Crónicas de la Mafia (VIII): Tierra Media

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Por lo primero que voy a contar van a pensar que cuando pongo en el título Tierra Media a lo mejor estoy hablando de fútbol y me refiero al centro del campo, pero no es eso. Probablemente conozcan a Daniele De Rossi, fantástico centrocampista de la Roma y de la selección italiana. Una noche, el 30 de septiembre de 2013, se vio envuelto en una bronca en una discoteca en la capital italiana y para quedarse tranquilo, porque el otro tenía mala pinta, cogió el teléfono y llamó a un tal Giovanni De Carlo. «He pensado que este tío podía llamar a algún chulito y me he dicho: vamos a llamar a Giovanni», le explica. «Llámame siempre… ¡bravo! Has hecho bien Danié, amigo mío», le responde con confianza su interlocutor. Eran casi las tres de la mañana. Le dijo que no se preocupara. «Amigo mío» puede ser la expresión clave de la conversación.

Giovanni De Carlo, que tenía el teléfono pinchado, es uno de los capos detenidos el pasado 2 de diciembre en la operación Roma Capitale, una gran investigación de la fiscalía de Roma que ha desvelado, nada menos, que una nueva mafia en Italia. Es la quinta y última tras la Sacra Corona Unita, de la región de Puglia, fundada en 1981. Las otras tres, las de toda la vida, ya se las sabrán: la Cosa Nostra (siciliana), la Camorra (Nápoles y su región, Campania) y la ‘Ndrangheta (calabresa). Pero esta de ahora es la primera nacida fuera del sur de Italia.

La llamadita de Daniele De Rossi al capo De Carlo es un ejemplo de libro de clima mafioso: usted tiene un problema y busca en el submundo ilegal quien se lo resuelva, o que le garantice protección. Mediación, intercambio de favores. Mucho mejor que llamar a la policía. En Italia no es infrecuente pensar así, la ilegalidad siempre es una opción disponible, de Silvio Berlusconi para abajo. De Rossi no fue el único. Además de otros futbolistas, en las escuchas de De Carlo han aparecido varios famosos: el popular cantante napolitano Gigi D’Alessio, preocupado por recuperar una colección de Rolex valorada en cuatro millones que le habían robado; el famoso presentador televisivo Teo Mammucari, que quería unas pastillas para doparse en el gimnasio; la showgirl maciza del momento, Belén Rodríguez, y su novio… Todos buscaban y trataban a De Carlo, porque era un amigo poderoso, con contactos. Al salir a la luz esta nueva mafia han dicho que no lo sabían y quién se lo iba a imaginar. Probablemente algo se imaginaban, todo o parte, pero en estos casos es preferible no hacer preguntas ni saber demasiado. Se queda en una cosa de amigos, un poco borrosa.

Por supuesto los mafiosos también buscan a esta gente de postín, coinciden en fiestas, se hacen fotos con ellos en los restaurantes. Con los futbolistas es una debilidad histórica, y ahí están las célebres fotos de Diego Armando Maradona, cuando jugaba en el Nápoles, con los hermanos Giuliano, capos del temido clan napolitano de Forcella. Estaban muy sonrientes en una bañera dorada con forma de concha gigante. En 2010 también aparecieron otras fotos de Hamsik con el capo camorrista Domenico Pagano, en ese momento en búsqueda y captura, jefe de una de las facciones en guerra en Nápoles. Arrestado en 2011, murió ahorcado en su celda en 2013. También se descubrieron entonces en un registro imágenes de un sospechoso sin identificar con Roberto Carlos y Cannavaro cuando jugaban en el Real Madrid. Los futbolistas no sabían quiénes eran esos señores que les habían pedido una foto, aunque en el caso de Maradona el comisario de entonces confesó que no quisieron arrestarlo porque habrían causado una revuelta popular en Nápoles. Seguramente tenía razón.

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Hay una historia reciente muy curiosa. La cuento rápido, porque me salgo del tema, pero es que es muy buena. Un capo napolitano logró demostrar el año pasado que no estaba en el lugar de un crimen con una coartada estupenda: tenía una foto ese mismo día con Mourinho antes de un partido de Champions en Barcelona. Fue el 5 de marzo de 2006: durante la guerra de clanes de Nápoles asesinaron a Carmine Amoruso en un bingo. Dos arrepentidos acusaron a un tal Rito Calzone. Pero él sacó tres fotos, tomadas ese día en el Hotel Arts de Barcelona, donde se alojaba el Chelsea, que al día siguiente jugaba con el Barça. Calzone aparece en una con Mourinho, en otra con Lampard y en una tercera junto a Nuno Morais y Hernán Crespo. Fin del inciso. Por cierto: venga salir Barcelona en las historias de camorristas. Lean, para saber más, La Gomorra catalana, de Joan Queralt.

