Hank Williams: «40 Greatest Hits» revisitados (I)

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Hank Williams. Foto: MGM Records.
Hank Williams. Foto: MGM Records.

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Quiero pensar que Hank Williams no hizo muchos propósitos de fin de año la noche del 31 de diciembre de 1952. Más que nada porque a la mañana siguiente se lo encontraron muerto en el asiento trasero de su Cadillac. Paro cardíaco, dijeron. Tenía veintinueve años. Su última canción publicada llevaba por título «I’ll Never Get Out Of This World Alive».

A pesar de su corta trayectoria musical, con el tiempo se han llegado a recopilar más de doscientas grabaciones suyas. En vida solo publicó treinta y un singles, que fueron grabados entre 1947 y 1952. Estas grabaciones originales forman hoy día uno de los bodies of work más influyentes del siglo XX en lo que a música popular se refiere. Más allá de que Hank Williams en el momento de su muerte fuera toda una estrella dentro de la música country, lo cierto es que su legado ha traspasado con creces esa frontera. Las canciones de Williams han sido interpretadas por músicos de todo tipo y estilos, como veremos a continuación. No obstante, no siempre fue fácil acceder a este mítico cancionero. O al menos no en su formato primigenio.

Tras su muerte, MGM, el sello discográfico que había fichado en 1947 a Hank Williams, comenzó a explotar comercialmente el fatídico suceso, sacando al mercado numerosas referencias a título póstumo que presuntamente ofrecían material nuevo. En el mejor de los casos, esos discos llegaron a ofrecer alguna que otra grabación que se había quedado pendiente de publicar, como el ya clásico «Your Cheating Heart». En el peor, era todo más de lo mismo, solo que adulterado: grabaciones realizadas en un falso estéreo, duetos imposibles, o versiones modificadas con arreglos añadidos de violines y coros: todo con la clara intención de limar su esencia honky-tonk, con el ánimo de hacer accesible a todo el mundo el repertorio de Hank Williams.

Esto hizo que su legado se diluyera en el tiempo y el espacio, pues durante muchísimos años fue casi imposible acceder a las canciones originales, aquellas que grabó en Nashville (en el estudio de Castle Recording) o Cincinnati (en el de Herzog Recording). No fue hasta 1978, en plena eclosión del punk, que el gran público pudo por fin reencontrarse con esas grabaciones, gracias a la publicación de un álbum doble titulado 40 Greatest Hits.

Compilado con gran gusto por Tony Byworth, esta recopilación está hoy día considerada como la mejor puerta de entrada a la obra de Hank Williams. Los cuarenta «grandes éxitos» que aquí se incluyen fueron todos grabados para MGM (no encontraréis, por tanto, ninguno de los cuatro singles grabados con anterioridad para el sello Sterling), siendo rescatados directamente de los másteres originales en mono y a falta de estos (como en el caso de «Lovesick Blues», «Kaw-Liga» y «I Saw The Light») del disco original de 78 rpm. Son por tanto las grabaciones originales, realizadas entre 1947 y 1952, sin retoques de ningún tipo salvo por «Weary Blues From Waitin’», que sí que se trata de una maqueta arreglada con posterioridad pero que en todo caso fue publicada en 1953.

A pesar de que Hank Williams fue un prolífico compositor no todas las canciones que aquí se incluyen están compuestas por él. «Lovesick Blues» (Friend/Mills), «Wedding Bells» (Boone), «Lost Highway» (Payne), «They’ll Never Take Her Love From Me» (Payne), «Dear John» (Ritter/Gass), «Crazy Heart» (Murray/Rose), «Window Shopping» (Joseph), «Setting The Woods On Fire» (Rose/Nelson) y «Take These Chains From My Heart» (Rose/Heath) son las únicas canciones incluidas en la recopilación no firmadas por Williams.

