Arte y Letras Historia

La fascinación estadounidense por España

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El jaleo, de John Singer Sargent,1882.

El 8 de diciembre de 1779 el puerto de El Ferrol fue honrado con una imprevista visita. El coautor de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, quien llegaría a ser el segundo presidente en la historia del país, John Adams, se encontraba a bordo de la fragata Le Sensible en una misión diplomática con destino a París para negociar el final de la Guerra de Independencia, pero una vía de agua en el casco les obligó a tomar puerto antes de tiempo. Ante la incertidumbre sobre cuánto tardaría la embarcación en ser reparada, Adams decidió entonces seguir su viaje por tierra, realizando para ello el Camino de Santiago en sentido inverso. 

Tal como refleja su diario, una persona de inteligencia tan vivaz como la suya no perdió detalle de todo cuanto vio en su recorrido por nuestro país: desde el comercio y las manufacturas a su juicio lastrados por un sistema feudal aún vigente— , pasando por la austera moda en el vestir, hasta la belleza del arte sacro («nada parece lujoso salvo las iglesias, nadie está gordo salvo los curas») que causó una gran impresión en él… aunque tal vez no tanta como el vino, los embutidos y el chocolate a la taza español, inaugurando la devoción estadounidense por los alimentos hipercalóricos. Como abogado y legislador prestó también atención a las leyes, ensalzando con cierta sorna la humanidad y el ingenio de los españoles para interpretarlas, pues si esta requería que los reos de ciertos delitos fueran tirados al mar dentro de un barril con una víbora, un sapo, un perro y un gato, en la práctica se metía el cuerpo ya sin vida del criminal y bastaba con dibujar los animales en la superficie del barril. Aparte, encontraba particularmente irritante la falta de chimeneas allá donde se hospedaba (por la época del año se entiende), mientras que la omnipresencia del catolicismo despertaba en él constantes suspicacias como protestante, sin desaprovechar ocasión de vincularlo con la pobreza. Quizá hace una leve excepción con lo que denomina «The Republick of Bilbao», una villa de febril actividad comercial donde fue recibido por su buen amigo Diego de Gardoqui, quien poco después sería el primer embajador español en Estados Unidos. Pero tampoco vayan a creer que aquí llegara a sentirse a gusto este cascarrabias, pues más adelante, cito: «alcanzamos San Juan de Luz, el primer pueblo francés, y allí cenamos, y nunca un prisionero escapado de la cárcel estuvo más contento que yo lo estaba; todo aquí era limpio, dulce y confortable en comparación con cualquier cosa que habíamos encontrado en cualquier parte de España». Ea, tanta paz lleves como descanso dejas. 

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Un comentario

  1. Ignacio García López

    Tan solo indicar que El Ferrol no existe,ni ahora, ni en la época a la que hace referencia el artículo
    Salvo durante la dictadura, su nombre siempre ha sido Ferrol.
    Por lo demás solo felicitarles y darles las gracias por su revista, es una joya.
    Un saludo

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