
¿El mundo se ha hecho más pequeño? No, todavía es el mismo vasto globo que conocieron nuestros ancestros, con el mismo neblinoso limbo de los extraviados. Pensamos que el mundo es pequeño a causa de las veloces ruedas y alas, y de esa voz que suena en la radio, emergiendo desde el vacío. Una milla es un minuto de viaje en automóvil o unos pocos segundos volando. Pero sigue siendo una milla. Y las millas, juntas, suman un vasto espacio desconocido hacia el que centenares de personas han volado o navegado, en tiempos recientes, para ser tragados como los buques eran tragados en los viejos días de la navegación a vela. (E. V. W. Jones en «Same Big World», The Miami Herald, 1950).
La región involucrada, un triángulo de agua más o menos delimitado por Florida, las Bermudas y Puerto Rico, mide menos de mil quinientos kilómetros en cada lado. Es un área pequeña en los mapas marineros, atravesada cada hora por buques de muchas naciones. Tiene buena cobertura de radio. Se encuentra bajo la constante vigilancia de docenas de aviones comerciales que la sobrevuelan a diario. (…) Ha habido muchas desapariciones en este mar de nuestro patio trasero; aviones gubernamentales y privados, barcos de pesca, yates. Los informes, cuando se cierra la investigación sobre cada caso, siempre contienen una ominosa anotación: «Sin dejar rastro». (George X. Sand, «Sea Mistery At Our Back Door», revista Fate, 1952).
El mar guarda bien sus secretos (Vincent H. Gaddis, «The Deadly Bermuda Triangle», revista Argosy, 1964).
Rara vez llegamos a conocer la semilla primigenia de los mitos de la antigüedad, cuya gestación queda para la interpretación de arqueólogos, antropólogos y psicoanalistas de lo pretérito, quienes intentan componen un árbol genealógico que enlace fábulas de diferentes culturas y épocas. Con dificultad encuentran, si es que la llegan encontrar, la raíz misma de las leyendas, que suele perderse en el irrecuperable ámbito de las tradiciones orales de hace siglos. Pero nuestra época tiene también sus propios mitos, y lo más fascinante es que ahora sí podemos rastrear su origen hasta un único incidente, o hacia un reducido ramillete de interpretaciones erróneas sobre ese incidente. Esto nos ayuda a entender cómo pudieron nacer las leyendas antiguas, pero también nos ayuda a conocer nuestro anhelo de prolongar el mundo mágico en el que la humanidad ha vivido durante miles de años, nuestro ansia por encontrar nuevas dimensiones en este previsible, mecánico y prosaico universo. Un buen ejemplo es el nacimiento del platillo volante como mito popular allá por 1947, cuando el aviador Kenneth Arnold afirmó haber visto varios objetos extraños que volaban trazando una trayectoria ondulante como la de «platillos sobre el agua». Cuando su testimonio fue aireado por la prensa, poco importó que Arnold hubiese descrito aeronaves con forma de ala delta y no redondas como discos. La expresión «platillos volantes» excitó la imaginación colectiva con tanto ímpetu que empezaron a proliferar los avistamientos de objetos circulares que no se parecían a los que él había visto. Pues bien, la mitología sobre el famoso Triángulo de las Bermudas nació y creció siguiendo un guion parecido, aunque con una diferencia: si el mito de los platillos volantes se convirtió en un fenómeno social a nivel mundial de un día para otro, el del Triángulo, como las viejas leyendas marineras, estuvo cociéndose a fuego lento en el horno de los equívocos durante más de dos décadas antes de que el mundo entero escuchase hablar sobre él. La posibilidad de que un ominoso polígono devorase aviones y barcos por efecto de fuerzas paranormales o de la inquietante actividad de traviesos alienígenas era algo demasiado atrayente como para no convertirse en un icono de la cultura popular.
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Pingback: El triángulo de las Bermudas, o cómo crear un mito moderno desde la nada
En la conclusión donde dice ‘Triangulo de las Bermudas’ sustituyase por la ‘religión’ y se entendera toda la parafernalia y conocimiento generado de forma artificial por el hombre y para el hombre
Esto es lo que yo llamo un artículo interesante. Desarrollado y sin sensacionalismo. Se agradece en la era de los refritos y las notas de prensa.
Desde un punto de vista estrictamente lógico, quisiera preguntarle lo siguiente, pues leyendo su artículo pareciera que las desapariciones de vuelos o naves fuera algo no muy fuera de lo normal. Mi pregunta es, porque supongo que el autor de esta nota habrá investigado: desde el comienzo de los fenómenos de desapariciones en esta zona, cuántas desapariciones y con qué frecuencia se dieron en otros sitios?
