Destinos Ocio y Vicio

Románico, mar y montaña en el Alt Empordà

Vista de Sant Pere
Vista de Sant Pere de Rodes.

Ha llegado el verano casi sin avisar, como siempre, y muchos ya estarán de vacaciones. Otros contamos los días como en la cárcel, esperando el momento en el que salir huyendo sin mirar atrás. Mesetarios boqueando buscando mares y costeros que buscan mares distintos al suyo. Los hay que prefieren la montaña, los hay que recorren ciudades como perseguidos por el mismísimo demonio y los hay como yo, una especie un tanto extraña e híbrida que pide mar, monte y algo más: románico. Sí, lo sé, lo sé, organizar vacaciones pensando en arcos de medio punto y capiteles es… es… bueno, pongan ustedes mismos el adjetivo. Así llevo veinte años: «Pero ahí no hay románico, ¿no?». Me decía el otro día Antonio Villarreal en Twitter que soy una esclava, y tiene razón. Me he perdido y me pierdo lugares estupendos, pero tengo esa tara. Una iglesia románica es un poco mi mar, no tengo solución. Pero igual que me pierdo algunas cosas también gracias a este vicio he descubierto otros rincones casi perfectos como al que quiero llevarles hoy: mar azul, montañas, valles y bóvedas de cañón. Tenemos que ir a un rincón de la península, casi el último: el Alt Empordà. Pero no, esta no va a ser una guía al uso de la maravillosa Costa Brava, simplemente quiero acercarles a esta zona de la mano de dos edificios muy diferentes y a la vez muy parecidos. Los dos están en reservas naturales de gran belleza e importancia ecológica. Uno está casi bañado por el mar, el otro en plenos Pirineos; uno fue un gran centro de peregrinación, el otro mucho menos conocido. Pero ambos tienen en común que sirvieron para estructurar y organizar este territorio en épocas convulsas. Primero a los carolingios, más tarde a los condes que detentaron el poder. En este caso a los condes de Empùries.

Sant Pere de Rodes

Para llegar a Sant Pere lo mejor es tomar la carretera de Vilajuïga desde Roses. Nos quedan ocho kilómetros serpenteantes por el cabo de Creus atravesando la reserva natural del mismo nombre. Aquí están protegidos mar y tierra, que por momentos parecen fundirse, azul y verde, verde y azul.

La tramuntana y el mar han tallado este cabo y sus rocas y también han definido su vegetación. Tras curvas y acantilados aparece el monte Verdera y las ruinas de su castillo. Debajo, en la ladera, se levanta majestuoso el monasterio de Sant Pere de Rodes. La primera visión es impactante: a un lado la montaña, al otro, el mar recogido en la bahía de Llançà y en el medio, como un vigía, el monasterio.

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9 comentarios

  1. Qué interesante el nuevo artículo de Silvia Castellanos. Dos iglesias más que visitar y un par de pistas para comer bien. Bravo.

  2. Muy interesante articulo, siempre es un gusto salirse del turismo basura

  3. Un sitio realmente bello en un entorno casi fantástico y afortunadamente sin masificación…aún.
    Y como colofón,el cabo de Creus.Inolvidable.

  4. Pingback: Románico, mar y montaña en el Alt Empordà

  5. Aún recuerdo cuando visité San Pere de Rodes, era el último día de vacaciones. Solo salir del párquing empezó a caer el diluvio universal. Entramos en el monasterio, estuvimos viéndolo y al final nos acercamos al bar a tomar una bebida caliente porque estaba haciendo frío. Volvimos al coche mojándonos bajo la lluvia torrencial que seguía cayendo y nos dimos cuenta que nos habían reventado la puerta del coche y entrado a robar. Me robaron la gameboy pero no los cuadernos de deberes estivales.

  6. Cide Hamete

    ¿Podríamos empezar una discusión sobre la utilización de los nombres propios en una lengua u otra?

    Yo digo Pekín en lugar de Beijing y digo Londres en lugar de London, por lo tanto también digo Alto Ampurdán en lugar de Alt Empordà.

    Por otro lado, Eddie Murphy no tiene los tintes de realeza que Eduardo VIII.

    ¿Ganas de discutir?. DRAE: discutir.
    (Del lat. discutĕre, disipar, resolver).
    1. tr. Dicho de dos o más personas: Examinar atenta y particularmente una materia.
    2. tr. Contender y alegar razones contra el parecer de alguien. Todos discutían sus decisiones. U. m. c. intr. Discutieron con el contratista sobre el precio de la obra.

    • Yo estoy muy contento y absolutamente feliz que usted le llame Alto Ampurdan, y me gustaría que se lo siga llamando muchísimo tiempo más, pero se llama Al Empordà. Asi de simple.

    • Déjeme adivinar dónde reside Ud. ¿En Tokio, la Capital del Este? Quizá en Sudáfrica, en Bloemfontein, la Fuente Azul. O posiblemente en Zevenhuizen, Siete Casas, Holanda.

      Traduzca lo que le salga de los mismísimos, señor. Y discuta tanto como desee. Si quiere, puede incluso seguir llamando San Cucufate a cierta población conocida por su monasterio benedictino.

      Pero un artículo sobre románico y gastronomía quiza no sea el mejor lugar para dar rienda suelta a sus instintos más atavicos, por mucha pátina cultural con que los disimule.

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