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Librerías con encanto: Tipos Infames (Madrid)

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En el número tres de la madrileña calle de San Joaquín, al ladito de Tribunal, se encuentra Tipos Infames, una suerte de librería “que es algo más que una librería”, a la que llegamos para ver quiénes son sus dueños, qué hacen, por qué tienen tanto éxito justo ahora, en plena crisis, cuando el común de los mortales anda lamentándose de su mala suerte. “Se nos ocurrió la idea en un viaje iniciático a Valladolid,  jugando al billar”, explica Gonzalo y asiente Curro. Alfonso es el tipo que falta; se lo va a perder todo.

 

Lo de llamarse Tipos Infames “es más literario de lo que parece”. Según cuentan, estaban buscando un nombre cuando vieron en una exposición sobre Rimbaud en La Casa Encendida  el cuadro Les Affreux  Bonshommes,  “un retrato del grupo de poetas que se juntaban en el París de entonces”, y que allí aparecía con el título traducido de Tipos Infames. “Quién lo traduciría así, por cierto, que no hemos vuelto a ver el cuadro con ese nombre en ningún otro sitio”. Lo vieron ambos por separado y ambos pensaron también por separado que era justo así como querían llamarse. Se lo contaron el uno al otro pisándose la historia y luego a Alfonso, al que entusiasmó la idea (no podía ser de otro modo; están en perfecta sintonía). Y así fue como empezaron —a lo Luther Blisset— a escribir reseñas sobre lo que leían y les gustaba en la ya desaparecida soitu.  Aquellas entradas —“un poco nos parecemos a Jot Down en esto; primero fuimos en digital, luego en papel”— acabarían dando en donde estamos ahora (arduas negociaciones con bancos mediante, léase, que no son una película española), en la genial Tipos Infames; libros y vinos.

Nos damos cuenta casi desde el principio en lo bien que se llevan, y atribuimos ya en parte a esto lo bien que les va, en la importancia que para el éxito tiene el ser gente maja, con esa cierta inquietud; tener tantas cosas que contar —“yo también fui ayer a ver a Hopper; bueno, me gustó, salvo cinco cuadros que no sé qué hacían allí”— y tener tantas ganas de contarlas, de compartir, de encontrarte un libro que vas a querer leer siquiera sea por todo el interés que van a poner al recomendártelo; o una botella de vino que te va a encantar mirar, que aquí el vino sobre todo es por eso, por mirarlo, no vaya nadie a llamarse a engaño; si está luego rico y es un acierto, mejor que mejor, pero que la botella “es muy chula: Mira, en Braille ”.

Ahora bien, lo que más hay en el local, con diferencia, son libros. De eso es de lo que se trata.

 

Uno de los que eligen hoy es “El mundo en el que vivo, de Hellen Keller; uno de los últimos libros de Atalanta, fascinante, donde se cuenta el caso excepcional de una niña, la propia autora, que con apenas unos meses de vida pierde la vista, pierde la capacidad de oír, el habla… salvo el tacto y el olfato, lo pierde todo, toda forma de contacto. La novela trata de cómo percibe ella el mundo, cómo se relaciona, cómo nota los cambios de tiempo, por ejemplo… Pero, sobre todo, lo que es, es un elogio a la capacidad imaginativa, a cómo trabaja con su imaginación… es desbordante, una maravilla”. “Este es Thomas Wolfe, que no es ninguno de los otros Wolfe; el norte de América está lleno de ellos… Es un autor que nació en 1900 y que murió con 37 años, que publicó antes El ángel que nos mira, una gran novela que sí conoce más gente, pero al que nosotros conocimos realmente a raíz de este otro libro, El niño perdido, que me parece maravilloso; un texto en parte biográfico, sobre un hermano suyo que no llegó a conocer en vida —murió con 14 ó 15 años de tifus, cuando él era poco más que un bebé—. Así, la novela es una especie de búsqueda poética del hermano desaparecido…”

 

Y así, nos damos cuenta mientras hablan sobre Mata a tus ídolos y algún otro de los que tienen de esa magnífica colección, es también por la pasión que sienten por la literatura que pueden presumir de  toda esta parroquia de gente tan heterogénea y  tan fiel, que vienen una y otra y otra vez más por más libros, que se los llevan y luego vuelven y vuelven y recomiendan a su vez más cosas que leer y compartir, haciendo así que ellos —verdaderas esponjas de la cosa, que diría Pumares— lean más y traigan más novedades a este lugar tan bien pensado y tan mimado por los tres, lectores entusiastas antes que libreros. Un sitio donde cuando preguntas te enseñan con cariño y con mucho cuidado —eso se nota sobre todo por cómo sostienen los libros— Del Enebro, por ejemplo, extraído del libro Kinder und Hausmärchen (Cuentos para la infancia y el hogar) , escrito por Jacob y Wilhelm Grimm, una edición bilingüe, cuidadísima, con detalles que han tenido que ser colocados a mano en cada ejemplar ; o la deliciosa edición de Cabaret Voltaire de Poesía. Obra Completa, de Agustín Gómez Arcos; “Aún conservo en mi boca / la huella de aquel beso / que yo busqué en tus labios / tratando de olvidar”, también de coleccionista.

