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Las playas del fin del mundo

06 Jun 1944, France --- On D-Day, June 6, 1944, a landing craft just vacated by invasion troops points towards a fortified beach on the Normandy Coast. American soldiers wade to shore fighting heavy machine gun fire. --- Image by © CORBIS
6 de junio de 1944, Francia. Día D. Fotografía: Corbis

El dia D. La hora H. Pocas veces la terminología bélica se había colado con tanto descaro en los fogones del inconsciente colectivo hasta que el mundo desembarcó en las playas de Normandía para cepillarse a Hitler. La operación Overlord empezó a concebirse el mismo día que los japoneses bombardearon Pearl Harbour: todos los que al otro lado del Atlántico se oponían a la entrada del país en la guerra tuvieron que enfundarse la bandera, agachar la cabeza y meterse en sus casas después de darle doble vuelta a la cerradura. Por si acaso.

Hitler lo puso aún más fácil cuando a las pocas horas del bombardeo nipón declaró la guerra a Estados Unidos. Si el Führer nunca había destacado por su sutilidad, aquel momento marcaría su final, cuando aún se veía vencedor de una guerra que había empezado —según decía— porque los alemanes ya no cabían en Alemania. La entrada de los americanos en la contienda puso a los británicos a dar saltos: el Tercer Reich llevaba meses dándoles sangre y fuego y el ejercito de las islas ya no daba más de sí. Los japoneses habían conseguido lo que Churchill había intentado, por activa y por pasiva, durante larguísimas reuniones a y uno y otro lado del océano. Hiro Ito, el emperador que requería tratamiento de divinidad, no sabía aún que había pateado un avispero, mientras obnubilado ponía medallas a los aviadores que habían arrasado la bahía de Oahu y hundido más de media docena de barcos (ocho destructores), además de enviar al fondo del mar a más de dos mil cuatrocientos marineros.

Estados Unidos decidió que la contemporización se había acabado y el país empezó los preparativos para meterse en el lodazal de Europa, donde Alemania se mostraba intratable. Centenares de miles de jóvenes se alistaron, formando largas colas en las grandes ciudades y en los pequeños pueblos a lo largo y ancho del continente. Los que no eran aceptados pasaban su particular trauma, y algunos (centenares según publicarían después fuentes del ejercito estadounidense) optaron por el suicidio ante lo que entendían como un deshonor. De alguna manera, el gran martillo de los aliados nació en esas colas, sin intereses financieros, ni mandangas geoestratégicas, con el poso de ingenuidad que posee cualquier causa intrínsecamente buena. Los chavales que pedían el ingreso a filas eran tipos que creían de algún modo (honesto y desprovisto de aristas) que iban a combatir contra el imperio del mal. Los franceses, británicos, polacos, checos y todos aquellos que se habían unido para derrocar al villano que se erigía en Berlín habían sufrido la aniquilación al enfrentarse a uno de los mejores ejércitos de todos los tiempos: una máquina propulsada por el patriotismo, la ideología y una estricta formación militar. La Wehrmacht, las SS, la Luftwaffe, agrupaban a lo mejor y más granado de la juventud alemana y derrotarles era casi una utopía. No era solo su habilidad en las batallas de larga intensidad y corta duración que en Berlín habían denominado blitzkrieg sino su capacidad para el combate cuerpo a cuerpo, su fiereza en el campo de batalla (sobre todo las divisiones de las SS y en especial las Panzer) y su facilidad para asumir conceptos tácticos y jerárquicos.

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9 comentarios

  1. «El ejercito alemán habría salido victorioso si no se hubiera tenido que emplear a fonto contra la Unión Soviética y Estados Unidos a un tiempo[..]».
    «Sin embargo, por razones casi obvias, el punto álgido de la guerra se vivió en las playas de Normandía el 6 de [..]».
    «Finalmente Overlord sentó las bases de la derrota alemana y los aliados pusieron la directa a Berlín[..]».