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Volviendo a la mafia de Roma, fíjense que hasta ahora no hemos hablado de política, solo de colorín, de deportes y espectáculo. En esos mundillos estas turbias relaciones son casi una cosa anecdótica, pero si ahí era así imagínense en la política. Un infecto lodazal. Hay imputados de todos los partidos, con dirigentes a sueldo que recibían nóminas mensuales de hasta quince mil euros. Buena parte del Ayuntamiento de Roma estaba en manos de esta mafia. Las autoridades incluso se plantearon disolverlo por infiltración mafiosa. Los capos tampoco tenían que perseguir mucho a los asesores municipales, eran ellos quienes les buscaban.

Massimo Carminati, el hombre que estaba en la cúspide de este sistema, el capo de todo el tinglado, lo ha explicado perfectamente y ha dejado para los libros toda una lección de mafia. La imparte en una conversación con un subordinado, inspirándose en El Señor de los Anillos. Es la siguiente: «Es la teoría de la Tierra Media. Los vivos están arriba y los muertos abajo. Y nosotros estamos en el medio. Porque en este mundo de la tierra media todos se encuentran, y tú dices: «¡Coño! ¿Cómo es posible que un día yo pueda estar cenando con Berlusconi?». A los del mundo de arriba les interesa que alguno del mundo de abajo les haga cosas que no puede hacer nadie, y entonces todo se mezcla». No hay mucho más que añadir.

Descubrir la mafia en Roma ha sido un trauma nacional, pero no ha sido una gran sorpresa para quienes vivimos en ella. Solo así se explicaba el desmadre y el caos que se había apoderado en los últimos años de la ciudad: parecía que nadie mandaba, nada funcionaba, nadie limpiaba, no había mantenimiento… Es decir, lo parecía más de lo normal, que ya es mucho. El dinero simplemente desaparecía. Ahora resulta que un gran número de servicios estaban parasitados por una mafia que se llevaba la pasta y hacía las cosas a medias, o ni las hacía. Un ejemplo tonto: las hojas. Este otoño, como todos los otoños, Roma se llenó de hojas. Pasaron las semanas y nadie las recogía. Llovía y todo se inundaba. ¿Era la habitual desidia y negligencia municipal? No, es que el servicio había sido adjudicado a una de las empresas mafiosas. Los fiscales han calculado esta semana que el sistema mafioso ha devorado al menos mil trescientos millones de euros de dinero público.

La verdad es que la mafia siempre ha estado presente en Roma, pero sin asomar el morro ni pegar muchos tiros. La capital italiana, donde está el poder y no quieren líos, ha sido una especie de puerto franco. Una tierra media, para entendernos. «Roma es un caso único. Los arrepentidos de la ‘Ndrangheta han contado, por ejemplo, que ellos la consideraban una città aperta. Cualquiera puede ir a Roma y hacer negocios, no hay una división territorial o grupos estables de mafia, como en Milán, Toronto, Melbourne o Nueva York», ha explicado Nicola Gratteri, uno de los principales fiscales que combate a la mafia calabresa. Si en el norte de Italia —Piamonte, Lombardía, Emilia Romagna— las mafias se han asentado desde hace cuarenta años Roma no podía ser una excepción. Periódicamente hay redadas de pizzerías, hoteles, restaurantes o tiendas que blanquean dinero y pertenecen a alguna de las tres mafias. En algunos casos son negocios muy céntricos, como el famoso Café Paris de Via Veneto, símbolo de la dolce vita, gestionado por el clan calabrés de los Alvaro, o el Antico Caffè Chigi, enfrente de la presidencia del Gobierno, que era de los Gallico di Palmi.

