
Es un bosque, pero un bosque sometido. Tiene las superficies lisas, su camino discurre con limpieza y los rayos de luz consiguen alumbrar la oscuridad como estocadas de sol en la espesura, aunque incidiendo ordenadamente donde deben hacerlo. También sus fieras están domadas. Las grandes lucen en vitrinas y los insectos, pinchados sobre papel y enmarcados como reliquias.
Que no sufran los amantes de los animales ni se asqueen los escépticos de la taxidermia, porque estos seres ni son de verdad ni gozaron nunca de vida. De hecho, algunos penden aún de los hilos mediante los que se la confería su creador, Ladislas Starewitch, de cuya obra constituye un ejemplo esta pequeña selva de aristas cuadrangulares. Es el que recibe al visitante en Metamorfosis, la última exposición inaugurada en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona y abierta hasta el próximo septiembre.
Cuando se trata de este ruso no deben extrañar los bichos, que fueron su primer amor. Fue cineasta autodidacta y «el Méliès de la animación», como se le define con frecuencia, pero también antropólogo de formación, naturalista y entomólogo. Tanto así que su carrera en el cine arrancó como director del Museo de Historia Natural de Kaunas, en Lituania, cuando quiso filmar por primera vez una pelea entre dos ciervos volantes. No pudo ser, porque la luz de los focos daba sueño a estas criaturas nocturnas, que en lugar de pelear decidían dormir plácidamente en su pequeño set de rodaje.
Inspirado por las primitivas animaciones de Émile Cohl, Starewitch tuvo la idea de elaborar dos réplicas articulables de los insectos y recrear su pelea en stop motion. En 1910 Lucanus Cervus, que así se llamó la película, se convirtió en su primera cinta de animación y la primera de la cinematografía rusa, de la que por cierto desertó. Después de la Revolución emigró a Paris, el Hollywood de la época, y más tarde no lo haría al propio Hollywood, aunque pudo haberlo hecho. Las posibilidades infinitas del stop motion lo habían cautivado y consagró su vida a explotarlas hasta su muerte en 1965, olvidado de todos. No fue hasta los años noventa que empezó a recibir elogios, entre otros los de Nick Park, John Lasseter y Wes Anderson.

La suya es solo la primera parada del recorrido dispuesto por el CCCB, que continúa por Jan Švankmajer y acaba con los hermanos Timothy y Stephen Quay. Los cuatro fueron pioneros de la animación en stop motion, los cuatro recurrieron a esta técnica para insuflar vida cinematográfica a sus fantasías y los cuatro convergieron artísticamente en Europa, en un triángulo desplegado entre París, Londres —donde viven y obran los hermanos Quay, de Pensilvania— y Praga —de donde es natural Švankmajer—. La transversalidad estaba servida y el CCCB, que coproduce Metamorfosis junto a La Casa Encendida de Madrid, le impone continuidad y la ilustra con una gran colección de piezas originales, entre marionetas, figuras moldeables y de alambres, diseños de producción, fotografías, esculturas y robots.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.






Pingback: Los hermanos Quay como precursores del Stop Motion | |
Pingback: todos los misterios de El cuadro - Onlitec
Pingback: CINE / Las meninas, los reyes y el pintor: todos los misterios de 'El cuadro' | CCNesnoticias