Cinco goles como cinco orgasmos (o por qué se me va la vida con el fútbol)

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Sergio celebra el gol del Dépor frente al Real Madrid en la final de Copa del Rey de 2002. Foto: Cordon Press.
Sergio celebra el gol del Dépor frente al Real Madrid en la final de Copa del Rey de 2002. Foto: Cordon Press.

Y cuando digo fútbol, me refiero al Dépor. Al Deportivo de La Coruña. En realidad a mí lo que me gusta del fútbol es jugarlo. Verlo está bien, pero no me va la vida en ello. En cambio sí me va la vida en ver al Dépor. La vida, la garganta, el corazón y el ánimo. Una desgracia como otra cualquiera.

¿Te gusta el fútbol?, a veces me preguntan. Bueno, a mí lo que me gusta es el Dépor. Hay gente que se muere si no puede ver una semifinal Brasil-Alemania de un Mundial. Sí, yo también quiero verla, pero lo que es morir, me muero si me pierdo un Sabadell-Dépor jornada diecisiete Segunda División domingo a las doce de la mañana.

¿Cómo se te puede ir la vida por el fútbol?, me preguntan otras veces. Yo pienso que no es por el fútbol, es por el Dépor. Y que si hay gente a la que se le va la vida por dinero, por un cantante o por Dios, no sé qué tiene de extraño que a mí se me vaya por mi equipo. Porque es que se me va.

Ese adiós de la vida, esa huida del cuerpo, suele producirse a través del grito del gol. El absurdo instante en el que tu ojo capta que la pelota ha entrado en la portería. No siempre se detecta igual. En el estadio, si la portería está lejos, no gritamos gol hasta que vemos cómo se mueve la red. Intuyes que la pelota avanza, que el peligro revolotea confuso como un niño jugando con un cuchillo entre el portero y la portería, pero no ves un carajo, hasta que de pronto vislumbras la sacudida de la red y la tensión se libera de un grito. Esa tensión que coge carrerilla mientras agarras la manga del aficionado del al lado para impedirte a ti mismo saltar al campo. Hay veces que ni siquiera ves la red; solo escuchas el griterío y ves a los jugadores levantar los brazos y allá vas tú con tu celebración ciega: no lo has visto, pero te lo crees. Otras veces la portería está cerca, entonces ves nítidamente como la pelota supera al portero y durante un chispazo de tiempo, menos de un segundo, adquieres la certeza de que el balón va a entrar, de que no hay posibilidad física de que no lo haga, y entonces tu grito nace unas décimas antes del gol. En ocasiones —sin dejar de gritar echas un vistazo rápido al linier, compruebas que corre hacia el medio campo autorizando el gol y rematas tu alarido como se merece. Nada más trágico que emprender la celebración y verte obligado a abortar tras hallar el horror en forma de banderín levantado. «¡Lo anuló!», suele gritar alguien todavía abrazado a otro. Y te sientes como cuando descubriste que Pressing Catch era mentira.

En casa la televisión te lo ofrece más claro y siempre se festeja con conocimiento de causa. A cambio, la celebración se vuelve más personal. Para quien no está atento a la tele ni al partido es como el arranque violento de un loco. O, peor aún, de varios. Tres, cuatro, cinco adultos gritando a pulmón en un espacio cerrado. Eso es un gol. Sacarlo todo en un instante sin filtros, sin control, sin obstáculos. Como Penélope Cruz en los Óscar. Proferir un defectuoso bramido que vacíe la tensión de un golpe y volverte a sentar tan satisfecho como si lo hubieras metido tú. Una pelota entra en una portería y eso deriva en un instante de éxtasis en tu interior, en una inyección de felicidad y placer que borra cualquier otro avatar de la vida y que, durante unos segundos, te inunda de bienestar. Eso es un gol de tu equipo. El símil con un orgasmo es de una obviedad ofensiva.