Lo que ha roto este rutinario estado de cosas, ya endémico, ha sido la llegada a Roma de dos prestigiosos magistrados curtidos en la lucha a la Cosa Nostra y la ‘Ndrangheta: Giuseppe Pignatone, nuevo fiscal jefe de la capital desde 2012, y Michele Prestipino, nombrado en 2013 como número dos. En cuanto aterrizaron notaron en el aire un tufo mafioso que conocían muy bien. Y empezaron a hacer su trabajo, porque parece que pocos de sus colegas lo hacían. El resultado es que de repente tenemos una nueva mafia en Roma, con todas las letras, y hasta ahora nadie se había dado cuenta. Y eso que en 2011, por ejemplo, no dejó de ser raro que se registraran en Roma once asesinatos a tiros en plena calle, como en los peores años de Palermo. Pero tranquilo todo el mundo, el prefecto —delegado de Gobierno— Giuseppe Pecoraro lo arregló con la frase más clásica de la historia de la mafia: «En Roma la mafia no existe».

El mito de que en Roma no hay mafia se suele reforzar con una excepción: la historia, que en ocasiones ha adquirido tonos de leyenda, de la Banda de la Magliana. Le hicieron una película muy exitosa —Romanzo criminale (2005)—, basada en un buen libro del magistrado Giancarlo De Cataldo, y luego una serie que la puso aún más de moda. La Magliana es un barrio de la ciudad donde se solían reunir, de ahí su nombre. Fueron una pandilla de delincuentes con un inusitado talento criminal que se hicieron con el control de Roma en los setenta y ochenta. Monopolizaron el tráfico de droga y establecieron relaciones con la Cosa Nostra, la Camorra y la ‘Ndrangheta. Pero, sobre todo, llegaron al nivel más alto y complejo del crimen: las relaciones con ese mundo de arriba, que echó mano de ellos en esa tierra media que, básicamente, es lo que era Italia en los años de plomo, una gran tierra media de juego sucio. Para contar las andanzas de la banda necesitaríamos un libro, pero basta que les diga que aparece en los más graves asuntos italianos de esos años: el secuestro y asesinato de Aldo Moro, la masacre de la estación de Bolonia, el caso Calvi y las finanzas vaticanas, el asesinato del periodista Mino Pecorelli, del que fue acusado y absuelto Giulio Andreotti… En resumen, los chicos de la banda estaban muy mezclados con los servicios secretos, el terrorismo, la extrema derecha y la logia masónica ilegal P-2. Un detalle muy gráfico que se cita siempre y ya se entiende todo: tenían su arsenal en un sótano del Ministerio de Sanidad.

Imagen: Warner Bros.
Imagen: Warner Bros.

Bien, ahora tiramos del hilo y nos plantamos en el presente: Massimo Carminati, de cincuenta y seis años, considerado ahora el capo de la mafia Roma Capitale, era uno de los jefes de la Banda de la Magliana. Del ala fascista, para más señas. También formó parte de los NAR (Núcleos Armados Revolucionarios), el grupo terrorista de extrema derecha responsable, entre otros atentados, de la masacre de la estación de Bolonia en 1980, que dejó ochenta y cinco muertos. En Romanzo criminale es el personaje llamado Il Nero —el Negro, es decir, el fascista—, interpretado por el guaperas Riccardo Scamarcio.

Carminati, alias er Cecato (el Cegado) o er Guercio (el Tuerto), porque perdió un ojo en un tiroteo con los carabinieri en 1981, es muy conocido en Roma. Basta su nombre para meter miedo, elemento esencial de toda trama mafiosa. Él ha puesto su currículum como capital social de partida de la organización. Y qué currículum. Fue procesado por el atentado de Bolonia y absuelto. Fue procesado por el asesinato de Pecorelli y absuelto. En 1999 dio un famoso golpe: reventó la caja acorazada de la sucursal del Banco de Roma situada dentro de los tribunales de la capital, con la complicidad de al menos cuatro carabinieri y funcionarios. Además de un dineral se llevó abundante documentación reservada, materia prima de chantajes. Lo más curioso es que, pese a haber sido detenido varias veces, siempre ha salido de la cárcel por la puerta de atrás. En total, entre amnistías, descuentos de pena y actos de clemencia, le han perdonado cinco años y cuatro meses de prisión. Carminati conoce gente, y desde hace mucho tiempo.

En 1982, cuando tenía veinticuatro años, Carminati coincidió en la prisión romana de Rebibbia con otros dos elementos de cuidado, un trío que ahora cobra mucho interés. El primero era un tal Salvatore Buzzi, de veintiséis años, condenado por asesinar con treinta y cuatro puñaladas a un cómplice de una estafa en el banco en el que ambos trabajaban porque le quería delatar. Luego se sacó una carrera universitaria, se reinsertó y obtuvo un indulto por su buen comportamiento en 1994. Fundó una cooperativa llamada 29 de Junio, muy bien vista por la izquierda. Pues bien, esa cooperativa es la que se ha hecho estos años con buena parte de los contratos del Ayuntamiento de Roma. Buzzi ha resultado ser uno de los capos de la mafia Roma Capitale, la mano derecha de Carminati.

