Humor snob Ocio y Vicio

Derribando al galán argentino: el sarampión 

Derribando al galán argentino
Esther Williams y Fernando Lamas, 1961. Fotografía: Gianni Ferrari / Getty. Argentino

«¿Y si nadie va a por la rubia?» .

Con esa frase, Una mente maravillosa trataba de presentar la explicación del llamado «equilibrio de Nash» a unos espectadores que podían o no estar interesados en la teoría de juegos, pero que sí compartían un íntimo deseo: ninguno quería quedarse sin follar. 

Para lograr tan encomiable propósito, la película recurría a la analogía entre el mercado económico y el mercado de la carne. Un poco de trazo grueso, sí, pero recuerden que aún seguimos utilizando los estadios de fútbol como unidad de medida universal. La situación era la siguiente: el matemático John Nash, interpretado por Russell Crowe, está en un bar con sus letradísimos amigos y ven a un grupo de mujeres. Sobresale una rubia, la más atractiva. Valiéndose de los postulados de Adam Smith —«En competencia, la búsqueda del interés propio contribuye al bien común»—, resuelven abordarlas a lo bruto, respondiendo al instinto más simiesco de que gane el mejor y el que venga detrás que arree. Todos irán a por la rubia; si los rechaza, se conformarán con cualquiera de las morenas. 

Hasta que Nash tiene su epifanía y predice que semejante plan está abocado al fracaso. Si todos acuden en tropel a por la más despampanante: 1) se obstaculizarán entre ellos y 2) cuando reconduzcan el tiro y traten de cortejar a las amigas, fracasarán también, porque para segundos platos ya están los menús del día. «Adam Smith dijo que el mejor resultado se obtiene cuando todos los del grupo hacen lo mejor para sí mismos, ¿verdad? Adam Smith se equivocaba —proclama Nash, alumbrando su idea genial—. Si ignoramos a la rubia, ni nos entorpecemos ni ofendemos a las otras chicas. Esa es la única estrategia ganadora». Una teoría que le valió el Premio Nobel de Economía, y que muy resumidamente enuncia que se logrará un mejor resultado para el conjunto si se comparten las estrategias con el resto de los jugadores. Todos hacen lo mejor para sí mismos, dado lo que ha hecho el resto. 

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9 comentarios

  1. Eduardo Roberto, ya estás tardando…

  2. Eduardo Roberto está paladeando un inefable momento de gloria

  3. Tres personas distintas, una misma idea. Será casualidad, claro

  4. Gracias Ansiosa Genial y Rafa. Estoy tardando porque puse en “remojo” dos páginas de Word con mi comentario (hecho en el mismo momento en que lei el artículo) para repasarlo en frío. Esta especie de grafomanía feliz, a menudo me lleva a irme por las ramas. La montaña que he archivado y releído lo confirma. Tendré que poner en práctica una especie de autocensura. Pero esta señora escribe tan bien, que me da un poco de vergüenza salir a defender los mios. Algo de razón tiene, al igual que las autoras sobre las “deslenguadas y charlatanas” de las argentinas, y la de los insultos geniales (triste Guiness). La otra que afirmaba que esas hormigas negras y voraces eran argentinas, por supuesto que se equivocaba. No niego que me han halagado vuestros comentarios, pero esas dos páginas me ponen en un brete. Tendré que decidir qué cosas están de más, tratar de escribir menos, no repetirme etc. etcc. Las páginas en cuestión comienzan de esta manera. (Entre paréntesis las que necesitarían una reflexión mayor).

    (¡Y dale con esto!) Ahora resulta que somos como el sarampión. (Lo mismo que decía el grande Montanelli sobre el Berlusca: hay que contagiarse para inmunizarse. Hace poco cumplió ochenta y cinco esa pesadilla, siempre rodeado de bellezas, y no es argentino). Y lo más lindo es que son todas mujeres las que hablan mal de nosotros, como si fuerámos los únicos dañinos, (como si las españolas no se derritieran de frente a esos gringos rubios y de ojos celestes, tirando a frios y distantes. Nosotros, a falta de colores atractivos exteriores, compensamos con el colorido sonido interior que modela nuestro lenguaje, gestos y posturas) Mujeres, decía, que espero un día, como ya hoy en Islandia sean mayoría en todos los parlamentos, ingratas… Y sigue así, más o menos igual, hasta llegar a una reflexion que creo ya publiqué y es imposible saberlo, pero que cambía con el devenir. (Ser argentino es… no ser ni demasiado blanco ni demasiado negro; la pincelada intermedia y perfecta del eterno vagabundear de los pueblos que terminan en el bar, en terapia y divorciados; ser argentino es hablar hasta por los codos y con un susurro medroso y quedo de frente a los finados, al Cristo en la pared, a sus deudos y a los que esperan, o sentir verdadera pena por los que no vieron “El Gol” sabiendo que jamás se repetirá otro portento igual; ser argentino es ser un poco fanfarrón, pero de corazón bueno, digamos medios ingenuos, ser peronistas y su contrario según el tiempo y la inflación; ser argentino es hablar con el diminutivo y con el vos en cualquier momento por más que difieran las condiciones de grandezas del montón, asi sea el presidente, un ejecutivo o un matón; insultar carnalmente a los amigos con epítetos vergonzosos, de puro amor sabiendo que sin ellos la paradoja del existir se haría sin los necesarios reclamos a la bronca y al corazón y, sobre todo, ser conscientes de que habitamos en el país más austral, el último, en el fin del mundo como dijo un tal Francisco, lo más lejos posible de la cultura occidental que continúa a mortificarnos, pero ser argentino también es esperar la Argentina Planetaria con los versos de nuestra Constitución: para todos los Humanos de buena Voluntad que quieran habitar el suelo de la Tierra, incluida Barbara Ayuso y las demás). Y sigue así por otra página. Veremos que sucede.

  5. ¿No será que los argentinos ganan tanto, porque los españoles heterosexuales tienen graves complejos de inferioridad?

  6. Vargas Llosa ya pergeñaba en los 50s ese mismo sentimiento de fobia al olor a carne asada y al lunfardo en boca del escribidor boliviano.

  7. Bárbara, sos bárbara! Un beso

  8. Estimades Ansiosa, Rafa y Eva. Finalmente, y después de lungas reflexiones he llegado a la conclusión de que ese ¡Y dale con esto! es más que suficiente. Cuanto más días pasaban en remojo las hojas de Word, más era el convecimiento de que con el sarampión argentino nada tenían que ver Montanelli, Berlusca, Islandia y su parlamento, el feminismo, Putín, Ordagán, Trump, Salvini, Mussolini, el calentamiento del planeta, los uruguayos de quienes poco nos diferenciamos, Latinoamérica… y asi hasta el final. O sea, en definitiva
    ¡Y dale con esto!
    Gracias, señora, por la estrepitosa lectura.

  9. Una pregunta para ubicarme: ¿el galán argentino pertenece a ese pueblo que llegó en barcos y que vive el el recto de América del Sur, el orto del mundo?

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