Gabriel Albiac: “El Plan Bolonia es la desaparición de la universidad” - Jot Down Cultural Magazine

Gabriel Albiac: “El Plan Bolonia es la desaparición de la universidad”

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No creo en la magia…” es el inicio de la monótona y apasionada letanía, acompasada por los sincopados acordes al piano de Billy Preston, que asienta la parte más emocionante del himno ateo God en Plastic Ono Band (1970) de John Lennon. Esta sucesión de ídolos caídos de los 60 bien podría ser la de Gabriel Albiac (Utiel, 1950), filósofo desencantado —lo que él llamaría un pleonasmo— que sobrevive en la cárcel de papel de su pequeña buhardilla cerca del centro de Madrid. La biblioteca, ordenada y sumamente variada mezcla antologías de Joseph De Maistre con el diario de Barry Miles de los Beatles, sorprende por su dedicación y especialmente por una estampa de Antonio Gramsci en su veintena con una confiada mirada juvenil. ¿Espejo de su cautiverio intelectual actual? En todo caso metáfora, él que está cansado de ellas, de un paraíso artificial construido a la medida de un gran bibliófilo.

¿De dónde viene tu pasión eterna por la literatura francesa? ¿Qué autores leías de pequeño?

La pasión por la literatura francesa es ya relativamente tardía. Más bien creo que se daría a los 15 o 16 años, en el bachillerato. En mi época la mayoría de centros de enseñanza ofrecían el francés como lengua. Para mí, además, el francés fue un cierto medio de escape respecto a la sordidez del clima español. Ten en cuenta que estamos hablando de 1965 aproximadamente. Creo que mi vicio por la literatura es común a la gente de mi edad: la lectura desde muy niños fue nuestro modo de escapar de un mundo aburridísimo. Teníamos dos vías: el cine y la literatura. Mis lecturas iniciales, más bien, vinieron por el lado de los clásicos. Sé que a la gente le resulta pedante, pero no lo es en absoluto: para los de mi edad era muy normal empezar leyendo a Homero antes de los 10 años. Leer buena parte de los clásicos de la literatura castellana siendo un crío. Y es ahí, en el bachiller, cuando se produce en mí el cambio de lengua, que en cierto modo es la proyección del verdadero deseo, el deseo de París. Yo nací en 1950, hijo de un padre condenado a muerte en 1939 que se salvó de la ejecución de milagro, en una familia bastante golpeada por la represión franquista, y más allá de esos antecedentes familiares una persona que no fuera imbécil tendría que encontrar ese marco insufrible. Pero, naturalmente, la apropiación de otra lengua era una vía de escape, y junto con esta llegó inmediatamente la literatura. Llevaba años, eso sí, metiéndome en autores que de algún modo me daban otra perspectiva. Y en aquella época eran los Camus, Sartre, Aragon, Breton… Todo ese mundo, en definitiva, que posibilitaba situarte en la imaginaria contemporaneidad que geográficamente no teníamos.

¿Llegaste de la literatura a la filosofía? ¿O quizá de la política a la filosofía?

Creo que en realidad la distinción entre filosofía y literatura es sumamente artificial: la filosofía es una variedad de escritura para ser exactos. Y eso creo que cualquiera que haya leído a Platón lo sabe perfectamente. Cuando uno lee en particular las páginas finales del Fedro se establece que la grafe, la escritura, es a fin de cuentas un juego dentro de esa centralidad que en el siglo XVII Pascal señalará: cómo demonios podría soportarse la propia vida. Entonces, la filosofía no es nada más que un juego de segundo grado; es la escritura de la escritura. La escritura que gira sobre las propias condiciones de escribir. ¿Hay distinción real entre Sófocles y Platón? Siempre he intentado establecer en clase que si la hay es problemática, y de establecerla la introducimos nosotros. En realidad, lo que hace Platón es un segundo ejercicio de escritura sobre la escritura de la tragedia; una tragedia de segundo grado, y que en ese plano no se puede hacer. 

Siguiendo con tu afirmación de “constante reescritura”, recuerdo leer a Fernando Savater citando a Platón: la propia sujeción de los textos a un soporte los invalidaba.

Es el espíritu de la tragedia. Eso Colli lo dice maravillosamente en sus trabajos, en El nacimiento de la filosofía. La idea de que la filosofía nace con Platón y todo lo demás son anotaciones, notas a pie de página, con lo cual estamos realmente ante una disciplina propia de la propia lectura.

Referente a tu padre represaliado y siguiendo con cuestiones terminológicas, ¿te incluyes dentro de la memoria histórica actual?

Lo primero, el término “memoria histórica” es una contradicción en los términos: o es historia o es memoria. La memoria es auto legendaria y solamente se puede tomar como un elemento más entre los elementos de documentación. Por lo tanto, el historiador, el que hace la historia, debe conocer que la memoria es de cada uno de nosotros y es afectiva. Tan estúpido es decir que uno de nosotros no posee afectos como confundir, a continuación, los afectos con los datos. En cuestiones de mi biografía, mi padre era militar republicano de carrera: fue uno de los jóvenes oficiales que hicieron el golpe de Jaca meses antes de la llegada de la República, lo cual le supuso la condena a muerte. Luego, en la guerra civil, fue uno de los militares que se mantuvieron fieles a la República y al acabar la guerra en un azar… ¿recuerdas la anécdota tan graciosa de Foxá que dice “el franquismo es una dictadura muy atenuada por la incompetencia?” Yo existo sencillamente por incompetencia, una incompetencia que permitió que a mi padre no lo fusilaran.

La mejor anécdota de Foxá sobre el franquismo, que recuerdo citar a Umbral, es su llegada a Alemania con otros camaradas falangistas y declamar aquella frase definitiva al ver los desfiles nazis: “Estos van en serio”. 

Hay una muy tardía, que puede que sea falsa pero que da igual: da muy bien el estilo Foxá. En una de las celebraciones del franquismo, Franco se cruza con Foxá borracho —al que no soportaba— y este último empieza a declamar una y otra vez: “Yo odio a los comunistas”. Y todos le dicen “Sí, Foxá, ya lo sabemos…” Hasta que no muy consciente acaba diciendo “Yo odio a los comunistas… porque gracias a ellos he acabado con ustedes.”

¿Has leído las novelas de ciencia ficción que han republicado de Foxá?

No, no me he enterado, no conozco bien toda su obra literaria. Pero debo decir que una de las mayores injusticias de los historiadores de la literatura actual es menospreciar una novela como Madrid de Corte a Checa, que es uno de los testimonios claves del Madrid de la preguerra.

Me parece muy superior a La forja de un rebelde como ejercicio de estilo.

Pero el olvido de Foxá parte de un absurdo. Es como borrar las novelas de Céline por ser éste lo que era. Céline era un hijo de la gran puta, pero también un escritor fastuoso.

Volviendo otra vez a tu biografía, ¿en qué fecha llegas a Francia? Recuerdo haberte leído que te escapaste en un coche.

No, hombre, qué tontería… La primera vez que viajé a París lo hice como lo hacíamos todos en la época: en el año 1969 no teníamos ni un duro y yo salí de Madrid con 200 pesetas en el bolsillo y en autostop. Llegué de madrugada a París, lo recuerdo perfectamente, y obviamente no había ningún lugar donde meterme; pasé la noche dormido en un banco delante de la Iglesia de Saint-Germain. Ahora mismo a los chavales no se les ocurre que se puede viajar así; a los dos días te daban trabajo de barrendero y vivías estupendamente.

El propio testimonio de Costa-Gavras sobre su llegada a París no es muy distinto al tuyo. Un tipo de emigrado político muy bien acogido en la ciudad.

Eras muy bien acogido. Mi primer viaje a París es en el verano del 69. Este verano es clave para la extrema izquierda estudiantil española: en este año se disuelve el Frente de Liberación Popular. Por un lado se establece la izquierda revolucionaria y por el otro todos los grupos maoístas españoles se configuran por primera vez. París en el año 1969 era una especie de sucursal de la Universidad Complutense de Madrid. Tienes que tener en cuenta que es el año del estado de excepción, que en enero había sido el asesinato de Ruano (estudiante de Derecho) y que como consecuencia del clima buena parte del movimiento estudiantil ya estaba exiliada.

