
Carl Lewis tenía dieciocho años, igual que Calvin Smith y Ben Johnson, los hombres llamados a disputarse la velocidad en la siguiente década, con sus claros y sus sombras. El campeón olímpico era Hasely Crawford, de Trinidad y Tobago, y los campeonatos del mundo directamente ni existían. En las pruebas de selección para los Juegos Olímpicos de Moscú 1980, Stanley Floyd y Mel Latteny consiguieron la plaza para participar en los cien metros lisos… pero a esas alturas todo el mundo sabía que los Estados Unidos no iban a mandar a nadie a la Unión Soviética, no desde luego después de la invasión de Afganistán en las navidades de 1979.
Eran los tiempos de Brezhnev y Carter, es decir, no eran los peores tiempos posibles, los que se vivieron en los sesenta con el zapato de Khruschev de por medio o los que se vivirían pocos años después con Ronald Reagan y la gerontocracia de la KGB, los Andropov, Chernienko y compañía coqueteando a diario con el apocalipsis.
Aun así, Afganistán fue la cerilla que encendió la mecha de una bomba siempre a punto de estallar. A partir de ese momento, la situación se hizo irreversible. Carter dio un plazo de aproximadamente dos meses para retirar las tropas, los soviéticos se negaron en redondo —estarían ocupando la región hasta 1989, dejándola en manos de milicias armadas e incontroladas, el sino del país en las siguientes décadas— y el 20 de febrero de 1980 la decisión se hizo oficial: Estados Unidos no solo anunciaba su boicot a los Juegos Olímpicos de Moscú sino que aconsejaba a sus aliados que le acompañasen en el gesto.
Así, poco a poco, la República Federal de Alemania, Japón, Canadá, Argentina e incluso la China post Mao Zedong, temerosa del imperialismo soviético, fueron anunciando su ausencia a la cita de aquel verano. A ellos se unieron la práctica totalidad de los países musulmanes, hasta llegar a cuarenta y cinco. En Europa la reacción fue la habitual: los unos se quedaron mirando a los otros y cada cual decidió hacer lo que le viniera en gana.
El dilema se hizo especialmente asfixiante en el Reino Unido. Británicos y estadounidenses llevaban casi un siglo siendo aliados después de años de desconfianza mutua. La nueva inquilina del 10 de Downing Street, la conservadora Margaret Thatcher, tenía claro que no podía dejar en la estacada a Carter y presionó con todas sus fuerzas al Comité Olímpico para que anunciara formalmente el boicot. El problema para Thatcher era que las presiones políticas en un estado como Reino Unido tienen un alcance limitado: la dama de hierro sopló y sopló pero lo más que consiguió fue un «ya veremos» que se convirtió en una carta blanca a los atletas: el que quiera participar, que lo haga; el que no, que se quede en casa.
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estonazol no existe, es estanozolol, buen artículo
Quien crea que el deporte de alta competición puede llegar a ser limpio es que es un ingenuo. Dentro de 10 o 15 años pasará lo mismo que hace 20 años, lo que antes no era doping ahora sí lo es y probablemente los mitos de la actualidad dejarán de serlo. La diferencia de un deportista limpio y el que no lo es, está en la habilidad de su médico en controlar los calendarios y las sustancias que «receta» al deportista. Me gusta el deporte y admiro a lo grandes deportistas pero la realidad es la que es.
Hay que tener en cuenta que dado que todos lo hacen, no es realmente trampa. Como el ciclismo de hace unos años, como si Armstrong fuese el único que se hubiese dopado, le guitan los tours, es absurdo.
Me encantan estos artículos deportivos que mezclan historia y deporte, son análisis de buen nivel y desarrollo
A quienes les guste este tipo de periodismo les recomiendo este link http://fullde95.blogspot.com/2015/12/la-santisima-trinidad-cuando-el-futbol.html
Me encanta Jot down, no todo está perdido
Estaría aún mejor si omitiese el tono pro-occidental y se ciñese a los actos:
-Calificar de «invasión» la entrada del ejército soviético en Afganistán no es más que un acto de propaganda occidental, puesto que fue el gobierno legítimo afgano quien solicitó su ayuda. Sería más correcto decir «intervención».
-La parte donde se dice que «los soviéticos dejaron el país en manos de milicias armadas descontroladas» parece bastante tendenciosa. Parece que hubiesen sido los soviéticos los culpables de esto, cuando todos sabemos (o deberíamos saber) que fueron principalmente los EEUU (junto a otros países) quienes apoyaron a los muyahidines, precursores de los talibanes/Al-Qaeda.
-Hablar de imperialismo soviético, viendo la influencia americana tanto durante esa época como durante la actual en el mundo (basta con buscar un mapa de bases de la OTAN), me parece un recurso propagandístico que sólo pretende mostrar la URSS como un imperio que se extendía por la fuerza. Las relaciones sino-soviéticas estaban bastante distanciadas ya desde que la China maoísta consideró revisionista la política de desestalinización de Jruschev. Con el cambio de gobierno y ascenso de Deng Xiaoping ocurre todo lo contrario, puesto que comienzan a tener lugar en China reformas económicas de carácter capitalista, algo que en la URSS ocurriría años después con Gorbachov. Con esto quiero decir que los gobiernos de ambos países estaban enfrentados entre sí por ideología, no por miedo al «expansionismo soviético».
Por lo demás, estoy de acuerdo en que todo está relacionado con la política, y es interesante poder ver los efectos de ésta en otras áreas aparentemente independientes.
Como ejemplo puede verse el posterior boicot en respuesta de los países socialistas a los JJ.OO. de Los Ángeles ’84 (organizando éstos unos paralelos que recibieron el nombre de Juegos de la Amistad) o el duelo ajedrecístico entre Karpov y Kasparov, considerándose una representación sobre el tablero entre las distintas facciones del gobierno.
En fin, espero que no haya sido muy tostón y a alguien le haya parecido interesante.
¡Un saludo!
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Hablando de gerontocracias, mencionar que Ronald Reagan era más viejo que Andropov y que Chernenko.