Fotografía: Javier Valeiro

Al historiador, en el despacho, se le reconoce por un atributo propio: las pilas de libros. Son ese rasgo característico, los árboles, del bosque de papel en el que se envuelve el logógrafo avezado. Santos Juliá (Ferrol, 1940) ha realizado muchos periplos entre la foresta de hojarasca siendo, así, reputado biógrafo de Manuel Azaña, notable historiador del socialismo español y reconocido sociólogo del Madrid reciente. Animado con una discusión sobre las bibliotecas, donde se queja de la «poca luz» que entra en los modernos edificios, nos recibió en su iluminado despacho sito en la laberíntica Ciudad Universitaria.
Naces en Ferrol, en 1940, pero cursas el bachiller en Sevilla, ¿A qué se debió este cambio familiar?
Mi padre era de la armada, capitán de máquinas, y participó en una operación que venía de una orden del Gobierno legítimo, de la República. Esta consistía en dar agua a un buque, el cual estaba en dique, y al terminar la guerra lo echaron, lo retiraron, de la marina. Y luego hubo de buscarse la vida. Fuimos a Sevilla, después de cinco años. Mi familia y yo —nací en el 40— primero nos establecimos en Vigo y vivimos allí como tres o cuatro años. Yo llegué a esa ciudad, a Sevilla, con seis años justos en 1946. Mi madre decía «qué calor… qué calor…» (risas).
En Sevilla conoces a un personaje fascinante y relativamente heterodoxo como es Ramón Carande, biógrafo de los banqueros de Carlos V. ¿Cómo acabó en el mundo franquista alguien en origen republicano?
Él ha dado explicaciones de su trayectoria. Era claramente alguien muy unido al mundo de valores de la Institución Libre de Enseñanza. Había pasado por Alemania, por una educación germana, y en su biografía política, siendo rector, evita a la policía de Primo de Rivera entrar en la universidad de Sevilla. Como muchos catedráticos de su tiempo perdió sus archivos, estaba trabajando en los Trastámara, y acabó en las finanzas de Carlos V. Cuando triunfan los franquistas no lo persiguen como lo hicieron con otros, pero pasa al anonimato. Lo depuran, lo echan de la universidad, y probablemente los que le rodean y le quieren le dicen que colabore. Pedro Camero del Castillo, un falangista, le dice que como protección se deje nombrar para un cargo y publique un artículo en la revista de estudios políticos.
Él se retira, conserva su finca en Cáceres, y se mete en el archivo de Simancas. Pasa años en ese archivo y pergeña Carlos V y sus banqueros. Él se fascinó con el personaje, no pretendía desmitificar al emperador, y fue consecuencia de sus estudios económicos en Alemania. El libro es excepcional, yo le ayudé en la edición resumida. Me agradeció llamándome en el prólogo «desprendido auxiliar en el uso de las tijeras». Me mandó un cheque y yo se lo devolví (risas). Por eso el desprendido.
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No es sólo el PSOE: es todo. Los políticos actuales no son más que el reflejo de la sociedad y es evidente que la sociedad está tan inmersa en la corrupción como lo están los políticos. Que nadie se engañe: la diferencia es que los políticos es que pueden robar más y mejor. Desde fuera se ve mejor todo. De hecho, sólo hay que mirar la historia reciente: de todos los años que España ha vivido en democracia, ¿cuántos años ha habido con bajo desempleo, con una sanidad que mejore, con unas pensiones que sean más generosas o con un sistema educativo que sea digno? ¿Cuándo han subido los sueldos y a qué velocidad? ¿Cuándo se han abaratado los precios de todo? Exacto: nada. El paro pocas veces ha estado por debajo del 10%, algo que en muchos países del entorno se considera altísimo. Lo normal en España es un paro por encima del 15 o 20%, porcentajes aún más altos entre la juventud. Los mileuristas hoy son casi privilegiados, pero los impuestos suben y los sueldos, no. El PSOE no está en crisis, ni el PP, ni Ciudadanos, ni Podemos, etc… El país es así y los partidos son así, pero considerando la mentalidad del español medio, esto no va a cambiar para mejor nunca más. Ni los partidos, ni la mentalidad de los ciudadanos, ni el paro, ni los impuestos… ni nada en el país. Las promesas son una droga que embauca a los ciudadanos cada 4 años. Olvídense. Para mi, la única posibilidad de salvación es que se produzca una caída tan brutal en las condiciones de vida en tan poco tiempo que sirva para despertar a los ciudadanos. Para eso, sería necesario que los pocos profesionales competentes que quedan en España se marchasen en tiempo record y creasen una crisis de infrastructuras y «material humano» que colapsase desarrollo diario del país.
