No es yeísmo, es sheísmo, ¡che! 

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Buenos Aires, 1871. Imagen: Getty. yeísmo

Era 1921 cuando el joven Jorge Luis Borges regresó de Europa a su Buenos Aires natal. Contaba solo veintiún años y, del natural culto a las vanguardias que todo americano era susceptible de adquirir en Europa, su incipiente prosa sorprendió por sus inclinaciones hacia un nacionalismo literario. Empezó a escribir relatos sobre los suburbios porteños, sobre el tango y las peleas resueltas a cuchilladas, que años más tarde reuniría en un libro titulado Historia universal de la infamia. Entre los años 1925 y 1928, Borges también publicó El idioma de los argentinos, El tamaño de mi esperanza e Inquisiciones, y, en las tres obras, manifestó su preocupación por el lenguaje rioplatense. 

«¿Qué zanja insuperable hay entre el español de los españoles y el de nuestra conversación argentina?» Nos lanza Borges esta pregunta, porque tiene la respuesta. «Yo les respondo que ninguna, venturosamente para la entendibilidad general de nuestro decir. Un matiz de diferenciación sí lo hay: matiz que es lo bastante discreto para no entorpecer la circulación total del idioma y lo bastante nítido para que en él oigamos la patria».

Si en algo oyen la patria en Argentina es en la pronunciación de las letras ye y elle. Se trata de un sonido tan llamativo que se ha convertido en el mayor rasgo de identidad del español rioplatense. Hay otras características que ayudan a describir la variedad idiomática que se habla en gran parte de Argentina y Uruguay, pero el modo en que pronuncian la ye y la elle es tan marcada y única entre los hispanohablantes que es la característica que más resalta. 

Esta particularidad del español rioplatense se conoce como yeísmo rehilado. Veamos, en primer lugar, qué es el yeísmo. 

Llamamos yeísmo a pronunciar las letras y (i griega, ye) y ll (elle) de la misma manera, algo que hoy ocurre en España y gran parte de Latinoamérica. Las dos letras representan sonidos muy parecidos, porque las dos son palatales, y por eso se confunden. Pero hay una pequeña diferencia: la ye es palatal central, /j/ (el aire sale por el centro de la lengua), y la elle es palatal lateral, /λ/ (el aire sale por los laterales). Cuando ambos sonidos convergen en el representado por la ye, ocurre el yeísmo. 

La clave de este proceso está documentada en la historia de la lengua. En latín, la elle no se pronunciaba como ahora, sino que suponemos que tenía una pronunciación de ele larga o doble ele, o l + l. En algunas lenguas derivadas del latín, como es el caso del castellano, el portugués y el italiano, el sonido representado por ll se transformó en otro sonido. En castellano, el nuevo sonido se representó con la elle, mientras que en portugués se combinó la ele con la hache, formando el dígrafo lh, y en italiano se formó la combinación gli

Ocurrió en la génesis del castellano, entre los siglos X y XI. En el XV, pensamos que ya había yeísmo. Lo había en judeoespañol, por lo que es razonable pensar que el yeísmo fuera frecuente antes de la expulsión de los judíos. También hay errores ortográficos documentados en esa época (por ejemplo, escribir cabayo en lugar de caballo). Poco después, en el siglo XVI, encontramos referencias al yeísmo en varias gramáticas. Por otra parte, y esto es solo un argumento, si tenemos en cuenta que gran parte de Latinoamérica es yeísta, es muy probable que los primeros pobladores también lo fueran. De hecho, los primeros indicadores de yeísmo en Latinoamérica se remontan al Caribe y sus colonizadores. Ya debía estar extendido el yeísmo en la península ibérica, al menos en Sevilla. 

Viajemos ahora al Cono Sur. En Argentina, la disolución de la oposición de /λ/ y /j/ se manifiesta en una pronunciación más o menos abierta del fonema /j/, pero también en una realización rehilada, definida como «vibración relativamente intensa y resonante con que se producen ciertas articulaciones […] no solo en la laringe, sino en el punto de articulación, y el efecto acústico que produce», según Navarro Tomás. Es a lo que llamamos yeísmo rehilado o žeísmo. Es frecuente en Uruguay y en la zona rioplatense de Argentina. 

Se piensa que el yeísmo rehilado surgió a partir del yeísmo, y su desarrollo se pone en evidencia al presentar la evolución de los diferentes fonemas: [j]> [dʒ]> [ʒ]. Además, la pérdida de la palatal lateral /λ/ no se refleja solamente en el yeísmo y el žeísmo, sino también en el šeísmo, que resulta de un proceso de ensordecimiento del fonema /ž/. Y así se completa la evolución de las palatales: [λ]> [j]> [ʒ]> [ʃ].

¿Cuándo se produjo el cambio lingüístico? A principios del siglo XIX se encuentran algunos testimonios fiables, como el de la crítica a la pronunciación de unos actores en el Mensajero Argentino del año 1826: «Alguno hay de ellos que al pronunciar llanto, batalla y otras palabras con ll parece que pronuncia un ch medio líquido pero prolongado; y que dice chchchanto, batachchcha, etc. No hallamos otro modo de escribir esta pronunciación viciosísima». 

