El desangelado retorno de los Soprano

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The Sopranos The Many Saints of Newark
The Many Saints of Newark. Imagen: HBO Max.

La nostalgia la carga el diablo. ¿A usted nunca le ha dado por volver a probar esa marca de pastelitos industriales que devoraba en la infancia? Por un lado, una repentina y breve inyección de endorfinas le permite revivir aquella despreocupada felicidad del pasado. Por otro lado, sin embargo, la parte racional de su cerebro entra en acción y le obliga a pensar: «Esta cosa sabe a petróleo». Y después vuelve usted a su habitual dieta de merluza hervida, esa sustancia blanquecina que odiaba cuando iba al colegio.

Si es usted de quienes por algún misterioso motivo aún no han visto The Sopranos, sepa que esta serie no solo fue (y sigue siendo) uno de los mejores programas dramáticos que se han producido para la pequeña pantalla, sino que fue la serie que lo cambió todo en la historia de la televisión. Antes de The Sopranos, la ficción televisiva era la hermanastra pobre y desarrapada de la Ficción Audiovisual Con Mayúsculas: el cine. Las series de televisión, aun siendo muy populares y en (raras) ocasiones artísticamente admiradas, eran vistas como un producto secundario que servía como bote salvavidas para aquellos profesionales que no podían ganarse la vida en el cine. Las expresiones «pequeña pantalla» y «pantalla grande» abarcaban más que el tamaño físico de las respectivas proyecciones; comparaban una artesanía menor, la televisión, con el cine, un medio que había sido consagrado nada menos que como séptimo arte. Consagración que no se atrevían a objetar siquiera los más testarudos intelectuales, añorantes de la vieja academia, que tuviesen un retrato de Charles Batteux colgado en el dormitorio.

Después de The Sopranos dejó de parecer un disparate el plantearse si el drama televisivo podía estar al mismo nivel que el drama cinematográfico. Hubo otras series que aparecieron poco después y mantuvieron esa impresión de que el cine tenía por fin un nuevo rival; como no había término en el diccionario para adjetivar aquellas nuevas series que no eran cine pero tampoco eran la tele de siempre, hubo que apropiarse del lema publicitario de la cadena responsable: «No diga televisión, diga HBO».

Por ello, The Sopranos reinará para siempre en el Olimpo de la televisión. Pero además, las andanzas del mafioso Tony Soprano tienen una aureola de epopeya moderna que conoce muy pocos paralelos en la historia de la televisión. Es como una novela del siglo XIX, pero tan entretenida que enganchaba a gente que no había leído ni las cajas de cereales. Es verdad que la serie no fue absolutamente perfecta, es verdad que tuvo sus leves altibajos, pero ¿qué no los tiene? Considerando su duración —seis temporadas, ochenta y seis episodios—, podemos decir que era muy difícil hacerlo mejor. Si quisiéramos citar una serie de duración similar y parecida proliferación de personajes, que arriesgue tanto con las temáticas y que sea todavía más redonda, solo me viene a la mente The Wire. Y hay que tener en cuenta que The Sopranos, al contrario que The Wire, se vio obligada a variar repentinamente el rumbo cuando durante su segunda temporada tuvo que hacer frente a la muerte de la actriz Nancy Marchand, cuyo personaje era un resorte fundamental en el planteamiento inicial de la trama. Por lo demás, y pese a cualquier defecto que queramos buscarle (y que en efecto encontremos), The Sopranos ofrece una tan apabullante cantidad de grandes momentos que, viéndola, uno tiene la sensación de haber sido invitado a un festín.

El Olimpo, sin embargo, es un lugar frío y distante. Ahora estamos en 2021 y lo que se estrenó a finales del siglo pasado empieza a parecer género de anticuario. Y están pasando muchas cosas en la ficción televisiva. La industria musical está estancada y Hollywood parece un canal infantil, pero las series de televisión continúan bullendo de calidad y creatividad, amén de que muchos países están produciendo material de primera que compite con la antigua hegemonía estadounidense en el sector. Y claro, supongo que para los viejos creadores es duro ver cómo sus mejores obras, aquellas que los convirtieron en iconos de la industria, corren el riesgo de caer en el olvido. Imagino que ese es el motivo por el que David Simon permitió (y, lo que es más increíble, defendió) que HBO masacrase The Wire cambiando el formato de la imagen de 4:3 a 16:9, por la única y sencilla razón de que la audiencia más joven «no tolera» dos franjas negras a los lados de las pantallas modernas. Y, claro está, por dinero.

