Cine y TV

Poshumanos: los metamorfos en la ciencia ficción y sus aplicaciones en la vida cotidiana

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1 Catherine Schell como Maya en The Metamorph (1976) / 2 Iman como Martia en Star Trek VI: The Undiscovered Country (1991) / 3 Natasha Henstridge en Species (1995) / 4 Rebeca Romijn en X-Men (2000) / 5 Leeanna Walsman en Star Wars: Episode II – Attack of the Clones (2002) / 6 Tricia Helfer en Battlestar Galactica (2004). Más información en las notas al pie.

Estamos viviendo lo que los griegos llamaban el kairós (‘el momento justo’) para «una metamorfosis de los dioses», de los principios y símbolos fundamentales. Esta peculiaridad de nuestro tiempo, que desde luego no hemos elegido a propósito, es la manifestación del hombre inconsciente que habita en nosotros y que está cambiando.

Carl Jung, Civilización en transición, 1952. Obra Completa, vol. X.

La razón, como regulador absoluto del mundo, y el sujeto, elemento activo de ese proceso, nos han traído, dicen los demócratas, mucha riqueza, mucha igualdad y mucha paz. Sí, pero un jaleo de proporciones bíblicas. La traza de la historia, atendiendo exclusivamente a la ciencia, la economía y el Estado, ha dado lugar a una sociedad controlada y que controla, formada por elementos que dicen conocer sus límites, pero nada saben de sí mismos. Por si fuera poco, la ciencia sobre la que se sustentaban estas ideas del dominio del mundo por el hombre y su batería de explotación técnica y monetaria ha dado un giro copernicano, lejísimos de la física newtoniana y del sujeto cartesiano, o incluso del revolucionario marxista. Bueno, ese se ha convertido en un espectro, tal y como reescribió el posmodernismo, cercada la interpretación material por un ejército de presencias mediáticas imposibles de reducir a un sistema binario de objetos e ideas.

Antes de concebir a ese sujeto racional, la naturaleza era el único origen de nuestros desvelos. La especie humana estaba incluida en el flujo perpetuo de ciclos y transformación de todo lo visible e invisible. Solo los dioses y algunos personajes principales podían hacer y deshacer a su antojo. Cuando creamos al sujeto pensante, con sus límites bien marcados, y lo pusimos a dar forma a la vida singular y colectiva, nadie quiso reparar en que iba a ser de muy poca utilidad, al ser también objeto, luego herramienta, del sistema que estaba ayudando a fabricar. Por lo tanto, prisionero de sí mismo, encapsulado en una forma que se terminaría por rebelar. Todo lo que se salía del «marco referencial» de la sociedad poscapitalista, que aún se maneja con los conceptos del siglo XIX, es decir, todo lo que representa lo femenino, lo híbrido y lo cambiante ha resultado tener el verdadero poder, tan decisivo como las revoluciones sociales, o tan destructivo como la mutación de las células, lo que por otra parte llevaban afirmando las filosofías y las religiones desde el principio de nuestro tiempo.

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Un comentario

  1. A la reflexión de Jung agregaría la poesía de la cueca Todo cambia. “Cambia lo superficial, cambia también lo profundo, cambia el modo de pensar, cambia todo en este mundo…” Crea inquietud saber que estamos en el mundo para cambiar. A menudo, y exagerando, pienso que desde el inocuo resfriado hasta las más devastadoras consecuencias de los tumores son un intento de cambio de nuestro organismo, para defenderse de un entorno que nos es extraño y hostil, y que nunca será el nuestro. Extraño destino de los privilegiados condenados a la incertidumbre. Gracias por la lectura.

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