Arte y Letras

Theremin, la música de ciencia ficción

Imagen: Metro-Goldwyn-Mayer.
Imagen: Metro-Goldwyn-Mayer.

Jot Down para Fundación Telefónica

Corren los años cincuenta y un platillo volante aterriza por sorpresa en un parque en mitad de Washington. Pronto una multitud de curiosos y medios de comunicación se agolpan a su alrededor, así como un destacamento militar que no pierde ojo de ese objeto aparentemente inanimado. Entonces se abre una puerta en su superficie metálica y por ella asoma Klaatu, una extraña criatura que dice venir en son de paz y viste creyendo que los terrícolas ya conocíamos el glam rock y así estaría a la moda. Primer fallo. El malentendido se agrava cuando saca de un bolsillo un pequeño artefacto que es confundido con un arma y un soldado lo abate de un disparo. En vista de semejante recibimiento sale otra criatura de la nave, que no hace presagiar nada bueno y provoca la huida en estampida de los presentes… ¿Por qué? ¿Tan terrible es su aspecto? Resulta más corpulento que el anterior, sí, pero lo que realmente acojona es la magnífica banda sonora que lo acompaña. En ella distinguimos un sonido misterioso y agónico, una especie de violín que parece fuera tocado por un vampiro melancólico en alguna catacumba. Compruébenlo ustedes mismos. En realidad se trataba de un instrumento musical que aún hoy —casi un siglo después de su invención— nos resulta futurista, uno que se toca sin tocarlo, que impresionó al mismísimo Lenin cuando se lo presentó un prometedor científico de San Petersburgo cuyo apellido terminó bautizando a su creación: el theremin.

Tras la Revolución rusa, Léon Theremin trabajaba en un laboratorio investigando el uso de las lámparas de vacío, cuando descubrió accidentalmente algo que todos hemos experimentado al sintonizar una radio: que nuestro propio cuerpo sirve de antena e interfiere en el funcionamiento del aparato. Como aficionado al violonchelo pensó que ese efecto podría dar lugar a un instrumento que pudiera tocarse sin entrar en contacto con él, únicamente moviendo las manos en el aire a la manera de un director de orquesta. Si de acuerdo a la definición dada por el líder revolucionario el comunismo eran sóviets más electricidad, este aparato era el perfecto ejemplo del progreso que el nuevo régimen quería representar ante otros países, así que la acogida fue entusiasta y la URSS envió a Theremin de gira por Europa y Estados Unidos para que asombrara al mundo con su invento. Y así fue. «La voz humana, el violín, viola, chelo, contrabajo, corneta, trompa, trombón, saxófono, órgano, y casi cualquier instrumento que puedas imaginar, son derrotados en su propio campo por este pequeño y sencillo aparato», clamaba un entusiasta crítico musical. Su gira le llevó a establecerse en Nueva York, donde tendría la misión de realizar labores de espionaje para la URSS. Allí logró la patente y firmó un contrato con la RCA para la venta a gran escala su invención, pero eran tiempos de la Gran Depresión, su precio de venta era muy elevado, su curva de aprendizaje podía resultar frustrante o quizá, simplemente, no había llegado aún su momento. Le debía faltar un californiano diciendo que tener uno es una experiencia que te hace pensar diferente… El caso es que su éxito no fue el esperado, pero Theremin sí logró algunos fieles como Clara Rockmore, violinista frustrada debido a una tendiditis que encontró en este instrumento el canal ideal para expresar su vocación artística. Y en nuestro inventor un estrecho amigo, aunque él aspirara a algo más, pidiéndole matrimonio infructuosamente. Aquí por ejemplo podemos escucharla tocar el «Ave María» de Schubert.

Léon Theremin en una demostración de su invento. Foto: DP.
Léon Theremin en una demostración de su invento. Foto: DP.

La excepcional creatividad de Léon Theremin continuó mientras tanto y en Nueva York siguió desarrollando nuevas invenciones como el ritmicón, la primera caja de ritmos de la historia, de la que aquí podemos ver una demostración. Ingeniosa aunque aún necesitaba perfeccionarse. También diseñó un sistema de televisión por circuito cerrado, un detector de movimiento para evitar asaltantes a cunas que se llevaran a los bebés (hubo un caso sonado en la época) o fugas en las cárceles y un theremin que se tocaba con movimientos de todo el cuerpo, todo un precursor del Kinect. Para probarlo colaboró con la American Negro Ballet Company, lo que le llevaría a conocer a la bailarina Lavinia Williams, con la que terminó casándose pese a que los matrimonios interraciales no estaban bien vistos. Pero su vida dio un giro radical en 1938, cuando regresó de forma repentina a la URSS, según una versión secuestrado por agentes soviéticos y según otra voluntariamente. Allí fue recibido como era de esperar en la época, siendo enviado a un gulag acusado de traición. Pero las autoridades eran conscientes de que semejante talento no debía ser desperdiciado, así que pronto pasó a formar parte de los llamados sharashka, una red de laboratorios secretos dentro del gulag en los que trabajó en tecnología relacionada con micrófonos de espionaje, lo que le valió nada menos que un Premio Stalin en 1952.