Veamos cinco de ellos que me han hecho hombre. Me refiero a cinco goles:

Gol de Zoran

La primera cosa no normal que le recuerdo al Dépor (el Dépor es un equipo que se caracteriza porque le ocurren cosas no normales) fue en el partido de Segunda División contra el Murcia temporada 90-91 con mi abuelo al lado. Entonces tenía yo nueve años y recuerdo a mi abuelo saltar del sillón con el gol de Zoran Stojadinovic que valía un ascenso. Mi imagen es nublosa: un tipo de pelazo al viento batiendo por bajo a un portero de gorra blanca (ningún portero sin gorra en los tardíos ochenta) que iba en pantalón corto (corto de verdad) a pesar de que el área pequeña era de tierra.

El partido había empezado con mucho retraso porque se declaró un incendio en la grada de Preferencia. «Las meigas, queimada», dirían los cronistas del tópico al día siguiente. Allí estaba yo, sentado en el suelo (antes a los niños se nos mandaba al suelo para ver la tele) viendo como las llamas flameaban en el techo de la grada y mi abuelo diciendo, «¡otro año que no ascendemos, verás!». Por suerte sí ascendimos, de la mano de Arsenio Iglesias a quien en rueda de prensa le inquirían, «Míster, ¿qué?», y él contaba el partido. En realidad, para gran parte de mi generación, ahí comenzó todo. Más de lo que nunca soñamos y más de lo que, probablemente, merecíamos.

Gol de Alfredo

En el gol que Alfredo Santaelena le metió a Zubizarreta en la final de Copa del Rey de la 94-95, los deportivistas bramamos dos goles: ese y el que había fallado Djukic el anterior año en su maldito penalti.

Segunda cosa no normal del Dépor: esa final se jugó en dos actos: el primero el 24 de junio y el segundo el 27. La primera parte duró setenta y nueve minutos y se vio interrumpida por una tormenta como jamás había visto Madrid (probable exageración). Granizos como percebes obligaron a interrumpir el partido cuando iba empate a uno contra el Valencia (el rival el anterior año del penalti de Djukic, claro). Se decidió que los once minutos que restaban se jugarían tres días después. De aquel compás de espera recuerdo la incertidumbre, la confusión, como aquel turista que en una parada de autobús de Betanzos preguntó a un vecino si por ahí pasaba el bus para Coruña y le respondieron: «ayer pasó».

También recuerdo las súplicas a mi padre para que me llevase al Bernabéu. «¿Para once minutos? Estás loco». «Que no, que va a haber prórroga», exponía yo (es probable que dijese próloga). Tenía razón mi viejo: no hubo tiempo extra. A los dos minutos cayó un balón de cualquier sitio y de cualquier forma y Zubizarreta (había porteros más rápidos que él) llegó más tarde que la cabeza de Alfredo Santaelena, un jugador que venía como añadido al fichaje de Donato del Atlético de Madrid, fichaje que, por cierto, era de cara a los dos o tres últimos años de carrera de un ya veterano. Se quedó diez.

Alfredo cabeceó, la pelota entró y yo recuerdo pensar que no sabía cómo celebrar aquello. Que era demasiada felicidad, demasiada alegría. Y me fijé en los jugadores y les vi tan contentos, con esa cara de cabreo de pura felicidad, que me pregunté si a alguno le podría dar un ataque o algo. Después descubrí la tortuosa sensación de que no pase el tiempo, aunque el tiempo sean nueve minutos. Fui un niño temeroso de la alegría desde ese día. Fui un niño, por siempre y para siempre, deportivista.

Gol de Sergio

El problema de ganar al Madrid es que tu equipo no gana: pierde el Madrid. La ecuación causa-efecto se invierte, como aquel paisano de Corcubión (perla de la Costa da Morte) que salía de casa, se quedaba mirando los molinos eólicos del monte de enfrente y decía enfadado: «Joder, cada vez que encienden esos chismes pega un viento de carallo».