¿Cómo llegaste a ser discípulo de Althusser? ¿Cómo era el debate de ideas de la Francia de los 70? ¿Qué queda de este debate?

Lo que te he contado es un poco anterior. Yo entré en contacto epistolarmente con Althusser en el 70 y me respondió con una cortesía extrema. Respondía con todo lujo de detalles y amabilidad a una carta de una criatura de veinte y pocos que le mandaba un artículo sobre Marx, con todos los errores posibles. Cuando acabé la carrera, que fue en el 72, Althusser me ofreció hacer la tesis con él y tuve la suerte de obtener una plaza de asistente de español en un colegio parisino que me permitió mantenerme. 1973 fue la oportunidad intelectual de mi vida: obtener el favor de Althusser (que ya no daba clase, estaba un poco fastidiado…), ser contemporáneo y leer los grandes trabajos de inicios de los 70 de Lacan, Levi-Strauss, Foucault, Balibar… Era un momento esplendoroso: esos inicios de los 70 son el momento más brillante de la cultura académica francesa.

Es muy difícil no imaginarte como uno de los estudiantes de la paradigmática La Chinoise (1967) de Jean-Luc Godard.

¡Ah! ¡La Chinoise! La vi en el 69 en la Filmoteca. Y además con un grupo de amigos maoístas que salieron todos muy cabreados. A mí me encantó porque era un pedante y me lo pasaba pipa. Ver de pronto al cachondo de Jean Pierre-Leaud dialogando con pasajes enteros de los textos del tiempo.

Has comentado en muchas ocasiones que las revueltas de 1968 fueron el fin del viejo paradigma marxista. ¿Crees que fue también el inicio de otros -ismos como el ecologismo o feminismo?

Todo eso vino después. Pero si analizas los textos del 68, sobre todo los acontecimientos del 68 (lo traté de hacer en mi libro del evento: Mayo del 68: Una educación sentimental), lo que te encuentras es con un proceso clásico. Es completamente ortodoxo: es la idea de la insurrección general, la huelga general y la toma del poder. Lo fascinante del 68 es cómo tienes todos los elementos que en el plano teórico están tipificados como el acto revolucionario, todos desplegados sin que falte uno… y sin embargo lo que te encuentras es que no hay cambo político. ¿Y ahora qué diablos hacer? Naturalmente se puede hacer, no lleva a ninguna parte, pero lo fascinante no es llegar al lugar al que no llegó; lo fascinante es que se puede y por lo tanto todos los modelos de finalidad, de mediación por otra parte, se revelan como una tomadura de pelo. Los partidos y los sindicatos aparecen como empresas y sus militantes como contratados.

Existe una comparación clara entre este proceso revolucionario de 1848 y 1868, revoluciones mucho más culturales que políticas.

Es también la tesis del libro, de ahí el título, como sabrás: Una educación sentimental. Un homenaje a Flaubert. Y esa es la idea clave: el ciclo de revoluciones socialistas se da entre estos dos periodos.

Existe en tu obra literaria una rara pulsión, un intento constante y extraño en este país de separar la mitología de los hechos. ¿Crees que en España existe, como decía Arcadi Espada, una apoteosis de postmodernos sin haber entendido las propias ideas clásicas de progreso?

No hay ninguna duda. Arcadi es un tipo extraordinariamente inteligente y yo creo que hemos respondido muchas de las cuestiones, por caminos muy distintos, con conclusiones parecidas. Este es un país en el que todo el mundo está de vuelta sin haber estado nunca de ida. Para regresar hay que haber estado en ese sitio. Todo el mundo es más moderno de lo más moderno sin haber pasado jamás por el clasicismo. Eso significa que no hay nada: tu pasas la uña, se te va el esmalte y debajo lo que aparece es la misma mugre de siempre. Mira, sé perfectamente que soy un antiguo, muy antiguo, y a que fin de cuentas mi formación corresponde al siglo del Barroco. Trato de saber dónde estoy y trato de hablar únicamente de lo que conozco, cierta seriedad. Es todo la jerga… la jerga del mundo pseudo-intelectual español, la todavía más patética jerga del mundo que se define como académico.

Arcadi tuvo en su bitácora una interpretación sobre el grabado de Goya El sueño de la razón produce monstruos como prueba clara de esto mismo. En Francia, creo, lo interpretaban como “mientras la razón duerme…” mientras que aquí todo libro académico lo une a “la razón y su ensueño crea monstruos”. 

Eso es una mala lectura, es puro analfabetismo. No hay discusión posible. En español el término “sueño” tiene dos acepciones: dormición y ensoñación. Si coges cualquiera de los estudios clásicos fuera de España sobre Goya nunca se traduce por ensoñación, sino como letargo. Es perfectamente claro, pero por Dios, es que no puede ser otra cosa. En Goya, en un ilustrado del tiempo español, es el adormecimiento de la razón, el letargo de la razón, el embrutecimiento de la razón lo que produce monstruos. Cuando Malraux traduce en su libro estupendo sobre Goya utiliza el término sonner (soñar). Es un disparate traducirlo de otro modo, es no haber entendido una palabra sobre Goya o la Ilustración española.

En tus últimos ensayos parece haber un abandono del pensamiento moderno y una vuelta a los clásicos; a Maquiavelo, Pascal o Spinoza. ¿Sobreviven mejor sus doctrinas que mucha de la jerga posmoderna actual?

Siempre he defendido en clase que no se puede historiar a menos de tres siglos. No tengo ni pajolera idea de lo que quedará del siglo XX, pero probablemente dentro de tres siglos nos llevaremos sorpresas. Eso se ha hecho en algún terreno: en el de la historia del Arte lo hace el mismo Malraux con mucha inteligencia. Cojan ustedes al más fino de los críticos artísticos de final del XIX, comparen ustedes con lo que ve Baudelaire en el Louvre y qué es lo que vemos nosotros. ¿Qué es lo que considera a finales del siglo XIX un crítico de arte como lo eterno, lo inmortal? Compáralo con lo que lo consideramos ahora nosotros. No se debe hacer valoración de ningún tipo con algo con lo que no tenemos distancia. Debo decir que, profesionalmente, siempre he procurado negarme a hacer análisis académico del siglo XX —aunque puedo hacer lecturas o apreciación—. Y tengo claro que toda la historia de la filosofía ha sido y seguirá siendo anotaciones a pie de página de Platón, como te dije antes. Naturalmente, a pesar de esto, creo que la gran cesura en el pensamiento occidental es la que se produce en el siglo XVII en el Barroco.

En el tiempo que te formaste ¿era muy reducido el número de filósofos materialistas en España? La única escuela que publicaba en los periódicos y dominaba las cátedras eran los seguidores de Ortega.

La filosofía para la gente de mi edad en los 70 estaba en una situación muy penosa. No digo que esté mucho mejor ahora. Había, por un lado, el mundo académico que era penoso, con todas la objeciones que se quieran, y después había una añoranza orteguiana que a la gente mayor que yo a lo mejor le producía un cierto interés… pero era un pensamiento muy blando, muy poco consistente, que me quedaba tan lejos como la escolástica. Esto tuvo un corte importante y muy grande: todos nos tuvimos que formar en otra lengua, la que fuera, y de preferencia, marcharnos fuera. Esto no tiene mucha gracia, porque en una práctica dedicada al ámbito de la escritura como es la filosofía la pérdida del idioma se paga.

¿Es cierto que nada más obtener la plaza en la Universidad Complutense pediste que retiraran el crucifijo de la sala de profesores de la Facultad de Filosofía?