Pero más interesante es el segundo individuo que compartió la cárcel con el Tuerto. Era un chavalote fascistoide de veintitrés años que ya había sido acusado el año anterior, y luego absuelto, de dar una paliza a un estudiante junto a tres compañeros de los círculos de extrema derecha. En aquel entonces, en 1982, estaba en el trullo por haber lanzado un cóctel molotov a la embajada de la URSS. Tenía amigos comunes con Carminati, otros miembros del NAR. Este mozo se llamaba Gianni Alemanno. Luego siguió en política en el partido postfascista Alianza Nacional, de Gianfranco Fini. Gracias al pacto de esta formación con Silvio Berlusconi, responsable de haber reciclado felizmente a la extrema derecha italiana, acabó de ministro en 2001 y, en 2008, fue elegido… alcalde de Roma. Hasta 2013. Son los años en que emerge la mafia Roma Capitale. Alemanno también está siendo investigado en el caso, aunque asegura que no sabe nada y que su entorno traicionó su confianza.

El día que Alemanno tomó posesión hubo grupetes de fachas eufóricos haciendo el saludo romano enfrente del Ayuntamiento, el histórico Campidoglio, el Capitolio. Otros, más discretos, fueron entrando en los despachos. Y otros, como Carminati, empezaron a hacer llamadas y a forrarse con los contratos públicos.

El círculo facha que rodeaba a Alemanno clamaba al cielo. Al final alguno tuvo que dimitir, como Stefano Andrini, un exnazi skin, ultra de la Lazio, condenado en el pasado por moler a palos con una barra de hierro a dos jóvenes de izquierda. Le habían hecho dirigente de la empresa de basuras. En el equipo de secretaría de la alcaldía ficharon también a un tal Claudio Corbolotti, matón de estadio distinguido y arrestado en los disturbios de un Roma-Lazio en 2004. Además en los años siguientes fueron enchufadas a dedo unas dos mil personas en las empresas municipales y ahí entró de todo. Esta mafia de Roma ha sido una cosa muy fascista, y no deja de ser llamativo que uno de sus principales negocios fuera la gestión de los centros de emigrantes. «Dan más dinero que la droga», dice Buzzi al teléfono en una de sus conversaciones grabadas. Si Buzzi se ocupaba de los negocios de la organización, el brazo militar lo dirigía Riccardo Bruggia, encargado de las palizas y las amenazas. Es otro exterrorista del NAR.

La extrema derecha violenta mezclada con los servicios secretos ya se ha entendido bien en el pasado con las mafias, como la Cosa Nostra. Por ejemplo, el atentado del 23 de diciembre de 1984 contra el tren 904, que causó diecisiete muertos, fue cosa de la mafia siciliana y terroristas neofascistas.

Entre los detenidos, al servicio de esta mafia, están peces gordos como Franco Panzironi, viejo militante de Avanguardia Nazionale, otro grupo neofascista, que llegó a presidente de la empresa municipal de recogida de basuras, el patético coloso AMA. También Luca Odevaine, mano derecha de otro alcalde de Roma, el excomunista Walter Veltroni, en el cargo de 2001 a 2008, y que fue incluso jefe de la Policía provincial y director de Protección Civil. O Riccardo Mancini, consejero delegado de EUR, el gran ente que gestiona el patrimonio inmobiliario de este barrio romano. En fin, estaba en el ajo el jefe de gabinete de Alemanno, un exportavoz de Forza Nuova, formación fundada por antiguos miembros del NAR, y hasta el responsable de la Dirección de Transparencia encargado de evitar la corrupción.