Agradecería una respuesta.
Desconozco la respuesta a tu pregunta, pero sí te digo una cosa: si quieres que los demás creamos en el triángulo de las Bermudas, como insinúas, lo tienes muy fácil: presenta las pruebas de su existencia.
Mira, con esto pasa con la creencia en los Ovnis, en hombres-lobo, en lo paranormal, en el monstruo del lago Ness, en la astrología, en Dios: según sus seguidores, hay evidencias abrumadoras de cada una de ellas, pero ninguno presenta pruebas concluyentes.
Comprenderás que no voy a arrojarme al pantano de creer en todo eso sólo porque hay unos cuantos que las defienden. Presentar unas pruebas irrefutables y creeremos. Pero no lo vais a conseguir lloriqueando: ¿ pero qué otra cosa pueden ser ?
Cuando uno defiende la existencia de algo – no sé si tú eres uno de ellos, no estoy seguro – que, en principio, se opone a la lógica mas elemental, es él quien debe aportar las pruebas que avalen su creencia. No vale eso que yo mismo he oido mas de una vez: demuéstrame que Dios no existe, no, es él quien debe demostrar que sí.
Soy ateo, y absolutamente escéptico por naturaleza, y por tanto no creo en mitos ni leyendas.
En el artículo ha quedado bien descrito el origen del mal llamado «triángulo de las Bermudas», por lo que deducimos que en cada uno de los casos de accidentes acontecidos en esa zona, había una explicación coherente a lo ocurrido, si bien no puedo certificarse por falta de pruebas físicas: y sin embargo me sigue pareciendo pertinente la pregunta de Sol al respecto del número de incidencias en lugares concretos a lo largo y ancho del globo.
Si en otros lugares el número estadístico de desapariciones de aeronaves y barcos es similar, damos por concluida la conversación.
Si por el contrario, esta zona geográfica registrara un número «inusual» de accidentes sin explicación, estaríamos ante un misterio sin resolver que por tanto originará especulaciones de todo tipo.
Si a día de hoy la desaparición de un avión de Malasia Airlines nos deja perplejos, dada la evolución tecnológica alcanzada en el siglo XXI, no daríamos por bueno, sin más, que en una pequeña zona delimitada de territorio se produjeran varios casos de desapariciones en un lapso de tiempo relativamente corto, atribuyéndolo sin más a una normalidad estadística.
Por lo demás, pretender que los escépticos aporten pruebas que refuten sus dudas me parece, con todos los respetos, un argumento pusilánime. Parece que tiene más sentido pedir a las autoridades competentes que arrojen luz a fenómenos cuya falta de información para alarmante… de ahí a creer en ovnis, extraterrestres o agujeros negros, media un abismo.
Saludos,
Supongo que los causantes del misterio se han jubilado ya.
Por otra parte, el artículo me ha parecido muy brillante.
Felicidades.
Un artículo muy entretenido. En mi casa estaba el libro de Berlitz, que debí leer con 12-14 años. En aquella época (años 80) se hablaba mucho del tema. Gracias.
Un artículo de hace un par de años, menos extenso y detallado pero donde se tocaba esta cuestión:
http://despuesnohaynada.blogspot.com.es/2014/02/el-triangulo-de-los-cojones.html
Luis Alfonso Gámez en su magnífico blog también ha escrito cosas sobre esto y ahora hay este excelente resumen del asunto en una web de amplia difusión como Jot Down.
Y sin embargo el mito no va a morir, resistirá ahora y siempre, como muchos otros mitos inasequibles ante la evidencia, ya que muchas veces el mito resulta más atractivo y fácil de comprender que una explicación basada en la lógica en torno a la compleja y a veces desconcertante realidad. Todo lo más con el paso del tiempo y el cambio de la realidad tecnológica o de las obsesiones de la población los mitos se van reciclando o dejando de estar de moda para ser sustituidos por otros que se adapten mejor a los nuevos tiempos y preocupaciones en boga. Quizás en unas décadas surgirá el mito de un «área» (o más bien de una nave de ordenadores de almacenaje de datos) donde tus fotos guardadas en la nube desaparecen misteriosamente y al poco tiempo los familiares que salían en ellas mueren de forma inexplicable…
Así a lo tonto igual debería empezar a escribir el libro. Desde luego el cantamañanas que acierte con proponer el siguiente «misterio» va a ganar más dinero que los desgraciados que luego intenten deshacer la maraña de datos ciertos y falsos mezclados, suposiciones y demás, para ofrecer una explicación coherente basada en la razón.
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