
El idealismo ortodoxo considera la religión como un estadio más en la evolución del pensamiento, superado por el ser humano bajo el signo de su avance. Para el materialismo la religión no es más que una gran blasfemia que entorpece la consecución de sus objetivos. Es preciso extraer de la religión y su constructo su más preciado útil, por cierto harto incómodo para las dos corrientes filosóficas: la fe, esa extraña fuerza poderosa tan difícil de abarcar por ser el común, extremo opuesto de estas dos corrientes filosóficas de la Edad Moderna, idealismo y materialismo, que todavía hoy tratan de procurarnos una respuesta reduccionista sobre el enigma que plantea la posibilidad del conocimiento de la realidad.
Hay muy pocas propuestas —pero interesantes— en ese sentido, que han pasado desapercibidas en la sintética historia de la filosofía, excepto la del visionario Nietzsche, que advirtió que Dios había muerto porque era el hombre mismo el que había deseado y decidido que así fuera. La sentencia nietzscheana no solo no fue novedosa, sino que la encontramos casi medio siglo antes en La comedia humana de Honoré de Balzac, lo que nos da la pista de que el declive de la fe en la práctica de las religiones era ya desde antaño algo evidente. Ahora, con la fe convertida en un concepto petrificado, puede ser extraída de la religión y jugar con ella en el sentido de colocarla en sitios nunca vistos y para otros cometidos.
Es difícil secularizar la fe. Lev Shestov le reconocía a su amigo y discípulo Benjamin Fondane, en una confesión a tumba abierta, que su problema era precisamente que no tenía fe. No podía creer en el milagro, pero sí creía en la posibilidad de que todo era posible mediante el pensamiento, si bien es cierto que tan solo para aquel que se practica más allá de la especulación-razón. El pensamiento no se agota, pues, en la razón especulativa. ¿No es eso un desplazamiento inconsciente o autoconsciente de la fe? Autoconsciente en el sentido de que representaba la gran conciencia de esos filósofos —la misma historia de la filosofía— preocupados por la vida en la tierra. Tanto había desplazado Shestov la fe, que le dijo a su discípulo Fondane que luchara, pues él consideraba que no había nada imposible. Fondane ya había superado la religión, no creía en ella, tan solo creía en la revuelta y en la libertad, en poder crear nuevas formas de vivir sin el salvavidas de la fide traditio.
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Todo no es posible.
Por ejemplo, Dios, que, como decía Gustavo Bueno, no cabe en cabeza humana.
Quizá no sea muy exacta la frase «El ser humano no podrá comprender ni asir todos los conceptos matemáticos». Mayor exactitud tendría una sentencia como: «Los conceptos matemáticos no pueden asir toda la matemática, pero el ser humano sí aunque no sabe muy bien cómo». Dios no resulta necesario en ningún sentido, en ningún plano, a ninguna escala. El ser humano mató a dios hace mucho tiempo; lo que hoy queda de ese concepto es algo meramente residual; por seguir con la analogía: lo mató hace mucho y hoy lo han incinerado.y lo llevan en una caja de galletas. Sus acólitos amigos van a decir unas palabras antes de esparcir sus cenizas frente al mar (ya sabéis cómo acaba la escena). Parad de decir tonterías: no todo es posible.