Por último señalar que no es cierto que aquí haya cuarenta «grandes éxitos»: la realidad es que solo veintiséis (¡que no son pocos!) de los cuarenta temas seleccionados entraron en su día en las listas de C&W. Eso sí, en posiciones muy altas, siempre en el Top 10. Debemos pues entender que cuando se habla aquí de «éxitos» se hace en perspectiva, atendiendo a la importancia de este legado irrepetible, al que muchos músicos, y no solo del country, acuden una y otra vez:

1. «Move It On Over»(1978), por George Thorogood (1978)

Dentro del amplio y exitoso cancionero de Hank Williams, me atrevería a afirmar que «Move It On Over» es su composición más influyente. Baste recordar que la melodía del «Rock Around The Clock» de Bill Halley está «tomada prestada» de este tema de Williams, así que si nos ponemos darwinistas, sin esta canción es probable que no existiera el rock and roll. La escuchamos aquí ahora en formato vitaminado gracias a la incendiaria guitarra de George Thorogood, que no solo la incluyó en su segundo álbum (publicado en 1978) sino que aprovechó para titularlo igual que la canción. Y por si alguno todavía no lo había pillado, Thorogood nos demuestra en esta versión que eso del blues y el country es una invención, porque al fin y al cabo todo es la misma cosa.

2. «A Mansion On The Hill» (1970), por Roy Orbison

Nadie a primera vista diría que Roy Orbison fue un cantante country. Evidentemente no lo fue, o no lo pareció o nadie se dio cuenta, porque para eso tenía esa voz tan imponente, versátil y llena de matices que hacía del Big-O un artista único en su género. Pero lo cierto es que el country siempre estuvo ahí, al menos en sus grabaciones clásicas, ya fuera porque la mayoría de sus primeros éxitos a lo largo de los años sesenta se grabaron en Nashville, en los estudios de la RCA, con la crème de la crème de los músicos de sesión de entonces (los que dieron cuerpo al llamado Nashville sound), o porque Orbison nunca dejó de incluir en su repertorio canciones country a las que daba su particular lectura dramática. Por este motivo, el álbum que Orbison le dedicó a Hank Williams en 1970 no solo no quedaba fuera de lugar sino que terminó siendo un más que digno homenaje al padre del country moderno de parte de uno de los cantantes más singulares que ha dado el siglo XX. ¡Canela fina!

Patsy Cline. Foto: Decca Records.
Patsy Cline. Foto: Decca Records.

3. «Lovesick Blues» (1960), por Patsy Cline

Si Hank Williams fue el «papá» del honky-tonk a principios de los años cincuenta, entonces Patsy Cline fue la «mamá» del Nashville sound en los primeros sesenta. Y si damos esto por bueno, habrá que concluir que fueron el «matrimonio» country más desgraciado de todos. Ya lo dije, que Williams falleció con veintinueve años en 1953. Pero es que Cline lo hizo con treinta, en un trágico accidente de avión ocurrido un 5 de marzo de 1963. Se llevaban, pues, una década de diferencia y a pesar de ello, Patsy, siempre que pudo, volvía una y otra vez al cancionero de su admirado Hank. De 1960, de una de sus últimas sesiones para el sello Four-Star (antes de ser fichada por la Decca), es esta exquisita versión del clásico «Lovesick Blues».

4. «Wedding Bells» (1965), por Dean Martin

Habrá a quien le suene extraño que un crooner como Dean Martin haga una versión de Hank Williams, por eso creo que es justo aclarar dos cosas: la primera, que esta canción no es original de Williams, pues la compuso Claude Boone y fue Bill Carlise el primero en grabarla; y la segunda, que, en contra de lo que se pueda pensar, la relación de Martin con la música country es bien solvente. En 1963, Martin publicó dos álbumes con material country y en ellos ya dio buena cuenta, entre otros, del repertorio de Hank Williams. No obstante, la versión que aquí he seleccionado del «Wedding Bells» fue grabada en 1965 e incluida en el Lp Dean Martin Hits Again, arreglado por Ernie Freeman y producido por Jimmy Bowen (sus colaboradores habituales en el sello Reprise), de forma que todo suena al viejo Dino, de forma que podamos ver que el cancionero de Williams es universal, plenamente adaptable a cualquier formato. No hay tampoco que olvidar que fue gracias a un crooner, en concreto a Tony Bennett (que convirtió el «Cold, Cold Heart» en un tremendo éxito pop en 1951), que la popularidad de Hank Williams traspasó las fronteras del mercado country, convirtiéndolo en la leyenda que es hoy. Las cosas como son.