Con más nobles intenciones parecía llegar la largamente anunciada precuela de The Sopranos, el largometraje The Many Saints of Newark. Por lo general soy escéptico con estas cosas, pero ha habido ejemplos de que estas resurrecciones pueden hacerse bien. Una serie también grandiosa pero que por desgracia mucha gente decidió ignorar en su día —y que fue cancelada intempestivamente— fue Deadwood, que regresó para cerrar viejas heridas con un largometraje que resultó ser digno. Y The Many Saints of Newark viene con marchamo de autenticidad. Ha sido escrita por el propio creador de The Sopranos, David Chase, junto a su antiguo colaborador Lawrence Konner. Y ha sido dirigida por Alan Taylor, nombre que quizá a muchos no les suene, pero que es un cinturón negro tras las cámaras, un lobo de mar curtido en la mejor época de las series televisivas, y un viejo favorito de sus dos majestades David Chase y David Simon. Nombre usted su serie dramática favorita y existe una buena probabilidad de que Taylor haya dirigido más de un episodio en ella. Además, como efectivo resorte publicitario, el reparto de The Many Saints of Newark incluye a Michael Gandolfini, hijo de James Gandolfini, el difunto e inimitable actor que interpretando a Tony Soprano situó un nuevo listón en la pequeña pantalla. Este detalle era el que más escepticismo me despertaba; curiosamente, ha sido una de las cosas que sí han funcionado en la película.

Hay dos formas de analizar The Many Saints of Newark. Una, como película en sí misma, considerada aisladamente, para cualquier espectador que nunca haya visto The Sopranos. Y dos, como precuela para alguien que sí ha visto The Sopranos y por lo tanto ve la película con ciertas expectativas. Por desgracia, The Many Saints of Newark no funciona en ninguna de esas dos modalidades. No, no es una película horrible. Cabe aclarar que es fallida, pero no es una chapuza. No acierta con lo que sea que pretendía conseguir, pero no es un producto indigno. Tiene sus aspectos positivos.

The Sopranos The Many Saints of Newark
The Many Saints of Newark. Imagen: HBO Max.

El principal problema es que se queda muy a medias tanto como película de mafiosos tanto como precuela. Si usted nunca ha visto The Sopranos, se encontrará con una galería de personajes que nunca le llegarán a importar porque no le serán presentados, pues se asume que el espectador ya los conoce. Además, se le escaparán a usted innumerables referencias que, sin haber visto antes la serie, le parecerán ocurrencias superfluas o sencillamente innecesario relleno. Como película de mafiosos es, además, desconcertante. El argumento no solamente es tenue, sino que no parece haber una estructura sólida ni un foco temático. En este sentido, el peor defecto es que se abren algunas subtramas que después no se cierran. Incluyendo uno de los principales conflictos de la película, el conflicto entre la mafia neoyorquina y un grupo delictivo formado por negros de Brooklyn, que podría haber sido una trama interesante, pero que sencillamente carece de cierre. No es que tenga un mal cierre, o un cierre ambiguo, no: ¡es que no se cierra de ninguna manera! Es tal la falta de estructura que me da la impresión de que la película iba a ser más larga pero alguien ha metido tijera sin contemplaciones. Lo digo porque me resulta muy difícil creer que el guion saliese adelante tal cual, con semejantes carencias, sin que nadie pusiera objeciones. Es muy posible que la historia hubiese funcionado mejor como miniserie, con más tiempo para desarrollar todos los conflictos que la película ha planteado pero después no ha sabido cómo manejar.

Y si es usted un fan de The Sopranos, bueno, el resumen es aún más fácil: esta no es la precuela que esperaba. Porque, sencillamente, no es la precuela que se le había anunciado. The Many Saints of Newark, pese a lo que se venía publicitando, no se centra en la infancia y adolescencia de Tony Soprano. De hecho, Tony es más bien un personaje secundario. El verdadero protagonista de la película ni siquiera aparecía en The Sopranos: Dickie Moltisanti, el padre (en la serie ya difunto) de Christopher Moltisanti. Sí, aparecen las versiones jóvenes de varios personajes de la serie: aparece Tony, sus padres Johnny y Livia, su tío Junior, sus futuros colegas Silvio, Paulie y Pussy, etc. Incluso vemos de manera fugaz a su futura mujer Carmela cuando todavía es una adolescente. Pero casi ninguno de ellos tiene peso en la película. Están como atrezo, y no se indaga en su evolución.

