Niñatos de élite esperan con sus millones el fin del mundo

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«Yo nunca he estado en América, pero he visto esas películas, y esas series, como vosotros». Es un frase de Goyo Jiménez en uno de sus monólogos, a la que sigue esta otra de «tú eres el líder, Mike, debes decidir». Con ellas el humorista resume a la perfección a ese protagonista made in USA que salva a su pueblo, nación o planeta del apocalipsis, y el modo en cómo se ha hecho reconocible para nosotros. Lleva medio siglo apareciendo en guiones y narrativa, desde que la Guerra Fría extendió la idea de que podíamos irnos al garete de un día para otro. Ahora que los miedos son otros la élite de empresarios tecnológicos de aquel país ha rescatado las ideas de la ficción para creer a pies juntillas que el mundo está a punto de acabar. Van a ser Mike, y van a ser el líder. Pero esta vez, como en la mejor distopía, no para salvarnos a todos nosotros, sino solo a ellos mismos.

No es un chiste, ni una película. Los creadores de Facebook, eBay, Tesla, y Space X, entre otras, y los altos ejecutivos de la mayoría de empresas tecnológicas creen que un final trágico de la humanidad ocurrirá antes de una década. El cambio climático, la desigualdad económica y nuestra dependencia cada vez mayor de las tecnologías que ellos han desarrollado traerán muy pronto guerras nucleares, desabastecimiento de alimentos, revueltas civiles y apagones energéticos generalizados. Previéndolo han diseñado planes para salvarse, que conocimos inicialmente gracias a la indiscreción de Sam Altman. Este magnate no solo explicó el suyo, indicó también que otros como él estaban preparándose.

Altman es el responsable de que nuestros teléfonos móviles compartan su geolocalización con las apps. Eso le hizo billonario, y luego ha seguido sumando fortuna como CEO de Y Combinator, vivero de empresas con casos de éxito notorios como Airbnb. Pero por encima de eso es el tipo que tiene la moto y la bolsa de supervivencia para cruzar un San Francisco asolado por el apocalipsis. Su plan es esquivar sobre dos ruedas y a lo Mad Max los miles de vehículos que colapsarán las carreteras huyendo del caos. Tiene las armas preparadas en su mochila de emergencia, junto a baterías de repuesto para su móvil y ordenador, algo de agua, y una máscara antigás. A toda pastilla, y a tiro limpio si hace falta, ese día final se reunirá en un aeródromo secreto con Peter Thiel, otro de los millonarios apocalípticos, fundador de eBay, y con unos cuantos más de un grupo cuyos nombres no han trascendido. Un jet privado les conducirá a todos hasta sus búnkeres secretos, que ya tienen construidos y equipados en fincas de Nueva Zelanda.

No ha sido una elección al azar. La nación del Pacífico puede alcanzarse en pocas horas de vuelo desde la costa oeste de Estados Unidos. No tiene valor geoestratégico, ni materias primas importantes en su territorio. Por tanto suponen que nadie intentará conquistarla si se produce una Tercera Guerra Mundial. Confían en que tenga un papel tan neutral como tuvo Suiza en la Segunda. Pero es que además sucesivos gobiernos neozelandeses han desarrollado programas para atraer a inversores que incluyen permisos de residencia. Peter Thiel obtuvo la nacionalidad tras pasar catorce días allí, y desembolsar alrededor de 13,5 millones de dólares. Gran parte de esta cantidad fue destinada a la compra de un rancho de algo menos de 200 hectáreas, que incluye una mansión en su superficie. Y que ahora tiene además un lujoso búnker subterráneo, mandado construir por él mismo en algún lugar de ese inmenso terreno.

Gary Lynh, uno de los principales fabricantes de estas viviendas para el fin del mundo, asegura que otros seis grandes empresarios de Silicon Valley han seguido su ejemplo. Le han elegido a él, asegura, porque construye sus búnkeres con estructura de acero, y ofrece al cliente la posibilidad de fabricárselos como una mansión de lujo. El que supuestamente eligió Thiel incluía, además de un amplio espacio residencial, un cine, gimnasio, piscina, jacuzzi e invernadero. Figura en su catálogo a la venta por ocho millones de dólares, más extras de personalización. Por ese precio te la dejan preparada, amueblada y sepultada bajo tierra, con una entrada secreta y no visible para merodeadores. Y con suficientes reservas de comida, semillas, antibióticos, medicinas y agua potable como para no depender del exterior en largo tiempo.