    Hacer una crítica de un libro es una cosa, y opinar sobre un tema tan tratado en la historia militar como la Segunda Guerra Mundial es otra. Si el autor se hubiese centrado solo en la obra de Atkinson (cuya opinión comparto, se trata de un gran libro), y hubiese evitado emitir conclusiones y tópicos varios, estaríamos ante un artículo redondo.

  2. Efectivamente hay muchos puntos álgidos a lo largo de la historia de la IIGM como para atribuir en exclusiva a uno de ellos el «cambio de ciclo» y de haberlos probablemente serían anteriores (como Stalingrado) y localizados en los diversos frentes.

    El artículo está muy bien aunque quizás incide demasaido en la figura de Patton, que aunque relevante, fue una más de una operación muy grande y compleja. Sólo una nota mínima de redacción: » las batallas de larga intensidad »
    La intensidad no es susceptible de ser larga o corta,, en todo caso alta o baja.

    • Jimbojones

      Estoy de acuerdo en parte. La cuestión es ¿Se habría dado Stalingrado sin el apoyo industrial Americano a favor de la URSS? ¿Habría arrasado Hitler con el Caucaso y los Urales, con Moscú, Leningrado y Stalingrado de no haber tenido decenas de divisiones luchando en África, vigilando la costa Francesa?
      It’s very dificult todo esto.
      No siento mayor desprecio que por las conclusiones simplistas, pero creo que la guerra la gano la capacidad industrial de los aliados, y en eso EEUU fue clave.

  3. Miguel Jordan

    El autor peca en exceso de dar peso al Día D en la derrota nazi. La caída del Tercer Reich difícilmente se explica sin las grandes ofensivas soviéticas como Bagration. Solo hay que ver a uno de los historiadores que resalta, Max Hastings, que dice en su libro ‘Armaggedon’: “La contienda entre el Ejército Rojo y la Wehrmacht hizo parecer ridícula la campaña occidental en escala, intensidad y ferocidad”.

  4. La última vez que lo miré, el 80% de las bajas alemanas en la Segunda Guerra Mundial seguían habiéndolas producido los rusos. De la elegía a un fantoche psicótico como Patton prefiero no comentar. Por lo menos era un payaso eficiente, no como Montgomery, con el que los británicos hoy en día todavía se tocan pensando en él en la intimidad y cuyo principal logro fue no perder demasiado frente a Rommel.

    • Jimbojones

      No es un logro menor dado que Rommel esta en el panteón de los generales, habría que verte a ti planteándole batalla.
      Los británicos se tocan con Nelson y con el Conde De Wellington, Montgomery lo ponen uno o dos escalones por debajo, que es donde debe estar.
      Para responder a lo del % de bajas te remito a lo que puse arriba.
      Es muy difícil matar sino tienes armas y la URSS pudo no haberlas tenido.

  5. Pingback: Las playas del fin del mundo

  6. A mi el articulo me ha gustado batante, aunque tambien creo que aunque los desembarcos del Dia D son muy iconicos, el frente este fue mucho mas salvaje y el que decidio la derrota de Alemania.

    Comentar que hay un pequenho gazapo: el nombre del Emperador japones es Hirohito, no Hiro Ito. Y los historiadores han demostrado que los japoneses si sabian en que avispero se metian. Las razones por las que lo hicieron son otra historia.

    Recomiendo mucho visitar los lugares del Dia D en Normandia. Los franceses lo han organizado de maravilla y hay muchisimo que ver y muy variado: las playas en si, museos tremendos, los cementerios, las baterias defensivas del Muro Atlantico.

    Os dejo unas fotos y un poco de ayuda para quien se anime a ir

    http://dokodemodoorblog.com/2014/04/02/normandia-visitando-los-lugares-del-dia-d-i/

  7. Jorge Gomez

    Me causa extrañeza que nadie destaque la ausencia del comandante en jefe aleman en Normandìa (Rommel).
    Si Rommel hubiera estado, es muy probable que en al menos Omaha, los aliados habrìan sido derrotados.

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