
A diferencia de nuestra era, tan acostumbrada a comenzar a contar citando la letra escrita, hubo un tiempo en que solo la persistencia a través de generaciones de las historias orales las consagraba a quedar retratadas en páginas. Un tiempo en que el mito era la cristalización, como un diamante, de una historia contada mil veces para explicar lo inexplicable, fuesen los orígenes del mundo, las catástrofes naturales o el motivo por el que una cosecha había sido extraordinariamente buena.
Aproximadamente cinco mil años antes de que Pericles pusiese la primera piedra para el Partenón de Atenas y de que Ovidio contase en sus Metamorfosis la historia del minotauro, el mito ya había echado raíces en la isla de Creta, en plena Edad del Bronce.
Minos, el más antiguo de todos aquellos que hemos oído, construyó una armada con la que se apoderó de la mayor parte del mar de Grecia que ahora es, señoreó las islas llamadas Cícladas y fue el que primero las hizo habitar (…) además limpió la mar de corsarios y ladrones.
Tucídices, Historia de la guerra del Peloponeso.
El rey Minos, hijo de Zeus, señor de Creta y del mar Egeo, promete al dios Poseidón que sacrificará en su nombre a la primera criatura que le mande del mar. Los dioses, ya se sabe, a pesar de ser todopoderosos, siempre han sido muy de buscarnos las vueltas a los mortales, así que Poseidón materializa un toro blanco magnífico que deja embelesado a Minos, y este, en lugar de sacrificarlo, lo manda a pastar (literalmente) y lo sustituye en el ritual por otro toro de sus rebaños, esperando que Poseidón no se dé cuenta, porque también los humanos tenemos una tradición ancestral de creernos más listos que nadie.
Los dioses son tradicionalmente implacables reclamando deudas y mandando represalias por retrasos en el pago, Poseidón impone un castigo brutal por la deslealtad de Minos. Su esposa, Pasífae, se enamorará del toro blanco, se apareará con él y quedará embarazada. Nueve meses más tarde dará a luz una criatura híbrida y monstruosa, con cuerpo de hombre y cabeza y cuernos de toro, el minotauro.
Minos, furioso y avergonzado, pide a Dédalo que construya un laberinto donde encerrará a la bestia y calmará su furia cada nueve años, entregándole jóvenes vírgenes a los que devorar.
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Gracias, mil gracias por este artículo, me ha encantado. Y que razón tenían los antiguos griegos, todas las historias ya estaban contadas en su tiempo.
¿Y en todo esto, encaja de alguna manera el mito de los atlantes?
Lectura estimulante. Ya toda una constelación de fantasias prenden vuelo. El bisonte de las cuevas de Altamira, generador del toro de Cnosos. Por qué no? Gracias por la lectura.
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