Santos Juliá siempre me ha parecido un quiero y no puedo.Un tipo con las ideas claras, pero absolutamenta capaz de contradecirlas en virtud del pagador .Los viejos marxistas son así: citas de libros que no han leido, lecciones de democracia liberalista, aquello que vivieron, pero no sufrieron y piensan que los de la generación de los 60 somos imbeciles. En definitiva. mucho lirili y poco lerele,
Lo más irónico de tu comentario sobre Santos Juliá es que el tuyo es es igual que lo que pareces criticar del personajes en cuestión. No dices nada rotundo ni te mojas realmente en decir que te molesta de él . Básicamente, mucho lirili y poco lerele. Teniendo en cuenta que estamos hablando de un historiador importante de la historia contemporánea de España y de Azaña («Historia intelectual de las dos Españas» p.e.) esperamos una crítica más sólida, más meditada.
¡Coño, Michael! ¡Si que estás puesto en el tema de la política española! ¡No me comentas nada de eso en la era, entre trago y trago de vinazo!
Esta situación es la consecuencia de la Tercera Vía. Desde el PSOE se ha gestionado y vendido mal la necesaria abstención del PSOE: https://sergileal.com/2016/08/30/la-necesaria-abstencion-del-psoe/
Tanta ideas como contradicciones reflejo de quien ha estudiado y leído mucho, pero dudo bastante que lo haya digerido. Como él manifiesta: risas. Todo un símbolo de que no se cree nada de lo que afirma.
La verdad que este PSOE necesita renovarse y mucho: por tanto es hora de tener pronto ese gran Congreso Socialista.—!!!
No se preocupe señor, con Susanita todavía habrá momentos más bajos. Y usted que lo vea
Sr. JUlia, permitame poner un pequeño comentario a su articulo sobre el PSOE. El Partido Socialista esta mal ya de por si, por os ultimos comicios que le fueron degradando a posiciones cada vez mas bajas, pero sobre todo por su exsecretario general el Sr. Pedro Sanchez, que esta poniendo todo su empeño con lso comentarios y los viajes, en que cada vez caiga mas bajo. Pedro Sanchez no asume su derrota y sigue martirizando al PSOE, y digo al PSOE y no a su partido porque el no parece Socialista.
A juicio del entrevistador y entrevistado lo más impactante y sensacionalista de esta muchas veces tan anodina como larguísima conversación es que el PSOE pasa por los momentos más bajos de su historia. Grandísima noticia, vive Dios!
Una gran entrevista y un enorme intelectual. Muy por encima de los comentaristas que aprovechan el anonimato para descalificar sin argumentos e insultar sin sonrojo.
Es absolutamente necesario recuperar al PSOE. Es verdad que los políticos reflejan la corrupción de la sociedad, es innegable. Ahora bien, ha habido progresos y mejoras indudables. No se puede cambiar de la noche a la mañana una sociedad educada en la coacción, el miedo y los abusos (bajo el franquismo). Creo que las sociedades filantrópicas tienen que abrirse más aún e iniciar una regeneración ética urgentemente. Pedagogía sin descanso y esperar largos años.
40 años desde 1976 y de la noche a la mañana dices.
«…Hay lo que creo que está bien denominado «ruptura pactada». La ruptura era amnistía, libertades de todo tipo, reconocimiento de derechos humanos, disolución de las instituciones del régimen..». leer para creer …disolución de las instutuciones del régimen… que necesidad de desacreditarse con semejantes afirmaciones, instituciones fundamentales de un estado fueron las mismas de la dictadura, policía, ejercito, judicatura, prensa, poder económico, etc… Ni aún hoy en día estas instituciones son autenticamente democráticas y por supuestos han sido y están siendo utilizadas en beneficios de los dos grandes partidos de la transición de manera absoluta y con total impunidad.
la policía y el ejercito tuvo una función profundamente represora contra mucha gente, que si fueron los que en verdad trajeron la libertad real con su empuje y decisión. En fin,señor Julia que necesidad hay de semejante papelón.