Eso fue cuando era profesor titular, adjunto, en 1979. Nunca suelo ir a las juntas, no me gusta el mundo académico, pero un día tuve que ir y me encontré para mi sorpresa con un crucifijo. Y es verdad: tengo un absoluto respeto a las distintas creencias religiosas y no soy creyente de ningún tipo. Pero precisamente porque sé hasta qué punto ha sido costoso en occidente el lograr una condición en la cual no exista constricción de creencia. Por eso me parece básico el respeto a ciertas normas constitucionales básicas que yo diría sobre todo se asientan a partir de la ley en Francia de 1905. Una de ellas vigente en España, y es que los centros académicos estatales no tienen un carácter confesional y por tanto no se pueden mostrar esos símbolos.

En 1979, conociendo el país y esa universidad, tiene no poco mérito.

Pues sí, pero no creas: la verdad es que para aquella época todo estaba ya bien decantado. Existe un texto muy divertido de W.H. Auden —ya sabes que Auden aparte de su gran trabajo como poeta es un ensayista estupendo—, aterrador, pero no carece de consuelo: dice que ante la figura de un pensador, de un escritor, de un intelectual, de cualquiera que se plantee enfrentarse al poder de manera seria, el poder tiene dos opciones por igual eficaces: uno, mientras es posible se le extermina; dos, cuando no es posible se le blinda como excéntrico. Entonces, es intocable pero a su vez no puede tocar a nadie. Yo soy de los segundos, pero tengo perfectamente claro que aunque sea tan inútil como para haber sido de los primeros por lo menos es menos desagradable.

Han publicado hace poco, con textos de tus clases en la universidad, un ensayo sobre la construcción de lo político en el mundo moderno. ¿Consideras realmente la política una ficción? ¿Un juego de espejos con el objeto de construir súbditos?

Naturalmente. Y no es una manía mía, lo descubren Maquiavelo y Etienne de La Boetie. La política no es otra cosa que el sistema de engranar ensoñaciones bien trabadas.

Si la política es, entonces, una máscara, ¿cuál es la esperanza para los jóvenes que acampan en Sol, Wall Street y otros lugares del planeta?

Un sistema de máscaras, mejor. Lo primero que tiene que hacer todo aquel que quiera ser libre es tirar la esperanza al cubo de la basura, ahora y siempre. Spinoza decía, y ese es uno de los grandes hallazgos del Barroco, que hay dos mecanismos blindados de servidumbre: el miedo y la esperanza. Se somete a la servidumbre a los hombres poniéndoles un temor insuperable o induciéndolos una esperanza para controlarles. De los dos procedimientos de Spinoza, el primero puede ser roto. El segundo es el más terrible, el más difícil de romper. Si alguien quiere ser libre lo que debe hacer es actuar sin esperanzas. Y una vez dicho eso, ¿se puede romper algo? Se puede romper algo siempre que no aspires a estructurar categorías de totalidad ya que con ellas recuperas la visión finalística del mundo y recompones el sistema de sujeciones. Podemos decir eso ahora, en la actualidad, porque podemos analizar la experiencia de las grandes hipótesis de totalidad, los totalitarismos de entreguerras y las consecuencias que tuvieron: la creación de modos de representación del mundo finalísticos. Si alguien quiere ser libre debe eliminar cualquier tentación finalista.

El eterno retorno a la fiesta del ser supremo de Robespierre.

Esa es la historia, naturalmente. Cuando Robespierre arremete contra Cloots, el barón de Cloots (un noble prusiano ateo), un tipo un poco loco que en medio de la guerra civil se tira dos horas en la Convención Nacional demostrando que no existe Dios, busca evitar la ruptura de las sujeciones previas. Si este dice que Dios no existe, entonces el papel que debemos cumplir, “induzcan en la tierra el papel que ha sido proyectado por el cielo…”, queda deslegitimado. Lo que hay que hacer es todo lo contrario: apropiarnos de la idea de Dios.

¿Has llegado a leer el libro de Pedro Jota sobre la Revolución Francesa?

Estoy echándole una ojeada, pero todavía no puedo decirte porque es un libro de un volumen considerable y hay que ir a poco a poco. Él parte de una hipótesis, la propia de la mayoría de los historiadores serios, y es que la Gironda, los girondinos, no ha sido un movimiento organizado, sino más bien una serie de personajes que son construidos como movimiento por sus adversarios para poder demonizarlos y hacer lo que Carl Schmitt teoriza tan bien en sus libros de teoría política: hasta qué punto uno construye su propia identidad demonizando al prójimo.

Es interesante lo que citas del debate Robespierre y Cloots respecto a la existencia de Dios. Aquí, en tiempos tardíos, en el Sexenio Democrático, un diputado republicano federal, Francisco Suñer Capdevila, defiende la inexistencia de Dios (El célebre discurso “Guerra a Dios, a la tisis y a los reyes…”) y el general Serrano le responde: “Usted no tiene vergüenza al faltar a Dios y a su señora madre…” 

¡Y acuérdate hasta cuándo se prolonga! Acuérdate cómo se inicia la novela de Foxá: la votación de la existencia de Dios en el Ateneo. Y con el pobre Azaña en su despacho diciendo “Están ustedes locos, están ustedes locos…”

Volviendo a tu biografía, regresas a España a finales de los 70. ¿Cómo era el contraste entre aquel París de jóvenes enzarzados en discusiones bizantinas y la España de la Transición?

Me voy en el curso 72-73 a París y cuando estaba tan tranquilamente descubro que me retiran la exención del servicio militar. Una era por causas físicas, una lesión en el hombro, y otra como cabeza de familia. En el 73 vuelvo, hago el maldito servicio militar, por aquella época era ya militante del PCE —desde 1970— y me marché de este en el 77 o 78. Volví aquí, pero eso sí, mantuve siempre un pie en París y solía ir con cierta frecuencia, lo cual me permitió seguir los trabajos académicos y llegar a paradojas muy divertidas: por ejemplo, La Sinagoga Vacía (1987) cuando la encuentras citada, sobre todo con autores americanos, siempre es con la edición francesa y a mí como un autor francés, lo que no deja de tener su gracia. El contraste cultural de un país a otro era pasar del día a la noche. Cometí el mayor error de mi vida aceptando volver, pero tenía un padre que era muy mayor. Nadie sabía cómo iba a acabar la dictadura, y en ese momento las debilidades personales pudieron más que la lógica académica.

¿Cómo conociste a Jiménez Losantos, Alberto Cardín y el resto de grupo de Diwan? ¿Quizá por vuestro común interés por Freud?

No personalmente, pero sí desde lejos. Primero a Cardín…

Cardín es uno de los intelectuales más precoces y agudos de ese tiempo. Se adelanta a muchos temas de dominio actual (género, antropología…) como veinte años.

Sin duda de ningún tipo. Y para quien quiera trabajar sobre Cardín, que merece una tesis o lo que diablos sea, hay que decir que la Fundación Gustavo Bueno conservó toda su biblioteca íntegra. Y debo decir que eso es esencial: una de las cosas que le preocupa a uno cuando va teniendo cierta edad es el futuro de su biblioteca. Volviendo a Diwan, los conocí leyéndolos. Mi situación con Cardín, además, era lo más gracioso. Yo no lo conocía de nada y cuando publiqué mi primer libro, Althusser: cuestiones de leninismo, de repente me encuentro una crítica suya fastuosa poniéndome por las nubes. Yo era una criatura de 27 años, podría tener su interés, pero tendría unos disparates enormes. Al siguiente libro que publico aparece una crítica de Cardín poniéndome a caldo. Pero, igualmente, habiéndose leído el libro meticulosamente. Cosa que no se hace jamás en España. Y así sucesivamente con mis libros. Cardín ha sido de los lectores más finos y más rigurosos que he tenido y la gracia del asunto es que pasaba de las críticas excelentes a las bofetadas monumentales. No lo conocí personalmente hasta mucho después, a final de los años 80, y en el trato personal me pareció una persona encantadora, con todo lo agresivo que era escribiendo, y un tipo con una gran formación.

Diwan era una revista pionera en el análisis de género y psicoanalítico, ahora algunos afirman que Jiménez Losantos es un intelectual de bajo perfil.