5. «Mind Your Own Business» (1971), por Steve Goodman

Steve Goodman, el exitoso cantautor de Chicago, incluyó en su fantástico primer álbum esta estupenda lectura del «Mind Your Own Business» de Hank Williams. Ok, lo admito: no es la mejor versión que existe de este tema, pero quizás así podamos ver cómo el cancionero de Williams también influyó enormemente a los cantantes de folk. Aunque, bien mirado, esto lo vamos a ver más adelante (unas cuantas veces), así que no sé todavía muy bien por qué he escogido esta versión.

6. «You’re Gonna Change (Or I’m Gonna Leave)» (2001), por Tom Petty

En 2001 vio la luz Timeless, un disco tributo a Hank Williams que incluía entre sus créditos a artistas de la talla de Johnny Cash, Bob Dylan o Keith Richards, junto a voces más jóvenes (entonces) pero no por ello menos respetadas como Beck, Sheryl Crow o Ryan Adams. El resultado fue impecable, hasta el punto de que ganó ese año el Grammy al mejor álbum de country. Fue el primer tributo colectivo que se le hacía a Williams (discos individuales tiene a patadas) y fue a su vez la simiente del ambicioso The Lost Notebooks of Hank Williams (2011), orquestado por el mismísimo Dylan, en el que una serie de compositores (entre ellos, Jack White, Lucinda Williams, Norah Jones o Merle Haggard) se atrevieron a poner música a las letras que Hank Williams había dejado escritas, en un proyecto similar al llevado a cabo por Billy Bragg y Wilco unos años atrás con la figura de Woody Guthrie. Para ilustrar ambos tributos colectivos, he seleccionado la magnífica versión que Tom Petty incluyó en Timeless del clásico «You’re Gonna Change (Or I’m Gonna Leave)».

Townes Van Zandt. Foto: Michael Schorle (CC)
Townes Van Zandt. Foto: Michael Schorle (CC)

7. «Lost Highway» (1997), por Townes Van Zandt

Voy a ponerme algo solemne: probablemente haya sido Townes Van Zandt el músico más legitimado de la historia para interpretar las canciones de Hank Williams. Hay una especie de paralelismo vital entre ambos que los hermana no solo a través de la música sino a través de sus infiernos personales (el alcohol, las drogas). Ambos poseen, a su vez, una sensibilidad similar a la hora de sonreír a las perrerías de la vida. Pocos son capaces de combinar el pathos de la soledad, esa a la que tanto cantaron, con un humor tan socarrón. La única diferencia sustancial entre ellos fue que uno sobrevivió a sus propios excesos y el otro no. Por eso tiene más importancia si cabe escuchar a un Townes Van Zandt bien cascado (¡esa voz tan rota!) interpretando en directo, en un bar de mala muerte, el clásico «Lost Highway». Esta versión, incluida en su álbum The Highway Kind (1997), vio la luz a título póstumo ya que Townes Van Zandt falleció, miren ustedes qué casualidad, el 1 de enero de ese año, el mismo día que su admirado Hank Williams. Causa de la muerte: paro cardíaco. ¡Ja!

