
Oliver Cromwell fue «ejecutado» varios meses después de muerto. Desenterraron su cadáver y lo colgaron de cadenas, a la vista de todos, antes de separar la cabeza del cuerpo. Después arrojaron el tronco y las extremidades a un pozo; la cabeza fue exhibida en la punta de una estaca, como tétrica reliquia de una época volcánica, la del ascenso de un hombre cuyo mesiánico carisma había interrumpido ochocientos años de gobiernos monárquicos en Inglaterra. Aquella decapitación post mortem fue casi un exorcismo; los enemigos de Cromwell pretendían desencantarlo de la inmortalidad, mutilando su cadáver como se hacía con los sospechosos de vampirismo. Pero él había dejado ya una huella imborrable. Había cambiado, por su propia mano, el destino de Inglaterra y también el del mundo, mostrando a futuros revolucionarios que las antiguas monarquías no eran invulnerables, que el Estado podía cambiar de forma si esa metamorfosis tenía detrás a un individuo con voluntad de hierro.
Es imposible encontrar acuerdo entre los historiadores sobre Oliver Cromwell. Para algunos, fue uno de los padres de la moderna democracia inglesa, un héroe visionario y un adelantado a su tiempo. Para otros, fue un tirano cruel, un fanático religioso y el responsable de infames matanzas. Acaso ambos bandos tengan parte de razón y Cromwell fue todo eso. En cualquier caso, lo fascinante es la manera en que hizo ingresar su nombre en la historia, de manera casi accidental: hasta pasados los cuarenta años de edad fue un burgués anónimo, un puritano que había vivido de las rentas de sus tierras, pero con mucho altibajos, a veces teniendo que recurrir a su propio trabajo manual en una granja. Un parlamentario de segunda fila con un pobre historial político que, siendo una figura insignificante en su país, soñaba con emigrar a América. Durante largo tiempo ignorado, nunca nadie, ni él mismo, hubiese podido sospechar que terminaría convirtiéndose en el hombre más poderoso de Inglaterra, un rey sin corona, el único jefe de Estado de una gran potencia dinástica europea que no tenía sangre azul. Un Napoleón del siglo XVII, cuya repentina explosión fue el precedente y el signo de alerta de lo que estaba por venir. Más de un siglo antes de la Revolución francesa, Oliver Cromwell había llevado a un rey al cadalso y había establecido una república en la nación más monárquica de Europa.
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Genial¡¡¡ Que no se demore la continuación, por favor.
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Plas plas plas plas plas. Esperando ya la 2ª parte!
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Necesito más!
Muy bueno!!
Cuándo publican la continuación?
Cromwell fue ejecutado postumamente tres años después de su muerte, y no solo unos meses como menciona el articulo. Fue un líder y acabó siendo un dictador, claro que la realeza y los nobles no le dejaron otra opción.
Extraordinario narrador, el Sr E. J. Rodríguez. Una interpretación de la historia fuera de serie. Enhorabuena. Deseo que la 2ª parte tenga la misma calidad. Saludos
Richard Harris lo bordaba en la película de finales de los sesenta.
Hola, Lolailo:
La película «Cromwell» es extraordinaria. El guión se toma toma sus licencias, por descontado, pero nada demasiado serio. Y es tan claramente favorable al personaje que diría incluso que es hagiográfica. Pero lo importante es que Richard Harris compone un Cromwell impresionante. Igual de magnífico es el trabajo de Alec Guiness como Carlos I; parece que uno de los retratos de la época haya cobrado vida.¡Y los diálogos! Son de una finura extraordinaria, como los que ya se ven pocas veces.
Muy recomendable.
Un cordial saludo.
Vi la película en Londres,creo que el verano del 71,y en otoño-invierno en Madrid lo que me sirvió para enterarme.Discrepo R.Harris está fuera de control,sobreactua de manera lamentable,cosa habitual en el.
La película es correcta y como es norma en el cine histórico inglés,con una impecable puesta en escena y un vestuario magnífico.Alec Guinness parece sacado de un cuadro de van Dyck,interpretativamente se come a Harris
Vi la película en Londres,creo que el verano del 71,y en otoño-invierno en Madrid lo que me sirvió para enterarme.Discrepo R.Harris está fuera de control,sobreactua de manera lamentable,cosa habitual en el.
La película es correcta y como es norma en el cine histórico inglés,con una impecable puesta en escena y un vestuario magnífico.Alec Guinness parece sacado de un cuadro de van Dyck,interpretativamente se come a Harris
A varios millones de irlandeses no les gustó este artículo.
¡Brillante! ¡Como he disfrutado leyendo este artículo!
Esperando impacientemente la continuación
¡An excellent article! I too eagerly await the next instalment.
Leí sobre Cromwell visitando Irlanda y sólo recuerdo una frase que se atribuye en su matanza de irlandeses de una zona llamada el Burren, un desierto de piedra, donde se quejaba que no había «Ni árboles para ahorcarlos, ni agua para ahogarlos ni tierra para enterrarlos». Me pareció un Vlad el Empalador en toda regla pero desconocía su dimensión política. Con muchas ganas de leer más, me quedo. Escribe pronto la segunda parte, por favor.
Oliver Cromwell was neither the Darth Vader of the 17th century nor Vlad the Impaler. To suggest otherwise is just absurd. Nor was he Jesus Christ. He was, in fact…wait for it…Oliver Cromwell! (Parenthetical rhetorical question: why are Spaniards so inclined to see everything in such Manichean terms? When the world is composed of such subtle and extraordinary shades of grey, so much is missed by seeing it only in black and white.)
Were it not for Cromwell, British parliamentary democracy would not be anything like as robust as it now is. Any parliament or elected assembly that looks to Westminster for inspiration (which I humbly submit is most) has something to thank Cromwell for.
I, like others, commend the author of this extremely interesting and well-written article: someone who – exception proving the rule? – clearly knows more than one shade of grey.
PS Forgive me for writing my comment in English. Although I understand written Spanish tolerably well, I baulk at trying to write it!
Hello, Harters:
Thank you! I’m sure your Spanish is far better than my English. I’ll try though. The Darth Vader thing is a way of introducing the character; I was not trying to make an absolute judgement of Cromwell based on Vader, I just like the dramatic effect of the analogy. Anyway you’re right: we are in a Manichean country and we are Manichean people. Why? Maybe it’s a Catholic thing. I really have no idea.
Un cordial saludo!
I wish my Spanish was as good as your English. But quite apart from your foreign language abilities, you are to be congratulated on a thoroughly well-written piece. You have that rare knack of marshalling the key facts and bringing the past alive. I too am much looking forward to reading part two.
No eres anglosajón verdad Harters?
Qué forma más extraña de escribir la tuya, parece más bien de querer lucirte en un examen de c1. No es crítica, de veras, es solo que me llama la atención.
Genial artículo!
Excelente !!!
sensacional! mal posso esperar pra ler a segunda parte. #teamcarlos
Excelente!!
Magnífica narración.
A nadie le ha chirriado leer de dos maneras diferentes el nombre del ejecutado conde amigo del monarca ??
Wentworth…?
Westworth…?
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Este artículo lo tenía pendiente en mi explorador desde que salió. Recién lo puedo leer. No creí que fuera tan bien narrado. Soy de Ecuador y no conocía a este caballero mas que los más nombrados en la historia inglesa. Tendré la fortuna de leer los 4 artículos de golpe. Saludos y gracias por el gran trabajo que realizan.
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¡Gracias!
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