El Ayuntamiento de Roma ha sido siempre un lugar de bastante podredumbre. Se desfondó ruidosamente en 1992, en pleno escándalo nacional de la investigación de Manos Limpias contra la corrupción, cuando la mitad de los concejales fueron detenidos. Los dos partidos hegemónicos, Democracia Cristiana (DC) y socialistas (PSI), cobraban sistemáticamente el 5% de todas las adjudicaciones públicas y cada oficina municipal estaba pringada. Luego salió elegido Francesco Rutelli, que ahora ha recordado aquellos días, cuando llegó a la alcaldía, en una entrevista: «Era una ciudad corrupta. El patrimonio inmobiliario público no estaba censado. No encontré, no digo un ordenador, es que ni un pedazo de papel que me certificara qué inmuebles teníamos. Para que lo comprenda: ningún teléfono del Campidoglio funcionaba. Ningún funcionario respondía al teléfono. Necesitabas un mediador que gestionara tus relaciones. Un conocido, un amigo, un primo, o si no tú, ciudadano, estabas excluido de cualquier derecho». Otra vez la mediación, el negociador de una tierra media. Debo decir que Roma ha mejorado, pero es un ambiente que aún hoy me resulta muy familiar, como a cualquier italiano. En cuanto a Rutelli, considera casi imposible gobernar Roma: «Eres triturado por una máquina mastodóntica en la que es imposible detectar la estafa antes de que se realice. Roma es tan grande, expuesta al sentimiento del placer y a la lógica de la astucia, tan deseosa de negocios y generosa de todo tipo de tráficos…». Ay, Roma.

La novedad, respecto a aquellos años, es que entre empresarios y políticos se ha introducido, en un espacio intermedio, una mafia. Que se hace empresa y que compra políticos. Así que no se quejen de lo de España, todavía hay clases, aunque poco nos falta. Carminati se presentaba fanfarroneando como «el Rey de Roma». Lo cierto es que era el capo dominante en un mapa de clanes que ha salido a la luz en los últimos años. Sobre todo gracias a periodistas como Lirio Abbate, de L’Espresso, que vive con escolta. En 2012 publicó un mapa de Roma dividido por territorios y capos que sigue siendo la referencia. Estaba partido en cuatro. Carminati se repartía la ciudad con otros tres capos y entre todos controlaban el gran negocio de tráfico de cocaína. Los otros son Michele Senese, Carmine Fasciani y Peppe Casamonica, otros tres personajes increíbles.

Imagen cortesía de L'Espresso.
Imagen cortesía de L’Espresso.

Carminati era el amo de la zona centro y norte, los barrios más ricos y donde se mueve más dinero. Cuando registaron su casa encontraron cuadros de Pollock y Warhol. Senese, que domina el sudeste de Roma, era un sicario de la Nueva Familia, una de las dos grandes alianzas de la Camorra surgida a finales de los setenta en la guerra de clanes de Nápoles. Fue la que se enfrentó a la Nueva Camorra Organizada de Raffaele Cutolo. Llegó a Roma en los ochenta y le llaman o Pazzo, el Loco, porque siempre se ha hecho pasar por desequilibrado para burlar la prisión, y de momento le ha salido bien. El sur de la ciudad es el feudo de los Casamonica, un apellido que en Roma da miedo desde los setenta. Son un clan de origen sinti, una etnia gitana, con capos ostentosos que se mueven en Ferrari, viven en mansiones y disponen de un pequeño ejército de un millar de matones. Su jefe histórico ha sido Giuseppe Casamonica. El último capo de la lista es Carmine Fasciani, otro veterano de la Banda de la Magliana. Controlaba con sus hermanos y familiares la parte occidental de Roma que se extiende hasta el mar y es considerado el boss de Ostia. A su clan se le atribuyen quince atentados y bombas intimidatorias a locales entre 2007 y 2012. El año pasado fue detenido y sufrió un duro golpe con la operación Alba Nuova, que desmanteló su organización.

En este tablero la Cosa Nostra, la Camorra y la ‘Ndrangheta pueden entrar a jugar cuando quieran, siempre que informen antes y pidan permiso. Si uno repasa la historia reciente de las mafias italianas siempre aparece Roma por ahí, pero como de pasada. Pippo Calò, capo siciliano considerado el cajero de los Corleoneses, vivía en Roma y fue quien entabló relaciones con la Banda de la Magliana. Muchos jefes de la ‘Ndrangheta, a los que se imagina afincados en sus remotos pueblitos de las montañas del Aspromonte, en realidad se instalaron en la capital. También los clanes de Bardellino y de los Casaleses, los más potentes de la Camorra en la vecina región de Campania, se han ido extendiendo a la de Roma, en la zona fronteriza del bajo Lazio. En Roma está el dinero y, sobre todo, la política, imanes naturales para las mafias, que han ido trepando silenciosamente por el mapa al asalto de la capital.

