
El debate académico sobre nuestra deuda con roma recuerda a una escena de La vida de Brian, donde un militante del Frente Popular de Judea organiza, sin quererlo, una discusión en torno al acueducto, el alcantarillado, el vino, la paz, y una larga lista de logros. La diferencia es que en la película al final llegan a un acuerdo, mientras que en el mundo académico la discusión todavía continúa.
Este debate del legado romano está íntimamente ligado a otra cuestión, la de la naturaleza del declive y fin del Imperio, sobre la que ha habido teorías encontradas a lo largo de la historia —a menudo relacionadas con la ideología política imperante—. Aunque la admiración por el mundo clásico viene de muy atrás, la visión del fin de Roma como antesala de un periodo de barbarismo y pobreza se la debemos a la obra magistral de Gibbon de fines del siglo XVIII: La decadencia y caída del Imperio romano. Esta visión gozó de tanta popularidad que encontrar las causas para la caída se convirtió en un deporte académico; el profesor alemán Demandt compiló una lista con nada menos que doscientas diez alternativas, entre las que vale la pena destacar la impotencia, el bolchevismo o la glotonería. No obstante, esta visión cambió hace pocas décadas, cuando un nuevo paradigma, el de la antigüedad tardía, comenzó a cobrar relevancia de la mano de Peter Brown. Bajo esta nueva perspectiva, la transición entre el fin del Imperio de Occidente y los reinos germánicos posteriores se considera más como un continuo que como un evento discreto. Eso nos deja con dos visiones contrapuestas, caída o transición, que además suelen ir asociadas a una opinión sobre el Imperio el general: la visión de la transición sugiere que ni Roma fue tan maravillosa como la pintan, ni los bárbaros tan salvajes; mientras que los partidarios de la caída defienden que el Imperio fue algo único.
Cuando se debaten los logros de la civilización romana se enumeran los acueductos y los molinos, sus leyes, su política, su burocracia, la Pax Romana y el latín, pero en realidad el gran legado de Roma para el mundo occidental es el de la sofisticación que esos logros conllevaron y exigieron. Gracias a su aparato estatal y burocrático, Roma fue la primera entidad occidental con una economía compleja, que permitió a sus ciudadanos, incluso de clases desfavorecidas, gozar de un nivel de prosperidad inusitado hasta la época.
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A Roma, antes que nada, le debemos (aparte de la Vida de Brian y sus acueductos: obvian en la lista los útiles «vespasianos») la encomiable labor de rescate de verdades históricas a manos del mejor de los divulgadores: René Goscinny… Y es que con Julio, Astérix, Obelix, Edadepiedrix y Falbala hemos recuperado el frescor de las recreaciones imperecederas y un amor sin par por aquellos (gloriosos y ucrónicos) años, aunque no sepamos aún a ciencia cierta para qué sirve tener un menhir en el salón (quizás para que el cielo no se desplome sobre nuestras cabezas…).
Si en parte también le debemos nuestro idioma, opino que el dono, el latín como materia de estudio, es equiparable a sus métodos de torturas. Todavía no entiendo cómo personas tan pragmáticas, sensatas y en especial modo rudas, hayan inventado un lenguaje tan complicado.
El gran Montanelli en su Historia de Roma, decía irónicamente que las conquistas de los romanos fueron posibles gracias a que el latín ya lo sabían, porque si hubieran tenido que aprenderlo no habrían tenido el tiempo necesario. Asimismo, conjeturaba que una de las causas del derrumbe fue debido a una situación que tiene inquietante paralelismo con nuestra época actual: la presión en sus fronteras de pueblos bárbaros que a su vez eran acosados por otros aún más bárbaros. El caso más notorio es el de los visigodos, que solo querían entrar a formar parte del imperio en paz. Llegaron a un acuerdo, pero, como siempre, por la codicia y ceguera de los senadores romanos se sintieron traicionados, y no tuvieron más remedio que saquear Roma. Parece que tiene razón aquel que dijo que, lamentablemente, la historia no nos enseña nada.
Gracias por la estimulante lectura
¡Quién sabe! Tal vez no estemos tan «al cabo de la calle» después de todo… me pregunto si aún no se ha dado cuenta todavía nadie de que -en perspectiva proyectada- somos todavía los habitantes de una (prolongada) era de auténtica PREHISTORIA respecto al futuro ¿de verdad se creen Vds admirados de constituir la «soberbia» cúspide de las Civilizaciones, habidas y por haber? Piensen por favor, con modestia. Y recapaciten.
Pues le debemos tanto a Roma como al heteropatriarcado, todo tiene sus mas y sus menos.
Pero hoy en dia te crucifican por decir estas cosas…
Pues si, por ejemplo Roma ya tenia problemas con la emigración, lo deja muy claro en esta entrevista a Pijus Magníficus:
http://elvillanoarrinconado.blogspot.com/2018/07/entrevistas-con-la-historia-pijus.html
En realidad, pienso que dados los indicios de propaganda que van desde anuncios por las calles hasta los textos para mejorar la propia imagen la tasa de alfabetización básica debía ser un poco mayor. Las élites no necesitaban ser convencidas con escritos de este tipo, ya formaban parte de redes clientelares. Pero la plebe sí. En cuanto a la tecnología, algo más debía haber, ya que por más copiada que fuera de Cartago, Roma tuvo flota propia, y un barco hay que medirlo si no queremos que se vaya a pique a la primera maniobra.
¿Los romanos?… Una MIERDA al lado de los etruscos.
http://www.youtube.com/watch?v=kXnQriwgCuE
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