna; la había abierto el hijo de un profesor de historia que me hizo un contrato indefinido, y me quedé con él”, y luego María José. Lo que ocurrió fue que, de la noche a la mañana, cuando ya estaban las dos contratadas, la librería cambió de dueño: “Este va a ser vuestro nuevo jefe”. Les contó cómo iban a orientar el negocio y que tenían que prescindir de una de ellas. Lo pensaron —no mucho— y se marcharon ambas (solo le dieron a Soraya la opción de quedarse, en realidad, y esta dijo que no, que se iba con su hermana, «qué iba a hacer si no»). Así, que estaban las dos en la calle, sin trabajo. “A los cuatro días pasé justo por aquí, la propietaria acababa de comprar el local, y esa misma semana lo alquilamos. Me despedí un 31 de Noviembre, lo encontré un 7 de Diciembre, y el 6 de Enero del año 2002 abrimos. No teníamos un duro.” Será el marido de María José el que les ayude a pintar —hacer estanterías, montarlas, colocar— junto con más gente: «De nuestra anterior etapa teníamos muchos amigos y clientes que nos ayudaron en los comienzos, siempre difíciles». El local no ha cambiado prácticamente desde que abrieron.

libreria el arbol de las letras 7127

“Nos hemos especializado en el libro imposible:” “Oye, Soraya, no tendrás un libro  que escribió este hombre hace unos años cuando estaba no sé si con Espasa…” Y se lo encuentran. Entendemos que es así es como se marca la diferencia, cómo acaba uno yendo a la misma librería de siempre cada vez: es allí donde van a volcarse para ayudarte con una bibliografía para un trabajo (El árbol de las letras tiene una vida fundamentalmente universitaria), donde van a acabar sabiendo que lo tienes todo sobre Proust, que tienen que llamarte en cuanto salga algo nuevo; no van a olvidarse.

Anécdotas las hay de todo tipo. Alguna, incluso, para ponerte los pelos como escarpias: “Una chica de 20 años, estudiante de periodismo, me dijo que no sabía quién era Kennedy. La senté ahí mismo, en esa silla, y le estuve contando qué significó en su momento, que no se puede contar sin él la historia reciente de Estados Unidos”. Luego le buscó la documentación, como tantas otras veces para tantos otros. Quedan, no obstante, motivos para la esperanza: durante el rato que estuvimos por allí aparece otra chica, jovencísima, que quiere llevarse La biblioteca infinita. Vamos a obviar el que hayan venido también preguntado por El principito (preferimos a Benedetti llegados a este punto). “No hay libro tan malo que no tenga algo bueno”.

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3 comentarios

  1. Librero, uno de los trabajos más bonitos del mundo. A veces me acerco a mi librería de siempre sólo por como huele.

  2. Pues a mí El Principito me encanta y en general Saint-Exupèry. En cambio Marías no me gusta. Y el libro electrónico es la caña.

    • Si te gustó El Principito, lee Tierra de hombres. Je, me ha quedado muy aplicación interactiva, ¿que no?.

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