Ficción virtual

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Matrix (1999). Imagen: Warner Sogefilms.

El ser humano siempre se ha cuestionado los límites de la realidad. Es una cuestión tan natural que es imposible no planteársela algún día. ¿Cómo puedo saber si lo que ven mis ojos, o lo que percibo con mis otros sentidos, es real? Todos hemos sido alguna vez engañados e incluso hemos confundido los sueños con la realidad. ¿Cómo puedo saber entonces si estoy dormido o despierto? Incluso el más racionalista habrá dudado en algún momento. Filósofos, místicos y científicos han dedicado toneladas de papel a este tema. Si el mundo, o parte de él, no es real, ¿qué pasa con nosotros? Esta pregunta se ramifica dando lugar a una miríada de nuevas preguntas de difícil respuesta. «¿Quién, cómo y por qué?» son sin duda las más obvias. Las implicaciones son complejas, tanto a nivel colectivo como individual. No es fácil seguir con tu vida cuando sabes que tu pareja es producto de la imaginación de alguien, o un sueño, o una simulación realizada por una cultura superior.

Muchos creadores han tomado varias de estas preguntas como punto de partida para sus historias. Así nos encontramos con Bastian leyendo la Historia interminable (Die unendliche Geschichtesin saber que se vería dentro de la misma. Alicia y Dorothy tampoco tenían nada claro si lo que les ocurría era real o producto de su imaginación. Ni siquiera el lector, habitualmente más conocedor de lo que sucede que los personajes, podía apostar con seguridad.

Por supuesto, en esto hay niveles, como en todo en la vida. No es lo mismo estar parcialmente engañado a que toda tu vida sea una farsa. Tampoco es lo mismo si el engaño se basa en la realidad a si es algo totalmente fantástico.

Muchos son los ejemplos de realidades ficticias (o ficciones reales) que nos podemos encontrar. Veamos algunos.

1. El mundo real

Empecemos por el contraejemplo que nos sirve para comenzar a construir nuestra jerarquía. En el nivel cero se encuentra el mundo real, suponiendo que sea como pensamos que es.

Casi todas las obras de ficción tratan de gente viviendo en un mundo que de una manera u otra conocen. Por supuesto, hay que aceptar un cierto nivel de engaño dado que eso ocurre en el mundo real. Madame Bovary no es considerada una novela sobre los límites del conocimiento a pesar de que el pobre Charles no sepa que su mujer anda de picos pardos. También se incluyen aquí las novelas de espías, que suelen estar basadas en el engaño. Incluso podemos contar la ficción fantástica como El señor de los anillos (The Lord of the Rings), o la ciencia ficción, siempre que los protagonistas de las mismas sean conscientes del mundo en el que viven.

A partir de aquí comienza la irrealidad.

2. El engaño

En la primera planta de nuestro edificio nos encontramos la ficción donde los protagonistas, o incluso todo el mundo, viven en un engaño. Por supuesto, el engaño debe ser suficiente como para hacernos dudar de la realidad en sí. No basta para entrar en este nivel con un engaño puntual, o con las fake news que nos dicen que nos podemos curar el cáncer oliendo un limón.

La idea de la manipulación masiva es casi tan antigua como la prensa. En 1949 el autor inglés George Orwell publicó la novela  distópica 1984. En ella el protagonista, Winston Smith, trabaja en el Ministerio de la Verdad y su labor es precisamente modificar los periódicos pasados para adaptarlos al momento. El cambio de la historia permite al Gobierno, representado en el omnipresente Gran Hermano, modificar la realidad para perpetuarse en el poder. Se podría alegar que esto ocurre en la realidad, y que estamos todos manipulados, pero es difícil pensar que tanto nivel de manipulación sea realizable con los medios actuales.

En otras obras, la manipulación se da a un nivel más íntimo. Menos global. No es necesario que todo el mundo viva engañado para que una obra trate principalmente sobre el engaño. El ejemplo más popular es sin duda la película El show de Truman (The Truman Show). En este caso se trata de un personaje que vive fuera de la realidad. Todos los que le rodean no solo no viven engañados, sino que participan activamente de la trama. El resto del mundo sabe bien la verdad, ya que la vida de Truman constituye el programa de televisión más popular del mundo. Sin embargo, para Truman todo es engaño, por lo que vive una vida muy diferente a la real. El comportamiento de sus amigos, sus padres, o su pareja; lo que ve por televisión o el periódico que lee; incluso el clima, todo está calculado para subir audiencias.

Un ejemplo menos popular es el cortometraje Te lo mereces, dirigido por Felipe Jiménez Luna. Es un corto muy similar a El show de Truman, pero estrenado dos años antes.

Si la película se inspiró en el cortometraje es algo que me temo que nunca sabremos.