No, no, qué disparate. Lo que pasa es que tanto Federico como Cardín empiezan en un terreno que es más teórico y, bueno, las necesidades laborales van encarrilando el trabajo por determinadas líneas. Pero te digo una cosa, el libro de Federico de Barcelona de hace 3 o 4 años (La ciudad que fue) es probable que sea uno de los mejores retratos generacionales de la extrema izquierda.

Volviendo al clima político de esta extrema izquierda, ¿cómo vio el antifranquismo de primera hora el fracaso electoral del PCE y su sustitución como fuerza hegemónica en la izquierda del PSOE? ¿Sigues defendiendo que el PSOE fue financiado por la CIA y la socialdemocracia alemana?

Lo del PSOE es un dato, no una valoración mía. En el momento en que se vive la Transición no había PSOE, en las vísperas de la muerte de Franco no había PSOE. Sólo había dos cosas organizadas: el partido comunista y la extrema izquierda que había nacido en el 1969 que he citado, aunque tenía raíces más profundas. Pero, recordarás, que antes de lo que sucede en España existe Portugal. Portugal asusta terriblemente a las autoridades españolas. Es el último decenio de la guerra fría, cosa que no se sabía, pero es de suponer que alguien sabría que estábamos en la fase final de este conflicto. No se podía permitir bajo ningún concepto que existiera un segundo frente en Portugal y en España. Y en Portugal tanto Saraiva como una buena parte de los militares estaban muy cercanos a los servicios soviéticos. En lo que concierne a España todo el mundo sabía que había una fuerza organizada, con estructura sólida, que era el Partido Comunista de España, y por lo tanto había que crear una fuerza alternativa. Y si esa fuerza se creaba correctamente, si se le daba medios materiales para ello aunque no tuviese más que las siglas y el dinero, ganaría las elecciones. En eso no había la menor duda. Tanto los servicios de inteligencia norteamericanos como los sindicatos y la socialdemocracia alemana pusieron lo que hacía falta. Que eso se haya convertido, desde sus inicios hasta hoy, en una inmensa máquina de corrupción habrá asombrado a quien quiera asombrarse. Los que sabíamos lo que había aquí, y lo sabíamos desde antes de la Transición, teníamos que hacernos el tonto para no verlo. No había sorpresa en ello: estos señores no son un partido político, estos señores son una agencia de empleo.

¿Crees que es necesario un revisionismo historiográfico sobre la Transición? 

Todo lo que se ha escrito sobre la Transición son tonterías. Entramos en lo que te decía hace poco: historiar, no te digo tres siglos, pero a una cierta distancia, es imprescindible. Toda la documentación que tenemos sobre la Transición es falsa.

Más bien no hay documentación: no se puede acceder a los archivos. Y no se planea una ley de archivos.

Yo tenía 25 años en la Transición, era un crío, pero sé perfectamente lo que he visto. Y sé perfectamente que lo que cuentan es mentira. Mira, de los libros buenos que se pueden consultar están los de Gregorio Morán. Él ha hecho una labor que no ha hecho nadie en este país: coger los archivos del Partido Comunista de España cuando llegaron a España y sacar todo ese material. Con una inmensa ventaja. Le desafío a que vaya usted ahora a esos mismos archivos y encuentre la totalidad de los materiales utilizados por Gregorio.

Precisamente, sobre las mentiras de la Transición, en la biografía de Suárez de Gregorio Morán cita una carta al Sha de Persia de Juan Carlos I en la cual éste le pide de manera oficial dinero para la UCD. El Rey, literalmente, rompe su papel de mediador y actúa como Isabel II en el siglo XIX.

La Transición se podrá historiar alguna vez, supongo, cuando los archivos de los servicios secretos puedan salir a la luz. Cuando se pueda acceder a los archivos soviéticos del tiempo, cuando se puedan tener los archivos de los servicios secretos americanos, los militares aquí en España. Mientras tanto, lo que hacemos es repetir lo que dicen los que participaron en ello. Y todo historiador debe conocer que el principio básico es jamás creerse el testimonio de alguien que estuvo allí.

¿Llegaron a hacerte ofertas para escribir en el emergente diario El País? Eres de la poca gente de izquierdas que no acabó publicando allí regularmente.

Columnas no publiqué, pero sí artículos después del Premio Nacional de Ensayo en 1988; me daba un aura de respetabilidad que se fue a tomar por culo cuando me metí en la historia de la Acción Popular.

Llegamos a finales de los 80.

Hay un momento clave: Guerra y Felipe González deciden cargarse la división de poderes y hacen una ley orgánica del poder judicial que fija el poder del órgano de poder de los jueces en cuotas proporcionales a la presencia política. Desde ahí, con toda obviedad, no hay división de poderes: la dirección la determinan los partidos y por lo tanto se acabó cualquier independencia. Es acojonante: esa ley del 85 ha llegado hasta ahora. Aznar tuvo cuatro años de mayoría absoluta y no la modificó. Y ahora, por primera vez, un personaje que me es sumamente antipático, Gallardón, ha hecho lo que ninguno esperábamos haber oído de su propia voz. Es decir, el restablecimiento de la división de poderes y el retorno al modelo previo.

¿Fue difícil llegar a El Mundo con tu trayectoria izquierdista previa?

No, no fue nada complicado. De hecho yo no llegué: me llevaron. Como te decía, con el Nacional de Ensayo del 88 tanto El País como Diario 16 me pidieron que colaborara con artículos. En esa misma época, inicié con un grupo de don nadies, no más de 150 personas, la Acción Popular en el caso GAL que un decenio más tarde acabó con la condena de Barrionuevo, pero en aquel momento para lo único que iba a servir es para que nos demonizasen a todos. Simultáneamente el equipo de investigación de El Mundo, el equipo que llevaba Melchor Miralles, empezó a investigar el caso GAL. Lo cual hizo que se interesaran por mi análisis. Escribí sobre eso en Diario 16, y en ese momento el gobierno de González presionó fortísimamente a los propietarios del periódico para que echasen a todos los que habían hecho posible la investigación del GAL empezando por el director (Pedro Jota Ramírez). Cuando se produjo la expulsión del director y el resto de colaboradores, juré que no escribiría una línea más en el periódico, y poco después, en primavera o verano, ya estaba montado El Mundo y fue para mí una experiencia fantástica. Esa experiencia de estar forzado en el aspecto de la extensión y en el del tiempo no lo había disfrutado nunca como escritor. La columna tiene sus restricciones absolutas, la extensión en 3219 caracteres, y en el tiempo la entrega de dos o tres días a la semana, los que sean. No puedes imaginarte lo que eso te enseña en cuanto a técnica. Es un laboratorio fantástico.

¿Llegaste a recibir amenazas por tus vitriólicas columnas contra el PSOE y la corrupción? ¿Es cierto que te pincharon el teléfono?

No tengo la menor idea. Sí te puedo decir que hubo amenazas, pero no tanto por el lado del PSOE. Es asombroso, porque parece que en este país sigue pesando más el viejo antisemitismo, y las amenazas serias se produjeron por el lado del antisemitismo feroz, del antiisraelismo para ser exactos.

Eres de las pocas personas en la izquierda que ha defendido el Estado de Israel, en efecto, y esto te ha debido valer no pocas polémicas.

Es una defensa elemental. Yo no le tengo más cariño a Israel del que le pueda tener a Gran Bretaña, a Suiza o a Francia. A un Estado no se le puede tener cariño. Lo que sí considero que es un dato objetivo es que con mis posiciones teóricas, ideológicas y culturales el único sitio en el que no acabaría en el disparadero en Oriente Próximo es Israel. Vamos a ser serios: el único país con garantías constitucionales, con un sistema legal, de todo el cercano Oriente es Israel. Todo lo demás son distintas variedades de despotismo que pueden ir de un despotismo religioso a uno militar.

¿Qué balance haces del trabajo de El Mundo en aquellos días?

