
—Hay un fusilado que vive.
Rodolfo Walsh era un solvente escritor de novelas policiales e incipiente divulgador cultural cuando en diciembre de 1956 alguien le soltó esa frase que cambiaría su carrera y lo auparía al altar de los grandes maestros de la literatura y el periodismo en español. «Hay un fusilado que vive», escuchó en el café donde solía jugar al ajedrez. El comentario no era del todo correcto. Del primer fusilado se pasó a un segundo, luego a un tercero… Y resultó que había siete fusilados que vivían. Walsh, de cuna conservadora y católica, se sumergió entonces en una minuciosa investigación sobre los fusilamientos perpetrados durante la sublevación del general Valle en junio de 1956. El resultado fue Operación Masacre, obra de culto del periodismo de denuncia. Veinte años después de su publicación, Walsh se convertiría en objetivo prioritario del régimen cívico-militar que tomó el poder a la brava en 1976. Oficial primero de la organización armada Montoneros bajo los alias de Esteban y Neurus, el escritor había evolucionado políticamente con los años y estaba decidido a llevar hasta sus últimas consecuencias su compromiso con la lucha revolucionaria. Cuando cayó en una emboscada de un «grupo de tareas» de la dictadura, en marzo de 1977, llevaba un maletín donde horas antes había guardado para su distribución varias copias de su testamento literario, la Carta abierta de un escritor a la Junta Militar. Llevaba también, ajustado a la ingle, un revólver que usaría antes de ser acribillado en una esquina de Buenos Aires.
En una edición cubana de Operación Masacre y ¿Quién mató a Rosendo? (la otra gran crónica larga de Walsh) el escritor Leonardo Padura, autor del prólogo, advertía hace ya una década sobre la dificultad de encuadrar esas obras en un género literario concreto y concluía, como otros expertos, que tanto Walsh como otros cultivadores ilustres de la denominada crónica narrativa (de Norman Mailer a Gabriel García Márquez) enriquecieron los principios del oficio borrando esa frontera invisible que separa el periodismo de la literatura de ficción y moldeando un nuevo género literario, catalogado desde entonces de muy diversas maneras. El éxito de esa aventura literaria —sostenía Padura— radica en la permanencia que alcanzaron esos textos, «vivos y palpitantes cuarenta, cincuenta años después de escritos, capaces de mantenerse muy lejos del infinito cementerio en el cual ya está muerto y enterrado el periódico que leímos ayer».
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Hola, Jesús. Estamos haciendo actualizaciones en el servidor, en unos días volverá a funcionar como antes. Gracias y un saludo.
Gracias a vosotros por la información. Otro saludo.
Excelente artículo, gracias por rescatar la memoria de un ser tan notable para las letras argentinas y latinoamericanas como Rodolfo Walsh.
Un escritor notable con una obra que deberíamos conocer más y mejor. Roberto Bolaño –que no elogiaba por cierto a cualquiera– no se cansaba de recomendarlo.
Buen artículo. Le he leído casi todo y es muy bueno, Me gusta especialmente El Caso Satanovski.
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