Con todo, cabe decir que el casting es sorprendentemente certero. Hay un un par de casos (Silvio y Junior) donde los nuevos actores rozan la caricatura, pero en general los personajes que ya conocíamos están bien representados. En algunos casos (Tony Soprano, la joven Janice, la joven Carmela) el parecido físico es notorio. Eso sí, falta el carisma. The Sopranos tuvo, y creo que no exagero al decir esto, el reparto más carismático en la historia de la televisión. No digo que tuviera los mejores actores o actrices en todos los papeles, pero quienes estaban ahí llenaban la pantalla. No hablamos de un actor o actriz carismáticos, ni de tres, ni de cinco. Había un montón de intérpretes cuya presencia sostenía por sí sola una secuencia. Los actores de la nueva película hacen un buen trabajo recreando los manierismos de aquellos personajes pero, más allá de lo conseguido de cada imitación, el carisma arrollador no está ahí. Admito, de todos modos, que hubiese sido una insensatez pedirlo.

Lo peor es que se ha desperdiciado una ocasión de oro para profundizar en la relación de Tony Soprano con sus padres, y en particular su madre, porque cuando hablamos de carisma hay una excepción. La mujer con la que me he llevado la mayor sorpresa de la película es Vera Farmiga, que interpreta a Livia Soprano. Lo que esta actriz hace es digno del mayor de los elogios. Teniendo en cuenta que Nancy Marchand era tan colosal, hasta el punto de parecer insustituible, encarnando a la versión anciana de la madre de Tony Soprano, la verdad es que Vera Farmiga no solamente consigue captar el espíritu del personaje, sino que es lo bastante carismática como para hacernos creer que de verdad es la misma mujer pero varias décadas más joven. Es increíble, pero consigue que la Livia Soprano de Nancy Merchand resucite ante nuestros ojos. Y no es una simple imitación —no hay un solo instante en que fuerce las cosas—, sino una apropiación perfectamente fluida y natural del trabajo que hizo otra gran actriz. Repito: es increíble. Ella es con mucho lo mejor de la película. Como detalle suplementario pero interesante, Vera Farmiga se parece a Edie Falco, la actriz que interpretaba a la Carmela Soprano adulta, lo cual añade una curiosa referencia implícita al complejo de Edipo de Tony (otra actriz que capta fantásticamente bien al personaje original es Alexandra Intrator, cuya recreación de Janice Soprano, la hermana de Tony, es también fantástica; lástima que apenas tenga líneas de diálogo).

The Many Saints of Newark 2
The Many Saints of Newark. Imagen: HBO Max.

Por supuesto, merece comentario Michael Gandolfini. Él sí carece del carisma y de la imponente presencia de su padre, aunque también era mucho pedir. El parecido físico es innegable, pero Michael desprende una aureola muy distinta y mucho más inofensiva de la que requiere el macho alfa prototípico que es Tony Soprano. De hecho, yo era muy escéptico con Michael y esperaba que quizá fuese el punto más flojo. Pero no lo es. Hace un buen trabajo con el poco material del que dispone en el guion. Incluso hay dos o tres momentos en los que reproduce con sorprendente sutileza algunos de los gestos y manierismos de su padre. Esperaba de él una imitación más mecánica, pero lo cierto es que hace una buena reinterpretación y en ningún momento recurre al guiño fácil.

Es una lástima, porque viendo el arrollador despliegue de Vera Farmiga y el muy respetuoso tratamiento que Michael Gandolfini hace de la muy complicada herencia paterna, esta película podría haber sido una fantástica disección de la enfermiza relación entre el neurótico Tony y su aterradoramente limítrofe madre. Esta relación fue la temática principal de The Sopranos antes de que la muerte de Merchand obligase a cambiar el rumbo, y esta precuela bien podría haber completado lo que sabíamos de esa relación tan fundamental. Pero nos quedaremos con las ganas de ver a Vera Farmiga dando un recital, y de contemplar in situ el origen de los problemas psicológicos de Tony.

Es como si David Chase hubiese tenido miedo de mancillar el canon, por lo que no ha retocado nada de lo que ya sabíamos, y la película termina siendo el equivalente de visitar un museo donde todo está conservado entre vidrios, donde todo es bonito y entrañable, pero donde nada tiene vida. Es el peligro de resucitar un universo con tanta personalidad: si cambias algo parece que lo desmereces, pero si no cambias nada eliminas el elemento de sorpresa o impacto que toda narración necesita. The Many Saints of Newark no desmerece el canon; al contrario, lo respeta hasta la literalidad, y se ha convertido en una especie de teatrillo coral de marionetas con caras conocidas, ambientado en un universo congelado en el tiempo. Un universo que no evoluciona, porque es el mismo que ya conocíamos de la serie. Mientras, para que suceda algo nuevo, se dedican minutos a subtramas anecdóticas que no van a ninguna parte. Incluso el desenlace de la trama principal, la que se centra en Dickie Moltisanti, tiene poco o nada que ver con la evolución del propio personaje durante la película.