Era fascinante. El día que apareció con la fotografía del manuscrito de uno de los dirigentes del PSOE marcando la estrategia de los GAL. La atrocidad absoluta, el día que salió el periódico con los restos de Lasa y Zabala. Y que gobernantes que hicieron eso no se hayan enterrado bajo tierra, sino que sigan largando proclamas democráticas, es una cosa…

Pensé en usted, precisamente, cuando leí la declaración de Felipe González y su artículo sobre el dilema moral de volar a la cúpula de ETA.

Por Dios, una persona que ha pasado por el GAL, por Filesa, por Lasa y Zabala… por Dios. Vale, no le han metido en la cárcel por lo sucedido, pero que desaparezca, que se haga invisible.


Has estado unido desde siempre, con cierta fidelidad, al mundo universitario español. ¿Cómo ves el Plan Bolonia? ¿Resolverá los problemas universitarios?

El Plan Bolonia no es más que la constatación de una realidad: la desaparición de la universidad. O para ser más exactos: la previa desaparición de las enseñanzas medias. Cuando se planifica Bolonia las leyes educativas que fueron la gloria del siglo XIX y principios del XX en Europa se han volatilizado. Lo que se hace con Bolonia es que, desaparecido el escalón intermedio entre la guardería y la universidad, lo que hay que hacer es descender toda la estructura universitaria a ese escalón y convertir la universidad en la suplencia de la enseñanza media desaparecida. En eso queda la universidad después de Bolonia. Naturalmente que Bolonia prevé los correctores. Y los correctores en cada país se creen centros de élite. Pero esos centros de élite los hay donde los hay. Yo estos años hablaba con mis amigos de la Escuela Normal Superior de París y les decía “¿Qué vais a hacer ahora?” Pero ellos seguían sin hacer ni puto caso. Los grandes centros seguirán funcionando y, al mismo tiempo, las universidades masivas se convertirán en centros de suplencia del bachillerato. El problema es que en España esos centros de élite no existen. Entonces todo el sistema desciende un peldaño y la gente sale de sus cuatro años de universidad como salían del bachiller.

¿Crees que existe un exceso de oferta privada religiosa en España?

Claro que sí. También en la universidad y la educación pública. Es una de las taras del sistema de enseñanza español desde siempre. Si tomas el sistema francés desde 1905, donde tiene el control casi masivo de la enseñanza, donde ha podido construir una enseñanza no confesional y perfectamente funcional hasta el último tercio del siglo pasado. Pero aquí no ha habido nada eso. El Estado, desde la Transición para acá, ha tenido que seguir echando mano de lo que había, de los centros religiosos. Y esto me parece uno de los rasgos más arcaizantes del sistema español. Estoy absolutamente a favor de la coexistencia de la enseñanza pública y privada, pero a lo que no veo ni pies ni cabeza es a esa cosa intermedia, el concertado, en el que se mezcla financiación pública con paradigmas privados o religiosos. Yo he llevado a mis hijas a colegios privados consciente de la decadencia absoluta de la educación pública, precisamente.

¿Existe solución para la educación de niveles inferiores —primaria, secundaria en España? ¿Existirá, alguna vez, un bachiller tan prestigioso como el francés?

Habría que empezar rigurosamente desde cero. Si hablásemos con seriedad, habría que decir que la enseñanza media en España empieza a destruirse con la ley Villar-Palasi de 1970. Esto es rematado con la LOGSE. Se debe retornar a un bachillerato largo y serio. Vuelvo a lo anterior: no hay posibilidad de reforma de las universidades si no se restablece de nuevo el bachillerato.

¿Cómo definirías tu propio estilo ensayístico? Tiendes a la frase corta, punzante, muy poco común aquí, donde la subordinación reina entre los columnistas.

¿Rara dices? ¡Azorín! Azorín llevó esto a la maestría absoluta

¿Prefieres Azorín a los escritores más rocambolescos?

Lo de las preferencias es complicado, pero creo que hay aquí algo clave: entre la desestructuración de la sintaxis del XIX y la composición de una sintaxis como campo de batalla de Azorín… Ese descubrimiento que formula y que siempre digo de este modo: para enfatizar tienen dos sistemas. Uno, añadir adjetivos, que es la ausencia absoluta de elegancia, y dos, forzar los signos de puntuación sin utilizar ningún sólo adjetivo. Si usted donde se espera que utilice una coma utiliza un punto y coma, donde se espera que utilice un punto y coma utiliza un punto y seguido… donde logra que el lector nunca se encuentre con el signo de puntuación que espera, entonces podrá enfatizar sin necesidad de calificar.

En tus columnas hay siempre un componente fatídico, violento, que recuerda a los viejos ideólogos políticos (Mao, Robespierre). ¿Crees que ese pequeño toque violento sirve para llamar la atención del lector? Lo que llamaba Fumaroli de Chateaubriand “La poesía y el terror”.

Es bonito el libro, lo tengo también por aquí. Verás, creo que hay que tener mucho cuidado con el término “violento”. A mí siempre me ponía de los nervios cuando se habla de terrorismo, de acciones de distintos grados de crueldad al hablar de violencia. No, por favor, utilice los términos en un sentido propio: la violencia no es más que el despliegue de la vis, es decir, la fuerza. Cuando decimos violencia, decimos lo que la palabra explica, lo que la palabra da, es la aplicación de una fuerza sobre algo que se resiste. Tomo esta estilográfica en mi mano y estoy ejerciendo la violencia de la mano frente al peso de la estilográfica. Respiro, y estoy ejerciendo la violencia muscular sobre la caja torácica. El término violencia, en sí mismo, solo significa eso. Naturalmente, cuando uno se toma la molestia de tomar una frase en que el sentido común ordenaría utilizar ochenta y nueve caracteres y tres adjetivos, tomar, digo, la violencia de coger esa frase, trocearla, descomponerla y buscar el modo de recomponerla sintácticamente en la economía máxima de signos y de significantes, naturalmente que estoy ejerciendo un acto de violencia. Un acto de violencia extremo. Soy muy maniático escribiendo, pero mi manía absoluta en primera redacción es utilizar hojas de formato pequeño. Por ejemplo, soy un inveterado ladrón de cuadernitos de tomar teléfonos que hay en los hoteles. ¿Por qué? Porque mi procedimiento de escribir requiere una hoja separada para cada frase, lo cual supone que si utilizas hojas grandes te gastas más en papel de lo que ganas en derechos. ¿Por qué eso? Porque el principio básico tiene que ser el tomar una frase en el sentido de tomar una materialidad ya hecha en cuanto a lugar común que tú tienes que desatornillar, tienes que romper, tienes que desestructurar para, a continuación, poder volver a estructurar en su forma más económica. Eso es una violencia de la leche. Porque lo que te sale es la logorrea.

Precisamente, era el fallecido Jorge Semprún el que decía que el estilo logorreico en los discursos, a lo Castro, no era entendible en los oradores en Francia. El único orador de ese estilo en la revolución es Mirabeau, que es un hijo de emigrantes italianos.

Nada que ver, claro. Además, Mirabeau tuvo todo un equipo de redactores. Él no elaboraba nunca sus discursos.

¿Volverás al ensayo a gran escala después de tus recopilaciones de pequeños ensayos y columnas? La Sinagoga Vacía era un trabajo hercúleo que merece otro título a su altura.

Estoy preparando la segunda edición de La Sinagoga Vacía porque la primera apareció en el 87, han pasado 25 años, y cuando se publicó era la primera obra sistemática con ese tema. Ahora llevo dos años actualizando y naturalmente que ha habido cosas nuevas, sobre todo un importante descubrimiento por parte de un par de investigadores neerlandeses del original perdido de Uriel Da Costa. En términos generales todo lo que se ha publicado en Europa como sobre todo en EEUU es muy deudor de la Sinagoga, que aparece continuamente citado… y cuando no aparece lo hace plagiado. Pero eso es igual. Estoy tratando de retomar algunas cuestiones que no estaban explicitadas en aquella edición que se mejoraron en la edición francesa del 94. Y por otro lado es una cosa tan salutífera encerrarse en el siglo XVII y tratar de tener un poco de distancia.

