
A sus ochenta y ocho años, José Jiménez Lozano charla, ríe e ironiza, incansable. Es un escribidor pequeñito, alegre y sabio. Pasa de la broma y el chiste a hacer un comentario histórico fundamentado de nuestra «tierra de conejos», que es como le gusta llamar a España. Es premio Cervantes y otras muchas cosas. Ha publicado veintisiete novelas, doce libros de cuentos, nueve poemarios y siete diarios. Es el maestro de Alcazarén y hasta este pueblecito de Valladolid vienen a charlar amigos de todas partes —Rusia y Estados Unidos, Islandia y República Checa, Alemania e Italia, México e Inglaterra—. Nos recibe en su casa, hecha de ladrillo mudéjar y suelo ajedrezado, como de estancia holandesa, en la que se oye el cacareo de las gallinas del licenciado y se disfruta del jardín de Dora, su mujer. Nos acomodamos en torno a la mesa en la que escribe, rodeados de libros y de complicidades —una candela, varios pájaros, un baldosín árabe, una menorá judía, un retrato antiguo o la imagen de una virgen románica—. Del estudio, pasamos a una salita, Dora nos ha preparado un magnífico aperitivo, nos sentamos en la mesa camilla debajo de un inmenso retrato de Juan Massana. Nuestros ojos van del Jiménez Lozano real al del cuadro. El pintado tiene una mirada, intensa y pensativa. El de carne y hueso tiene unos ojillos atentos, descubridores y alegres. Es la mirada que se transparenta en sus escritos. Y de esa mirada una lengua que nos traslada a la época de un español recién nacido y hablado por la gente para decirse. Da gusto escuchar su cadencia. Empezamos la entrevista yendo hacia atrás, hasta su nacimiento en 1930.
Habla de su nacimiento como un traumatismo ¿Por qué lo describe así?
Me contó un médico de la familia que asistió a él que fue un parto muy difícil y que la anoxia del recién nacido fue tremenda. Lo demás, lo de las angustias existenciales, literarias o filosóficas lo dice Otto Rank, y yo lo he repetido simplemente, pero no de tal manera como para hacerlo mío. Les diré que Francisco Javier Higuero tituló su tesis doctoral: La imaginación agónica de Jiménez Lozano; pero otro crítico de mis poemillas ha escrito, a propósito de La estación que gusta al cuco, publicada cuando yo cumplía ochenta años que «mientras las obras de sus contemporáneos, y también de las generaciones posteriores, se ensombrecen hundidas en el pozo del paso del tiempo y se agotan en el bucle de la idea de la muerte, la poesía de Jiménez Lozano rezuma en cada libro mayor optimismo vital». Al reaccionar en la hora de aquel mi difícil nacimiento, decidí encontrar al mundo bastante interesante.
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Para emocionarse con el vitalismo, y agudeza de este hombre:
«Y, de repente, me acuerdo de que en la Biblia de Ferrara según va haciendo el Creador a las criaturas, dice: «¡Qué bueno!», mientras otras biblias traducen: «Y vio que era bueno» como diría un inspector o un aduanero. Va un mundo entre aquella traducción y las corrientes. En el XV la vida sería difícil pero la alegría de vivir era desbordante, y esto se refleja en toda la literatura medieval.»
Un ejemplo mas que dios no existe,este hombre se morirá pronto y sergio ramos durara una eternidad.tengo 77 años y todo lo que dice este hombre debía ser de obligado cumplimiento leerlo en los colegios públicos diariamente, solo lo escrito en esta pagina es una vida.
Magnifica y maravillosa entrevista. Añadir que hemos venido al mundo para ser felices: Miren a los bebés humanos cómo sonríen a la vida y rezuman felicidad.
Que maravilla, gracias
Entrevistas así, me reconcilian con la prensa escrita. Vale la pena leerla una y otra vez. Gracias
Leer esta entrevista me ha dado alegria de vivir. A mi k pienso,cada día, en morir ya. Gracias
Sus diarios son todo un tesoro. También algunos de sus poemarios.
Para mí es uno de los escritores más importantes: me acompaña con frecuencia cuando necesito compañía. Quiero decir con esto, pues, que me resulta imprescindible.
Gracias, don José.
El titular lo suscribo de cabo a rabo: mi mujer, Franky mi canario y mi Gibson Les Paul.
No es cosa abultada señalar que José Jiménez Lozano es el mejor escritor [escribidor, diría él] vivo en español. Sus palabras, sus voces -y el modo de cantarlas- no tienen parangón. La hondura de sus pensamientos, su «imago mundi», sus complicidades literarias son verdaderamente admirables y sobrecogen a cualquiera que se haya adentrado en sus mundos literarios. La lucidez, la honestidad y la mirada de este hombre siguen intactas aún hoy en que la mentira, los falsos brillos y los trampantojos cegadores nos han sacado a todos los ojos, y no vemos.
Gracias por esta maravillosa entrevista.
Gran entrevista, muchas gracias. Pero, por favor, corregid esta errata. Es Karl Löwith, no «Karl Löwit».
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Fantástica entrevista a un personaje fascinante.
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