La primera señal de alarma importante sonó en 2005, con la operación Damasco en Fondi, un pueblecito del sur del Lazio, casi pegado a Campania, cerca de Latina. Ahí ya salió a la luz una inquietante infestación de clanes calabreses desde los años ochenta. Era un feudo de los hermanos Venanzio y Carmelo Tripodo y del cuñado de este, Aldo Trani, condenados definitivamente por el Supremo en 2014. En el mismo proceso fueron condenados políticos y hasta el jefe de la Policía municipal. Tripodo es un apellido importante de la ‘Ndrangheta: el padre de estos dos hermanos, Domenico Tripodo, o don Mico, a secas, era uno de los grandes capos calabreses. Murió asesinado en prisión en 1976, en la sanguinaria Primera Guerra de ‘Ndrangheta.

El cáncer mafioso se está comiendo la región de Lazio por la pata. Latina, pequeña capital de provincia, es ahora mismo un espantoso foco de infección. Los propios fiscales que han destapado la mafia de Roma Capitale, Pignatone y Prestipino, han reconocido que investigar allí es casi imposible: «Apenas pinchas un teléfono a un sospechoso alguien se lo dice». Hace tres meses aparecieron unas necrológicas pegadas por las calles de Latina en las que se lamentaba la «prematura muerte» de Lucia Aielli, la magistrada del proceso Damasco y símbolo de la lucha contra la mafia en esta ciudad. Pero es que Aielli estaba viva y daban como fecha de la muerte un día de la semana siguiente. Sobre las complicidades mafiosas dentro de las instituciones: en 2013 ya causó gran conmoción que un juez del Tribunal Administrativo de Lazio trabajaba para la mafia siciliana. Y en los vídeos grabados en la operación de Roma Capitale se ve una cita de Carminati con dos policías que le cuentan emocionados cuánto admiran su trayectoria criminal.

Un pequeño epílogo para terminar. Cuando estalló todo este escándalo estuve con tres policías veteranos de Roma. Gaetano Pascale y Piero Fierro eran dos investigadores de élite que en 2003 descubrieron todo un sistema mafioso en Ostia y presentaron un detallado informe, pero fueron frenados desde arriba cuando se estaban acercando a la presa. Es más, a raíz de anónimos y calumnias fueron trasladados, al final juzgados por acusaciones que resultaron infundadas y les hicieron la vida imposible. Salieron limpios del proceso y ahora reclaman 1,5 millones de indemnización. Al menos hay otros veinte agentes en su misma situación, represaliados por investigar donde no debían, que al final han debido dejar el cuerpo y rehacer su vida, tienen otros trabajos, viven en otros países. Con otro policía, Filippo Bertolami, dirigente sindical, relatan que es frecuente que se repita un mismo esquema: apenas se tocan intereses delicados se desmantela el grupo de operaciones, vuelan los traslados y arrancan campañas de difamación.

Gaetano Pascale, un tipo fornido con el cuerpo lleno de tatuajes y aspecto macarra, era un infiltrado. Cuando empezaron a marearle le trasladaron: le ordenaron presentarse al día siguiente y de uniforme justo en la comisaría de la zona donde había trabajado como agente secreto, que era como enviarle al matadero. Dejó la Policía en 2006. Esta es su opinión: «La consigna en Roma siempre ha sido que la mafia no existe. Apenas investigas, te paran. Lo de ahora estaba ya casi todo escrito en nuestro informe de 2003, teníamos diez años de ventaja sobre la mafia, y en este tiempo han seguido destruyendo, depredando, comprando, matando. Hoy pagamos las consecuencias. Es evidente que aquí estaba la mafia y contaba con fuertes protecciones políticas. Cuando mafia y Estado comparten un territorio o se matan o se ponen de acuerdo, no hay otra».

Estos policías, muy pesimistas, creen que el Ayuntamiento de Roma se debería disolver y empezar de cero. Que no hay fuerza judicial ni política para hacer limpieza. Aseguran que la policía, la fiscalía, la magistratura, están llenos de hombres cercanos a la mafia. «No es que haya infiltración, es una contaminación total, tramos enteros del sistema. La mafia está en una fase sucesiva, social, cultural, es el modo de ser de este país», dice uno. «Es un nido de gusanos en el que es imposible saber quién es bueno y quién es malo», opina Bertolami. Creen que ahora se ha abierto una oportunidad única de atajar el mal de raíz, pero si no se aprovecha se desvanecerá muy rápido. Están preocupados por los fiscales Pignatone y Prestipino, creen que están luchando solos contra los elementos y corren peligro. Ellos, que lo han visto desde dentro, no dan muchas esperanzas. Cuando se despiden, uno le dice a otro: «¡Cuídate, y mira de vez en cuando a tus espaldas!».