Curiosamente, de forma paralela y sin que él llegara a saberlo, Hollywood descubrió el potencial de su instrumento. En 1945 Alfred Hitchcock contrató para el diseño de las imágenes oníricas de Recuerda nada menos que al mismísimo Dalí, de manera que añadir una banda sonora convencional hubiera sido como acompañar un solomillo con un brick de El Conquistador. Entonces Miklós Rózsa introdujo de forma pionera un theremin con este resultado que le valió un Óscar. Ese mismo año otro director de primera categoría, Billy Wilder, reclutó a este compositor para Días sin huella en un trabajo que debía reflejar el desasosiego de un alcohólico, por el que fue nominado pero no pudo ganar el Óscar porque él mismo se lo arrebató con la anteriormente mencionada. Más adelante, ya en 1951, llegó aquella con la que abríamos este artículo, Ultimátum a la Tierra, que fue la que fijó este sonido al cine de terror y ciencia ficción. A ella le seguirían El enigma de otro mundo, Planeta Prohibido, Los cinco mil dedos del Doctor T, Vinieron del Espacio o El ataque de las sanguijuelas gigantes.

Ya no cabía imaginar una escena desasosegante sin un theremin sonando de fondo, pero aún tendría más recorrido este instrumento en la década siguiente con el auge del rock. Una de las canciones más conocidas de los Beach Boys, «Good Vibrations», contó con una variante denominada electroteremín, que podemos ver aquí en acción. Los Rolling Stones también lo usaron en «Please Go Home» y Led Zeppelin en la apoteósica «Whole Lotta Love», donde vemos tocarlo a Jimmy Page a partir del minuto 1:47. Desde entonces ha habido infinidad de grupos que lo han utilizado y en Japón ha ganado una considerable popularidad, como podemos ver en este concierto de Matryomin (una variante así llamada porque está en una matrioska) que supuso un récord Guinness. Con algo menos pericia lo ha tocado también Sheldon Cooper y, por último, no sería justo dejar de incluir los pinitos artísticos de este gato. ¿Pero saben lo mejor? Que ustedes mismos podrán tocarlo en la exposición gratuita que mantendrá la Fundación Telefónica hasta el próximo 2 de abril ¡No se la pierdan!

Imagen: DP.
Imagen: DP.

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16 Comentarios

  1. También lo ubico en «Ed Wood» de Tim Burton, cuando salían los platillos volantes de pega, contribuyendo en gran manera al cachondeo generalizado.

  2. ¿En la banda sonora planeta prohibido sonaba un Theremin?…¿ seguro?

    • Seguro que suena el theremin cuando se oye un sonido continuo y que baja y sube frecuencia. Puede haber otros sonidos correspondientes a sintetizadores muy primitivos.

      • Nunca he oído mencionar ninguna referencia en las comentarios de sus autores al uso del theremin en esa banda sonora. Quizás te refieras a lo que los Barron (el matrimonio responsable de la *música*, o las tonalidades electrónicas, como lo llamaron ellos) denominaron el ring modulator, que no era un theremin.

      • Lo Barron no usaron ningun Theremin en la creacion del la banda sonora de la pelicula, los sonidos creados por un Theremin son muy diferentes en textura y modulacion, usaron equipos fabricados por el mismo Louis Barron inspirados en el libro de Norbert Wiener, Cybernetics. En los titulos no pudieron usar la palabra «Musica» por problemas con el Sindicato de Musicos (American Federation of Musicians) y la MGM opto por no tener problemas.

  3. Juan Antonio

    ¿Alguien tiene a mano un enlace de la revista Electronics Illustrated con las instrucciones para construir un theremin? Quisiera ponerme a ello. Me ha encantado el artículo, muchas gracias.

  4. El Theremin ya tuvo su revival en la ciudad de Los Angeles en los noventas con el estilo lounge que en Europa se mal llamó chill out…

  5. Posandaque

    Que se hable de la banda sonora de Ultimátum a la tierra y no se mencione el nombre de Bernard Herrmann, el compositor, tiene delito.

    • Cavestany (Cavestañ)

      Así es y no sé si sabíais que Herrmann con su Theremin compuso un par de sardanas a principios de los 60 por encargo de la Diputación de Barcelona. En concreto, la titulada Psychosesa y la enormemente popular -solo entre los aficionados- Tafanera Finestreta.

    • Totalmente de acuerdo, este articulo tiene un par de omisiones y confusiones, hay que investigar un poquito mas. No se puede omitir un detalle asi, sobretodo con un de la talla de Bernard Herrmann, las bandas de sus peliculas son memorables, y no son pocas! A investigar!

  6. Isac Nunes

    Tuve la enorme satisfacción de ver a Lydia Kavina, quien es nieta de León Theremin, en un concierto con ese magnífico instrumento, el último 26 de julio aquí en Brasil, lo que resultó en una experiencia inigualable, por lo insólito que es el manejo de un instrumento musical con esas características, sin «tocarlo», y producir los sonidos más inesperados.
    Pues aquí la vemos a Lydia en alguno de los varios registros existentes en el canal Youtube: https://youtu.be/P-p5glK90gI

  7. Pingback: Theremin, la música de ciencia ficción - frikiocio.com

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