3. Alucinaciones

Continuando en la línea de lo que es factible nos encontramos con la idea de un desequilibrio mental, antes llamado locura, que nos haga creer como ciertas cosas que no lo son. La esquizofrenia es una enfermedad que afecta en torno al 1% de la población americana, con porcentajes algo menores en otros países del primer mundo. Otras enfermedades mentales, como la bipolaridad, también pueden causar alucinaciones.

Esta es la idea central de la obra maestra de la literatura española. Hablamos, claro está, de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. La escena más popular de esta obra es sin duda la de los molinos de viento, que es un buen ejemplo del nivel de desapego de la realidad que tiene el protagonista.

En esto descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo, y así como don Quijote los vió, dijo a su escudero:

—La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o poco más desaforados gigantes con quien pienso hacer batalla, y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer: que esta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.

—¿Qué gigantes? —dijo Sancho Panza.

—Aquellos que allí ves —respondió su amo— de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas.

—Mire vuestra merced —respondió Sancho—, que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que volteadas del viento hacen andar la piedra del molino.

—Bien parece —respondió don Quijote— que no estás cursado en esto de las aventuras; ellos son gigantes, y si tienes miedo quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.

El coprotagonista, Sancho Panza, hace las veces de ancla que mantiene a don Quijote en el mundo real. A medida que avanza la novela, sobre todo la segunda parte, Panza se va volviendo más idealista, mientras que su amo se va volviendo más realista. Este juego entre la ficción y la realidad de los personajes los mantiene siempre entre dos mundos.

Más desapego respecto a la realidad tenía Trevor Reznik, protagonista de la película El maquinista (The Machinist), interpretado por Christian Bale. Reznik sufre de un permanente insomnio producto de un evento traumático. Esto le provoca, además de una extrema delgadez, una mezcla de recuerdos e imaginaciones que confunde con la realidad. Dado que la película está contada desde el punto de vista del protagonista, es difícil incluso para la audiencia distinguir qué es real y qué no.

Dentro de este campo también hay ficción basada en la realidad como Una mente maravillosa (A Beautiful Mind), que cuenta la vida del matemático esquizofrénico John Nash.

Al igual que en el caso del engaño, aquí nos movemos dentro de lo plausible. Esto es usado como recurso para involucrar a la audiencia en la obra. Tanto Una mente maravillosa como El maquinista formulan muy elegantemente la siguiente pregunta: «¿Cómo podemos estar seguros de que todas nuestras experiencias diarias son reales?».

4. El sueño

La idea de confundir los sueños con la realidad es también muy antigua, y ha sido tratada por numerosos filósofos. Platón conjeturó que el hombre vive en un estado similar al sueño, entre tinieblas que le permiten solo intuir la realidad.

Al ser este tema bastante tópico, hay numerosas obras que lo tratan. En la literatura española el ejemplo arquetípico es La vida es sueño, de Calderón de la Barca. Esta obra se mueve entre este nivel y el primero, ya que gran parte de lo que ocurre se debe al engaño. El rey Basilio, padre de Segismundo, no se fía un pelo de su hijo, al que abandonó. Para ponerlo a prueba decide llevarlo dormido a palacio y ver su comportamiento, pero guardándose la posibilidad de hacerle creer que todo es un sueño. Segismundo, que no es muy avispado, cree que su vida anterior ha sido un sueño y decide comportarse de la manera más despótica posible, asesinato incluido. El rey, al ver su comportamiento, decide hacerle ver que todo ha sido un sueño, y Segismundo se cree la treta, terminando su famoso monólogo de la siguiente manera:

¿Qué es la vida? Un frenesí.

¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

Hay engaño, eso es cierto, pero el tema principal de la obra es la dificultad de distinguir la realidad de los sueños.

Origen (2010). Imagen: Warner Bros.

Dentro del campo de la ciencia ficción nos encontramos con la película Origen (Inception), dirigida por Christopher Nolan. La mayor parte de la trama no trata sobre este tema. Hay gente que se infiltra en los sueños para robar información, pero ni ellos ni la víctima confunden necesariamente el sueño con la realidad. Sin embargo, hay una trama oculta que poco a poco se le revela al espectador. Antes de comenzar los hechos que narra la película, el protagonista, Dom Cobb, pasa un tiempo psicológicamente extenso en un sueño. Le acompaña su mujer, Mal, interpretada por la brillante Marion Cotillard. El tiempo que pasan en el sueño se les hace tan largo que Dom no tiene más remedio que hacérselo más llevadero a su mujer inoculándole un pensamiento, que ese mundo es real. El problema llega al despertar, cuando la pobre Mal se vuelve incapaz de reconocer el mundo real, y piensa que es entonces cuando sueña.