Al Madrid en Madrid le ganamos pocas, poquísimas veces. Pero las elegimos. La recordada, la épica, fue la del centenariazo, claro. «Fue solo una Copa del Rey, nos da igual», me dicen mis amigos madridistas. Y yo no niego que les dé igual, pero que no me lo digan. Déjame rebozarme en mi épica, coño. Y mi épica es la épica blanquiazul, la que llevó a veinticinco mil deportivistas al Bernabéu un día entre semana de invierno a jugar de visitantes una final. Allí estaba yo, claro, el único de entre mis amigos convencido absurdamente de la victoria. El resto, pesimistas, sin ver solución a una derrota segura, como cuando a Fraga le preguntaron qué harían si el Prestige se negaba a alejarse de la costa y respondió, conciso, «se le pega un cañonazo y punto».

Mi recuerdo del primer gol del partido, autoría del deportivista Sergio González, actual entrenador del Espanyol, es borroso. Esta vez no por los años y sí por el alcohol que veinticinco mil bárbaros llegados del norte habíamos trasegado en aquel marzo madrileño que nos hizo ocupar el fondo norte del Bernabéu dos horas antes de que comenzara el partido. A pesar de la nebulosa todavía puedo ver la pelota avanzando despacio hacia la línea de gol ya superado el portero (César) y todos detrás de la portería agarrados unos a otros, de pie al estilo vieja grada de cemento (que vuelvan ya) y con los ojos desencajados porque, qué cojones, quién iba a pensar que les íbamos a meter un gol en su final. Perdí una zapatilla en aquella celebración en la que juro vi volar cuerpos por encima de mi espalda mientras la buscaba. Después vino otro gol, de Tristán, el de la incredulidad, y finalmente el pitido final no sin sufrimiento por el tanto de Raúl que cerró en 2-1 el partido.

De entre los cánticos, fuegos de artificio y lágrimas de alegría, me recuerdo a mí mismo sentado en mi asiento por primera vez en noventa minutos regocijándome en mi alegría incapaz de ponerme de nuevo en pie de puro cansancio.

Gol de Albert

En mis primeros años como periodista trabajé en el diario Marca. Cubría el devenir del Deportivo desde la delegación de A Coruña. Me pillaron los últimos años de Champions del Dépor y recuerdo que tenía una buena relación con Jabo Irureta, el entrenador entonces. Más bien era una relación paterno-filial. Hubo unos cuartos de final en el año 2004 que emparejaron al Dépor con el Milan de Ancelotti, por entonces, probablemente, el mejor equipo de Europa: Maldini, Nesta, Gattuso, Seedorf, Rui Costa, Shevchenko… Nos metieron cuatro en la ida en Milán, y eso que empezamos ganado con gol de Pandiani. Gol que vi solo, lamentablemente solo, en la delegación del periódico. Y lo festejé como un energúmeno corriendo en círculos. Luego nos metieron ellos cuatro y adiós muy buenas. Parecían habernos despachado como el sindicalista argentino Luis Barrionuevo despachó a una periodista que le preguntaba por la crisis del corralito: «En este país —dijo Barrionuevo— lo que hay que hacer es que todos dejemos de robar dos años». Sinceridad al peso.

En los días de espera antes del partido de vuelta, en una rueda de prensa, le pregunté a Irureta qué prometía si remontaban: «Hago el Camino de Santiago», me dijo. Y lo tuvo que hacer. El Dépor le metió al Milan los tres que necesitaba en Riazor más otro extra. De aquellos, recuerdo especialmente el tercero, el que culminaba la remontada, obra de Albert Luque. Había conseguido no trabajar aquella noche (era especialista en zafar en las grandes citas para acudir como se debe al estadio: borracho y con amigos) y tengo el nítido recuerdo de la pelota entrando de forma inaudita en la portería, comprender en un décima de segundo que habíamos remontado y abrazarme a mi buen amigo Iago. Recuerdo bien ese abrazo porque fue muy fuerte, que casi no nos dejábamos respirar el uno al otro y me acuerdo que pensé: «Coño, qué abrazo más sincero y cuánta alegría». Y recuerdo también que nos habíamos abrazado porque antes había intentado gritar el gol, pero no me salía la voz.

