¿Qué palabra del castellano merece salvarse de la extinción?

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Hay palabras como «peseta», «tamagochi» o «mariconera» que desaparecen simplemente porque el objeto al que se refieren ya no existe. Esto no resulta traumático, pero sí que otras igualmente preciosas se evaporen incluso cuando los objetos, acciones o cualidades que designan sigan entre nosotros. Muchas de las que se fueron, o están a punto de hacerlo, se las escuchamos a nuestros padres o abuelas, a literatos ilustres o a personajes no tan brillantes. Sabemos que es imposible resistirse a la inexorable desaparición de las palabras, pero algunas merecen una última oportunidad, algo así como un indulto fallero antes de la quema. Voten, hagan el favor, al final de la lista, o añadan en los comentarios las que crean convenientes.

Nota: El CREA es el Corpus de Referencia del Español Actual, una herramienta de la RAE que mide la frecuencia de las palabras del español. La preposición «de» y el artículo «la» encabezan la lista, con 65545.55 y 41148.59 puntos respectivamente.

(La caja de voto se encuentra al final del artículo)


Chabacano

Primera aparición en un diccionario: 1729

Frecuencia en el CREA: 0.57

¿Llegaremos alguna vez a conformarnos con el simplón y reduccionista «cutre» para lo chabacano o ramplón? Bien es cierto que podríamos recurrir a «ordinario» o «vulgar», pero todo apunta a que «cutre» acabará siendo como lo de los cojones del castellano, que valen para todo. Nos gusta «chabacano», tanto por su sonora y elocuente rotundidad como por su fascinante origen. Parece que era el término con el que se conocía a la jerga que hablaban los soldados españoles con los nativos de algunas zonas de las Islas Filipinas. Muchos de los militares eran analfabetos y, por lo visto, empleaban una variante algo rota del idioma: el chabacano. Dicen que el castellano más puro nunca se llegó a consolidar en el archipiélago pero, en realidad, es así como se crean las lenguas: por contacto. De lo contrario, sería como pretender que se siguiera hablando latín clásico en la cuenca norte del Mediterráneo en vez de castellano, italiano, corso… El maravilloso gráfico cronológico de uso de la DIRAE muestra que «chabacano» disfrutó de su punto álgido allá por 1825, aunque tampoco hay que fiarse mucho de los datos del XIX. Los del XX muestran un repunte en 2002 al que sigue una caída no demasiado dramática. Hay esperanza.


Chachi

Primera aparición en un diccionario: 1989

Frecuencia en el CREA: 0.2

¿Queda alguien que lo use? Lo cierto es que no hace tanto que la gente zanjaba asuntos con un «chachi piruli», o un «guay del Paraguay». Sin complejos. A veces incluso se llegaba a oír algún «chanchi», pero fue algo mucho más pasajero y minoritario. Que no hay motivos para avergonzarse de «chachi» queda claro cuando escuchamos las teorías sobre su origen. La primera se remonta a la posguerra española. En Cádiz la gente tampoco tenía gran cosa que llevarse al estómago, por lo que el contrabando con los ingleses de Gibraltar era casi obligatorio. El primer ministro británico entonces era Winston Churchill; para decir que un producto provenía de Inglaterra y que, por lo tanto, era bueno, los ingleses contrabandistas lo señalaban y decían Churchill, cuya traducción al gaditano era «chachi». Jo, la verdad es que nos gusta la historia, aunque tampoco es descartable la que apunta a que procede del caló gitano, al igual que «pinrel», «chaval» o «fetén». Nos quedamos las dos.


Petimetre

Primera aparición en un diccionario: Desconocida

Frecuencia en el CREA: 0.29

La secular y maravillosa «petimetre» no es sino la castellanización del francés Petit-Maître, «pequeño maestro», de cuando los jóvenes peninsulares se las daban de hablar francés aunque no supieran más de dos palabras. Cuando desaparezca, si es que no lo ha hecho ya, habrá que recurrir al también agonizante «pedante» o a fórmulas mucho menos evocadoras como «listillo» o «resabiado». Nada podrá superar a ese vocablo digno del capitán Haddock que nos podía trasladar a la cubierta de un ballenero cada vez que se enredaba en nuestras neuronas. Atendiendo a las gráficas, «petimetre» fue un fenómeno decimonónico que se apagó con el cambio de siglo. Hubo un nuevo chispazo en 1929, pero noventa años más tarde pinta muy mal. Voten y recen.