8. «My Bucket’s Got A Hole In It» (1958), por Ricky Nelson

Cuando Ricky Nelson decidió, a mediados de los años sesenta, convertirse en un cantante serio de country, dejando atrás esa imagen de ídolo de quinceañeras que se había granjeado con su frenético rockabilly, poca gente se lo tomó en serio. Sin embargo, Nelson sabía que el country corría por sus venas, que no era ninguna impostura, pues en el fondo siempre había admirado a gente como Hank Williams. La prueba de ello es que uno de sus primeros singles para el sello Imperial, este «My Bucket’s Got A Hole In It» (1958), lo había oído primero en la voz de Williams, que lo grabó con éxito en 1949, llegando al #2 de las listas de C&W del Billboard. La versión de Nelson, por su parte, alcanzó el #6 en las listas de R&B, el #10 en las de C&W y el #12 en las de Pop, transformando así la melodía popularizada por Hank Williams en un crossover hit sin fronteras.

9. «I’m So Lonesome I Could Cry» (1973), por Al Green

Puede que esta sea la versión más peculiar que nos vamos a encontrar por aquí de un tema de Hank Williams. La grabó Al Green, con su particular cadencia susurrante, para su sexto álbum, titulado Call Me (1973), grabado para el sello Hi y producido por Willie Mitchell, como la mayoría de sus éxitos. No era desde luego ninguna novedad que el soul sureño tirara de material country para sus repertorios (y viceversa, pues esas disquisiciones tan bizantinas entre la música negra y blanca no se dan entre los músicos del sur), pero el equilibrio que encuentra Green en esta composición de Williams, que hace totalmente suya, sí que resulta inusual. Pocas lecturas más hermosas encontraréis de un clásico tan versionado como este «I’m So Lonesome I Could Cry».

10. «I Just Don’t Like This Kind of Living» (1960), por Johnny Horton

El malditismo de Hank Williams puede tomar diferentes formas, puede rastrearse en los lugares más recónditos, y aunque sea ciertamente injusto establecer paralelismos entre su trágica muerte y la del cantante de country-folk Johnny Horton, fallecido en trágico accidente de automóvil en 1960 justo cuando su carrera musical comenzaba a despegar, lo cierto es que de las últimas grabaciones que hizo antes de su fatídico accidente una de ellas fue esta sencilla y honesta lectura del «I Just Don’t Like This Kind Of Living» de Williams. Probablemente al pobre Hank no le gustara el tipo de vida que llevaba, pero Horton tenía todavía una brillantísima carrera musical por delante que vio truncada por la fatalidad. Ojito, pues, con lo que versionáis.

11. «Long Gone Lonesome Blues» (1955), por Marty Robbins

Antes de que Marty Robbins se hiciera de oro en 1959 interpretando baladas sobre indios y vaqueros, intentó hacerse pasar por un cantante de rockabilly a ver si así podía conquistar al público más joven. Esta especie de jugada comercial terminó convertida en un álbum de título tan horrible como Rock’n Roll’n Robbins (1956). A pesar de todo, y siendo justos con la grabación, Robbins demostró en esta fantástica lectura del «Long Gone Lonesome Blues» de Hank Williams que, al menos, sabía «yodelear» como el mejor.

12. «My Son Calls Another Man Daddy» (1980), por Charley Pride

Voy a ser aquí un poco malicioso porque a estas alturas de la vida confieso que todavía no sé si el éxito descomunal de Charley Pride como cantante de country se debe a su particular talento (el cual yo no he sabido encontrar) o al mero hecho de ser negro. Esto así puesto suena muy mal, soy consciente de ello, pero como no termino de verle la gracia a los discos de Pride (no es que sean malos, pero son tan anodinos como los de cualquier otro, con la pequeña diferencia de que los de los demás no son Discos de Platino ni nada parecido) pues intento buscar las respuestas en cuestiones extramusicales. Quizás la industria del country necesitaba demostrar en los años sesenta (qué casualidad que Pride surgiera justo en el momento en que los afroamericanos comenzaban a estar hasta los huevos de tanta discriminación) que su industria no era tan conservadora como parecía, que cualquiera podía triunfar en Nashville, incluido un pobrecito chico de color de Mississippi al que «el sueño americano» vino a darle un golpecito en el hombro para convertirlo en una megaestrella musical: Charley Pride se ha terminado convirtiendo para su compañía (la RCA) en el segundo artista que más discos ha vendido en toda su historia, solo superado por un tal Elvis Presley. Con todo, insisto, los discos de Charley Pride no son malos, son solamente insípidos. E insípida es, sí, lo reconozco, esta versión del «My Son Calls Another Man Daddy» que Pride se marcó en un disco dedicado exclusivamente al bueno de Hank Williams. La gracia está en que, para ser de 1980 (¡horribles las producciones de entonces!), el tema no suena tan mal. Bueno, lo confieso: la verdadera gracia está en que sea Charley Pride, prácticamente el único negro que ha habido en Nashville, el que cante esta canción. Vamos a ver, Charley: si tu hijo llama a otro hombre «papá» será seguramente porque no te has dado cuenta de que es blanco.