¿Cómo ha cambiado el periodismo en estos veinte años que llevas publicando columnas? ¿Crees realmente que Internet es su futuro?

Los periódicos están pasando la peor crisis económica de su historia, pero además sin comparación posible. Internet no es la solución ni el problema, pero es ambos. ¿Recuerdas el relato de Borges sobre el cartógrafo que busca hacer un plano del mundo cada vez más ajustado a la visión del mundo? Al final acaba construyendo un mapa a escala 1:1. Este mapa, al final no sirve para nada y lo que queda al final del relato son las ruinas. Internet es el mundo a escala 1:1. No es ni bueno, ni malo: es el mundo. Y eso hay que metérselo en la cabeza. Significa, por tanto, que en la prensa y sobre todo en el ámbito académico es un instrumento esencial. En los últimos años, en clase, además de las bibliografías clásicas lo que doy es lo que puede utilizar cualquiera con un pequeño ordenador. Es decir, los enlaces (links) que le permiten a un tío irse directamente a la edición crítica de Spinoza que tengo yo aquí, que me costó un huevo cuando la compré, y que naturalmente un estudiante no va a poder comprarse pero la tiene idéntica en la red.

El mundo poco citado de Google Books, que para el investigador social es una auténtica revolución.

Exacto. Eso es un instrumento fantástico, del mismo modo que para los periodistas es un instrumento fantástico para disponer de todo. En estos momentos en buena parte no controlamos este instrumento y hacemos el tonto, un juguetito con algo que tiene un potencial monstruoso. Las compañías de discos, por ejemplo, se están comportando como auténticos imbéciles, como verdaderos idiotas, porque si piensan que realmente pueden sustraer su mercancía del ámbito de la red… ¡se les ha ido la cabeza! La red ha desmaterializado la música, concretamente, siendo una mercancía muy susceptible de ser desmaterializada y nunca más se rematerializará. El CD desaparecerá a una velocidad vertiginosa, que no es comparable a los años que duró el vinilo. Oye, a mí se me acaba de estropear mi equipo de música y lo único que quiero salvar es mi lector de vinilos, ¡todo lo demás a la basura! Un amplificador, solo quiero, y un lector de vinilos, no quiero más.

Existe, de hecho, una subida del vinilo en ventas los últimos años.

En todo caso está la vía inteligente, la de iTunes, que es la desmaterialización que se está produciendo. Yo por lo tanto la música no se la cobro: lo que le cobro son una serie de prestaciones colaterales que a usted sí le interesan. Por ejemplo, si se le pierde a usted toda su base de datos, ¿qué hace? Pues me he quedado sin ella, me voy a tirar dos años rehaciéndola… no: usted le da a este botón y yo se la recompongo. La memez es pensar que puedes seguir vendiendo una mercancía que ha dejado de existir. Tienes que saber qué es lo que vendes. Y en el sector de la música es perfectamente claro: lo que se vende son prestaciones colaterales. En lo que concierne a la prensa, lo mismo, tienes que saber que si quieres cobrar por Internet, debes vender no sólo el periódico, sino una serie de prestaciones colaterales que están relacionadas con la desmaterialización de bases de datos que a un lector le pueden facilitar la vida una barbaridad.

Quiero volver a una de tus aficiones menos conocidas. ¿Fue el cine tu gran tabla de juventud además de la literatura?

¡Sin duda alguna! El cine nos salvó la vida. En la España de los 50, te lo decía antes, no había nada. Tenías los pocos libros que tenías en casa, en mi caso una biblioteca muy humilde, casi apenas nada, pero había una cosa de la que no nos dimos cuenta hasta mucho tiempo después. Y era que en los cines, en un pueblito de la serranía de Valencia, eran una ventana al mundo. Pude ver películas de vaqueros maravillosas que sólo veinte o treinta años después te enterabas que aquello que habías visto con apenas cinco añitos y que te había dejado colgado completamente resultaba ser The Searchers (Centauros del Desierto, 1956) de John Ford, o era El Hombre que mató a Liberty Valance (1962) o Murieron con las botas puestas (1941, Raoul Walsh) o que era Johnny Guitar (1954, Nicholas Ray). El cine tenía la inmensa ventaja de que ni siquiera percibíamos hasta qué punto nos estaba salvando la vida. Cuando te agarrabas a un mito no tenías la conciencia de estar haciendo algo, como en la literatura. ¡El cine no! El cine te daba todo lo que no te estaba dando la vida. Sin el cine la gente de ese tiempo no estaríamos aquí.

¿Qué autores eran tus favoritos en aquel tiempo?

Sin saberlo entonces, lo que más veía en aquellos tiempos es John Ford. También Hawks. Muchos años después leí una entrevista suya en la que narraba su estancia en París invitado por los chicos de Cahiers du Cinema donde decía “Estos tíos son muy raros, ven unas cosas rarísimas en mis películas. Son muy buena gente, no me meto con ellos… pero yo lo único que hacía eran películas de vaqueros.” Hawks y Ford hacían eso, películas de vaqueros. Cuando los directores de cine pretendieron ser artistas la cagaron. Y la tragedia del cine, el cierre de la historia del cine, se produce en los inicios de los años 70 cuando todos descubren que son artistas y deciden hacer películas de cinco horas. No hacen falta más de 90 minutos para hacer una obra maestra.

¿Cómo viviste la llegada de las nueva olas cinematográficas?

Amigo, Godard me fascinó y me sigue fascinando hasta hoy. Incluso sus películas insoportables. ¿Por qué? Porque incluso cuando Godard es insoportable, y sabe serlo mucho, es de una inteligencia superior. Godard quizá no haya hecho las mejores películas del siglo XX, pero quizá es el más inteligente de los directores de su tiempo.

Vi hace poco una película de Godard, Nuestra Música de 2004, donde da una clase en Sarajevo utilizando dos fotografías de matanzas como construcción del otro, del enemigo, en términos de montaje cinematográfico.

Es que es eso. ¿Tú recuerdas ese corto? Mínimo, absolutamente mínimo, que le encarga una ciudad suiza, no sé si Zurich, un corto turístico. El tío tiene los cojones de plantarse delante de un plato tocadiscos poniendo y quitando la aguja explicando por qué no se puede hacer el montaje de una música en una película. A eso se reduce el cine de Godard.

¿De resto de directores de la “Nouvelle…”?

La primera de Chabrol, Les Cousins (1959), pero luego deriva a ese realismo social de la burguesía de provincias francesa que me aburre.

¿Y Las dos inglesas y el amor de Truffaut? Con todo ese epílogo que resume el fin del siglo XIX (La estatua de Balzac, el recuerdo doloroso, el fin de un periodo)

Les Deux Anglaises et le Continent se llamaba eso. Claro, naturalmente. Pero vamos a ser serios: uno de mis recuerdos clave de Truffaut era ver a aquella criatura, que no era Jean Pierre-Leaud sino todos nosotros (Los cuatrocientos golpes, 1959), en un cine de Málaga, en el sesenta y pocos, y a pesar de la voz en off añadida por la censura… haberme quedado con la boca abierta.

¿Nunca te planteaste escribir algún guión o entrar en la Escuela Oficial de Cinematografía?

Me produce demasiado placer el cine para atreverme ni siquiera a destriparlo. Con la escritura sí he mantenido esa relación de fascinación y odio: se escribe odiando la escritura, descuartizándola. Yo al cine lo he amado como realmente no he amado a nada, y nada me ha dado tanto placer… salvo algún disco de rock and roll… No quiero ni saber cómo funciona. Por eso, naturalmente, siempre me he negado a tener esos aparatos domésticos llamados televisores… ¡eso nunca! Nunca. Al cine, con la luz apagada… con esa cosa que parece un misterio… y es que cuando se apaga la luz, algo funciona como si fuera un sueño.

¿El cine actual tiene importancia para ti? ¿Sigues la cartelera o prefieres vivir en un canon que quizá no volverá?