Gol de Borja

Imposible terminar sin una mención especial al Celta de Vigo. Para aquellos lectores no gallegos lo resumiré en que la relación entre el Dépor y el Celta es de amor-odio pero sin la parte del amor. Como un hombre que solo debe temer la picadura de una cobra, el ataque de un tigre y la venganza de un afgano, un deportivista solo debe temer una cosa: perder contra el Celta. Por suerte, no solemos hacerlo. Y menos cuando no debemos.

No debíamos aquella mañana de Segunda División del 15 de abril de hace dos años. Unos cinco mil deportivistas se presentaron en Balaídos sin previo aviso sabedores de que, ganando, teníamos medio ascenso conseguido. Intentaré ser breve: el Dépor empezó ganando cómodamente con dos goles y en la segunda parte las tornas cambiaron y el Celta empató a falta de cinco minutos. Ese segundo gol vigués nos puso contra las cuerdas, nos tenían donde querían: solo necesitaban la puntilla, el tercero, y completarían la remontada. Pero es el Celta, de modo que los minutos pasaron y en el último del descuento (del descuento, no de la segunda parte) hubo una falta tonta cerca del área. Del área donde estábamos los cinco mil deportivistas apiñados. El balón voló y —no es un recurso narrativo, es una realidad— mientras seguía con la vista su parábola, pensaba: «Dios, ¿te imaginas un gol ahora? Un gol en el último segundo, hundirlos en su propio estadio, gritarles el gol aquí mismo y encima casi asegurarnos el ascenso gracias a ellos». Los pensamientos se repitieron pero sin el condicional mientras descendía dieciséis filas sin tocar el suelo, arrastrado por la marea humana que celebraba lo imposible: la falta terminó en gol. Gol de Borja Fernández, un jugador declaradamente celtista pero que vestía cosas del mercado futbolero nuestra camiseta. Todo era absolutamente perfecto.

Toda esa alegría, ese éxtasis provocado por el gol de Borja, el de Albert, el de Sergio, el de Alfredo o el de Zoran, es lo que te hace comprender que merece la pena. Que merece la pena que se te vaya la vida por el fútbol. Y cuando digo fútbol, me refiero al Dépor.

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46 comentarios

  1. Carlos I. Castrillon

    Buenas paisano… Te falta uno muy importante. Clave. El vital. El gol de Vicente Celeiro. Ahí es donde empezó todo. Abrazo!

  2. Alberto

    Buena escritura. Muy lejos de ser un artículo periodístico (no sé si pretende serlo). Bastante hooliganismo. El depor es como ese equipo grande en horas bajas, pero sin lo de grande y ahora casi sin lo de equipo. Saludos de un celtista.

    • Como escuece ser el segundo equipo de Galicia…

    • Nathan Jessep

      Ey, cuando ganéis una liga, podéis hablar de equipos grandes.

      • ¿Equipo grande el coruña? Por favor. Tuvisteis unos años de gloria y vais a estar pagándolos todo el siglo XXI.

      • Alberto

        Ahora es cuando os toca soltar bilis del zaragoz por no pagar. Si es que siempre habla de mierda el más cagado ;)

    • Empresario

      El Dépor es grande por títulos, por historia, por clasificación histórica de la LFP y por afición. Y lo de que no tiene equipo lo comprobaréis nuevamente cuando os volvamos a ganar (una vez más, ya casi hasta nos aburre).

    • El día que se puedan escribir artículos de hooligans sobre el Celta… ay, ese día.