Thiel, considerado pionero y ejemplo a seguir por la élite apocalíptica, desató la fiebre por esta opción hasta hacerla morir de éxito. El pasado mes de agosto fueron transportados los dos últimos refugios a Nueva Zelanda, antes que el gobierno de ese país vetara nuevas ventas a extranjeros y limitase el programa de visados. Contagiados por el ejemplo de los CEO de Silicon Valley, otros millonarios estadounidenses y chinos han ido adquiriendo propiedades en el país de forma masiva hasta crear un problema de gran envergadura. Hoy las ciudades neozelandesas tienen el precio por metro cuadrado más caro del mundo, impidiendo al acceso a la vivienda de quienes tratan de trabajar y desarrollar su vida allí.

Cabe pensar que esta limitación a comprar su refugio haya irritado a estos billonarios, porque nada les molesta más que someterse a los límites que imponen los gobiernos y sus leyes. En su ánimo de salvarse no hay solo una visión pesimista sobre el presente, sino un deseo de ser los dueños únicos de un nuevo mundo, donde ellos impongan las reglas. El think thank Seasteding anuncia esta visión sin complejos. Aspira a construir nuevas islas en aguas internacionales para que sirvan como naciones donde su población viva con total libertad. Que ellos interpretan como un anarquismo capitalista, donde no se pongan límites a la iniciativa empresarial con tonterías como los derechos laborales, y se paguen cero impuestos. Sus principios son lo más parecido a la Utopía de Tomás Moro desprovista de filosofía y humanismo por un puñado de ególatras. Desde sus islas nación prometen reconstruir el mundo, y quedar a salvo de los que identifican como tres grandes males contemporáneos: la subida del nivel del mar, la superpoblación, y el escaso nivel intelectual de la clase política. Peter Thiel, que les apoya decididamente, debió sugerirles este último punto después de ejercer como asesor de Donald Trump.

Pero no todo consiste en buscar paraísos a los que escapar, también buscan el secreto de la eterna juventud. Apostando fuerte por empresas como Ambrosia Plasma, que promete rejuvenecer tu organismo mediante transfusiones regulares de dos litros de sangre obtenida de jóvenes menores de veinticinco años. Este proceso se comprobó que sucedía en un experimento de 1956, y es denominado parabiosis. A sesenta y nueve parejas de ratones se las unió por el flanco, haciéndolas compartir el sistema circulatorio. El resultado fue que los más jóvenes transmitieron su juventud a los más mayores. Pero esta aparente evidencia científica no lo es, dado que la investigación no ha vuelto a replicarse; no se sabe si funcionaría en humanos, y tampoco hay una ambición científica o investigadora al respecto en Ambrosia Plasma. Su único objetivo es rejuvenecer a personas maduras a ocho mil dólares la transfusión y no hay evidencia de que lo hayan conseguido. Sí han ampliad en cambio el mercado de jóvenes que venden su sangre en Estados Unidos. Allí es legal hacerlo para abastecer las transfusiones de clínicas y hospitales, y numerosas campañas de publicidad se dirigen ya a universitarios prometiéndoles que pagarán con su sangre el coste de los libros de sus asignaturas.

Algunos empresarios han visto la oportunidad en este mercado de millonarios monomaníacos. Es el caso de Kees Mulder, que no tiene reparo en admitir que no cree ni mucho ni poco en el apocalipsis. Sin embargo tiene una fe ciega en que si sus potenciales clientes pueden gastar cien mil dólares en un reloj y medio millón en un coche comprarán sus productos dirigidos al segmento del lujo. Su empresa SpaceLife Origin ha empezado por ofrecer la Mission Ark, con fecha de lanzamiento prevista en 2019. Una esfera que orbitará en torno a la Tierra, preparada para evitar la radiación espacial, el calor de la fricción en su reentrada a la atmósfera, y el impacto de su caída a tierra. Dentro los millonarios podrán albergar sus embriones congelados, que quedarán a salvo de las catástrofes planetarias y podrán ser recuperados para iniciar una nueva humanidad, más selecta. Todo ello por unos asequibles treinta mil dólares, una app para seguir la posición de la bola desde el móvil en todo momento, y la promesa de que esta empresa hará nacer el primer bebé en el espacio en 2024. Es un claro guiño a Elon Musk, que nos anima a conquistar Marte ahora que la Tierra no tiene solución ni remedio, según él.

