Arte y Letras Filosofía

El buen ladrón

Waterhouse Diogenes
Detalle de Diógenes, por John William Waterhouse, 1882.

Con el gesto pedía clemencia, o eso dijeron algunos periodistas. Otros aseguraron que aquello (las palmas juntas, reverencia con la cabeza) fue un saludo a la japonesa. Seguro que recuerda usted la escena, como para no. Coletita respingona, desaliño riguroso, accesorios new age, barba blanca de proporciones victorianas. «Me he llevado de todo», anunció a los reporteros congregados ante el Juzgado de Instrucción número 6 de Valencia. «De todo: dinero, caja y comisiones». Se llama Marcos Benavent, pero eso qué más dará. Usted y la posteridad le recordarán como el «yonqui del dinero», porque así se denominó a sí mismo. Pero ya no más. Ni corrupto, ni plutócrata, ni del Opus. De la gomina, ni gota; del Porsche Cayenne, ni el rastro. Después de abandonar el país, el exgerente de Imelsa, empresa pública de la Diputación valenciana, pasó por el Amazonas, Japón y Ámsterdam y así regresó a España: iluminado y arrepentido, por ese orden de importancia. Con el semblante beatífico del Buen Ladrón en los pasos de Semana Santa y los aires flipados de quien ha cambiado el ron cola por la ayahuasca. Y presto a colaborar con el juez y a sacar «mierda a punta pala», citando de nuevo sus palabras. «He hecho un viaje hacia fuera, lo he perdido todo para ganarme a mí mismo», explicó más tarde a los periodistas. «La revolución está dentro de uno mismo, no está fuera», añadió. Entre sus nuevas aficiones citó «mis talleres», «mis historias», «mis animalitos» y «mis rollos». Entre sus proyectos de futuro, «biodinámicas conectadas con el cosmos» y el tantra.

Con Diógenes de Sinope le pasará más o menos igual, que por su nombre le sonará poco. Quizá más por el síndrome que lo lleva, aunque no debería llevarlo: Diógenes solo poseía cuatro objetos (un bastón, un zurrón, un manto y una escudilla) y la escudilla la tiró, por innecesaria, un día que vio a un muchacho sorber lentejas directamente de las manos. Pero si decimos «el de la tinaja», entonces sí. Ha pasado a la posteridad por eso, por vivir en una tinaja, y porque un día Alejandro Magno tuvo la deferencia de visitarlo en persona y ofrecerle lo que quisiera, y Diógenes solo le pidió que se apartase, que le estaba dando sombra. Seguramente no es cierto, pero da igual. De Diógenes ha perdurado esa imagen: la de antisistema mendicante, la de fucker insobornable, la de azote por igual de reyes, sabios y legisladores. En suma: la de gran crac.

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6 comentarios

  1. Platón tomó esas ideas igualitarias, como otras muchas cosas, de los pitagóricos. También se cuenta que Epiménides, no sabemos si una figura histórica, legendaria, o ambas cosas, era una especie de chamán y curandero que iba ahuyentando plagas por las ciudades de la Antigua Grecia. Cuando llegó a Atenas, una de las cosas que aconsejó para que se recobrara la salud general fue que dejaran de tratar tan mal a las mujeres y se consideraran ambos sexos como iguales (véase En los oscuros lugares del saber, de Peter Kingsley).

  2. Que refrescante leer un poco sobre Diógenes y los antiguos Cínicos otra vez. Ahora les toca el turno a esos hedonistas retorcidos llamados Cirenaicos, que en nada le deben envidiar a los Cínicos en lo que respecta a ese cúmulo de anécdotas sabrosas que estos voluptuosos descarados comparten con los seguidores de Diógenes. De todas maneras en los Cirenaicos se puede hablar de cierta epistemología , aunque resalta la ética como fundamento filosófico y de vida, y en esto último, tanto como en la idea de autarquía, se asemejan a los Cínicos. Los Cirenaicos sin embargo son bastante peculiares, basta con mencionar tres figuras esenciales de esta escuela: Aristipo de Cirene, Hegesias el Persuasor de la Muerte (Peisithanatos) y Teodoro el Ateo, para hacerse, más o menos, una idea de este heterogéneo grupo.
    Respecto a los cínicos, aparte de toda la literatura que hay sobre ellos, recomiendo leer «Crítica de la Razón Cínica» de Peter Sloterdijk un interesante ensayo sobre el cinismo antiguo y el moderno (y contemporáneo) editado en Taurus y Siruela. Sobre los Cirenaicos, leer los fragmentos recopilados en la obra de Laercio, y a quien le interese profundizar en la epistemología «The Epistemology of the Cirenaic School» de Voula Tsouna (solo en inglés).

  3. «No nos imaginamos a Platón y Aristóteles más que con grandes togas de sabihondos. Eran gente honrada y, a semejanza de los demás, reían con sus amigos; y, cuando se divirtieron haciendo sus Leyes y su Política, las hicieron como quien juega; era la parte menos filosófica y menos seria de su vida; la más filosófica era vivir simple y tranquilamente.» Blaise Pascal.

  4. The Lady of Shalott

    Buenísimo, de principio a fin. No solo en su interesante contenido sino también por ese genial sentido del humor que conecta todos tus artículos. Leérte es un placer!

  5. Qué lectura y comentarios geniales! Enhorabuena. Recuerdo el estupor que me causó la lectura de La República cuando, además de despotricar contra los poetas y prohibir sus ingresos a la polis ideal, hablaban sobre las igualdades sociales y políticas de las mujeres, !en aquellos tiempos! Verdaderos adelantados que se permitían intercalar en sus profundos razonamientos acontecimientos de la vida cotidiana de lo más prosaico e inesperados, siempre a manera de diálogo. Tuve que leer dos veces un pasaje pensando que había un trasfondo filosófico, pero no. Simplemente se interrogaban si los vendedores de vino eran honestos cuando promocionaban las cualidades de sus productos, enfatizando el perfume con evocaciones floreales, el cuerpo denso o ligero, la transparencia con reflejos minerales, la amabilidad, el retrogusto etc. etc. como hoy en día cuando leemos sobre vinos. O aquel otro dramático en el cual relatan el urbanismo de un ateniense que en una asamblea esperó pacientemente su turno para preguntar si alguien más se suicidaría ahorcándose en un árbol (parece que era un ritual hacerlo en ese árbol) que ahora era suyo porque había comprado el terreno, pero que esperaría antes de abatirlo. Tal vez intercalaban estos hechos para hacer más digerible un librazo interminable. Gracias por la amena lectura y los indicios para saber algo más de ese filósofo del cual sé poco.

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