Así que el reparto es bueno —mejor de lo esperado—, la ambientación está muy conseguida —salvo esos filtros de color digital que se están cargando la estética del cine actual—, y había mimbres más que suficientes para realizar una precuela realmente interesante. Aunque parezca irónico, hubiese preferido ver una película con un reparto risible y una ambientación cutre, porque entonces me hubiese dado igual. La película me ha dejado con esa amarga sensación de que podríamos haber contemplado algo memorable, pero que la materia prima ha sido desperdiciada en un mero ejercicio de nostalgia inefectiva. Ya solo nos queda intentar imaginar cómo hubiese sido esa hipotética película centrada en el joven Tony y una Livia Soprano encarnada por la descomunal Vera Farmiga. Pero The Many Saints of Newark ha sido como si Scarlett Johansson te hubiese invitado a cenar y, cuando estabas ya sentado en el restaurante, hubiese aparecido su secretario en vez de ella. Sería mejor que nunca te hubiese invitado.

En fin, en otra vida será. Siempre nos quedará la adaptación de Fundac… [entre sollozos, el autor del texto deja de escribir].

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9 Comentarios

  1. Como fan de Los Soprano hice la tarea y vi la película. ¡No puedo estar más de acuerdo con su texto! Es desconcertante enterarse que es todo un producto de David Chase -el creador de todo ese universo- y Lawrence Konner, que tiene un currículo bastante interesante. Una oportunidad más desperdiciada, me recuerda al desastre de Deadwood: The Movie.

  2. Muy interesante y contundente critica con la que también concuerdo. Es una lastima haber conseguido todos esos elementos y no haberlos explotado. La analogía con Scarlett Johansson me parece muy adecuada jajajaja ‼️.

  3. Bueno, la veré cuando sea ofrecida en alguna de las plataformas a las que estoy suscrito. La referencia elogiosa hacia Vera Farmiga no me pilla por sorpresa porque aunque ya disfrutaba de su trayectoria desde hace mucho, aluciné literalmente con su composición de madre chiflada de Norman Bates en la ninguneada y excelente serie “Motel Bates”. No sé si le fue concedido algún premio por ese trabajo, pero si así no fue, se cometió una injusticia de tamaño incalculable.

  4. Como siempre sucede con esta revista, la crítica me parece abundante en ideas y contenido, un deleite de leer… pero no estoy de acuerdo, aunque en esto estoy solo, porque no he leído todavía ninguna crítica que le haya gustado esta película (tal vez me lo inventé todo). Pero discrepo fundamentalmente en eso de que no hay estructura: la estructura la da la figura del tío; la herencia no la transmite el padre sino el “tío”. Esa es la figura que después creo Tony replicará, no en su hijo, sino en su propio sobrino. El padre en la mafia es el tío. Por eso era tan importante la historia del tío, al verla vemos la de Tony pero refrenando sus aspectos más sicopáticos. Además la actuación de todos los personajes principales incluyendo la interpretación del otro tío, que el personaje principal va a ver la cárcel como en peregrinación, es espectacular. El mejor regalo que le puedes hacer a tu sobrino, le dice, es dejar de verlo. Era su heredero.

  5. Me parece increíble que absolutamente nadie pille el final de la peli y que el autor de este artículo, que sin duda es un fan de Los Soprano, no ate hilos.

    La primera víctima de Toni Soprano es un corredor de apuestas negro llamado Willie Overall… por favor, investigad un poco y si ese dato no os parece relevante id a IMDb a ver los nombres de los personajes de Many Saints.

    • Añado que la aparición de Frank Lucas es un metaguiño de lujo y que la precuela da una nueva dimensión -para mí, of course- a por qué Toni Soprano es Tony Soprano.

      Explica, básicamente, que su primera víctima mortal podría haber sido una venganza por pensar que Dickie fue asesinado por un Overall, explica por qué es tan visceralmente racista y, lo mejor de todo, nos explica que Corrado Soprano es un hijo de la grandísima puta.

      No solo es el responsable de matar a Dickie sino que es el creador último e involuntario de Tony tal y como le conocemos. La peli no me parece la ostia, pero creo que está diseñada al milímetro para darle un final espectacular y súper inesperado.

      Eso sin mencionar que confirma al 100% que Tony muere en la última escena de la serie, con mil referencias a Holstens, el lugar donde se entera que su tío ha sido asesinado porque le estaba esperando allí. Glorioso.

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