Mucha gente cuando hace la maleta se pregunta qué bolso va a combinar con los zapatos, cuál será su look de chiringuito, si necesitará ropa formal o más casual y cuántos «por si acaso» deberá llevar. Lo mío es parecido, pero con libros: cuál será mejor para la piscina y la playa; cuántos libros meter «por si» me termino todos y la única opción disponible son los best sellers del quiosco o una revista que me diga cómo disimular la celulitis; si me apetecerá algo más ligero o decido que es el momento perfecto para leer a Tolstói; si mejor relatos o un tocho de mil páginas, o si los atardeceres en el mar me dejarán con cuerpo de poesía o de ensayo crítico antisistema. El resultado: una maleta que pesa diez kilos y poca ropa para ponerme, porque total, mi objetivo es no quitarme el bikini en todo el día.
Si tú también sufres el «síndrome de la maleta llena de libros», pero no sabes cuáles llevar, te propongo diez opciones para cubrir todas tus necesidades lectoras este verano y que no te falte ningún «por si».
Supersaurio, de Meryem El Mehdati (Blackie Books)

Como si de un fanfic de terror sobre su vida se tratara, la autora nos presenta a una protagonista que se llama como ella —Meryem, no Miriam ni Marian ni Meriem— y trabaja en las oficinas de Supersaurio, la cadena de supermercados que en el libro es la más importante de Canarias. Meryem nos cuenta su día a día en el trabajo y las dinámicas que se establecen entre los compañeros que ríete tú del experimento de la cárcel de Stanford —aquel en el que unos estudiantes se convertían en carceleros sádicos y otros en presos humillados—, mientras construye una proclama antitrabajo, anticapitalista y antituristificación. Si alguna vez habéis escrito dos párrafos para contestar con sinceridad a un e-mail de un superior y antes de darle a enviar lo habéis borrado todo para responder con un escueto, no comprometedor y seguro «ok», este libro es para vosotros.
Sakura, de Elaine Vilar Madruga (Libero Editorial)

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Los chicos de mi juventud, de Jo Ann Beard (Muñeca Infinita)

En Los chicos de mi juventud, Jo Ann Beard relata de forma magistral la extrañeza de formar parte de una tragedia y a la vez haberse librado de ella. Además, en esta colección de memorias, la autora nos relata su infancia en el medio oeste americano hablando de los chicos de su juventud: desde su padre alcohólico, pasando por sus primeros novios, hasta llegar a su exmarido. Pero a pesar del título, estos chicos quedan eclipsados por las mujeres de su vida: su madre y tías —siempre embarazadas y con un cigarro en los labios, enérgicas, fiables y de personalidad imponente—; sus primas, convertidas en hermanas, y sus amigas, compañeras inseparables y presentes también en su vida adulta.
Autocienciaficción para el fin de la especie, de Begoña Méndez (Hurtado y Ortega)

Begoña Méndez se pregunta qué es ser mujer —o más bien, qué supone no ser un hombre blanco, cis y hetero en nuestra sociedad—, y al hacerlo trasciende los límites del deseo y pone en valor la belleza de los cuerpos insubordinados, mientras propone un regreso a nuestra forma anfibia, único medio para enfrentarnos a un sistema que nos cosifica y nos convierte en islas solitarias y vacías, hambrientas de belleza y poesía. Además, la autora se mete en la piel de las criaturas solitarias e incomprendidas de las películas Thelma, Blue my Mind, Under the Skin, La cosa y Solaris, en un ejercicio de autocienciaficción poética y hermosa que nos adentra en su psique, deseos y temores desde una mirada feminista y transformadora.
Quienes se marchan de Omelas, de Ursula K. Le Guin (Nórdica Libros)

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Lo salvaje, de Julia Elliott (Editorial Horror Vacui)

Elliott nos traslada a un mundo ajeno, pero también reconocible, donde la cotidianidad se puede volver distópica o apocalíptica debido a la tecnología y a la naturaleza. Once relatos que superan en incomodidad y terror a cualquier capítulo de Black Mirror.
Ceniza en la boca, de Brenda Navarro (Sexto Piso)

