
Correo musical
A principios de 2006 se anunció que los Sex Pistols estaban a punto de entrar a formar parte del legendario Rock and Roll Hall of Fame, pero cuando Johnny Rotten escuchó aquella noticia decidió redactar a mano una misiva que enviaría por fax a los responsables del asunto. Aquel texto que recibieron en la sede del Rock and Roll Hall of Fame, y que Rotten colgaría públicamente en internet, rechazaba el reconocimiento con una refinada explicación:
Al lado de los Sex Pistol el rock and roll y ese Hall of Fame son una mancha de meado. Vuestro museo. Orina en vino. No vamos a ir. No somos vuestros monos. ¿Y entonces qué? La fama a veinticinco mil dólares si pagamos por la mesa o a quince mil por chillar desde la tribuna, dinero que va para una organización sin ánimo de lucro que nos vende a un montón de famosos viejos. Felicidades. Si habéis votado por nosotros, esperamos que hayáis explicado vuestras razones. Sois jueces anónimos, pero seguís siendo gente de la industria musical. No vamos a acudir. Vosotros [escrito erróneamente como «your» en el original] no prestáis atención. Fuera de este mierda-sistema está un verdadero Sex Pistol.

El mensaje resultaba tan divertido que el propio Jann Wenner, fundador del Hall of Fame y de la revista Rolling Stone, lo leería en directo entre las risas de los presentes para a continuación dar por cerrado el asunto anunciando a Rotten que de todos modos aquellos trofeos con los que se honraría al grupo estarían expuestos en el museo por si algún día quería ir a recogerlos y destrozarlos. Wenner remató el asunto con un «¡Bienvenidos al Rock and Roll Hall of Fame, Sex Pistols!».
Aquel 2006 también sería el periodo durante el cual Black Sabbath aceptaría una plaza en ese Hall of Fame, lo curioso es que unos cuantos años antes el grupo había rechazado la misma invitación a través de otra misiva que firmaba Ozzy Osbourne explicando los motivos de la renuncia:
Retirad nuestro nombre de la lista. Ahorrad la tinta. Olvidaos de nosotros. La nominación no tiene sentido porque no ha sido votada por los fans, ha sido votada por la supuesta élite de la industria y los medios que nunca en su vida ha comprado un disco o una entrada para un concierto, por lo que su voto es irrelevante para mí. Afrontémoslo, Black Sabbath nunca ha sido la niña mimada de los medios. Somos una banda de la gente y eso nos encaja perfectamente.
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No habría estado de más mencionar a Grigori Perelmán, que rechazó la Medalla Fields. En cuanto a las formas, creo que es cuestión de coherencia estilística. La formalidad de la misiva de Cave puede llegar a resultar cargante. En cambio, existe cierta «belleza» en la sinceridad apasionada de los rudos inconformistas que se mencionan. Sería absurdo que un punk o un escritor del realismo sucio declinasen un premio de forma rimbombante simplemente porque algunos lo considerarían elegante. Más bien, eso suena a un buen motivo para no hacerlo.
Pues no sé, pienso que si John Lydon hubiese enviado una carta absolutamente formal rechazando el reconocimiento habría sido más … En realidad lo que hizo fue interpretar su papel en el sistema, o sea, algo absolutamente previsible e incoherente. Si no lo quería, con no ir era suficiente … pienso yo. Pero puedo estar equivocado, claro.
Saludos.
Miguel Delibes rechazó un ducado o condado, no lo recuerdo con exactitud y los reyes eméritos no fueron a su entierro.
“I’m in the difficult position of being more infamous than famous,” (Rotten)
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Faltó la aceptación del National Book Award por parte de un payaso en nombre de Thomas Pynchon en 1974. Buena manera de complementar la experiencia de «El arcoíris de la gravedad».
La carta de Nick Cave la leí hace un tiempo en el siguiente libro, que por otro lado lo recomiendo si me lo permiten:
http://salamandra.info/libro/cartas-memorables
La verdad es que estuvo muy elegante, lo de los Sex Pistols no se lo cree ni él, y el Axel Rosue es un medio gentuza por no decir entero……….en fin.
Falta Wody Allen tocando el clarinete en Nueva York durante la gala de los Oscar
El mejor, Borges, con unas desafortunadas declaraciones en el peor momento sobre sus simpatías por los generales que gobernaban en su país cuando ya había un auténtico coro de voces que clamaban porque se le concediese el Nobel (él, que lamentó por escrito la deriva nazi, mucho antes de la guerra, por lo que suponía de suicidio moral para Alemania, y cuando Argentina estaba llena de simpatizantes del nacionalsocialismo, por supuesto en su propia clase social, y hasta hizo un escrito en el que respondía a los que le acusaban por ello de tener antepasados judíos proclamando su admiración por los judíos y lo honrado que se sentiría de serlo, pero que no…). Perdió el Nobel, sí, pero ha ganado ese status raro de los grandes escritores que no lo tienen que terminan pareciendo más grandes que los que sí lo tienen. No me digan que no parece una típica jugada borgeana…
Dos, de las muchas que podrían citarse, negativas dadas a una propuesta por la que muchos perderían el culo y la vergüenza: ser miembros de la Real Academia Española. Rafael Alberti lo rechazó, diciendo que cómo iba a ser académico él, que ni siquiera había terminado el bachillerato. Y Carmen Martín Gaite, que dijo cuando le ofrecieron el sillón que a ella le daba mucho miedo encontrarse allí con quienes como Rafael Lapesa, Alonso Zamora y (creo) Fernando Lázaro Carreter, habían sido sus profesores en la Universidad de Salamanca.