Jesús Quintero está resfriado

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Imagen: Archivo Canal Sur.

Con un vaso de silencio en una mano y un cigarrillo en la otra, Jesús Quintero está de pie en un rincón oscuro de la barra del último verano, entre varios —pero ya algo impacientes— periodistas que esperaban ardiendo a que él dijera algo. Pero Quintero no decía nada; había estado callado casi todo el tiempo y ahora parecía todavía más distante, extendiendo la voz entre el ladrido de los perros y el ruido de la calle hacia un amplio salón más allá de las mesas donde decenas de plumillas se apretujan en torno a unas mesitas y permanecían ajenos al metálico y estrepitoso ritmo del «With or Whitout You» de U2, que salía a todo volumen del auricular: «Estoy muy alejado de todo esto, ¿sabes? No estoy bien», declara el Loco de la Colina.

Para Jesús Quintero, el tiempo es un bien escaso, quizá como lo es también el silencio. Antes de cada programa, el periodista onubense reflexionaba con banda sonora. Solo hacía falta un trozo de memoria para romper «The Sound of Silence»: «Recuerdo que un día me quedé en silencio ante la cámara… durante casi dos minutos. Y al día siguiente, al mirar las encuestas, los sondeos, observé que fueron los dos minutos de más audiencia. O sea, que me estás invitando a que me calle pa’ siempre». 

Quintero, que ha vivido en el ruido de la radio y la televisión, se siente inocente en el silencio y a la vez víctima del ruido. «El silencio es la única respuesta cuando alguien te deja sin palabras. Ninguna civilización valoró tanto el silencio como la árabe y en mi tierra estuvieron más de setecientos años. El día en que nos callemos todos volverá el paraíso. La traición es un grito; la entrega, un silencio», se contaba en el libro Entrevista (Aguilar, 2007).

Las preguntas

Es complicado entrevistar a un entrevistador (valga la redundancia) y Jesús Quintero no iba a ser la excepción. El escritor Manuel Vázquez Montalbán se las tuvo que ver con él, frente a un cuestionario y a una lista de puntos a seguir. 

Ambos se citaron en un mirador del Alcázar de Sevilla para cenar, cerca de la Luna, y con la compañía de las flores de la Datura arbórea, «con aromas parientes de un posible magnolio árabe madre de los magnolios», describía Vázquez Montalbán. «He asistido en dos ocasiones a la consulta del Loco de la Colina, y a su locura divagante he opuesto mi locura de materialista histórico con sombrero de Napoleón hecho con las páginas de ABC. Yo en Barcelona, él en su colina, me ha parecido entendérmelas con un ciego en torno al que merodeaba una nebulosa llena de chispas y alientos».

En la otra parte está Javier Salvago, poeta y guionista de Jesús Quintero durante más de treinta años, que cuenta en El purgatorio (Renacimiento, 2014) cómo Quintero ponía a trabajar a su equipo de guionistas para prepararle las respuestas cuando le tocaba ser entrevistado y no entrevistador: «Recuerdo una gran movida que se organizó en la Colina a poco de llegar yo. El motivo era una entrevista que el escritor Manuel Vázquez Montalbán debía hacerle al Loco para el libro Mis almuerzos con gente inquietante. Una entrevista importante, puesto que no la hacía un periodista cualquiera, sino un escritor de reconocido prestigio, y tampoco iba destinada a la efímera gloria de un periódico o una revista, sino a la supuesta posteridad de un libro». Libro que, finalmente, se publicó en 1984 con la mencionada entrevista.

Quintero estaba especialmente nervioso antes de la entrevista con Vázquez Montalbán. Puso a trabajar a todo su equipo en la preparación, elección del lugar… Hasta el más mínimo detalle. Entre todos elaboraron una especie de guion para que el entrevistador lo siguiera al pie de la letra. «Jesús cuida mucho su imagen», responde Salvago cuando se le menciona este episodio, aunque matiza: «Bueno, esto no es del todo cierto. A veces, muchas veces, descuida demasiado su imagen y por eso salen de vez en cuando noticias que no le favorecen nada. Lo que quiero decir es que cuida y ha cuidado siempre con mimo la imagen del Loco de la Colina. Por eso se podía poner nervioso cuando le hacían una entrevista, por si fallaba y no estaba a la altura». Y a Quintero en realidad le daba miedo o respeto dejar mal al Loco, que es, según Salvago, «quien en realidad le importa y le ha importado desde que apareció en su vida».