Un entrevistado muy risueño, el señor Santos Juliá, de lo que se desprende de la lectura de la entrevista. Santos Juliá es considerado «el biógrafo» de Manuel Azaña por el ‘star system’ historiográfico español, aunque lo correcto es decir que ha sido el único —hasta la fecha— que ha podido pastorear, con todo lo que eso significa e implica, todos los textos de Azaña. Pero mucho antes que él José María Marco ya había escrito tres libros sobre Azaña, uno de ellos una biografía publicada en Mondadori, 1991, así como «La inteligencia republicana» y «La creación de sí mismo», en Biblioteca Nueva, 1988 y 1991, respectivamente.
Llama poderosamente la atención, y eso dice mucho de la calidad y la ética deontológica e historiográfica del señor Juliá, que en su biografía sobre Azaña no aparezcan citados en su bibliografía estos tres textos de José María Marco anteriores al suyo. En un país medianamente serio, por ejemplo, Alemania, su biografía habría sido destrozada y su comportamiento lo habría estigmatizado por algún tiempo; porque un historiador de su categoría, o la de los que se la reconocen, NO puede hacer estas «cosas», propias de un estudiante del corta y pega que todos hemos tenido en clase. Un historiador serio lo que busca es dialogar con otros textos anteriores al suyo, los refuta, si es necesario, pero insoslayablemente los debe de citar. Pero Santos Juliá pertenece a esa «casta», permítaseme la calificación, de personajes instalados en la universidad española, que dicen lo que está bien y lo que está mal.
En España este tipo de …, cómo las llamamos para que nadie se ofenda: «omisiones», ‘desconocimiento», «ninguneo», «desprecio» o lisa y llanamente fagocitación de lo escrito por otros a los que se no se cita para que un hipotético lector no avisado, ni digamos especialista en la obra de Azaña, pueda ver/cotejar cuánto hay de nuevo —que lo hay— en su biografía. Alguien se puede creer que Santos Juliá no conoce lo escrito por José María Marco y otras personas que han investigado a Azaña. Si resulta que está rodeado por pilas de libros, según se reconoce y se ve en las fotografías de la entrevista.
El Azaña que construye la biografía de Santos Juliá es bastante angelical, un político inmaculado, casi sin errores, una suerte de sujeto patético en contraposición al político y personaje que la dictadura de Franco y sus historiadores crearon: el diablo con rabo, que trajo el mal hasta después de la llegada de la democracia a españa. Y no, Manuel Azaña no es ni lo uno ni lo otro, como desde Juan Marichal a otros estudiosos de su obra literaria y política han analizado y estudiado. Lo cierto es que muy poco aprendió del magisterio del gran Ramón Carande.
Pero hete aquí que aparece Santos Juliá y decide que como él ha tenido acceso a los textos de Manuel Azaña que posee la familia, cuando deberían, deben ser patrimonio del Estado (Jorge Semprún tuvo la responsabilidad de hacerlos accesibles a todo el interesado; él, que era medio francés, de haber tenido la autoridad no se habría atrevido a hacer esto en Francia), se saca de la manga un Azaña nuevo a la vez que oculta y silencia los textos de otros estudiosos del alcalaíno. ¿Cómo interpretamos este hacer y proceder? ¿Este tipo de argucias, las llamamos así, por no decir algo más fuerte y preciso, son aceptables en el mundo académico e intelectual? Me temo que no en un país en el que a todos se les exijan los mismas deberes y derechos. Pero en otros países, curiosamente, el ministro que copia parte de una tesis para escribir la suya dimite al día siguiente.
