
A Gerardo Masana, Daniel Rabinovich y Marcos Mundstock, in memoriam.
Tómese como base La Pasión según San Mateo de Bach. Despójese esta de toda su letra y déjese en su estructura básica (coros, corales, recitativos y arias), música pura y desnuda. Sustitúyase el componente religioso del texto por la letra del prospecto del laxante Modatón. Adapte el arreglo musical para ser ejecutado con serrucho melódico, yerbomatófono1, gom-horn2, tubófono parafínico cromático3, manguelódica4, un injerto de guitarra y garza y bass-pipe5. Todos, por supuesto, instrumentos informales nacidos de su imaginación que se habrá tomado el tiempo para construir. Tenga la caradura de presentarse con todo esto en el Festival Nacional Universitario de Coros de 1965 en Tucumán y consiga poner al público del Jockey Club en pie durante quince minutos de aplausos.
Les Luthiers, o más bien, la semilla de Les Luthiers acababa de ser plantada en aquel mismo momento, aunque ellos mismos ni siquiera lo sabían. Cuando se manifiestan por primera vez, las ideas extraordinarias son difícilmente distinguibles de una broma finísima. En la vida real no hay efectos, como en el cine, que anuncien los momentos de epifanía; todo suele ser mucho más prosaico, incluso para el iluminado al que se le ocurre poner música de Bach al prospecto de un laxante.
La de Les Luthiers es, tal vez, una de las fórmulas del éxito más complicadas que hayamos visto hasta la fecha porque ¿quién podría pensar que para crear un conjunto humorístico capaz de conquistar al público durante cincuenta años serían necesarios dos arquitectos, uno de ellos con carrera musical, un bioquímico, un estudiante de medicina, un abogado, un director de orquesta y un ingeniero que dejó la carrera para ser locutor de radio y trabajar en publicidad? ¿A quién se le ocurriría que no iba a bastar con componer música, cantar y hacer humor, sino que además habría que inventarse y construir los instrumentos?
Les Luthiers antes de Les Luthiers
Se habían conocido en el coro universitario de la facultad de ingeniería de Buenos Aires donde, sorprendentemente, no era requisito ser ingeniero para entrar. El éxito no suele darse a la primera, por eso la historia de la gesta de la «Cantata Modatón» o «Cantata Laxatón», como se llamaría más tarde por cuestiones de derechos6, comienza un año antes.
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Precisamente escuchando la Bossa Nostra, humor en estado puro, si acaso con rivalidad en el fútbol.
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De este amor desmedido y “deslenguado “ por mi lengua me surge la duda de que no todos los hispanoparlantes gocen como lo hacemos nosotros, los argentinos, y especialmente los porteños de frente a este grupo genial, porque hay gestos y modos de decir una frase o una palabra que son patrimonios nuestros como en cualquiera otra comunidad. Y esto sería una lástima. No creo que un no argentino perciba la ponzoña, el sarcasmo, un llamado a la ignorancia del otro en ese “¡Y dale!” con su entonación y gesto, cuando le pide al baterista que le dé una explicación del porqué tendría que quedarse con la infiel Esther en “Perdónala”, bolérolo. Una genialidad. De cualquier manera, larga vida a Les Luthiers. Y muchísimas gracias por los datos.
Algunos si…muchos….unos cuantos quizás…
Excelente crónica-homenaje a los genios Luthiers de Les Luthiers (las s no se pronuncian).
Los más grandes!
Pues yo conocí la existencia de Les Luthiers gracias a un programa de RNE que se llamaba «Para vosotros jóvenes», en 1973, con el añorado Carlos Tena como director y presentador. Fue una tarde de un mes que hoy no recuerdo (creo que en otoño) y llamé de inmediato a la emisora para saber dónde comprar el disco que contenia esa inolvidable Bossa Nostra.
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