
Dormir hasta entrada la tarde, rehacer El cuaderno gris, leer a Montaigne, saciar en whisky una sed de leyenda, masturbarse pensando en Aurora, arrostrar el insomnio … El volumen La vida lenta. Notes per a tres diaris (1956, 1957, 1964), de Josep Pla, recientemente publicado en Destino, ilumina de un fogonazo la cotidianidad del escritor ampurdanés, ese ir y venir del mas al mundo y del mundo al mas. Pla escribió los dos primeros diarios al filo de los sesenta años, imbuido de una cierta conciencia de finitud. «¿Què viuré? ¿Tres anys? ¿Sis anys? No tindré temps de res». En el tercero, el que corresponde a 1964, su prosa es ya un resuello telegráfico, un asiento contable de tertulias, langostas y obsesiones. Estas tres libretas son, probablemente, el sedimento literario más agrio, descarnado y fidedigno que Pla rindió de sí mismo.
Dormit fins tard. Regresa a su casa sobre la una o las dos de la madrugada, dependiendo de lo larga que haya sido la tertulia en Can Miquel. Ya en la cama, lee, dormita, escribe o se entrega al onanismo; como si en el intento de abrochar la jornada no hubiera un colofón plausible.
Insomni llarg. Se levanta por la tarde, sin más apremio que sacudirse la resaca («La set del matí. Bec una ampolla de Vichy deliciosa») y tomar un almuerzo ligero, una queixalada, que suele consistir en una tortilla o sardinas o una tostada o dos huevos fritos. Se trata de la única comida que no lleva aparejado alguno de esos calificativos a lo tripadvisor («bo», «no gaire bo», «excel·lent», «regular», etc.) con que baliza casi todo lo que engulle.
Sopat a Can Miquel. A eso de las nueve, se acerca al restaurante Reig (en los diarios, Cal Tinyoi o, más comúnmente, Can Miquel). No cabe descartar que los más de dos kilómetros que ha de caminar desde el mas, en Llofriu, hasta el centro de Palafrugell, tengan bastante que ver con su mala salud de hierro. La vuelta es menos edificante. No en vano, el trasiego de alcohol no tiene freno; tanto es así que hay noches en que, incapaz de valerse, se hace acompañar a su guarida por alguno de los contertulios, tan o más alcohólicos que él. En Pla, la conversación y el alcohol son la cara y el envés de una misma compulsión, cristalizada en un sintagma troncal: «Parlat massa», «begut massa». Al exceso, en efecto, siguen el hastío, el abatimiento, la contrición, máxime si la intoxicación lo incapacita durante las primeras horas del día siguiente, lo que no es en modo alguno insólito. Por momentos, Pla parece regodearse en esa decrepitud, proyectando la imagen de un hombre perdido, que dilapida su tiempo en desidias y lujurias. Se trata, sin embargo, de una verdad a medias. Durante el primer año de esas notas, 1956, ven la luz De l’Empordanet a Barcelona y los cinco primeros volúmenes de las obras completas de Selecta: Primers escrits (Coses vistes), Aigua salada (Bodegó amb peixos), Mar de mestral, Girona (Un llibre de records) y Barcelona (Papers d’un estudiant). A tan ingente labor de escritura, enmienda y rescritura, se suman decenas de artículos para Destino o El Correo, así como un sinfín de cartas. En esa aparente contradicción entre vida y obra, tan primorosamente cultivada por el autor, radica, en gran medida, su embrujo.
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Debe de haber alguna razón que desconozco para poner el título del artículo en «espanglish», cuando existe una palabra en español perfectamente idónea para «highlights»
Supongo que Pla sería el primero en sorprenderse al saber que en su vida había highlights. Y él sin enterarse. Oh yeah!
¿Pla detestaba el régimen? ¿El mismo con el que había colaborado de buen grado?
Qué cosas.
Qué modernos y leídos somos, cuánto usamos el inglés. ¿Tendremos un pequeño Robert Downey dentro?
Pajas y highlights. Lo de no traducir el catalán se debe a que se considera un dialecto de nuestro común inglés. Digo yo.
Pobre Pla, entre Arcadi Espada y este José María Albert de Paco al que, supongo, su patronímico ha vuelto loco.
Muy posiblemente, al «pobre» Pla, como usted dice, le iría mucho mejor si le tuviera a usted de «valedor», pero la vida no solo es lenta sino muuuy injusta…
Un tema tan interesante y solo suscita tiro al blanco de torquemadas de pacotilla. ¿No podríamos criticar con algo más de imaginación?