Política y Economía

No busquemos grandes líderes

no busquemos lider
Foto: Paul Simpson. (CC)

En 1890 los diplomáticos del zar Alejandro III de Rusia acudieron a Wilhelmstrasse en Berlín a discutir la renovación del Tratado de reaseguro. Lideraron Otto Von Bismarck y Nikolay Girs, ministro de Exteriores ruso, que habían firmado el acuerdo en secreto en junio de 1887, una de las últimas piezas del legado diplomático del canciller de hierro. El tratado era un documento corto, apenas seis artículos y tres protocolos secretos, basado en dos ideas o principios relativamente simples: Alemania y Rusia deberían permanecer neutrales en cualquier guerra con un tercero, siempre que Alemania no atacara Francia y Rusia no atacara Austria-Hungría. En un protocolo doblemente secreto, Alemania se comprometía a no intervenir incluso en caso de una intervención rusa en el Bósforo o los Dardanelos. 

El nuevo káiser alemán Guillermo II, sin embargo, desconfiaba de tratados secretos y equilibrios complicados. Desde su ascensión al trono en 1888, Guillermo nunca había estado cómodo con su canciller y sus elaborados acuerdos diplomáticos. Bismarck había unificado su imperio, derrotado a Francia y Austria-Hungría, mantenido a Rusia enfrentada con los británicos y colocado a Alemania camino de convertirse en la potencia económica dominante del continente. Eso no pareció suficiente para el káiser: Bismarck, quizá víctima de la inseguridad de su monarca, fue cesado a principios de 1890. Para Guillermo II, su relación personal con el zar iba a ser más que suficiente para mantener la paz entre ambos imperios; el Tratado de reaseguro fue dejado de lado. 

En apenas unos años, los temores de Bismarck se hicieron realidad. Rusia entendió que Alemania iba a apoyar a los austríacos en los Balcanes incondicionalmente, así que no tuvo más remedio que buscar una alianza con Francia. Los británicos empezaron a temer la ambición alemana, y no tardaron en unirse a ellos. Tras años de acuerdos multilaterales, con Alemania ejerciendo de árbitro en los conflictos entre Austria y Rusia y Francia y el Reino Unido, el continente se dividía en dos bloques con intereses cada vez más encontrados. El camino hacia la Primera Guerra Mundial estaba abierto. 

La historia del Tratado de reaseguro es a menudo vista como uno de los peores errores de la diplomacia alemana en los años anteriores a la Gran Guerra. Otto Von Bismarck había dominado la política del país durante décadas. La desastrosa primera decisión de política exterior tomada tras su cese es el ejemplo más claro de lo imprescindible de su liderazgo. La cuestión, sin embargo, es un poco más complicada: el colapso de su sistema de alianzas en su ausencia no demuestra el genio de Bismarck, sino la fragilidad de la Europa que había construido.

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8 comentarios

  1. Fantástico artículo.

  2. – «Necesitamos a otro Bismarck, Roosevelt o Thatcher que tenga las cosas claras y sea decisivo.»
    ¿Thatcher? Pues fue uno de los arquitectos de la revolución de los ricos que está mandando este mundo a la mierda. Aparte que para su país fue un disparate. En plena crisis económica se embarcó en la aventura de las Malvinas. Tocante a la construcción del espacio europeo, estuvo en la línea tory: buscando debilitar y descarrilar la UE con objeto de re-editar una versión soft del imperio inglés (con permiso de EEUU).

    -«Por un lado tenemos a los líderes realmente especiales: Bismarck, Napoleón, Roosevelt, Alejandro, Churchill y demás. Son aquellos dirigentes que en situaciones complicadas son capaces de tomar la decisión correcta de forma consistente; cometen pocos errores, y son capaces de reaccionar cuando meten la pata.»
    ¿Churchill? Mismo problema que Thatcher, solo que peor. En su último gobierno quería emprender la guerra en contra de la URSS. Genocida por lo que afecta a los pueblos de Asia. Lo mismo a propósito de Alemania, a la que odiaba por ser Alemania. Recuerde el bombardeo de Dresde.
    ¿Napoleón? ¿Pocos errores? De la revolución francesa a coronarse emperador no hay pocos errores. De encarnar las aspiraciones de los intelectuales europeos (que aspiraban a una única Europa bajo el régimen de la razón) a convertirse en la causa principal de la emergencia de todo tipo de ultra-nacionalismos. Fernando VII no habría existido sin Napoleón emperador.

  3. Will Rogers

    Sólo una pequeña, insignificante, apreciación: muchas veces para crear buenas instituciones… Hacen falta grandes líderes.

  4. Pingback: فلنكفَّ عن البحث عن القادة العظماء - المحطة

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