Jesús es hijo de María y José. «Parecía inevitable que me bautizaran con el nombre de Jesús», recuerda Quintero, que continua la narración: «Tenía ocho años cuando la gente me miraba con pena en el entierro de mi abuelo, camino del cementerio; es terrible que en ese momento por primera vez me sintiera protagonista». También recuerda a su padre, electricista de profesión, cuando cogían juntos el tren a Huelva desde San Juan, uno para ir a trabajar y el otro para ir a estudiar. «Durante el trayecto le gustaba preguntar a los compañeros de viaje quién es usted, adónde va, ante mi avergonzado silencio de adolescente. Quién me iba a decir que yo me iba a pasar la vida preguntando a la gente, quién es, de dónde viene y adónde va. La curiosidad de mi padre me llevó al periodismo, a la entrevista», concluye este periodista que antes quiso ser actor. 

Doña María decía que su hijo había nacido con suerte. Y sin la suerte, a lo mejor Javier Salvago no lo habría escuchado en aquella obra de teatro en el Lope de Vega, cuando el popular locutor de Radio Sevilla, Rafael Santiesteban, le dijo a Jesús Quintero que su voz llegaba hasta la última fila y que podía dedicarse a la radio. «Sin la suerte, a lo mejor no sería el Loco de la Colina, porque fue una suerte que una noche dijera ante el micrófono, cuando hacía Para mayores sin reparo, “me siento como un loco en una colina”. Sin la suerte a lo mejor no se habría recuperado de la primera ruina, ni de la segunda, ni de la tercera».

Salvago acabó con Quintero por casualidad, tal vez por suerte. «Cuando gané el Premio Rey Juan Carlos de poesía me llamó Jesús Melgar para decirme que Jesús Quintero quería hablar conmigo. Fui a verlo, me propuso que escribiera para el Loco, y a partir de aquel momento estuvimos treinta años trabajando codo con codo». ¿Era el sitio adecuado para un poeta como él? «Creo que sí. Yo estaba casado, tenía un hijo, no tenía oficio ni beneficio y siempre había querido encontrar un trabajo que me permitiera vivir haciendo lo que sabía, quería y me gustaba hacer: escribir. Entonces no había aprendido todavía que una cosa es escribir por obligación, para comer, y otra muy distinta hacerlo por necesidad interior, por vocación, por gusto».

Antonio Gala, como Jesús Quintero, calcaba sus propias entrevistas. Tanto que sus respuestas eran reproducidas con exactitud, palabra por palabra. «Lo divertido sería hacer Trece noches ahora que don Antonio Gala está despendolado y dice lo que le sale del moño —con perdón— sin preocuparse de parecer brillante, exquisito, poético, sublime, sin preocuparse de darle gusto a ese vulgo que presume de disfrutar con la poesía y la buena oratoria», vuelve a intervenir Javier Salvago, que prefiere al Gala de la última entrevista que le hicieron, en 2013: «Creo que fue a modo de testamento, porque se decía que se estaba muriendo. Ese Gala desengañado, de vuelta de casi todo, harto de halagos y de cursilerías, destructivo hasta de su propia imagen, es el Gala que a mí me gustaría ver en Trece noches», recalca Salvago.

El humo de Jesús Quintero se ha dispersado con la llegada de la ley antitabaco. En la voz del que pregunta, las palabras son nicotina y acortan la vida, pero enganchan. «El miedo a encender el cigarrillo es que me acaban de decir que cada cigarrillo son tres minutos menos de vida». Quintero le pasaba la reflexión a Antonio Gala, que respondía dando una calada por respuesta: «¡Y qué importa! ¿Quién mide la vida? La vida tiene que ser intensa, no extensa. La vida, que en cualquier caso es corta, tenemos que hacerla más ancha. Y si usted la ensancha fumando un poco… ¡qué importa que la acorte en tres minutos, que es además algo que dicen los americanos!».