13. «Why Don’t You Love Me (Like You Used To Do)?» (1981), por Elvis Costello & The Attractions

Esta versión es la prueba fehaciente del revulsivo que supuso para muchos músicos jóvenes encontrarse, a finales de los setenta, con un disco doble de Hank Williams en el mercado. ¡Un disco doble, además, con las versiones originales de sus grabaciones! Qué duda cabe que Elvis Costello devoró el 40 Greatest Hits, hasta el punto de que para su cuarto álbum, el fantástico Almost Blue (1981), se había pasado por completo al country: así comenzaba aquel disco ya clásico, así de vertiginosos sonaban The Attractions mientras atacaban el «Why You Don’t Love Me» de Hank Williams en plena «nueva ola».

Little Esther Phillips. Foto: Atlantic Records.
Little Esther Phillips. Foto: Atlantic Records.

14. «Why Should We Try Anymore» (1963), por Little Esther Phillips

Esther Phillips siempre se postuló como una cantante muy ecléctica, capaz de saltar del jazz al soul, del R&B al pop, sin despeinarse la voz. Y aunque pudiera parecer que el country le pillaba demasiado lejos, lo cierto es que le dedicó no pocas canciones, hasta el punto de que en 1966 publicó en Atlantic un álbum titulado The Country Side Of Esther. No obstante, unos años antes, cuando todavía grababa para el pequeño sello Lenox y todavía se referían a ella como «la pequeña Esther», Phillips grabó esta magnífica y elegantísima versión del «Why Should We Try Anymore» de Hank Williams.

15. «They’ll Never Take Her Love from Me» (1967), por Charlie Rich

Acabo de utilizar el adjetivo «elegante» para referirme a la canción anterior de Esther Phillips, pero lo cierto es que esa es una palabra que solo debería emplearse en presencia de Charlie Rich: el puto amo. Sí, siento devoción absoluta por Rich, por todo lo que hace, por todo lo que canta, por todo lo que toca. Si Charlie Rich tuviera un disco de pedos, lo compraría con los ojos cerrados. Sería mi disco favorito. Así que si Charlie Rich grabara un disco en homenaje a Hank Williams, si lo grabara en 1967, si lo grabara para el exquisito sello Hi, pues no me quedaría otra que incluirlo aquí. Disfruten del tío más (ahora sí) elegante del mundo. De nada.

16. «Moanin’ the Blues» (1977), por Merle Haggard

Y si Charlie Rich es el puto amo, ¿quién es entonces Merle Haggard? Uno de los músicos de country más solventes e influyentes de todos los tiempos, que rinde aquí pleitesía a Hank Williams en una gran versión del «Moanin’ The Blues» incluida en ese discazo titulado A Working Man Can’t Get Nowhere Today (1977). Y poco más hay que decir.

17. «Nobody’s Lonesome for Me» (1962), por Ronnie Hawkins

Otro que le dedicó todo un álbum a Hank Williams fue Ronnie Hawkins, en 1962. Y aquí lo tenemos haciendo una versión más efectiva que otra cosa del «Nobody’s Lonesome For Me» que Williams grabó en 1950. En fin, una curiosidad (¡Levon Helm es el batería!), agradable, y poco más.