Volvemos entonces a la pregunta original. Todos hemos vivido sueños tan reales que hemos tardado en recuperarnos de ellos después de despertar. Algunos incluso nos han hecho intentar dormirnos de nuevo con la esperanza de recuperarlos y no tener que enfrentarnos con la realidad.

5. La realidad virtual

En este nivel ya nos salimos de lo que nos podemos encontrar en nuestro mundo actual (si tal cosa es real) y nos metemos de lleno en el mundo de la ciencia ficción. Nos referimos a tecnología que pueda llegar a engañar nuestros sentidos, haciéndonos dudar de lo que vemos, oímos o sentimos.

Para entrar en este nivel necesitamos encontrar obras en las que parte de lo que ocurra sea creado por ordenador, y que se confunda con la realidad. Así que no nos referimos a la realidad virtual que ya existe. Si juegas un rato a matar marcianos con tus gafas 3D, no deberías luego confundirte mientras estés conduciendo. Solo cuando el nivel de realismo llegue a ciertos límites deberíamos preocuparnos, y eso es lo que ha explorado la ciencia ficción.

Una película ya clásica se encuentra entre este nivel y el anterior. Hablamos de Desafío total (Total Recall), película estrenada en 1990 pero que se basa en un relato de Philip K. Dick de 1966 (Podemos recordarlo todo por usted). En esta grandiosa película podemos ver a Arnold Schwarzenegger en el papel de Douglas Quaid, un obrero de la construcción cuyos sueños le animan a ir de turismo a Marte. Como no sabe si sus sueños se basan en algo real volvemos al nivel anterior, los sueños. Como es pobre, y su mujer no le apoya, decide «viajar» con la empresa Memory Call. Esta compañía se dedica a implantar falsos recuerdos para crear la sensación de haber vivido una aventura. La cosa se complica cuando la intervención hace aflorar lo que parecen ser recuerdos reales de una vida pasada. Para más sorpresa, en esa vida el humilde obrero es un espía de élite que colabora con la resistencia marciana. El resto de la película es una apoteosis de violencia gratuita, mutantes con tres pechos, terroristas buenos y complots. Genial. Durante toda la trama la idea de si lo que ocurre no es real está muy presente, de modo que nos encontramos en el camino intermedio entre un mundo virtual y un sueño confundido con la realidad (y viceversa). Incluso durante el desenlace el espectador no tiene del todo claro qué es real y qué no.

Los videojuegos también son un buen caldo de cultivo para explorar la relación entre la realidad virtual y la realidad real. Una no muy conocida película sobre el tema es Juego mortal, viaje interactivo (Brainstorm). Esta película, a pesar de no ser una gran película y de competir por el Óscar a la peor traducción de un título al español, explora de manera entretenida el tema de los videojuegos y la realidad. La idea es sencilla: un estudiante de dieciséis años compra un nuevo videojuego que le permite, por medio de hipnosis, cometer un asesinato. El problema viene al día siguiente cuando descubre que el asesinato ha ocurrido en realidad. Similar trama tiene «Playtest», un reciente capítulo de la serie británica Black Mirror (temporada 3, episodio 2).

Se puede alegar que los videojuegos no entran dentro de esta categoría, ya que uno accede a ellos de manera voluntaria. No obstante, aunque sepas lo que estás haciendo, si la ilusión es suficientemente realista es probable que seas confundido. El saber que en el tren de la bruja no hay monstruos de verdad no te evita el susto.

6. La simulación

Un caso extremo de realidad virtual sería el de la simulación, todo un mundo generado por ordenador en el que vivimos inmersos sin ser conscientes de ello. Pueden habernos borrado nuestra memoria anterior, o podemos vivir en él desde que nacemos, pero no somos conscientes de cómo es el mundo real.

Siguiendo esta idea, en 1999 las hermanas Wachowski estrenaron The Matrix. Nada volvió a ser lo mismo. Los noventa fueron una década de películas de acción, incluyendo al James Bond de Pierce Brosnan saltando de una avioneta montado en una moto. En medio de toda esa ficción basada en violar las leyes de la física, las Wachowski encontraron la excusa perfecta para crear una película de acción donde salirse de la realidad no fuera un problema. El tema central es cómo toda la humanidad vive engañada en un mundo virtual. Solo un selecto grupo de rebeldes conoce el mundo real y trata de salvar a sus congéneres.

El caso de Matrix es más extremo que la simple realidad virtual. En Matrix no entra uno voluntariamente. Directamente desconoces el mundo real. Se podría ir incluso más allá. Matrix es un mundo creado a semejanza al real, pero podría incluso ocurrir que no tuviera nada que ver. Quizás este mundo es una simulación de otro en el que no hay ni seres humanos, ni ordenadores, ni máquinas.