Piscolabis

Primera aparición en un diccionario: 1846

Frecuencia en el CREA: 0.17

Puede sonar repelente, pero solo cuando uno indaga en su pasado y, sobre todo, en su sustituto (luego hablaremos de él) entiende que «piscolabis» ha de quedarse. La palabra imita un futuro latino en segunda persona, como en cibabis («comerás») o saturabis («te saciarás»); es una especie de «tomarás un pellizquito», aunque muchos de ustedes estén pensando ya en un «picotearás». No queríamos decirlo, pero sabíamos desde el principio que sería imposible obviarlo: lo de «sacar algo de picoteo», o «picotear» es una alternativa que no nos atrevemos siquiera a contemplar. Hay quien sustituye la «c» por la «k» en un intento de amortiguar el drama, pero solo empeora las cosas. Solo por evitarlo es «piscolabis» merecedor de un indulto: pura higiene mental. Las gráficas muestran un momento de máximo esplendor de «piscolabis» en 1891 y, si bien no constatan un declive acusado, hay que tener en cuenta que solo llegan hasta 2009. Y eso es antes de que ese sustantivo y su verbo que no queremos volver a pronunciar jamás empezaran a taladrar nuestras mentes. Nos gustaría pensar que «refrigerio» nos librará del apocalipsis, pero este también se nos va.


Niqui

Primera aparición en un diccionario: 2001

Frecuencia en el CREA: 0.03

Sabemos que se han quedado estupefactos por la aparición de «niqui» en esta lista, pero seguro que desconocen su origen. Parece ser que el término llegó de Alemania, pero que se popularizó con una película de Nicholas Ray, Llamar a cualquier puerta (1949), en la que aparecía un niño llamado Nicky que vestía siempre dicha prenda. A diferencia de lo que ocurrió con la «rebeca» de Alfred Hitchcock, «niqui» no cuajó, y la palabra ha tenido un paso fugaz por los diccionarios. Su inclusión en 2001 el de la RAE se produjo tres años después de brillar como una supernova antes de morir. No podemos decir que nos de mucha pena. Con la perspectiva que da el tiempo nos suena algo raro, aunque tampoco es que «polo» nos entusiasme. No malgasten su voto con ella.


Macanudo

Primera aparición en un diccionario: 1925

Frecuencia en el CREA: 0.22

Adjetivo de origen disputado donde los haya. Se apunta a un inmigrante escocés, un tal Mac Canna (probablemente Mac Kenna) que abrió un bar en Buenos Aires y se hizo muy popular por las fantásticas historias que contaba el susodicho. Otros sostienen que nos llega de maqana, «garrote» en quechua, que es también el nombre que se da a las porras de los antidisturbios. Las gráficas la ponen en el mapa ya a finales del XIX, y en línea ascendente hasta 1969. Los incondicionales peninsulares de Bigote Arrocet y el Puma harán lo imposible para evitar su pérdida a este lado del Atlántico. El resto no sufrirá.


Esquijama

Primera aparición en un diccionario: Desconocida

Frecuencia en el CREA: 0.03

La palabra es tan chabacana que hasta el procesador de textos la subraya en rojo. Evidentemente, es un compuesto de «esquí» y «pijama», una prenda unisex, aunque demasiado masculina para entrar en más detalles, sobre todo cuando se usa sin ropa interior; sobre todo cuando esa segunda piel de felpa se convierte en una prenda todo-tiempo y todo-lugar que vale para bajar al súper a por un pack de veinticuatro cervezas, o al último videoclub sobre la biosfera. Paramos ya y vamos con la gráfica: aparece en 1966 y alcanza su cima entre 2001 y 2002. La única excusa para indultar «esquijama» sería que hubiesen visto caer las torres gemelas enfundados en uno, aunque también es posible que no lo hayan lavado desde entonces. Y es que esa pareció siempre otra de las cualidades de este producto: que no hay que lavarlo. Por nosotros puede arder en el infierno.


Cabe

Primera aparición en un diccionario:

Frecuencia en el CREA:

¿Se han preguntado alguna vez para qué sirve «cabe» además de para completar la lista de las preposiciones? ¿Lo han visto en uso alguna vez? Nosotros tampoco, tanto es así que la que ya es nuestra preposición favorita empieza a caerse incluso de las gramáticas. Intenten ahora cantar la lista de las preposiciones sin ella: difícil, ¿verdad? Solo por esto merecería seguir con nosotros, pero también por el enorme complejo que debe sentir junto a sus compañeras (ya dijimos al principio que «de» es el retop del castellano). Por si a alguien aún le interesa, «cabe» viene de «cabo, orilla, borde», de ahí que implique cercanía física, como en «Juan está cabe el río» («junto a»). Lo que tiene el olvido más atroz es que nos cuesta imaginarla en fórmulas como «Nekane vive cabe el Mercadona», lo cual tampoco está mal.