ÚLTIMAS NOTICIAS DE LA MAFIA (octubre 2014-febrero 2015):

—El presidente de la República, Giorgio Napolitano, que dimitió en enero, fue interrogado el 28 de octubre en el juicio de la Trattativa, sobre las presuntas negociaciones entre el Estado italiano y la mafia siciliana en los años noventa. La sesión, inédita en la historia italiana y que se desarrolló a puerta cerrada en el palacio del Quirinale, sede de la presidencia de la República, duró tres horas. Asistieron cuarenta personas, entre magistrados y abogados, y no hubo ni un periodista ni una grabación del tribunal, solo una de los propios técnicos del Quirinale. Luego se publicó la transcripción del testimonio.

—Nueva alarma en noviembre por las amenazas de muerte contra el fiscal del proceso de la Trattativa, Nino Di Matteo. Informaciones policiales indican que las familias mafiosas de Palermo han reunido explosivo suficiente para un gran atentado con bomba contra el magistrado.

—Los fiscales que investigan las extrañas contusiones que sufrió el capo de la Cosa Nostra Bernardo Provenzano en la prisión de Parma concluyeron en octubre de 2014 que no son de ninguna paliza y nadie le ha pegado. Se confirma oficialmente que fueron resultado de caídas y los fiscales piden que el caso sea archivado. Se sospechaba que ante la posibilidad de que podía empezar a colaborar con la Justicia alguien le habría convencido de no hacerlo. Su veloz declive físico, en todo caso, hizo que dejara de ser imputado en el juicio de la Trattativa.

—Por primera vez en la historia los Carabinieri han grabado con una cámara oculta un ritual secreto de la ‘Ndrangheta. Muestran la ceremonia de ascenso de un miembro a La Santa, uno de los más altos grados de la jerarquía. Fue grabado el 14 de abril de 2014 en un pueblo al pie de los Alpes, Castello di Brianza, junto al lago de Como y cerca de Milán. Fue dentro de la operación Insubria, coordinada durante dos años por la fiscalía de Milán. Llevó en noviembre de 2014 al arresto de cuarenta y un miembros de tres clanes —o locales en la jerga mafiosa calabresa— en las localidades de Cermenate, Fino Mornasco y Calolziocorte, en la región de Lombardía.

—La sentencia del juicio por las amenazas del clan de los Casalesi al escritor Roberto Saviano, que le obligan a vivir con escolta desde 2008, condenó en noviembre de 2014 a un año de prisión al abogado Michele Santonastaso, histórico defensor de este grupo mafioso de la Camorra. Fue él quien acusó a Saviano y a la periodista de Il Mattino Rosario Capacchione en 2008, durante el decisivo proceso Spartacus, de ejercer una presión mediática sobre el juicio que condicionaba a los jueces. Fue un mensaje que se interpretó como una implícita condena a muerte de ambos periodistas, que desde entonces cuentan con protección policial. La sentencia fue decepcionante para Saviano, «una victoria a medias», porque el letrado fue el único condenado y el fallo parece sostener que actuó por su cuenta, una cosa inconcebible en opinión del escritor. Otro abogado, Carmine D’Aniello, y los dos grandes capos del clan, Francesco Bidognetti y Antonio Iovine, fueron absueltos. «Matones de cartón, se esconden detrás de su abogado», acusó amargamente Saviano.

—El hombre considerado como el cajero de los Corleoneses, Vito Roberto Palazzolo, fugado durante más de veinte años y detenido en 2012 en Bangkok, aceptó en noviembre responder a los interrogatorios de los fiscales de Palermo. No quiere decir que se haya arrepentido y tampoco se ha convertido en colaborador oficial de la Justicia, pero es un paso interesante.

—Desarticulada en enero, con treinta y un arrestos, una auténtica filial de la ‘Ndrangheta en Roma, ligada a los potentes clanes calabreses Pelle, Nirta y Giorgi del pueblo de San Luca. Los agentes descubrieron un cuaderno rojo escrito en un código secreto donde se recogían los rituales de afiliación. «Aquí se está mejor que en Calabria», decían en las escuchas grabadas, muy contentos con la comida y las mujeres de la capital.

