Sociedad

Memoria perdida

En España existen miles de cuerpos de hombres y mujeres, represaliados durante la dictadura franquista, sin recuperar de las fosas comunes en las que fueron enterrados. Rostros a los que la historia ha dado la espalda. Son las segundas y terceras generaciones de los desaparecidos las que reclaman ahora justicia y memoria, antes de que sea, dicen, «demasiado tarde». 

Memoria perdida
Helena Villar en su casa. Foto: Paula Ramos.

Un silencio que rompe una voz entrecortada. Experimentada, dolida. Pertenece a Helena Villar Janeiro, poeta, escritora y catedrática de la Real Academia Galega, y obedece a su predisposición a recordar. «Perdí a un tío y a un cuñado de mi padre», comienza a decir sin despegar los ojos de sus manos entrelazadas. A sus ochenta y un años no se muestra optimista con la recuperación de cuerpos ni con la acción de las instituciones para con la memoria histórica. «Las víctimas del franquismo son víctimas de segunda, tercera o cuarta categoría, no preocupan a nadie», advierte antes de apuntar que en España «existe mucha falta de memoria democrática». 

Su tío, Ovidio Villar Fernández, al que su padre bautizó con ese nombre en honor al escritor latino, se fue a Barcelona con diecisiete años a trabajar para el cine. «Era un chico con muchas inquietudes culturales», cuenta Helena. Volvió a su casa, en la localidad lucense de Becerreá, tres años después, con el estallido de la guerra. Una en la que vivía también el cuñado de su padre, Rudesindo Fernández Vilor, que era entonces el alcalde de Becerreá por Esquerda Republicana.

Los detuvieron poco después del inicio de la guerra y no tardaron en ejecutarlos. A uno por republicano confeso y al otro, posiblemente, por andar siempre con él. De Villar Fernández se desconoce si en sus años en tierras catalanas se relacionó con algún movimiento político. La causa de la muerte de ambos, según reflejan los registros franquistas, fue un fallo cardíaco. «Siempre figura la misma causa de la muerte», desarrolla Helena. «Es obvio que, si te pegan un tiro, el corazón se para». 

La familia creía que los habían matado cerca de Lángara (Abegondo). Eso decían en el pueblo y eso pensó Helena hasta que, en unas jornadas de memoria histórica, el historiador Bernardo Máiz le dijo que el cuñado de su padre, el alcalde, estaba en una fosa de Aranga. Habían encontrado un distintivo de la alcaldía con su nombre que lo probaba. «Fue una alegría tremenda saber que, por lo menos, uno estaba localizado, pues ni después de morir Franco pensé nunca en la posibilidad de poder encontrarlos», reconoce Helena. 

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2 comentarios

  1. El dinero y el poder a veces solo hace potenciar este tipo de injusticias que al final pagan las personas humildes. Todos prefieren olvidar, y llamar historía o cultura a estos delitos, y seguir así con el enaltecimiento del franquismo.

  2. Pingback: María Ángeles Naval: «La crisis de 2008 y los movimientos del 11M desempeñaron un papel importante en la revisión crítica de la democracia y la socialdemocracia en la literatura transicional del siglo XXI» - Jot Down Cultural Magazine

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