Sigo la cartelera con desesperación tratando de encontrar algo y en los últimos años hay poquísimo. Sigo encontrando cosas en Scorsese, me produce una gran admiración, y puede estar en mejor o peor forma, pero sigue sabiendo lo que es hacer cine. Sigue sabiéndolo, y lo hace. Me gustó muchísimo una película que no gustó a nadie, Shutter Island (2010), sin entrar en que es una de las mejores bandas sonoras de los últimos años. Esta película hace una de las poquísimas cosas que apenas gente ha sabido hacer en el último fin de siglo: entender que de la Shoah sólo se puede hablar hablando de otra cosa, que de un objeto absoluto sólo se puede hablar por medio de otro.

Es poco conocida tu afición a la música pop. ¿Cuáles fueron tus primeros discos de los 60 y 70?

Verás, yo tardé mucho en tener discos. Los chavales de ahora no se dan cuenta de lo difícil que era conseguir discos en aquel tiempo. Mi tocadiscos sólo podía con discos de 45 revoluciones. Y mis primeros discos de 45 eran singles de los Beatles y los Rolling Stones. El disco blanco de los Beatles (1968) sólo lo pude comprar mucho más tarde, no en el tiempo… eso sí: lo oía en casa de los amigos.

Te voy a decir unos nombres y me vas a hacer una definición rápida de cada uno de ellos: Juan Luis Cebrián.

Un memo.

Eduardo Haro Ibars.

Era un chaval con demasiado talento como para soportarlo en una España como la nuestra. Un talento como ese en un país como este solo puede llevar a la destrucción.

Fernando Savater.

Un gran amigo y una persona excelente.

Xabier Arzalluz.

Un señor que habla como si fuera de Chamberí pero que dice que no es español.

Alfonso Ussía.

Un tío estupendo.

Jean Paul Sartre.

Conocí a Sartre muy viejecito, muy viejecito. Mira, Sartre fue mi primera lectura seria en filosofía. Sonará una pedantería, pero es así. Yo leí L’etre et le néant (El ser y la nada, 1943) a los 16 años en la biblioteca pública de Málaga.

Gustavo Bueno.

Probablemente el único gran genio que hay en la filosofía en España.

José Antonio Marina.

Un divulgador.

Javier Marías.

Es un hombre de una escritura muy elegante.

Arcadi Espada.

Probablemente, no, sin probablemente, el mejor columnista español.

Fotografía: Javier Villabrille

 

35 comentarios

  1. Me ha encantado. Seguid así, todos.

  2. Volvemos a confundir Bolonia con las verdades causas de la desaparición de la universidad española como son las redes clientelares, departamentos que son nidos de corrupción, donde unos tapan a los otros y los que trabajan son los apestados.

    Pero evidentemente es mejor decir Bolonia es malísima, sin solucionar realmente el problema interno de las universidades

  3. Un día intentaréis no buscar la cita “pseudosensacionalistalight” y escoger alguna más interesante y concreta del entrevistado. En este caso lo de Bolonia lo dice él, lo digo yo y lo dice cualquier bedel que lleve unos años viendo pasar alumnos y profesores por delante de él sin importarle a dónde van o de dónde vienen. Lo mismo con la opinión sobre Arcadi Espada que destacasteis en Facebook, pura frase con intención de sensacionalismo barato: a los comentarios resultantes me remito. Lo comento, no creo que sea la primera vez pero no lo recuerdo, porque de sensacionalismo ya va sobrada la prensa española y da bastante rabia sintetizar y llamar a leer entrevistas a personas interesantes con esa táctica.

    Me han gustado mucho un par de preguntas detalladas acerca de la escritura, concretamente en el que explica su técnica y manías. El resto es más de lo mismo, nada nuevo que no se le haya podido leer en columnas o escuchado en tertulias varias.

  4. gabriel como siempre la lia lastima de pensador que nosabe donde va

  5. Lo leo y me encanta. Lo leo y no sé que pinta con ciertos personajes de Libertad Digital. Entiendo la aversión hacia el PSOE, pero es que algunos viven en una contradicción permanete, como si tuvieran veinte años y pasan la cincuentena de largo.

  6. Teníamos dos vías: el cine y la literatura. ….

    te falta el comic

  7. Es tanto lo que cuentas que leo tus respuestas muy poco a poco. Pensadores como usted quedan muy pocos…

  8. Fui compañero suyo de clase en Filosofía de la Complutense (edifico A, 2 planta) desde tercero y le recuerdo con su barbita y su trenca. Nunca militó en el PC (yo si, por eso lo sé). Se ha construido una historia de progre falsa aunque la (se) ha vendido muy bien. Nunca estuvo en las manifestaciones ni en las asambleas. Éramos cuatro y nos conocíamos todos. Estaba acojonado. Luego se convirtió en un mercenario de la pluma. Su presencia en El Mundo y su relación con J. Losantos y Pedro Jota no es casual sino lógica. Dios los cría……

    • Yo milite en el PC, y siento desmentirte, el si estaba. Tu, no se quien eres, pero seguro que no tienes ni la décima parte de su integridad.

      • A ver, yo también fui compañero de clase desde 3º ya que, al igual que otros de esa hornada, los cursos 1º y
        2º -que eran selectivos- los hice en otra universidad.

        Me incorporé tarde, en Febrero, y sentí haberme perdido el monográfico completo sobre Sócrates, que junto a Pinillos fue para mí lo más destacable de ese curso.

        En efecto, éramos muy pocos, unos 12 o 14. Y dudo, porque casi nunca estábamos todos al completo. Una vez intentamos hacer recuento -creo que con Javier- y por ahí andaba la cifra.

        Estaba también uno de los hijos de Blas Piñar que no piolaba en absoluto. No hablaba, no se metía en nada (no estaba el ambiente para eso) y según confesión propia se dedicaba a preparar oposiciones ¡durante la carrera!

        No estoy muy seguro pero creo que Javier era un compañero que bebía mucho y vivía en un Colegio Mayor tirando hacia el río.

        No es cierto que Gabriel estuviera acojonado. Simplemente iba de sobrado. Jamás tomaba apuntes. Se sentaba y escuchaba. Por supuesto tampoco intervenía en asambleas ni en manifestaciones. Iba a su bola.

        Pero sí es verdad que era militante de un PCE. Concretamente del PCE (i). Éste era un partido de corte maoísta que luego se transformó en el PT, Partido del Trabajo o de los Trabajadores.

        No sé si esto del PCE(i) me lo dijo él mismo o lo hizo Loles (de un apellido alemán impronunciable) de la cual era muy amigo. Ahora que lo pienso me lo dijo Loles (esas cosas nunca se preguntaban directamente). Por cierto, su apellido (el de la rubia Loles que luego acabó en CCOO con un cargo) no lo pronunciaba bien ni ella, que era de Granada (y lo digo con todo el cariño del mundo).

        Aquello era -en su mayoría- una cueva de profesores ex-falangistas y/o con relaciones serviles con el Régimen. Por eso me decepcionó bastante mucho cuando Gabriel se vinculó con el seminario de Filosofía Medieval, es decir con un profesor ahijado de Muñoz Alonso, el cual (el de Filosofía Medieval) para mí que tenía un pinta de mafioso tremenda, aunque seguramente era una buena persona y que, en cualquier caso, tenía un despacho maravilloso en el edificio A.

        Comprendo que lo hiciera pues hacían faltan profesores (hubo un boom) y era una forma rápida de proseguir la carrera universitaria. Estando en 4º nos llamaba la atención que el aula de 3º (la primera a la izquierda) estaba llena hasta los topes. Lo dicho, un boom.

        Cuando volví a España después de estar ausente unos años, Gabriel Albiac ya estaba escribiendo columnas en la prensa. No me extrañó, era estar en política sin estar en política, a su bola. Es decir, como siempre. Desde mi punto de vista ésa era su vocación.

