
Ustedes van a leer un montón sobre Mayo del 68. Sí, sí, pueden creerme. A los malos plumillas, y yo soy de los peores, nos encantan las fechas redondas. Traen la historia hecha, no sé si me explico. Así que eso, se van a cansar de conocer vida, obra y milagros de Cohn-Bendit, de Sartre, de Mitterrand («una revuelta de estudiantes vagos», llegó a decir, el muy masón). Se empacharán con las soflamas un poco horteras, un poco cursis, que se pintaron en París. Prestigiosas lumbreras engarzarán interpretaciones infantiloides, condenas y seguimientos sin más base que la nostalgia o el desprecio. Contexto cero, vaya. En fin, lo de siempre. Pero seguramente no encuentren mucho sobre el deporte en el marco de este ¿movimiento? Como mucho algo de Kopa, y ya. Y es una pena, ¿eh? Así que a eso venimos aquí. A colmar lagunas, que dicen los juristas.
A modo de introducción… la reflexión filosófica que se hace en el Mayo del 68 (sobre todo desde el punto de vista francés) se asienta en una serie de críticas al establishment. Vamos a ver si nos suenan de algo. En primer lugar, la partitocracia, que aleja el verdadero espíritu democrático del ciudadano y dibuja a los partidos como entes autónomos con intereses propios, lo que acarrea un descrédito de las sedes parlamentarias, convertidas en poco menos que clubes con cuatro, cinco o seis miembros. En segundo lugar, la crisis que habría de llegar sobre el estado del bienestar (joder, que estamos en 1968, es para troncharse), provocada por el cambio en la pirámide poblacional del occidente europeo. Y, por último, una recesión a nivel casi social, con Estados arcaicos incapaces de hacer frente a las nuevas necesidades de enormes bolsas de población que no encuentran acomodo bajo las estructuras tradicionales.
Ya ven, en cuatro palabras, de forma muy resumida y sin ánimo de ser exhaustivo. Lo dicho, para partirse de risa. O para llorar hasta hartarse.
El Mayo francés (y latino)
Mañana del 22 de mayo. 1968, claro. Parece un día más en la Federación Francesa de Fútbol, sita en el número 60b de la Avenue d´Iéna parisina, a mitad de camino entre el Arco del Triunfo y el Sena. Movimientos perezosos, lectura de periódicos (hay que ver esos estudiantes, qué revoltosos son), estudio sistemático del vuelo (lento pero majestuoso) de las moscas en el interior del edificio. Pero en un momento, como sucede en las novelas malas, todo va a cambiar.
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Lo del Mayo 68 en PARÍS fue una cosa «muy grande» para bien los Franceses y Trabajadores.—-a pesar de los pesares.—!!!!
jo, qué maravillosamente entretenida es la historia. gracias.
El Mayo del 68 fue un acontecimiento nefasto para la izquierda. Fue el triunfo del infantilismo izquierdista de los troskos y del espíritu impaciente de los anarcos.
La burguesía progre diletante, oportunista y revisionista frente a las clases populares y trabajadoras.
Hedonismo, inmediatez, superficialidad, relativismo…
Un pozo negro, lleno de vicio.
Guau, Máximo. Que análisis, así, resumido, tan acertado, atrevido, insólito y diletante. Sin acritud.
Pues en mi caso si hay actitud, tiene mérito condensar tantas paparruchas en tan poco espacio… Hay quien pontifica y sube el pan!
Ameno artículo Marcos, como siempre.
Saludos
Acritud, se entiende…