7. El universo parcial

Tomorrowland (2015). Imagen: Walt Disney Pictures.

Puede ocurrir también que lo que veamos sea real, pero solo parcialmente, de modo que vivamos engañados. Por supuesto, no nos referimos al mero hecho de no ser omniscientes. Sin duda hay mucho que desconocemos. Nos referimos más bien a que vivamos en un engaño en cuanto que la realidad que vemos sea solo una pequeña parte de una historia que es controlada o conocida por otros individuos.

De nuevo, esta idea es muy antigua, y podemos retroceder hasta Platón y su mito de la caverna (1). Según el filósofo griego lo que vemos no es la realidad en sí, ya que nuestros sentidos y prejuicios nos lo distorsionan. Es por eso necesario cultivar el uso de la razón y el estudio para poder alcanzar una visión más real de las cosas. La idea de un mundo más extenso al que perciben nuestros sentidos es también algo común a prácticamente todas las religiones.

Esto es un tema muy recurrente en la ficción que trata con temas místicos. Un ejemplo reciente sería la película de Marvel Dr. Strange, así como toda la ficción asociada a este personaje. El Dr. Strange, junto a un grupo de selectos magos, son los únicos que pueden interaccionar con la dimensión astral. Así, nuestro mundo es solo parcialmente real y los fenómenos paranormales forman parte natural de esa realidad extendida.

Dejando el misticismo a un lado, también puede ocurrir que nos oculten la realidad. La idea de un complot multinacional para mantenernos engañados no es nueva, y tampoco tiene por qué ser falsa. Un ejemplo es el mundo de Tomorrowland, una película entretenida, con una fotografía preciosa, pero con un guion lioso y sin mucho fundamento. En ella podemos ver un mundo alternativo en que los mayores avances tecnológicos de la humanidad son negados a la mayoría y confinados a una ciudad secreta. Otro ejemplo sería la divertida Men in Black, y con ella casi todas las películas sobre extraterrestres en las que se decide ocultar la presencia de estos a la población. Parece que los guionistas y cineastas no tienen mucha confianza en nuestra capacidad para convivir con seres de otros planetas. Estos ejemplos entrarían también dentro de la categoría del engaño masivo, pero su principal característica es la existencia de una sociedad paralela que prefiere mantenerse en el anonimato.

8. El multiverso

¿Y si el universo es el que es, pero existen otros? Esta es una idea que, aunque parece un poco loca, los científicos serios se han planteado (2). Volvemos de nuevo a movernos entre distintos niveles, ya que el caso de Dr. Strange podría encuadrarse en este nivel. Sin embargo, aquí vamos a hablar solo de copias, más o menos fieles, de nuestro propio universo. Por supuesto, tiene que haber algún tipo de interacción entre los otros universos y el nuestro, si no, la cosa no daría para mucho.

Los ejemplos que podríamos dar son innumerables, pero nos centraremos en los más recientes. Poco después de que Matrix hiciera historia salió la inefable película El único (The One). Intentando aprovechar la ola de la obra maestra de las Wachowski, James Wong creó una película en la que hay ciento veinticuatro copias de uno mismo, repartidas por distintos multiversos. El policía interdimensional Gabriel Yulaw (Jet Li), en un arranque de egocentrismo multidimensional, se dedica a matar a sus copias para absorber así su energía vital. Eso da pie a vibrantes escenas de acción, pero la historia en sí carece de credibilidad.

Más reciente (y mejor) es la serie Rick and Morti, nuevo objeto de culto de los frikis del mundo. En esta, un abuelo científico, Rick, y su nieto no muy brillante, Morti, viajan por un infinito multiverso. Se encuentran con sus alter egos en numerosas ocasiones, y llegan incluso a sustituirlos o matarlos cuando las cosas se complican. A pesar de un humor soez, se trata de una serie con un contenido en ciencia ficción muy profundo, y con la que pensar sobre el significado mismo de la realidad.

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(1) Que en realidad no es un mito, más bien una metáfora o alegoría.

(2) Para quien quiera leer un poco de la ciencia detrás de este tema hay un artículo antiguo pero muy bueno, «¿Existe el Multiverso?»Investigación y Ciencia, octubre 2011, página 421.

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2 comentarios

  1. Rafowsky

    Hay un error en el artículo en la parte que habla de Origen. Lo que el personaje de Leonardo DiCaprio le inocula a su mujer no es la idea de que ese mundo es real, sino todo lo contrario, le inocula la idea de que ese mundo es un sueño. El problema viene de que lo hace “tan bien” que la mujer sigue con esa idea en la cabeza aún cuando ya está en el mundo real.

  2. Kalamar

    Las hermanas Wachowsky? Creo que se te ha colado una errata por ahí, por lo demás me ha encantado el artículo, un saludo!

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