—En febrero se convierte en arrepentido Nicola Panaro, considerado el brazo derecho de Nicola Schiavone, hijo de Francesco Schiavone, Sandokan, uno de los grandes capos de los Casalesi, el clan más potente de la Camorra. Como suele ocurrir en estos casos, la policía recogió al amanecer su familia en su casa de San Cipriano d’Aversa y la puso bajo protección en un escondite secreto. Panaro, arrestado en 2010, fue condenado hace dos meses a treinta años de cárcel por homicidio. Al ser un capo de peso, sus revelaciones pueden desvelar secretos y acarrear oleadas de arrestos. Panaro, por su parte, está terminando en la cárcel la carrera de Sociología Criminal. Solo le queda un examen de ruso. Se le hacía muy cuesta arriba y en prisión pidió poder hablar en el patio con algún preso ruso, para practicar, pero como estaba en régimen de aislamiento total no le dejaron.

—La operación Tulipano, con sesenta y un arrestos, ha desmantelado en febrero un clan de la Camorra que controlaba numerosos bares y restaurantes de Roma. El capo era Domenico Pagnozzi, vinculado al clan Senese.

—Una gran operación contra la ‘Ndrangheta en Bolonia y la región de Emilia Romagna ha llevado en febrero al arresto de ciento diecisiete personas, relacionadas con el capo Nicolino Grande Aracri. Entre los detenidos, el padre del exfutbolista internacional Vincenzo Iaquinta.

—El diputado italiano Claudio Fava, hijo de un periodista asesinado por la mafia siciliana, presentó una pregunta parlamentaria acerca de la cadena de restaurantes La Mafia se Sienta a la Mesa y solicitó al Gobierno que interviniera ante el Ejecutivo español para que anule la concesión de la marca, por considerar que se trata de una ofensa a las víctimas y un daño a la imagen de Italia. Sin embargo el Gobierno español ha respondido en febrero negativamente, «al no advertir ninguna relación directa entre la palabra ‘mafia’ y la República italiana». Argumenta que el término ya está tan extendido en el mundo que no se asocia automáticamente a la mafia siciliana ni a Italia.

—El nuevo presidente de Italia, elegido el 3 de febrero de 2015, es Sergio Mattarella. Es hermano de Piersanti Mattarella, presidente de la región de Sicilia asesinado por la Cosa Nostra, aunque es un homicidio aún sin aclarar, el 6 de enero de 1980. Está probado por el Tribunal Supremo que el exprimer ministro Giulio Andreotti supo antes que la mafia quería matarlo, se reunió con los capos de Palermo, con quienes mantenía relaciones, para tratar de impedirlo, pero no consiguió convencerlos y tampoco avisó a la víctima. Sergio Mattarella, que entró en política tras el crimen e hizo limpieza de las complicidades mafiosas de la Democracia Cristiana en Palermo, es el primer siciliano que llega a la jefatura de Estado en Italia.

Íñigo Domínguez es autor del libro Crónicas de la Mafia, editado por Libros del K.O.

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11 comentarios

  1. Hola, Iñigo. Estoy realizando un trabajo de Fin de Grado sobre el cine italiano y la mafia, querría saber si me recomiendas algún libro de apoyo? Por cierto, me ha gustado mucho Crónicas de la Mafia.

  2. Muy buena nota!!

  3. Pingback: John Dickie: «Italia tiene un fortísimo ecosistema criminal, sigue produciendo nuevas mafias» - Jot Down Cutural Magazine

  4. Íñigo Domínguez

    Hola Popi. Gracias por tu mensaje. Si has leído el libro ahí tienes una bibliografía y, la verdad, no sé lo que está publicado en español, aunque no creo que sea mucho. Por lo demás, como digo en el libro, lo más curioso es que en Italia tampoco hay demasiado. Sí hay muchísimo, claro, de cine de Hollywood.

  5. Isaías

    Fantástico Íñigo Dguez., como siempre

  6. Gracias por explicarme la ciudad en la que vivo. Porque no entiendo nada.

  7. Fantastico como siempre….

  8. Calcillas

    Felicidades por esta serie de artículos, muy interesantes.

  9. Fernando Herrán

    Deseando estoy un capítulo sobre los Casamonica y el reciente y polémico funeral de uno de ellos en Roma, con música del Padrino y helicóptero sobrevolando a baja altura y arrojando pétalos.

  10. Pingback: Sagittarius » Blog Archive » Reseña: Crónicas de la Mafia

  11. Antonio

    Aparte del libro de Giancarlo De Cataldo ¿alguien me recomienda alguna lectura sobre la Banda de la Magliana? Y a propósito de Massimo Carminati muy recomendable la película ‘Suburra’ Ojalá publiquen en España el libro de Carlo Bonini y de De Cataldo.

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