Un sitio donde encontrar, en fin, aparte, vinos curiosos —decíamos, no sólo para tomártelos— expuestos en un espacio que para tal fin se encuentra al fondo del local, justo al lado de la escalera que da acceso a la pequeña sala donde suele haber alguna exposición   —“estos dibujos son de un amigo diseñador nuestro”, nos contaban durante aquella visita; ahora es otra muestra diferente la expuesta, y mañana otra, y así— y donde se hacen también tanto presentaciones de libros como maridajes, “la idea básica es que cuanto mejor sea el libro más te gusta el vino”; donde incluso se han celebrado un par de bodas. “Ya, bueno”, carraspea Curro…

Fotografía: Jorge Quiñoa

18 comentarios

  1. La librería no está mal, pero a mí me decepcionó bastante teniendo en cuenta el pisto que le han dado los medios. Buena selección de novedades -esos sí, solo de algunas editoriales-, pero más allá de eso poco o ningún fondo.

  2. No he estado nunca pero tengo la impresión de que estos lugares son para gente más moderna que uno.

  3. ¡Gracias!
    Un abrazo doble,
    Víctor y Jessica.

  4. Me sentí fuera de “la onda” no tanto como lector ni como apasionado del vino sino con la gente que más parecía que “debían” estar ahí por estar de moda que por otro motivo. Era un poco pasarela para ver y dejarse ver…
    Por lo demás el espacio aparece agradable e incita a entrar y pasar un buen rato.

  5. El problema con estos híbridos es que acaban siendo más bar/restaurante que librería, como sucedió con la no lejana para ya difunta “El Bandido Doblemente Armado”, de la calle Apodaca. Mi sensación es que entraría ahí para tomar un vino o cenar, pero no para buscar un libro concreto. Dicho esto, el local está bien y da un aire diferente al barrio (Malasaña se va haciendo mayor y ya no se quieren solamente baretos). Aplaudo la iniciativa de los propietarios en estos tiempos que corren y les animo a que sigan investigando para encontrar su lugar, si es que el mix libros&vinos no acaba de funcionar…

  6. Me pasa como a Siro, que no me sentí “en la onda”, que era un lugar donde había muchos “modernos”, donde todos se conocían entre sí.

    El lugar me gusta mucho, y hay que felicitar a alguien que estando como estamos, se anime a una iniciativa así. Libros tienen unos cuantos, aunque menos de los que esperaba y no tan raros como uno pudiera pensar.

  7. Los únicos snobs y “modernos de catálogo” en este artículo son quienes afirman no sentirse cómodos en la librería. No entiendo esta pose condescendiente de “yo es que soy un bibliófilo atormentado de vieja escuela” y “todos los demás son frívolos hipsters de Malasaña”.

    Es un espacio muy acogedor, con una selección de libros muy cuidada (en pocos lugares verás un representación tan abundante de editoriales independientes). El ambiente es fantásico, las tertulias de barra abarcan desde Janet Malcom a Mourinho y el público está formado por vecinos con bolsas de la compra que se toman un vino antes de volver a casa, modernos militantes y viejunos de postguerra, francesas lánguidas y madrileños diletantes, periodistas herrumbrosos y contables maniáticos, freelancers y oficinistas, poetas y prosistas, dandys canallas y familias con niños.

    Larga vida a Tipos Infames y a gente como Curro, Alfonso y Gonzalo que ponen en pie, en mitad de la tormenta, y con enorme sacrificios personales, este refugio maravilloso.

  8. Hola, somos La Playa de Madrid, una revista y guía de Madrid, en este link tenemos una reseña sobre Tipos Infames:

    http://www.laplayademadrid.es/archives/category/guia/libros

    Y en éste varias otras de librerías con personalidad en Madrid:

    http://www.laplayademadrid.es/archives/1474

    ¡Un saludo!

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  11. Este tipo de bares no son ninguna novedad. Los ha habido y los hay en todas partes. Ejemplo: la librería bar “Shakespeare & Sons” en Praga.
    En cuanto a la historia de Hellen Keller, publicada ahora por Atalanta, no es ningún hallazgo, es ya un clásico. Claro que igual poca gente se acuerda de haber visto pasar la película y obra de teatro por la TVE hace una ristra de años.
    Sí, al local le pega el público hipster, lo de siempre por otra parte, llamémosles hipsters, modernos, snobs, etc.

    ¡Siguiente “novedad”!….

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  14. Pues a mi estos sitios y la valentía de abrirlos, ¡ME ENCANTAN!
    ¡Bravo por los Tipos Infames!

  15. Pingback: Claudio López de Lamadrid: “Si los editores nos moviésemos por codicia, no estaríamos en el negocio de los libros” : The Magazine

  16. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Librerías con encanto: El árbol de las letras (Valladolid)

  17. Muy recomendable. No he leído nada sobre ella en los medios, simplemente, me la topé un día, entré, ví y me venció. De vez en cuando entro, veo lo que hay, a veces peco -o sea, me compro un libro- me tomo un vino y sigo mi ruta.

  18. Pingback: Editar en tiempos revueltos: Jekyll&Jill

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