Imagen: Archivo Canal Sur.

Las respuestas

¿Cómo sabía el equipo (y también el propio Jesús) que no les estaban mintiendo? En Cuerda de presos, ya fuera Haki Ceku, Rafael Escobedo, Juan José Garfia o el mismísimo duque de Feria (Rafael Medina), los delincuentes entrevistados, al fin y al cabo, contaban su versión de los hechos y reflexionaban acerca de sus actos, pero estaban cumpliendo aun así condena. «No creo que a nosotros nos preocupara que nos mintieran o no», incide Javier Salvago. «Seguramente nos mintieron muchas veces, pero eso era parte del juego. Además, los acusados tienen el privilegio de poder mentir en defensa propia». 

Pero, de todos modos, la mentira se nota antes o después; no se puede sostener una mentira sin que salga a la luz durante una o dos horas de entrevista íntima, a media luz, con seis cámaras observando cada reacción y con un entrevistador que, si no tiene muy claro lo que le estás diciendo, se queda en opresivo silencio para que te derrumbes y cantes. «Si aun así se escapaba alguna mentira durante la grabación, seguro que la cazábamos en la sala de edición, que es donde se calibra cada frase, cada palabra, cada gesto, cada respiración», enumera Salvago.

¿Elvis está vivo y lo sabe Jesús Quintero? Si existen seres de otro mundo, ¿de dónde vienen? Jesús Quintero había entrevistado a el Penumbra (José Verdún) varias veces, porque a alguien que decía ser el mismísimo Adán había que someterle al tercer grado. «Eva y yo nacimos del huevo de una primera madre extraterrestre con tres tetas que nos metió dentro de un meteorito, en nuestro planeta. Y ese meteorito despegó de nuestro planeta, pegó un castañazo en el planeta Marte, absorbió partículas de mineral (oro, plata, rubí, diamante, etcétera…). Luego, impactó con la sierra de Huelva, donde están las minas de Río Tinto, eliminando a los dinosaurios, retirando a los vampiros satánicos de la noche, creando la vida y la luz de nuevo. Y rompió un trozo del planeta Tierra y se creó la Luna», relataba el Penumbra en El vagamundo.

El Penumbra era un personaje de doscientos mil siglos que decía ser el único extraterrestre que cantaba flamenco. José Viruete analizaba su disco —de título homónimo—, grabado con Gonzalo García Pelayo y publicado en 1981: «RCA apostó por él lanzando un single, Color de estrella, y un disco con diez canciones. Los temas caen todos en la categoría de la rumba y el flamenco pop, con unos arreglos bastante curiosos [Jony Galvao fue el arreglista del disco], muy similares a las canciones más flamencas de Los Chichos, por ejemplo».

Alrededor del Loco orbitaron lunáticos de su mismo universo, seres de los arrabales: Manuel Reyes Millán (el Jorobado de Notre Barbate / Pozí), Juan Joya (el Risitas) y Antonio Rivero Crespo (el Peíto), Tito Triana o el propio Penumbra. «Los frikis, para Quintero y para todos nosotros, no eran frikis, eran personas tan respetables y dignas como el que más. Y por eso les dábamos el mismo tratamiento que a una estrella de rock o un presidente de gobierno. O incluso más, porque sabíamos que de cara al público tenían mucho más tirón», señala Salvago, que recuerda además que «eran mucho más listos que muchos listos que los creían tontos o retrasados», poniendo de ejemplo a Juan Joya, el Risitas, porque «achantaba» a los cinco minutos a cualquier «sabio» que le pusieran al lado. 

Juan Joya llegó de la mano del cantaor y tabernero Pepe Peregil (José Pérez Blanco), que regentaba la taberna Quitapesares, donde paraban muchos de estos personajes, como explica Javier Salvago: «Era una auténtica «corte de los milagros». De allí salieron algunos. Otros venían con ellos o aparecían por la calle o en el lugar más insospechado». 

