Arte y Letras Filosofía

Bomba de relojería

muerte bomba relojería
La Muerte en Det sjunde inseglet (El séptimo sello). Imagen: Svensk Filmindustri. bomba

El futuro es la muerte. Como escribe Jünger: «A un hombre podrán fallarle todas las citas que tenga previstas a lo largo de su vida —menos una: la cita con la muerte». Y Machado: «Al borde del sendero un día nos sentamos. / Ya nuestra vida es tiempo, y nuestra sola cuita / son las desesperantes posturas que tomamos / para aguardar… Mas Ella no faltará a la cita». Y Heidegger: «El hombre, desde que nace, ya está maduro para morir». La muerte es el horizonte desde el primer momento. El horizonte, que es un allí por definición, nos puede invadir el aquí ahora mismo. Tarde o temprano, nos lo invadirá.

Es algo abrumador, si uno se para a pensarlo. Por eso habitualmente uno no se para a pensarlo. Sigue su marcha sin pensar: pero es una marcha hacia la muerte. Una marcha que consiste en envejecer. De joven se le resta importancia. Como en el poema de Gil de Biedma, en aquella edad «envejecer, morir, eran tan solo / las dimensiones del teatro». Hasta que con el tiempo —exactamente con el tiempo— «la verdad desagradable asoma» y se comprende que «envejecer, morir, / es el único argumento de la obra».

Lo cual no deja de tener su parte de aventura. Como anota Iñaki Uriarte en su diario tras visitar a un amigo en el hospital: «Esto empieza a ser de verdad escalofriante. Nadie debería lamentarse por llevar una vida gris y sin grandes emociones. Que espere un poco. A partir de cierta edad todos llegamos al Far West. Silban las balas». Solo que la última, naturalmente, da en el blanco. En la película, el héroe muere. Y el antihéroe. Mueren todos. 

En las danzas de la muerte medievales no había nadie que no bailara. La gran igualación, el gran principio democrático, es la muerte. Ella acaba con los pobres, pero también con los ricos. Con los infelices y con los felices. Con los sometidos y con el tirano. Antes de la guillotina, ya les había cortado la cabeza a todos los reyes. Y a todos sus súbditos. Solo no moría Dios. Hasta que Nietzsche certificó también su muerte.

El nihilismo fue para Nietzsche una tarea, pero ante todo fue esa certificación: la de que la construcción de Dios, con su dimensión trasmundana, era un efecto de la desvalorización del mundo; y no solo un efecto, sino a la vez un instrumento para desvalorizarlo. Dado que el mundo es mortal, hay que refugiarse en una instancia inmortal: distinta del mundo y contra el mundo. El dolor y la muerte hacen que el mundo no valga. La solución del cristianismo y la más pura del budismo desembocan en la filosofía de Schopenhauer. La propuesta negativa de su maestro le sirvió a Nietzsche para desembarazarse de adherencias pseudoafirmativas: en esto consistió su nihilismo activo. Pero su propuesta fue la contraria: eminentemente afirmativa. Se trataba de afirmar —de reafirmar— el mundo pese al dolor y la muerte. La afirmación de Nietzsche es tan radical que afirma el mundo en su plenitud, con el dolor y la muerte incluidos. 

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9 comentarios

  1. …la vida, esa enfermedad incurable

  2. No hay momentos más eternos en
    aquellos estrechos que bailar un tango,
    aunque sea con la Parca, porque sus
    omóplatos son, quién lo diría, tibios,
    femeninos y es solo ella la que danza,
    y entre cortes y quebradas el abrazo
    mutuo abarca lo que es y será siempre
    un sueño aunque creamos andar
    despiertos entre geranios, madreselvas
    y conventillos con prosapia de inmigrantes
    … y son tibias las mejillas de la piba
    que se abandonan en las mias, lejos las miradas,
    indefensa ella, casi dormida y la música
    que llama desde el fondo de su casa…

  3. Me olvidaba, gracias por la excelente lectura.

  4. Y??? Sin aumento de entropía no hay eventos, sin eventos no hay cambios, no hay vida ni hay nada. Sin un final en el horizonte no puede haber comienzo ni eventos en el medio. Así funciona la física y por ende todo en el universo. Lo que ustedes llaman nihilismo y lo dramatizan incesantemente, yo lo llamo termodinámica y no tiene nada de malo ni de especial. Sólo es parte del proceso. Si el bueno de Nietche puede matar a Dios y a la vida, yo puedo matar a su nihilismo de pacotilla jajaja :) O acaso solo ustedes pueden matar cosas??

  5. Otro resbalón de la memoria. A esas lumbreras europeas agregaría a nuestro Macedonio Fernandez Maza, que en forma llana y directa tranquilizó, primero a Borges, padre e hijo, y a todos esos frágiles lectores que buscaban una respuesta para encuadrar la muerte: En la vida, la muerte es lo más banal que nos puede suceder, dijo. Si no fuera que tendría que ceder de frente a argumentos que van desde la magía hasta las más profundas reflexiones filosóficas, agregaria que la vida misma es una banalidad. Repetirse indefinidamente y estar expuestos a cualquier catástrofe, interna o externa no es para festejar. Con respecto a las palabras de Trías que, afirmando “… en virtud de ese impulso o anhelo a engendrar…” justifica cualquier obra humana como tantos otros, me pregunto si jamás se han detenido a reflexionar que, como los primeros griegos, nuestras obras son solo producto de la maravilla por la existencia. Observar una puesta de sol extasiados no es producto del sexo que, además, digámoslo, es una de las actividades más egoísta y oscurantista de la humanidad, ya que solo permite para autorealizarse solo a dos y en la mayor oscuridad con promesas y palabras, a veces sublimes, lo reconozco, pero que en la mayor parte de los casos se las lleva el viento. Nada que ver con la democracia, acto multitudinario y gozoso de frente a una intimidad impuesta. Estos freudianos y marxistas… De nuevo gracias.

    • Borges lo dijo de manera insuperable: «Nadie es alguien, un solo hombre inmortal es todos los hombres. Como Cornelio Agrippa, soy dios, soy héroe, soy filósofo, soy demonio y soy mundo, lo cual es una fatigosa manera de decir que no soy ”.

  6. «¿Cómo evitar el simulacro,
    cómo vivir sin desvivirnos?
    Surcan los días por tu vientre.
    Somos el tiempo que nos queda».

    J.M. Caballero Bonald

  7. Luis Sanz Irles

    Es lícito aquí recurrir a «Los cuatro cuartetos»:

    Time present and time past
    Are both perhaps present in time future,
    And time future contained in time past.
    If all time is eternally present
    All time is unredeemable.

    También, claro, el viejo adagio (en realidad un tremendo recordatorio) referido a las horas que marcan los relojes:

    Vulneranmt omnes, ultima necat, es decir: Todas hieren; la última, mata.

    Un artículo de peso. Gracias.

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