    • Scaloni

      Siempre hablan los mas indicados, este año otra vez en toda la boca.

    • Jimbojones

      A mi, ajeno a forofismos, no me parece para nada hooliganista, me parece un articulo dedicado al equipo de la vida del autor.
      Un equipo con el que todos, o por lo menos mucho en España empatizamos, porque lucho contra los de siempre.

  3. Interesante artículo, me ha picado la curiosidad por comprobar aquello de que no perdéis con el Celta y el cómputo global según Wikipedia es 41-39 a favor del Deportivo. Igual peco de subjetivo, por aquello de ser celtista, pero diría que está bastante igualado.
    No coincido en eso de que existe una relación de amor odio sin amor entre ambos clubes, la frase te ha quedado muy bien pero es una absoluta mentira, lo sabemos los lectores gallegos y no está de más recordárselo a los que no lo son. Eso sí, coincido en una cosa contigo y es que resulta imposible hablar del Dépor sin mencionar al Celta.
    Un saludo

    • Cierto, es imposible no recordar el 0-5 en Lonaidos

    • Miguel Fernández

      Lo que ocurre es que la estadística cambia sustancialmente si la reduces al periodo 1989-actualidad, que como puedes imaginar es el tramo que tanto el autor como otros mucho recordamos, principalmente por edad.

      En cuanto a lo de amor al Celta… Como mocho puede haber interés por saber lo que hacen los vecinos del sur, pero vamos; los lectores gallegos sabemos que la relación (dentro de cada individualidad) es de muchísima rivalidad. Ponle tu el adjetivo que quieras.

      Un saludo

  4. Camilo Sexto

    Enhorabuena. Pedazo de artículo que deja algunas frases memorables. Cualquiera que lo lea puede ver reflejado lo que siente por su equipo porque vale para casi todos.

    Un perfecto homenaje a uno de los clubes referencia en España en los últimos 25 años, y que deja algunas de las escenas más épicas que TODOS hemos celebrado.

  5. José Fernández

    Mencionar que en esa misma temporada el Celta también ascendió supongo que le hará perder aliento épico al relato de hooliganismo ilustrado este ¿no?

  6. miguel

    Para mi faltan dos goles importantísimos en la historia reciente del depor.
    Uno nos permitió continuar el sueño que nos dio Zoran y dejar atrás un apodo que parece volver, el de equipo ascensor.
    El gol de kiriakov al betis, permitiendonos quedarnos en primera división y hacían que aterrizaran en A Coruña grandes mitos como Bebeto y Mauro Silva.
    Y el otro gol, el que nos permitió tocar el cielo, el que nos dio un pedacito de leyenda e inmortalidad en el grupo reducido de equipos que ganaron la liga.
    El gol de Donato al español, ese jugador veterano que cada verano querían retirar y terminaba siendo indispensable en la defensa.

  7. Yo estuve en la primera parte de la primera final de la copa del rey en el estadio. Por desgracia, mi padre no pudo quedarse tres días más en Madrid y tocó ver el final en la tele.

    Para la segunda copa estaba yo estudiando en Madrid. En la universidad y en el colegio mayor no me dejaban de llegar recaditos de mis compañeros («Tiene que ser una mierda hacerse seiscientos kilometros para celebrar el centenario del Madrid, pobres diablos.»). Por una carambola conseguí entradas y…. madre mía, me quedé afónico celebrando los goles, sufrí como nunca después del gol de Raul, y no quise moverme del sitio hasta que me echaron para saborear ese momento cuando el árbitro pitó el fin del partido. Aparte, al acabar, recuerdo que habían montado un espectáculo cojonudo de fuegos artificiales para celebrar el centenario madridista. Cómo lo disfruté(yo y todos los demás deportivistas). Ése sí que fue un momento mágico.

