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Librerías con encanto: Librería Rafael Alberti (Madrid)

 

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«Todas las mañanas, cuando abro la puerta, pienso que esto es un milagro. Y que no hay nada hecho, que nada está conquistado». Es así como vamos a presentar a Lola Larumbe, en la Librería Rafael Alberti, toda una institución: no hay autor o editorial que no conozca el lugar y no sea a la vez un entusiasta del espacio que se ha conseguido crear en torno a estos libros. Una reputación envidiable de la que culpamos de inmediato a Lola; algo en su forma de hablarnos de la gente que pasa por allí, o de cómo nos contesta interesándose a la vez por lo que hacemos, dándonos así una importancia que probablemente no tenemos, nos lleva a concluir que es su personalidad la que ha propiciado lo que —ya desde fuera, aun sin conocerles— se intuye que ocurre dentro y en torno a esta librería.

“La historia de la Alberti es una historia muy bonita. Abrió en el año 75. Yo entonces no estaba (tenía 15 años), no podía imaginar tampoco cómo iba a acabar viviendo dentro de una librería. Tenía otros planes”. Se ríe. Y nos parece que lo hace con nostalgia y a la vez con una cierta satisfacción por el trabajo realizado a lo largo de todos estos años.

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La actual librería Rafael Alberti al completo:
Iñaki Lucía, Lola Larumbe, y Miguel Martín.

Va a contarnos que el primer dueño fue Enrique Lagunero, hermano de Teodolfo Lagunero, “millonario y comunista, un filántropo de aquellos años que tuvo su importancia en la historia de la transición española”. Sería Teodolfo quien pondría el capital inicial necesario. “Eran amigos de Rafael Alberti. Los diseños eran dibujos suyos, la fachada, las lámparas”. Después de unos años turbulentos, los últimos de la década de los 70 en España, el dueño decide cerrar, “también es el trabajo de Librero, muy duro; creo que se cansó”.  Y así fue cómo se acabaron encontrando todos, en el año 80: Lola y dos amigos más, Jaime Lucía y Santiago González, “sin experiencia, sin conocimientos, sin dinero”, piensan en montar su propia librería, “éramos veinteañeros, nos gustaban los libros, de una manera ingenua, utópica, no teníamos sensación de futuro, era todo presente…”. La época de ahora le recuerda un poco a la de entonces, “tampoco tenemos nada y, sin embargo, es cuando nos lanzamos a hacer cosas”. Teniendo ya un local apalabrado,  «en el Chueca de entonces,  un barrio lumpen y marginal”, paseando por la calle Tutor ven cerrada la librería Alberti, y piensan “pues igual nos venden o nos dejan unas estanterías” (contaban con diez mil pesetas,  el préstamo de un amigo). “Llamamos y este hombre nos dice «no os vendo las estanterías, os alquilo el local si queréis». Y así fue cómo nos embarcamos en un proyecto, en principio, mucho más grande de lo que nosotros podíamos asumir, un proyecto abocado al fracaso. Como el alquiler estaba avalado por un amigo no podíamos sino seguir adelante, sin poder cobrar, cada uno viviendo en casa de sus padres; reinvertíamos cada céntimo. Y hasta hoy.»

La gente mayor del barrio les ha contado que por el solar pasaba agua. «Hay una fotografía de Santos Yubero donde se ve toda la fachada de una casa de beneficencia donde ahora está la librería, un lugar donde se recogían mujeres solteras con hijos. Se ganaban la vida lavando ropa para las casas bien». Debajo hay agua, entonces. «Siempre he pensado en el agua como una señal de vida, de energía y de fuerza. Nosotros vendíamos libros, teníamos nuestros clientes, y estaba bien, pero a mí me parecía que el sitio se merecía más.» De ahí que fueran una de las primeras librerías donde se organizaban encuentros, una de las librerías pioneras en algo ahora ya habitual. «Empezamos enviando cartas a los autores, sin conocerles de nada. Los escritores han reaccionado siempre de una forma muy positiva. Y yo estoy muy contenta porque estos encuentros han favorecido también en muchos casos una amistad que yo valoro muchísimo. Y se lo debo a este espacio; no puedo dejar que esto muera. Tengo que seguir».

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Aun cuando no abren hasta las diez, Lola suele llegar a la librería a las ocho y media de la mañana: “Me gustan esas horas, cuando no hay nadie. Una librería genera mucho papeleo, y hay muchos libros, montones de ellos, descolocados, tengo como una cierta inquietud respecto a tal cantidad… dónde estarán, dónde los habrás puesto”. Y se ríe. Es una risa simpática, de golpe. Nos encanta este sentido del humor, cuando te encuentras con alguien que se sabe reír así, distanciarse de esta forma. Nos parece una mujer inteligente, entregada. Y muy cálida.

Tenemos entonces que hablar de libros —»hay que hablar siempre de libros, claro que sí», dice, cuando le preguntamos si le apetece recomendarnos alguno— y de los encuentros que en torno a esos libros y otros tienen lugar  en la Librería. «Estoy leyendo ahora, y me está gustando muchísimo,  precisamente a este escritor rumano que te decía que iba a venir a finales de este mesMircea Cartarescu. Lo edita Impedimenta. Es un autor nominado al Nobel. El libro se llama Nostalgia, son cuatro novelas breves; arranca con una historia, El ruletista, muy potente. Es uno de esos escritores que ya te engancha desde la primera página; es profundo, pero a la vez tiene sentido del humor, a la vez es fácil de leer, como pasa con los grandes, donde todo fluye de manera natural». Vendrá también Patricio Pron para presentar  La vida interior de las plantas de interior. «Son muchas historias, contemporáneas, en principio banales, que le pueden pasar a cualquiera. Contiene muchas reflexiones, por ejemplo, sobre el acto de escribir, de la literatura, de lo que es ser escritor y no ser escritor. Muy ágil, muy original o, mejor, muy creativo».

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Así, que  se lee los libros, se prepara, le gusta y lo disfruta. Tal vez por esto la Alberti sea un lugar a donde todo el mundo quiere acudir para darse a conocer. Pensamos que es por ella, bióloga de formación, «estaba estudiando el tercer curso cuando abrimos, acabé la carrera ya trabajando aquí. Siempre pensé que iba a terminar dando clases en un instituto, o anidando cigüeñas… Era la más escéptica del grupo. Y resulta que me encuentro con que soy librera, y con que me gusta mucho. Me he hecho a la librería y la librería se ha hecho a mí. Y a veces tengo confusiones, no sé bien dónde empieza  una y dónde acaba la otra. Todo gira alrededor de la librería. Es una obsesión».

Pues bendita obsesión, entonces. Toda esa generosidad y ese saber disfrutar de la gente. Que no es por el agua, Lola, ya te lo digo yo.

Fotografía: Manu Granadero

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13 Comentarios

  1. Mil veces he comprado aquí y lo sigo haciendo. Ya me extrañaba que no estuviera aún en la lista de librerías con encanto. Mataría por trabajar en ella.

    • Que ganas de conoceros, de andar por esa librería y entre sus libros…. Iré en cuanto pueda. Gracias

  2. Siempre me emociona leer los inicios de «la Alberti». Siempre, porque la siento como mi segundo hogar.

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  12. Luz López

    La Alberti es una librería q tiene magia y encanto L

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