Muchos de ellos pasaron también por Crónicas Marcianas. Juan Joya lo hizo, pero acabó denunciando que Javier Sardá y Javier Cárdenas no le habían pagado una suma de dinero (veinticinco mil pesetas) por una jornada entera de grabación con los dos presentadores. «Me grabaron una hora en Sevilla y preguntó el Peregil cuánto nos iban a dar: “veinticinco mil pesetas a cada uno, y se vuelven locos”. Dijeron que subían al hotel a preparar las maletas y que al bajar nos pagarían. Pero se fueron. No nos pagaron los cabrones. Lo dije en la tele, cuando grabé con Jesús Quintero». En cuanto a Quintero, el mismo Juan remarca que Jesús es «muy buena gente». «He echado cinco euros al Euromillón. Si me toca, le pago a Jesús Quintero todos los programas que quiera».

Javier Salvago afirma que a la «mayoría» de los colaboradores «se le pagaba una cantidad por grabación». Respecto a el Risitas y el acuerdo al que había llegado, Salvago cree que «se llegó a firmar una especie de contrato de exclusividad», pero desconoce ni por cuánto ni si se respetó por una parte, por la otra o por ninguna de las dos. «Lo que me consta es que ganaron su dinerito y vivieron relativamente bien, incluso como estrellas —a Risitas lo reconocía todo el mundo por la calle— de la televisión. El Peíto, que se murió estando todavía trabajando con nosotros, se murió harto y a gusto».

En la colina de Jesús Quintero han caminado bandidos, toreros, políticos, filósofos, asesinos, guerrilleros, artistas y deportistas. También seres de otro planeta. Si existen o no los extraterrestres, solo Quintero tiene la respuesta, pero vale más por sus silencios que por lo que sabe, y cuanto más calla, menos se le olvida. 

Localizarlo lleva trabajo y convencerlo para hablar puede ser una tarea a largo plazo que requiere un par o tres de años por delante. Después de la entrevista de Jesús F. Úbeda en Zenda en 2019, volvió el silencio hasta el año siguiente, cuando Daniel Ramírez de El Español consiguió hablar con Quintero. Jordi Évole le dedicó un programa y el ABC de Sevilla también logró entrevistarlo. «Jordi no me hizo ninguna entrevista y ni yo quise hacer ninguna. Sí, vino a mi casa, pero eso no es nada». Quintero es capaz de detener tormentas mediáticas que él mismo ha desatado, aunque lo niegue.

Imagen: Archivo Canal Sur.

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6 Comentarios

  1. ¡Vaya cerdada que le hicieron al Risitas, no pagándole lo acordado! De Javier Cárdenas no me extraña nada, pero de Javier Sardá, nunca lo hubiera sospechado. ¡Y eso que ya era millonario! Aunque bueno, hay quien dice que precisamente por eso acaban millonarios esos tíos…

  2. Cuando dice que Quintero trataba a aquellos personajes como estrellas del rock nunca lo sabré, pero que a diferencia de Cárdenas, no se rió de ellos en su vida, es indudable. Quintero reía con ellos con camaradería ante un chiste en común o una anécdota graciosa, pero jamás hizo mofa de uno solo de sus entrevistados. Y pocos como él han logrado convertir el silencio en un arma de destrucción masiva.

    • La jarana que se traían el Risitas y Quintero a cuenta de los emolumentos del primero era muy contagiosa (Jezuuuu cuando me das el cheque…). Los jodíos se lo pasaban pipa, y yo con ellos.

      • El Risitas hoy es universal, después de los vídeos hechos en Alemania, EE.UU. y otros lugares donde se usa una entrevista de Quintero con falsos subtítulos para cachondearse de los asuntos más variopintos (y si nunca ha visto el vídeo donde discuten de la presentación de Apple, se pierde una joya del surrealismo y el humor).

  3. El mejor entrevistador de todo España culto,sereno,vividor, y esos minutos de silencio largooo eran para deleitarnos con sus preguntas profundas y a la vez tan cotidianas…Se te echa de menos y mucho un saludo señor Quintero.

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