A finales del siglo XIX, cuando Buenos Aires ya era el centro político, económico y cultural del país, hubo un gran incremento poblacional a causa de las olas de inmigrantes llegadas de Europa. Justo durante esta época surgió el sonido /š/ en el español bonaerense, posiblemente debido a la influencia del francés en los ámbitos culturales. Esto se deduce de textos periodísticos en los que abundan préstamos lexicológicos con /š/, como champagne o chef. Aproximadamente medio siglo después, el fonema /š/ que deriva del francés influyó finalmente en la sonora pronunciación žeísta. Un documento que atestigua este desarrollo lingüístico es la Guía de buen decir (1915) de Juan Selva, donde se compara la pronunciación con la del francés. Otro testimonio son los Estudios sobre el español de Nuevo México del año 1930, en los que se estudian y comparan diferentes variedades del español en México, Uruguay, Ecuador y Argentina.

Lo que no sabemos es qué provocó este cambio lingüístico a mayor escala. Se han dicho otras ideas al respecto, pero ninguna demostrable. Podría ser que la variante rioplatense se viera influida por el portugués de Brasil, por el gallego, el italiano y el francés de las distintas oleadas migratorias de los siglos XIX y XX. En el poema «Cielito oriental», publicado por Bartolomé Hidalgo a principios del siglo XIX, el escritor uruguayo cambia la grafía g, y en palabras como gente escribe yente, para imitar el sonido del portugués. Otras teorías se inclinan por la facilidad que ofrece el yeísmo rehilado, es decir, sería más sencillo pronunciar parrisha que parriya

En un principio, el rehilamiento debió de ser marginal, pero terminó imponiéndose sobre el yeísmo importado en la variedad idiomática rioplatense. El motivo nunca lo sabremos; el cómo resulta más fácil de deducir. Una comunidad de habla, según explica William Labov, no se define por ningún acuerdo que regule el uso de los elementos del lenguaje, sino por la participación en un conjunto de normas compartidas. Dentro de dicha comunidad de habla, un mecanismo principal de cambio es la transmisión con incremento. Se supone que los niños primero adquieren el lenguaje de su entorno inmediato, y luego, durante un período de reorganización vernácula, se centran en una nueva norma, impulsada por fuerzas sociales y aumentando gradualmente el uso de las nuevas formas.

¿Cómo se selecciona la variante que triunfa? El proceso tiene lugar en dos niveles. En primer lugar, se da la adopción de una variante particular en el idiolecto de un hablante. Este es el llamado nivel individual. Las opciones en este nivel están determinadas por las limitaciones en la adquisición del lenguaje, en el procesamiento y en las representaciones resultantes. En segundo lugar, la selección también ocurre en el nivel de la comunidad de habla, es decir, en el llamado nivel poblacional. En este caso, la selección significa la adopción de una variante particular en la nueva variedad lingüística, según lo determinado por presiones sociolingüísticas como la acomodación y el prestigio.

Hoy, el yeísmo rehilado está plenamente aceptado. En 2011, la Real Academia de la Lengua Española incluyó dicha pronunciación como una de las posibles en el manual Nueva gramática de la lengua española: fonética y fonología. Esto significa que la RAE acepta que esta variante rioplatense no es una desviación de la norma, sino una forma válida. 

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3 Comentarios

  1. En el artículo no hacéis mención al catalán, donde no existe el sonido de la “Y” pero si el de la “LL”, distinto al de la “LL” del castellano. Eso hace que en Cataluña, donde muchos somos bilingües, cuando hablamos en castellano usamos 2 sonidos distintos para la “Y” y la “LL”.

  2. Siempre excelentes sus artículos, señora, no obstante esas “partículas” de aridez en sus definiciones científicas. Días atrás, y en otro medio que hablaba de ciertas palabras y modos de decir en español-argentino, me preguntaba por algo obvio: cómo es posible que el lenguaje sea la primera manifestación para reconocerse dentro de un grupo; no el color de la piel o la fisionomía, basta que yo lo entienda. No tendría que ser así si lo miramos con un poco de humanidad. Pero es infranqueable, hermético, y me acordé de Miguelito, el de Mafalda. Una vez dijo que él hubiera querido nacer en Suiza para poder comer más chocolate y ser rubio. Me divierten siempre las genialidades de nuestro Quino, y se me ocurrió seguir con el razonamiento de ese personaje, llegando a una insensastez metafísica: si tuviera la oportunidad de volver a nacer, elegiría de nuevo hacerlo en esos sures. PD. La elle a la española se puede oír todavía en el norte de Argentina. A mí resulta difícil pronunciarla (el “me” faltante lo encuentro cacofónico) y junto a las desinencias finales de los verbos, tenéis, habéis, Narváez etc. etc, o sea vocales juntas, doy gracias al Martín Fierro por no tener que pronunciarlas. Siempre un placer leerla, señora.

  3. Me gustó mucho el artículo, pero creo que pasa por alto un detalle muy importante: esto ya había pasado en los romances ibéricos con algunos grupos latinos, claro que sin confusión con /j/.

    spekulum > espeklo > espeλo > espeʒo > espeʃo > espexo.

    El portugués se quedó en la λ (espelho) y el judeoespañol se quedó en la ʒ (espejo), el castellano del siglo XVI pasó por la etapa “rioplatense” y después llegó a la jota.

    Soy de una minúscula zona no yeísta en otro país y uso /dʒ/ para ll, pero la gente de un lugar cercano usa /ʒ/: /’jo me’ʒamo/, así que quizás podría pensarse que en rioplatense también la rehilación se usó primero solamente para ll y que después se produjo el yeísmo y la convergencia con y. Muchas zonas aisladas de diferentes partes de España e Hispanoamérica no son yeístas, así que no me queda claro que el yeísmo haya sido algo típíco de los conquistadores, aunque está claro que existía. Por ejemplo, Paraguay y Bolivia son distinguidores, también ciertas zonas del norte argentino, ciertos rincones de Chile, la sierra peruana y muchos ancianos en Colombia y España. Saludos.

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