La violencia, asimismo, vuelve a ser un tema destacado: en México debido a la fuerza militar, el narcotráfico y los feminicidios, que hacen que la protagonista se encuentre con que la mayoría de la gente de su edad ha muerto o desaparecido cuando ella regresa a casa de sus abuelos; y en España, una violencia menos evidente, institucional y social, pero que puede llegar a matar igualmente. De fondo, la autora nos muestra grandes urbes (Madrid, Barcelona y México DF) que aíslan a los protagonistas, aumentando su sensación de desarraigo y de no encajar en la sociedad. Esta soledad es aún más pronunciada en el caso de Diego, un adolescente que no cuenta con ninguna red de apoyo, al contrario de lo que ocurre con su hermana, que encuentra un refugio en otras mujeres, aunque solo se da cuenta de su valor cuando acepta que su vida nunca será como ella esperaba.
Mira las luces, amor mío, Annie Ernaux (Cabaret Voltaire)

También es un lugar donde el sexismo se hace muy evidente, tanto en los productos ofertados —cosmética, píldoras para adelgazar y limpieza del hogar para las mujeres; princesas y mucho rosa para las niñas; tecnología y chuletas para los hombres y superhéroes y azul para los niños—, como en los puestos de trabajo, más feminizados cuanto menos valor y sueldo tienen.
Además, en un supermercado, el consumo, como el trabajo, debe ser eficiente, por eso no hay espacios de descanso; los probadores son incómodos, con una escasa cortina que invita a pasar poco tiempo dentro; los pasillos fluyen sin estorbos y la luz artificial siempre brilla. Y, por supuesto, los productos también se encuentran colocados de forma estratégica: los periódicos en una zona bien visible para que a nadie se le ocurra leerlos sin comprarlos; los descuentos al fondo, escondidos; la zona bio, más cara, ocupando un lugar central, y los caprichos a la altura de la mano mientras esperas la cola. Nada se deja al azar.
Taller de chapa y pintura, de Mestizorras (Editorial Barrett)

Taller de chapa y pintura es una historia de rape and revenge en la línea de la película Una joven prometedora (2020), es decir, alejada del fetichismo que ha rodeado a este tipo de narrativas para abordar la venganza desde una perspectiva feminista. El libro es cañero y no apto para todos los estómagos, pero resulta interesante por los temas que trata —abusos, aborto, salud mental, inmigración, cuidados, identidad y violencia— y porque muestra a mujeres en situaciones de violencia, a veces, gratuita que suelen estar reservadas e, incluso, aplaudidas en hombres.
No era esto a lo que veníamos, de María Bastarós (Editorial Candaya)