    Por cierto, de paso gané la porra que hicimos en la uni. Al día siguiente me fuí con la bufanda del depor a clase. Creo que me gané muchas enemistades ese día, pero no pude bajarme de la nube en dos semanas.

  8. Otomano

    Firmo entero el 2º párrafo del artículo. Buen artículo.

    El lugar que para ti ocupa el gol de Borja posiblemente influido por el hecho de haber estado allí, lo ocupa para mí (estuve allí) el 0-4 de Victor en el 0-5 de Balaidos. El cantadón de Cavallero y darte cuenta que estás humillando al RIVAL históricamente con su estadio silenciado o protestando al palco, mientras un puñado de deportivistas reíamos.

    El de Vicente Celeiro del 88 supongo que eras demasiado joven. ¿Y debió ser duro dejar fuera el de Djalma a Pinto o la liga de Donato, eh?

  9. Thirdman

    Alfredo lo hace lujo pero Camarasa y Zubizarreta… madre mía!!!!!

  10. Alfonso

    ¡Viva el Depor!

  11. Me he puesto a llorar. Me la pela el Argentina- Alemania, la verdad.
    Forza Dépor

  12. Chaín

    Precioso. El segundo párrafo resume mi vida.

    Forza Depor!

  13. El gol que más sufrí sin duda alguna fue el de Xisco al Nastic hace dos años para ascender. Minuto 93 y agonizando. Recuerdo que decidí renunciar a ver el partido por la tele e irme a entrenar. Terminé poniendo la radio para oír el final y con el «golazo» ( cantada de la defensa y Xisco la empuja a puerta vacía ) parecía que al locutor le iba a dar un infarto. La cara de los futbolistas era de absoluto sufrimiento pero al final mereció la pena. El Depor me ha costado la salud pero me lo ha devuelto con creces.

  14. Muy bueno, me siento identificada xD
    Forza Depor!!!

  15. Juan P

    Grandioso artículo. He disfrutado tanto con el Depor, en casa y en los viajes con los amigos… Recuerdos imborrables de éxitos y de algun fracaso.
    Ahora pasado un tiempo y sufrido lo que hemos sufrido ultimamente, uno se da cuenta de lo increible que fueron esos 12 años. Un equipo pequeño peleando hasta el final con los grandes de siempre. No fue una temporada buena, fueron muchas al máximo nivel.
    Y tuvimos el privilegio de vivirlo, no como muchos deportivistas de los años 60, 70 y 80 que solo vivieron años duros.
    Lo más bonito para mi es que en nuestra ciudad y en muchos pueblos de nuestra tierra los críos llevan orgullosos la camiseta del Depor.

    • Rubén

      Yo fuí unos de esos para los que el Deportivo era nuestro segundo equipo durante muchos años….pero pasado el tiempo el SuperDepor me ha dejado la misma sensación que Lance Armstrong, la de que todo era mentira y mérito más bien poco.
      En el caso del tejano por las sustancias dopantes y en el del Depor por el doping financiero del señor Lendoiro.

  16. Amigo, vuelve a noticias celta dot com.

  17. Scaloni

    pois se non che gusta xa sabes,botalle un chisco de cuspe.

  18. Pues menos mal que lo reconoce el autor del artículo. A mi, en cambio, me gusta el fútbol, por eso, pese a mis prejuicios hacia ellos, por no decir antipatía, quiero que gane el mundial Alemania. Porque me gusta el fútbol y son los únicos prácticamente que lo han tenido.

  19. Todo el mundo muere por su equipo y simplemente disfruta viendo el resto de partidos de calidad como el Brasil-Alemania…tampoco le veo nada de particular al asunto.