        Por último, está claro que llego tarde (en el 2012 se publicó este artículo), pero supongo que nunca están de más algunas puntualizaciones y recuerdos. Y más ahora que uno, aun sintiéndose joven, ya está viejo y con jodidas enfermedades.

        Saludos

        • Y sí, comparto la defensa de Israel, aunque no llegara a considerar estudiar Semíticas como hizo Gabriel Albiac.
          Desde que era niño siempre supe que Israel es el único Estado democrático en la región. Wagner no estaba bien visto en casa.

  9. Hay que renunciar a la esperanza porque es un medio de dominación y “hay que apoderarse de la idea de Dios”. Queda muy chulo, muy intelectual, muy culto, el único medio de mejorar las cosas es estudiar entonces, ¿no? ¿Cómo cambiamos el mundo señor Albiac? ¿Sin esperanza? Ilumínenos desde su cueva conformista de mercado por favor.

  10. Israel es la unica democracia con garantias de oriente medio… pero desde 1948 ha asesinado a cientos de miles de palestinos, sin contar con los 6 millones de refugiados del mismo pueblo. Por lo visto para ser un teorico de la derecha se debe renunciar a cualquier atisbo de moralidad.

  11. “Vamos a ser serios: el único país con garantías constitucionales, con un sistema legal, de todo el cercano Oriente es Israel”

    Vamos a ser serios, dice…

    En Palestina también hay elecciones, por cierto, así que formalmente también es una democracia de Oriente Medio. Un dato que siempre se olvida cuando se suelta lo de “Israel es la única democracia blablabla”.

    Me parece sorprendente que se use ese argumento para hablar de un supuesto choque de civilizaciones, o de supuestas incompatitivilidades entre el islam y la democracia cuando en España hace unas pocas décadas no existía democracia.

    En fin, los tópicos superficiales de los rebotados de la extrema izquierda, incapaces de captar matices y ver ahora todo negro lo que antes les parecía todo blanco.

  12. Pingback: Gabriel Albiac sobre el Plan Bolonia « Ricardo Dudda

  13. Muy interesante y enriquecedora la entrevista, y eso reconociendo humildemente que hasta ahora no tenia ninguna idea del personaje /mea culpa, no soy espanola/. Sin embargo, me queda un sabor algo amargo: tipica historia de un intelectual occidental, encerrado en su capullo filosofico, que alegremente y con cierto orgullo se declara “ultraizquerdista”. Siempre me causan gran asombro. Tal vez sea logico, ya que nunca habian sentido en su propia piel la realizacion de sus ideas izquerdistas de “Deux singes” /o era “La Coupole”?/ Diciendolo simplemente: para su querido Sartre, mon cher monsieur,y para otros tantos como el, hubiera cantado otro gallo su los hubiesen puestos a cortar arroz en el fango, o construir autovias a 20 grados bajo cero en Siberia.Sabe Usted quienes eran los verdaderos heroes del famoso 68? Aquellos que Ustedes siempre olvidan, los estudiantes checos que se pusieron frente a los tanques de…otros izquerdistas. Ahora dale que dale que excelente estructuras tenia algun PC de tantos. Y que? Bueno, pero al fin y alcabo, cada uno mira desde su propio campanario. Y a Robespierre y Clootz prefiero Danton y Desmoulins. :):):)

    • Tedi, este señor no se declara ultraizquierdista, el marxismo político lo dejó hace mucho y yo no usaría ese calificativo sino el de “persona de izquierda seria”. Repito que eso es hace 20, 25 o 30 años.

      Lo que yo no veo es que a este señor se le pueda calificar en la derecha, ni en ninguna parte. La gente está asquerosamente acosumbrada a que si la idea X es normalmente acogida por un colectivo, introducir en ese saco al individuo que dice X, al margen de si acepta Y, Z y T necesarios para aplicar la definición. Vamos, la propiedad común, y penosa por generalista, de izquierda o derecha necesita de una serie de ideas en común para poder dar poner el cartelito calificativo, y eso se puede hacer con algunas personas y con otras no.

      Lo que yo opino es que este señor, como herencia marxista analítica seria, hace, cuando se pone, análisis que derrumban de todo, ideas tanto de izquierda como de derecha y eso jode a todos por igual. ¿Reacción habitual?, clasificarle como contrario y enemigo sin profundizar y dejándose llevar por elementos superficialmente.

  14. Pingback: Sin miedo ni esperanza | En 500 palabras

  15. Qué pesado es este tío. Pero en algo coincido, un país que presenta como intelectuales a tipos como este o como el enano faccioso, es un país que da mucho asco. Pena de violencia, de esa que ejerce contra el bolígrafo…

    • La respuesta a tu análisis es tan sencilla como decirte: lee alguno de sus ensayos y no te limites a otros medios más ligeros como una entrevista o columna, porque son distintos y limitados. Cuando leas alguno ensayo de este señor, dudo que puedas decir seriamente que no es una obra de un “intelectual”.

      Otra cosa es que no te guste lo que dice pero es algo distinto que no se debe mezclar.

    • Vaya, otro memo…

  16. Hola y gracias por la entrevista!

    Me parece que el verbo frances “sonner” no quiere decir lo que se le atribuye en el texto. Quizas se refiere a “songer”? (En cuyo caso no acabo de entender la respuesta del entrevistado…)

  17. Cales y arenas. Moquetas y lodazales. Todo muy bien.

    A ratos, incluso, interesante pese a todo.

  18. Pues a mí me ha encantado la entrevista, una maravilla, una trayectoria inteligente, además, sus amigos y sus opiniones sobre otros intelectuales, le avalan, por lo menos para mí, muchísimo.

  19. Pingback: La X de Garzón « La paseata

  20. Contradictorio en algunos momentos, pretencioso y pedante en la inmensa mayoría. Típico intento de intelectual. Nada nuevo bajo el sol.

  21. Las fotos son de las mejores que habéis publicado. Chapeau.

  22. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Diego Manrique: “En España las descargas jamás serán rentables”

  23. Pingback: Albiac, la desaparición de la universidad, y un servidor | Pseudópodo

  24. He leído tarde la entrevista. Afortunadamente tanto las preguntas como las respuestas son intemporales.

    Enhorabuena profesor Albiac. Usted piensa (y piensa bien).

  25. Pingback: Captando la benevolencia del finlandés

  26. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Luis Antonio de Villena “España está políticamente muy mal, y culturalmente peor”

  27. Pingback: Todo el mundo es más moderno de lo más moderno sin haber pasado jamás por el clasicismo | FICHAS/RECORTES

  28. Señor albiac, sus alegaciones en relacion a esta entrevista no dejan trascender acerca de su persona nada más que pedanteria, onanismo intelectual y un reprobable elitismo intelectual. Se ve a la legua que usted va por la life del tipico machomen narcisista en busca de aduladores repartidores de impropias mercedes y declaraciones de amor interracial… por otra parte me parece que dice mucho sobre usted el propio echo de que sus propios compañeros que tuvieron oportunidad de verle en persona, opinen tan rotundamente sobre usted en los terminos en los que lo han echo, y, sin que sirva de precedente, eso no me hace falta para saber de que pie cojea, no me hace falta verle en persona para saber que padece lo mismo de lo que lo hace esa juventud (que usted tanto critica con sutil desden) contemporanea centrada en sacar pecho y ponerse bonitas las patas y el plumaje con pomada pal pelo para copular con las pavas del corral cual primitivos seres irracionales e impulsivos: del narcisismo puro y duro, machomen.
    Sobre sus opiniones acerca de la gueerra de irak y la actuacion de las tropas espalolas en dicho territorio, mejor ni opinar, porque acabaria incurriendo en el insulto, y para ponerme rojo mejor con vino, y los esperimentos con gaseosa….

  29. Un gran tipo, muy erudito y un gran analista politico e historico ( su faceta filosofica la conozco menos, tendre que estudiarla). Lo que ha dicho de Cebrian me ha encantado, ” Un memo” para que añadir mas verdad jajaja, yo añadiria un memo si pero muy muy muy siniestro

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