La impudicia intelectual: Ahora resulta que Santos siempre ha sido un intelectual de izquierda, marxista weberiano, historiador, sociólogo de las revoluciones, revitalizador del pensamiento de Azaña como político e intelectual que intentó reconducir y solucionar los enfrentamientos seculares de la España contemporánea, recreador de la Transición política como fórmula adecuada para encauzar la convivencia política y social en este país, intérprete de una visión de la guerra civil, de la historia del PSOE, de las concepciones intelectuales sobre España…Es su derecho y su libertad a interpretar como considere los apartados de historia que aborde y hay que decir que lo hace con argumentos a considerar aunque no se compartan. Aunque no parece tener mucha «cintura liberal» al modo de Stuart Mill cuando alguien osa discutir sus tesis y lo califica de «vil», «deshonrado» o «retorcida mente» como hizo con Vicenç Navarro en 2010 por su visión opuesta a la suya de la Transición española, o con aquellos a los que acusó de injuriosos porque discutieron sus opiniones sobre la Memoria Histórica en la revista Digital Hispania Nova. O dar lecciones a los dirigentes socialista por no reconocer su interpretación de la ruptura histórica entre el sindicato y el PSOE. Y es que forma parte de ese género de algunos intelectuales madrileños – sí, fundamentalmente madrileños,- que se consideran superiores intelectualmente, y cómo alguien osa discutir sus argumentos. (En Madrid en cada esquina siempre hay alguien que te cita a Ortega como el gran -y único- intelectual que ha habido en España en el siglo XX) Están orgullosos de haberse conocido, miran con superioridad a todos y consideran que la mayoría no están a su altura. Desprecian cuanto ignoran, como diría Machado. Están en el paradigma del despotismo ilustrado y tachan de populismo a todos los que consideran ignorantes. Y aunque sus argumentos puedan ser razonables, incluso se puede estar de acuerdo con ellos, no aceptan con deportividad contrarréplicas y enseguida reaccionan con virulencia. Así, se entiende que enciendan las reacciones de la periferia. Contribuyen, aunque no lo pretendan, a los problemas nacionales de este país. No se trata de que catalanes, vascos y otros periféricos no tengan sus déficits intelectuales, es que cuando oyen o leen a personajes como Santos saltan indignados ante esa superioridad que manifiestan. Y, sobre todo, cuando hacen saldos de su vida olvidando episodios de su trayectoria como si eso no hubiera sido más que algo sin importancia en su formación: Este intelectual ha sido sacerdote católico, lo que también se conoce como presbítero, confesor, e incluso tal vez aspirante, según su propio testimonio, a obispo si no hubiera seguido el camino académico, y ha formado parte de la concepción del mundo de la Iglesia Católica española para lo bueno y lo malo. Y eso no es en ningún caso ninguna mancha curricular, ni algo que uno tenga que despreciar ni ocultar, pero parece que hay, en su caso, que olvidar para no estorbar el expediente de intelectual independiente. No son capaces de partir de sus raíces y aceptarlo con normalidad. Una vez escuché a Dionisio Ridruejo decir: «fui un fascista porque creía en ello» y aceptar aquella condición para tener siempre un comportamiento coherente y pisar incluso la cárcel franquista. Pero no, en este caso siempre parece que fue un intelectual comprometido, mandando artículos a los medios del PCE y destacar su convivencia con gente comprometida para destacar sus raíces. Si, conoció a Muñoz Suay (con risas) que como algunos sabemos porque nos lo confeso en un día de vino y rosas que fue confidente de la policía franquista. Es lo que cuenta Canetti en «Masa y Poder», hay que estar donde convenga para formar parte de esa estructura que debe ser siempre referente de lo que es justo y equitativo. No me extraña que haya gente para desgracia de España que quiera independizarse
Esta entrevista, en el momento en el que pasa del debate teórico a la experiencia personal, refleja muy bien un defecto sobre cómo se interpretan los análisis sobre el franquismo en base a los testimonios de los intelectuales de la época:
Un protagonista (en la medida de que vivió esa época) narra sus vivencias como disidente… pero en la medida de que ese disidente puede participar de la academia, puede emigrar a EE. UU. o Francia… su vivencia no tiene nada que ver con la del español medio de a pie ni con la del emigrante «gastarbeiter». Es ahí donde el relato de «las dos Españas» falla. La de la España franquista está clara. Pero la otra, tenemos que dividirla entre los intelectuales (sean Juliá o Semprún), los maquis y entre los que bastante tenían con seguir adelante (desde muertos de hambre a «nacionales» sin premio).
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