  20. Sanjuanconmiedo

    Mucho NENO!! Viví el Dépor de pie en la grada General, la curva ‘máxica’ de las avalanchas, las borracheras y el éxtasis de una época de ascenso, títulos y gloria europea (que se escapó de los ‘fuciños’). Hoy, exiliado en Barcelona, sigo renovando religiosamente mi carnet de Marathon Superior (cosas de la edad, que nos acomoda). A los que resistieron los 20 años de ‘longa noite de pedra’ siempre les guardaré RESPETO, son todos aquellos que lloraron con los goles de Vicente al Racing o de Raudnei al Valladolid, el piscinazo de Alvelo o la bofetada en propia meta de Fernando ante el Tenerife. Nunca olvidaré cuando entré en Riazor por vez primera para ver a Kiriakov darnos vida en la promoción contra el Betis. Nunca olvidaré nada de lo que vino después…
    pd.: al Vigo ni lo menciono.

  21. El Coruña

    No leo el articulo entero ( en realidad ni la cuarta parte), ya que un articulo que loa al Coruña no me interesa nada y, seguramente, me irritará. Tampoco leo los comentarios, porque me imagino que serán o a favor o en contra del Coruña, pero seguramente nadie o casi nadie , comenta el «pufazo» del Coruña y el hecho de que esta última temporada tenia que haber jugado en 2ªB…y sin embargo vuelve e primera…c sas de los paises tercermundistas, los cazos, la corrupción. Un equipo de «funbol» con un pufo de 150-160 millones de euros y sube a primera??? De coña. Si ya se lo que deben los demás equipos. pero el caso del Coruña es especialmente sangrante.Ya en su dia ficho a los Bebeto y compañía , casi recién ascendido despues de 19 años seguidos en segunda, siendo el mafioso de Lendoiro presidente del Coruña y presidente de la Diputación de l a Coruña. Casualidad…desvío de fondos públicos a club privado, quizás?. Asi se escribe la historia de este club Y no, el pufo del Celta fue tres veces menor que el del Coruña. Ahora mismo el Celta debe muy poco y el Coruña sigue debiendo un pastón, pero nada pasará.

    • Sanjuanconmiedo

      ¿Te refieres de manera despectiva al equipo que votó a favor de que indultasen al Selta por la chapuza de los avales y que os permitió seguir en Primera junto al Sevilla? Si en Vigo no sabeis usar un fax, se dice y no pasa nada.

      • El Coruña

        Veo que obvias lo de la corrupción , pufo desmesurado, cazos, desvío de dinero publico a club privado….para hacer un superdepor – vaya con el nombrecito cursi. Solo os falta decir…»te lo juro por Snoopy que soy del superdepor»…jaja . Lo del fax de los avales fue una tremenda chapuza, aunque resulta increíble que un club de fútbol de primera( o de basket, voley ball, hockey) pueda descender porque alguien haga fatal su trabajo (un simple envío de fax) y no haya otros métodos (confirmación bancaria, mensajería, etc),mas seguros,mas fiables, pero España es «asin». Yo comento el asunto de la corrupción, el cazo, desvío de dinero publico a club privado…lo que ha hecho Lendoiro ( y directivos) durante tantos y tantos años, evidentemente mucho mas grave y delictivo que un lamentable y grave error administrativo, pero que es eso, un error, no un delito.Lo que es bueno para el Celta, malo es para el Coruña. No respondas, please…a nadie interesa. No hay peor cosa que un pufero corrupto. Mira como le va a España.

        • Sanjuanconmiedo

          Pues denúncialo. Si cayó Horacio Núñez igual caen más, ¿no?
          pd.: te olvidaste de mencionar la conexión Dépor-narcos.

          • Superdepor te lo juro por Snoopy

            Denunciar ¿jajaja. estas de coña. Ya en su dia, un seleccionador gallego de infantiles o juveniles (no recuerdo) insinuó o comentó el asunto y casi lo crujen (la propia federación) Es muy fácil de entender…equipo de «funbol»,19 años en segunda ( y supongo en tercera), sube a primera, con un presupuesto bajo, sin casi socios y en un una o dos temporadas ficha a Bebeto, Mauro Silva y no se cuantos más. Le tocó una primitiva a Lendoiro? cada coruñes puso mil pesetas? Pues eso. Horacio Nuñez era el de la chapuza de los avales? Tengo familiares en Coruña, socios y muy forofos del superdeportelojuroporsnoopy y hasta ellos reconocen el grupo mafioso coruñes de Lendoiro and company

            • Sanjuanconmiedo

              Por el sur no os enterais de nada: nos llevamos la escamita y os quedó la tiza.