Cuchipanda

Primera aparición en un diccionario: 1884

Frecuencia en el CREA: 0.03

Nos encanta «cuchipanda», ¿qué puede salir mal? Una «comilona», por usar un sustituto más común que la deliciosa pero también agonizante «francachela», puede acabar en un envenenamiento colectivo; en vómitos y diarreas, pero jamás una cuchipanda. Poco sabemos de su etimología pero la sonoridad del término nos invita a hacer cosquillas a ese simpático animal que recibe su nombre de un utilitario igualmente simpático. También sugiere veladas en las que sobres de Tang de naranja se disuelven en jarras de cristal; de ahí a vasos de Duralex ámbar para empujar triángulos de pan Bimbo (fuagrás Apis o salchichón). Ni siquiera los que vivimos aquello llegamos a usar «cuchipanda», pero sí que se lo oímos a nuestras abuelas. No en vano, su momento de máximo esplendor llegó en los albores de la guerra civil española y luego, claro, se desplomó. Salvar «cuchipanda» también es reparación.


Mamandurria 

Primera aparición en un diccionario: 1917

Frecuencia en el CREA: 0.01

«Sueldo que se disfruta sin merecerlo, ganga permanente», que dice la RAE. ¿Se les ocurre algún sustituto capaz de llenar el enorme espacio que ocupa «mamandurria»? A nosotros tampoco. Por si no lo han adivinado, viene de «mamar». Buscando antecedentes a una reciente y providencial intervención que lo ha vuelto a poner sobre la mesa, damos con un «Seamos honestos: a todos nos gustaría tener una mamandurria», que decía  el periodista y escritor Jaime Campmany, en un artículo publicado en ABC en 2002. Poco más. Las gráficas hablan de un desplome del que jamás se recuperó tras la explosión de 1903, pero ya hemos dicho que solo llegan hasta 2009. Cuando se analicen los datos más recientes darán una lectura tan distinta que nos harán recuperar la fe en el ser humano, aunque este se apellide Aguirre. Sabemos que este factor puede condicionar a priori el voto de muchos, pero no lo descarten, por favor. No lo descarten.


Edmundo Arrocet en ¡Qué tiempo tan feliz! Imagen: Telecinco / Cordon.

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12 comentarios

  1. El chabacano aún existe. Se habla en Zamboanga, Mindanao, al sur de Filipinas.

    • Pablo

      Sí, y cuando yo estuve allí, hace unos 25 años, incluso había prensa escrita en chabacano. Todavía guardo un ejemplar en algún cajón de recuerdos.

  2. Arcimboldo

    Pachanga:
    Música pachanguera
    Estar de pachanga
    Echar una pachanga (partido de baloncesto entre amigos en una sola canasta)

  3. Yo exportaría «duro» (cinco pesetas) a las actuales monedas de cinco céntimos; por tamaño y valor casi es lo mismo.

  4. Chusman

    Siempre me hizo feliz oír decir a mi madre «sicaliptico,»

  5. kilgore

    Lo mío debe ser un caso de estudio. Oigo todavía alrededor utilizar chachi. Hasta yo lo digo. Macanudo no (aunque creo que en Argentina su uso es habitual), pero tengo amigos que peswcan y llevan una macana en la lancha para ir a bonitos.
    Al menos por estos lares hay mucha gente que a un polo le sigue llamando niqui. Y que cuando tiene ganas de fiesta usa una expresión que a mí me parece divertísima: «me pica el niqui» .
    Y juro por mis muertos más frescos que de vez en cuando todavía uso piscolabis y cuchipanda. Porque son palabras que suenan muy bien. Petrimetre no. Desgraciadamente, porque me parece ciertamente hermosa.

  6. Tergiversador de Enredos

    Piscolabis va a desaparecer, pero porque «piquislabis» mola más.
    Por otro lado, mientras yo viva no desaparecerá la palabra «mamandurria».
    Esquijama puede irse al infierno del que sea que proceda.

  7. Curiosamente, casi todas las palabras mencionadas se siguen usando en Cádiz.

  8. Roberto

    ¿No es una lista muy centrada en el castellano de España? Chabacano es el nombre de un idioma criollo de Filipinas que tiene más de un millón de hablantes; en Norteamérica es una fruta, supongo que alguna clase de durazno o damasco (o sea, «melocotón» o «albaricoque»l, y en otros países es algo de mal gusto, más o menos sinónimo de «hortera» o «vulgar» (chistes chabacanos). No parece que vaya a morir pronto.

    El CREA es bastante lamentable para sus pretensiones. Reúne una cantidad poco significativa de textos y tiene 50% de material español y 50% del resto de países, algo muy sesgado si se considera la realidad demográfica y dialectal del idioma. Otro dispaRAEte.

  9. Niqui sí que «cuajó» en Asturias. Se sigue utilizando hoy día.

  10. Eurekita

    Alcuza. Ahora se dice más aceitera. Yo, humildemente, trató de revivir esta palabra tan sonora, de origen árabe, regalando a mis amigos aceite de oliva y la susodicha alcuza.

  11. Cris Arias

    Facinante articulo,felicitaciones
    Me gusta «desburrarme».
    Personalmente voto por «macanudo»,me suena antiguo y aun la oigo,eso si,en personas mayores
    gracias

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