Norah Jones. Foto: Yaffa Phillips (CC)
Norah Jones. Foto: Yaffa Phillips (CC)

18. «Cold, Cold Heart» (2002), por Norah Jones

Pues sí. Qué pasa. Esta es la versión más excitante que se ha hecho en los últimos años de un tema de Hank Williams. Y lo hizo una tipa con veintitrés años que se llevó ocho Grammys y vendió más de veintiséis millones de copias con su álbum de debut. ¿No os recuerda a la versión que hizo Elvis Presley del «Fever» de Little Willie John? Mucha clase. Mucha clase la de Norah Jones.

19. «Dear John» (1959), por Warren Smith

Sabiendo que este «Dear John» no lo compuso Hank Williams sino Tex Ritter, y sabiendo también que es un tema que ha sido grabado por casi todo hijo de vecino, no sabría yo decir si Warren Smith, inspiradísimo cantante de rockabilly que comenzó su carrera grabando para el legendario sello Sun Records, está aquí homenajeando a Hank Williams o no. Lo único cierto es que su versión de «Dear John» es absolutamente arrolladora, y con eso nos debería bastar, ¿verdad?

20. «Howlin’ at the Moon» (1960), por George Jones

Palabras mayores, George Jones. No solo porque ha sido una de las más reputadas estrellas del country de todos los tiempos sino por su inmensa influencia, reconocida en músicos como Gram Parsons, Elvis Costello o Dwight Yoakam. Pero si Jones tuviera que reconocer él mismo una influencia, esa sería la de Hank Williams, al que llegó a conocer en persona. George Jones le dedicó dos discos completos al cancionero de Hank Williams, pero destaco el primero de ellos, titulado George Jones Salutes Hank Williams (1960), donde se incluye esta enorme versión del «Howlin’ At The Moon», y es que así es como nos vamos a quedar todos ahora mismo: aullando a la luna, hasta que nos volvamos a encontrar en la segunda parte de este artículo.

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8 comentarios

  1. Oh yeah¡

  2. La Taberna de Hank

    Gracies!!
    Disfruté leyendo el artículo.
    Sólo se me ocurre decir una cosa… qué voy a decir yo…
    HANK YE DIOS!!!

  3. Hugo Dominguez

    «Townes Van Zandt (es) el músico más legitimado de la historia para interpretar las canciones de Hank Williams». Una verdad del tamaño de una casa.

  4. pepe regidor

    Quizá se ha pasado por encima el ejemplo de crossover interracial que es «My bucket´s got a hole in it», compuesta a primeros de siglo y grabada casi al mismo tiempo -finales del 49- por Hank y… Louie Armstrong & his All Stars en un worlds collide de manual. Extraordinario texto, por otro lado!

  5. Muuucho

    Esperando el File Gumbo

  6. Muy interesante el texto y la selección de temas. Personalmente, habría elegido el «Lost Highway» de los geniales Mekons, (a los que muchos consideran los pioneros del «alt-country» y que consiguieron traer la tradición country con la sensibilidad punk) y para el «Lovesick Blues», la versión -que tanto inspiró a Hank- del olvidado Emmett Miller que pertenece a la discutida -y peliaguda- tradición minstrel (cuando los blancos se tiznaban la cara para cantar música negra). Espero ansioso la segunda parte, donde me encantaría ver a Brenda Lee, Ray Charles o Jerry Lee Lewis.
    Saludos y gracias por revindicar este siempre minusvalorado género.

    • Fran G. Matute

      Gracias por comentar, Iago. En la segunda parte, efectivamente, saldrán Ray Charles y Jerry Lee Lewis… ;)

  7. Pingback: Hank Williams: «40 Greatest Hits» revisitados (y II) - Jot Down Cultural Magazine

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