              Y nos pasó lo que tuvo que pasar: las planeadoras quedaron sin ‘ghas’.

        • Si no lees el artículo ni los comentarios para que coño escribes nada? Y otra cosa, a ver sí os aclaráis los celtistas, o la teoría de que el Depor se endeudó o la del desvío de fondos públicos, las dos cosas, no, porque se anulan.y antes de hablar infórmate un poquito porque el único hooligan que hay aquí eres tú.

          • Superdepor te lo juro por Snoopy

            Puferos, corrupción, Lendoiro es un capo mafiosillo, con esa bola de sebo…y claro que desvió fondos públicos para fichar, y se empufó y debéis millones y millones, pero como estáis en Españistan, nada pasará, pero sois puferos, como lo era (es) Caixagalicia (mucho mas que Caixanova), el puerto exterior que tantisima pasta ha costado, para ná….puferoooos. y, por favor, no contestes mas ,turcos .

            • Sanjuanconmiedo

              Amigo de Vigo, tiene usted en mente los fichajes de Bebeto y Mauro como origen de toda la trama corrupta. ¿Más de 20 años de resquemor? El cosquilleo que debe sentir debe estar a la altura de todo un Prometeo con el águila en los higadillos. A mí, como turco y cómplice de todo el asunto, no deja de resultarme cómica la situación: para usted Riazor debe ser catedral del culto a Belcebú, lo mínimo. Los del norte somos hienas, sí, y no paramos de reirnos. Sinceramente, menos mal que nos queda Portugal. A los deportivistas nos alegrais la vida.

              • El Coruña

                Tengo que admitir las buenas palabras suyas, siendo como es, coruñes (ironia). Una excelente persona que conozco, lo es. las habrá, supongo, aun teniendo familiares que lo son y son impresentables, como en todas partes, of course. No llevo 20 años de resquemor.En absoluto. simplemente a raiz de algunos comentarios creí oportuno comentar el lado oscuro del Coruña (como el de tantos equipos), pero de eso no se habla en este articulo.Como ha contestado educad amente, así le contesto. No se si les alegramos la vida, entiendo la retranca correspondiente, simplemente y sin acritud, yo lo dejo con una frase que, casi 20 años después, nos alegra la vida a los celtistas, repito, sin acritud, para eso existe la educación. Ah, la frase, cita o momentazo : » Ahi va Ducik…..paró, paró, González»…

                • Sanjuanconmiedo

                  «Ahí va Alejo… paró, paró Cedrún!».

                  • El Coruña

                    Muy bueno. De verdad. Breve e incisivo.Aunque para ser sincero, creo que lo vuestro fue mucho mas traumático. En casa, casi último minuto, penalty a favor…y fallarlo. Es para morirse. Lo de Alejo fue tremendo (yo estaba allí), pero ya sabemos como es el asunto de la tanda de penaltys….mezcla de suerte, nervios, templanza. En fin traumático en cualquier caso. Sanjuanconmiedo, un saludo, a pesar de ser del coruña (lógico si eres de La Coruña) Que te vaya bien y quien sabe si volveremos a coincidir en uno de estos comentarios. Bye,bye.

                    • Sanjuanconmiedo

                      No hay nada que no cure el tiempo… o seis títulos, por ejemplo. Un saludo «amigo de(l) Vigo»!

  22. Alcalde de Negreira.

    Grasias, grasias… grasias…

  23. Pingback: Cinco goles como cinco orgasmos

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