Arte y Letras Historia

Cof, cof

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Imagen: Pixabay.

En un artículo escrito por un historiador de la psicología, que yo creí satírico pero que quería ser riguroso, leí que un oscuro discípulo de Freud había conjeturado en un opúsculo que el público tose en los teatros porque es el único lugar donde está prohibido. Encontraba en esto una transgresión erótica que hubiese, sin duda, complacido a su maestro.

El texto, uno de esos tediosos ejemplos de prosa académica, reservaba, como si quisiese redimirse un instante de toda la morralla de citas y frases ortopédicas, una referencia fascinante: «recogiendo la idea de Juan de Panonia de que los ángeles custodios tapan la boca a sus protegidos». La cita enviaba a un tomo de la Anglo-American Cyclopaedia (New York, 1917). Tardé unas horas en desesperarme buscando el libro, pero Google me dio, después de hacer un montón de búsquedas excéntricas, un resultado perseguible. El The Rare Theological Ideas, de Weston Preisner, habla de un Juan de Palonia, de profesión angeólogo (ocupación que alguna vez tuvo que tener prestigio), quien solo nos ha legado un tratado intrascendente. Si es cierto que estos dos nombres corresponden al mismo hombre, la idea procede del De officium angelorum, donde se enumeran los trabajos de las tres tríadas de ángeles que sirven a Dios.

El argumento de Panonia es sencillo y se fundamenta en una lectura dudosa del capítulo once del Evangelio de Lucas, donde se lee una misma palabra («spiritus») para el Espíritu Santo (versículo trece) y para los espíritus inmundos (versículo veinticuatro). Con seguridad, Panonia no conoce el griego, pero es capaz de jugar (trabajosamente) con los significados del latín para afirmar que el espíritu tiene que ver con la respiración. De ahí deduce dos consecuencias admirables: que los espíritus entran a través de la nariz y la boca y que a un ser de naturaleza espiritual solo puede retenerlo algo también vaporoso. Si los ángeles de la guarda no nos evitan tropiezos ni nos apartan de otros peligros físicos (porque el espíritu no puede sujetar a la materia) y como Dios no hace nada inútil, la ocupación de estos ángeles debe de ser, sin duda, similar a la de una mascarilla.

Para adornar su especulación, Panonia añade fantasías fisiológicas: cómo el alma, al agitarse violentamente contra las vísceras de la respiración («viscera spiritus»), produce la tos para escupir a los espíritus inmundos que entran por la boca. Una explicación análoga (el alma produce picores) le basta para explicar los estornudos. Quizás debemos atribuir a estas conjeturas la costumbre de protegerse con el nombre de Cristo y de la Virgen cuando alguien estornuda cerca. Esta, como otras formas de superstición, persiste por la cortesía o por la costumbre.

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4 comentarios

  1. Ya que ahora es un hombre nuevo, con mucha aproximación al estoicismo, me pregunto cómo reaccionaria al sentir un móvil sonar en medio de un solo, y me parece que la conjetura de ese discípulo de Freud también se aplicaría en estos casos: suenan porque está tácitamente prohibido. Gracias por la lectura.

  2. Ejemplo. Este artículo debería estar escrito en uno de los lenguajes de Tlön.

  3. Pensaba que el artículo iría por algo como lo que dice este, hay gente que dice que se tose más en conciertos de ópera y música clásica porque los instrumentos no están amplificados y nuestro cuerpo reacciona así, aparte de ser contagioso:
    https://www.bbc.com/mundo/noticias/2013/01/130129_salud_tos_concierto_clasica_gtg

    Pero bueno, la gente dice muchas cosas. Gracias por el artículo, con teología, geometría, decencia y buen gusto.

  4. sentido como un

    Todas somos hijas de Borges, Joaquín, salvo los necios, que andan conjurados ;-). Gracias!

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