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Curioso, 10 autoras.
Si, curioso…lo mismo pensé yo, parece que no hay autores dignos de ser leídos…
Echo de menos la presencia de algún autor (no me taches de misógino, que en estos momentos tengo entre manos un libro de Chimamanda -mi segundo-. Sobre la mesilla esperan Munro y Oates).
Me parece estupendo que hagas una lista con 10 autoras. Estás en tu perfecto derecho (y en tu obligación) hacer una lista con los autores o autoras que estimes pertinente. Sólo confío en no tener que leerte criticar si fulanito o fulanita hace una lista únicamente de autores.
Es increíble. Me pregunto cuántas veces usted ha visto una lista donde solo salían hombres (escritores, pintores, filósofos, figuras históricas, lo que sea) y ni siquiera se ha dado cuenta. Pero si solo hay mujeres, ya hay que saltar y dejar constancia en los comentarios.
Está claro que la autora del artículo está muy interesada en el feminismo y las historias que hablan de mujeres. Creo que no hace ningún esfuerzo por ocultarlo. Por tanto su lista me parece muy coherente. Otra cosa es que mi lista personal de libros sería muy diferente, sin duda, porque me interesan otros temas (aunque la reseña de «Quienes se marchan de Omelas» me ha llamado mucho la atención). Seguro que esta lista le interesará a muchas mujeres, y creo que también hay hombres que tienen interés en leer libros feministas.
De todas formas, no se preocupe. Es fácil encontrar en Jotdown artículos que hablan de ciclismo o baloncesto, o ajedrez, o cine, o incluso literatura clásica, donde solo aparecen hombres. Y que conste que no me parecen mal (al contrario, me encantan) pero nadie se queja en los comentarios de que solo hay hombres en la liga masculina de baloncesto.
Si lee con atención mi comentario, comprobará que digo que está en su derecho y en su obligación, ya que Jot Down, así se lo ha encomendado, en componer la lista que estime conveniente. Y ese mismo derecho y obligación también lo debe tener quien componga una lista únicamente con hombres o con escritores de más de 65 años.
Por mi parte, ya que observa en mí un prejuicio (lo cual dice más de usted que de mí), le diré que me resulta indiferente el sexo del autor.
Mis libros para el verano, limitándome a no-ficcion, por ejemplo:
1) A New History of Scotland (Michael Lynch)
2) William Wallace: the Man and the Myth (Chris Brown)
3) Scottish Painting: The Golden Age (Duncan MacMillan)
4) Why Scottish Philosophy Matters (Alexander Broadie)
5) The Break-Up of Britain (Tom Nairn)
6) The Scottish Enlightenment 1730-1790: A Hotbed of Genius (David Daiches)
7) Curriculum Vitae (autobiography of Muriel Spark)
8) Catherine Carswell’s The Life of Robert Burns
9) The Living Mountain (Nan Shepherd)
10) Songs of Gaelic Scotland (Annie Lorne Gillies)
Que curioso, ni me fije en que eran todas mujeres hasta que empece a leer los comentarios.
Sois un poco cansinos señoros, por si no os habéis fijado el mundo sigue evolucionado sin necesitar de vuestra supervisión y consejos.
Evolucionar es poner una lista con sólo autoras. Increíble.
No se qué pasará cuando hagan una con autoras trans del continente africano. Quizá el salto evolutivo sea tan grande que no merezca la pena hacer esa hipotética lista.
Una lista diferente y atípica, apenas conozco a dos autoras. Me apetece especialmente el de Úrsula Le Guin, llevo tiempo queriendo hincarle el diente a esta autora y, por la sinopsis, este libro me parece una buena puerta de entrada.
La que no me acaba de apetecer es Annie Ernaux. Mira que Milena Busquets habla maravillas de ella (en el podcast de Javier Aznar), y es difícil no fiarse de Milena, yo la seguiría al infierno si hicese falta. Pero los temas que trata me parecen poco interesantes, y esta sinopsis tampoco ha conseguido que me entren ganas de leerla.
He echado de menos más contenido sobre el «síndrome de la maleta llena de libros», apenas un breve párrafo introductorio. Y, ¿por qué esos 10 libros cubren todas las necesidades lectoras? ¿Acaso Alicia los ha pesado, ha comprobado que juntos son exactamente 10 kilos? Sigue siendo mucho, por cierto, para un viaje de verano.
Es un tema que da juego, ¿es mejor llevar lecturas ligeras, una novelita llevadera para leer bajo el sol de verano? ¿O aprovechar que uno tiene tiempo y descanso, para empezar esa novela de Dostoievski que llevas todo el año queriendo leer? ¿Debe cambiar la selección dependiendo del destino?
En fin, como ven ustedes hay temas de debate mucho más interesantes que el sexo de las autoras de los libros seleccionados por Alicia.
Yo suelo defender que es irrelevante el género en este tipo de listas (y en todo en la vida), así que por coherencia aplaudo que la autora se haya decantado por sus verdaderas preferencias sin procurar buscar un equilibrio entre hombres y mujeres, lo cual solo un panoli haría. Me pregunto, no obstante, ¿dónde están los clásicos? En este tipo de listas siempre hay libros recientes, nunca se anima a los lectores a descubrir —por ejemplo— a un Kafka o un Borges, por decir dos referencias absolutamente ineludibles. O bueno, un Chateaubriand, un Séneca o un Cioran, si pensamos en la no ficción. El canon ha finalizado, es un hecho, pero su utilidad era la de servir de referencia —κανών, «vara de medir»— para aprender qué es lo bueno y qué no. Si sabemos que Steiner es un ensayista de cojones, que lo es, podremos descartar más fácilmente plúmbeos libros que desaparecerán más pronto que tarde de las estanterías. Pero ahora, ¿quién nos enseña a leer? La escuela ha abdicado y los medios no están ni se los espera. Para los lectores cultos y experimentados esto no es ningún problema, pero para los chicos y chicas de, pongamos, 12-15 años, ha dejado de existir guía. Si no tienen la suerte de que en sus familias haya una biblioteca bien surtida, pueden acabar pensando que Meryem El Mehdati (por poner el primer nombre de esta lista) es equivalente en calidad a Cortázar o Alexievitch y, sinceramente, aun a riesgo de prejuzgar algo que no he leído, me temo que no es así.
Interesante lista, aunque siempre he pensado que la lectura a llevarte depende también del tipo de vacaciones o de verano que te pegues. La mente no te lo pide lo mismo en unas vacas de playa, que de montaña y camping, que en el transiberiano, o en un road trip, o en un velero, o simplemente en tu casita haciendo terraceo.
Tenía algunos de ellos en mi lista de pendientes pero descubro y la amonio con algunos más. Me parece estupendo que sean todas autoras, tras décadas de ser invisibles.