Ocio y Vicio Destinos

Los precursores de Robinson

Un pescador en la bahía de Cumberland, Robinson Crusoe. Fotografía: Luis Hidalgo / Getty.
Un pescador en la bahía de Cumberland, Robinson Crusoe. Fotografía: Luis Hidalgo / Getty.

Si uno se acerca por el sur, si un barco se acerca por el sur, lo que ve es una dos tres cuatro cinco montañas afiladas y puntiagudas, perfiles cortados a pico y unos acantilados que se hunden en el océano. Por el sur no hay cómo entrarle a esta isla. Las olas chocan, cualquier nave también lo haría, contra unas paredes altísimas de piedra como la piel de un elefante viejo y herido. Todo gris, rugoso, escarpado. Es que esta isla antes fue otra cosa: fue el cráter de un volcán.

Lo que ahora vemos e intentamos alcanzar es un viejo cráter de volcán, de ahí los hilos de antigua lava que quedaron así, chorreando para siempre, descolgándose inmóviles desde la cima.

Si uno se acerca por el norte, si un barco se acerca por el norte, en cambio, puede llegar a la isla con calma, adentrándose en una bahía donde el mar llega reposado a una playa de piedras negras. Uno, desde el barco, podría ver unas casas de madera, son bajas y pocas. No se intuye un diseño, es como si hubieran sido dejadas caer desde el cielo: una acá otra más allá algunas hacia arriba. Es un volcán emergiendo, es una isla vertical. Desde este lado del mar se podrían ver también las montañas, son altas y muchas. 

Si nos aproximamos más, si nos quedamos, sabremos que la isla no está sola y que forma parte de un archipiélago: una es la de las puntas afiladas, la bahía y la playa; hay otra del mismo tamaño, pura roca inaccesible y también un islote pequeño.

El primero que la vio se llamaba Juan Fernández y por eso estos fragmentos de tierra en medio del océano se llaman como él. Estamos en el archipiélago Juan Fernández, en medio del Pacífico, frente a la costa de Chile a la altura de Valparaíso, y hoy la mejor forma de llegar no es por mar sino por aire. La única isla habitada de forma permanente nos recibe así:

BIENVENIDOS A ISLA ROBINSON CRUSOE

Archipiélago Juan Fernández

Aventura inolvidable

Por este pedazo de tierra, en menos de quinientos años, pasó de todo: un dueño español, piratas, un indio abandonado, un escocés solitario, un fortín, barcos balleneros y loberos, un tesoro enterrado, una cárcel de piedra, héroes de la independencia, un barón suizo que fundó un pueblo, soldados alemanes, tal vez un espía nazi, una estación de vigilancia contra pruebas atómicas, un tsunami, turistas y un cazatesoros.

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Un comentario

  1. Excelente artículo, gracias.

    El explorador Carl Skottsberg pasó por las islas alrededor de 1907 y tomó la foto del último árbol de sándalo, en su siguiente visita ya no existía.

    La madrugada del 27 de febrero del 2010 hubo en terremotos 8.8 cerca de la costa chilena. No se consideró pertinente la alerta de tsunami en la Marina y la Oficina Nacional de Emergencias y la gente en el continente evacuó la costa de forma espontánea. No hubo avisos para Juan Fernández hasta que tuvieron la ola encima mientras dormían. Una chica de unos 14 años, hija de un policía enviado allá, hizo sonar una campana y así dio la alerta. Hubo más de 10 muertos. Un recuerdo para ellos y para Martina Maturana que salvó a muchos otros.

    Algún día iré, creo que por mar, ese aeródromo…

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