En inglés ya han inventado un término para definir a este colectivo de apocalípticos, los «preppers». Cuando se profundiza en su mentalidad, enseguida advertimos que sus ideas se las han inspirado el cine y la televisión, no un análisis racional de las posibilidades de que acabemos caóticamente. Yishan Wong, CEO de Reddit, aseguró haber corregido su miopía con láser para no tener que depender de las gafas en el fin del mundo. Sacó la idea de un episodio de la serie televisiva de ciencia ficción The Twilight Zone, emitido en 1959 con el título «Time Enough at Last». Tiempo suficiente, por fin, es lo que tenía su protagonista, único superviviente a un holocausto nuclear, y hasta ese momento oficinista de banca agobiado por su trabajo. Ya estaba a punto de pegarse un tiro, haciéndosele insoportable la ausencia de otros humanos, cuando hallaba la biblioteca municipal sana y salva. Por fin podrá dedicarse hasta la muerte a su verdadera vocación, la lectura. En ese momento sus gafas, por un descuido, caen al suelo, y le dejan en el más borroso de los mundos.

Otro caso similar es el de Antonio García Martínez, ex product manager de Facebook y autor del bestseller Chaos Monkeys: Obscene Fortune and Random Failure in Silicon Valley. Una crítica mordaz a la industria tecnológica que describe dominada por hombres solteros, blandos, débiles, estúpidos y «full of shit», llenos de mierda. A Zuckerberg lo compara con Napoleón, y a las condiciones laborales de su empresa con los regímenes cubano y de Corea del Norte. Esas reflexiones no le impidieron correr a construirse un búnker en su rancho al conocer la victoria de Donald Trump. Con un presidente así, pensó, el fin del mundo era ya una certeza. Acordó también la contratación de una milicia que protegerá su refugio en esos días letales posteriores al colapso.

Hay que señalar que en Silicon Valley se demandan cada vez más a asesores que no planteen soluciones a los problemas globales, sino a cómo desempeñarse en ese escenario final. Una de las mayores preocupaciones es cómo dominar a esa guardia pretoriana contratada para protegerles que, en el apocalipsis, llegará a la lógica conclusión que lo mejor es matar al millonario y quedarse con el refugio y los bienes.

A los que no somos millonarios del 1% solo nos queda como consuelo el verdadero punto débil del razonamiento prepper. En un escenario donde desapareciera nuestra tecnología y nuestra capacidad para generar energía, dos de las claves de nuestro mundo presente, tendríamos que enfrentarnos a la naturaleza para conseguir el sustento. Y siempre estarían mejor preparadas para eso tribus como la de la isla de Sentinel, que lleva setenta y cinco mil años sin tener contacto con otros humanos, o las no contactadas del Amazonas que un millonario en un búnker. Si ese 1% de privilegiados cree en un futuro apocalíptico es porque viven tan alejados de la realidad cotidiana que han olvidado en qué se basa la humanidad. Siempre en colectivos, y rara vez en individuos. Desaparecen culturas, naciones e imperios, pero no los humanos. Colectivamente, y sin considerar el padecimiento que ha entrañado, hemos vuelto a revivir después de guerras espantosas y epidemias devastadoras. Los individuos han muerto, la sociedad ha continuado. La idea contraria parte de unos niñatos hartos de dinero y éxito, que ya solo ven la realidad a través de los ojos de la ficción.

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1 comentario

  1. kilgore

    Estaba leyendo el artículo, ya divertido de entrada, y al llegar al párrafo “Los creadores de Facebook, eBay, Tesla, y Space X, entre otras, y los altos ejecutivos de la mayoría de empresas tecnológicas creen que un final trágico de la humanidad ocurrirá antes de una década. El cambio climático, la desigualdad económica y nuestra dependencia cada vez mayor de las tecnologías que ellos han desarrollado” directamente me he descojonado.
    ¿Cuáles son las tecnologías que han desarrollado Zuckerberg o Musk? Un corcho tecnológico para colgar fotos? ¿Un coche como los de los campos de golf y un lanzallamas de mano?
    ¿Qué ha inventado el de EBay? ¿Una tienda?
    Del otro no digo nada por que no tengo ni idea de qué es eso de Space X (suena a página por no galáctica).
    Ya al leer lo de este huyendo por el Golden Gate en moto el día del Apocalipsis casi me meo.
    La extinción va a venir porque la masa de gilipollas crea este tipo de personajes, pero estoy seguro de que cuando llegue, a estos lumbreras les va a pasar lo del de las gafas en la biblioteca. Me apuesto lo que sea a que el de la moto no cruza el puente ni de coña….

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