
Desde que tengo uso de razón siempre he querido ser Eddie Felson. Eddie Felson, «el Rápido». Joder, ahí es nada. Bueno, mis colegas dicen que tiendo más al Gordo de Minnesota, pero eso es porque son unos tontainas, y unos desaprensivos, y ya no los ajunto, ea.
Y eso, que Eddie Felson. Fíjense, Eddie Felson, nada de ese niñato de Vince, que ya me dirás quién puede aspirar a ser como Vince. No, no, jugamos a lo grande. Eddie Felson. O sea, Paul Newman. Y en blanco y negro, además. The Hustler. Oh, sí, The Hustler. Estilo jugando, estilo sonriendo a este y aquella, estilo para trenzar dibujos de la aflicción que aun no es, pero es, tú sabes que es. Sí, Eddie Felson recogiendo su balabushka y siendo más elegante en la victoria de lo que jamás nadie pudo serlo por derrotas. Ese Eddie Felson.
Nosotros le dábamos mucho al billar, y The Hustler casi memorizada. El Buscavidas, le dijeron aquí. Peli de Scorsese, adaptación literaria. Primera novela de su autor, oiga, que tiene mérito. Se llamaba Walter Tevis (1928-1984), y de él vengo a hablarles.
(Ustedes igual a Walter Tevis lo conocen más por la serie Gambito de Dama, pero es porque son unos tipos de la generación Z, y se pasan la vida viendo narraciones episódicas que desprecian las elipsis, en lugar de echar sus tardes en mesas de billar, rodeados de quinquis pequeñucos, cuñados que no saben colocar bolas y, en general, dulce aroma a adolescencia que no vuelve).
Viene esto a cuento porque la editorial Impedimenta acaba de traducir Sinsonte, una de las novelas más míticas de Walter Tevis, y la cosa es tan interesante como uno pudiera pensar. Narración postapocalíptica (las narraciones apocalípticas se han vuelto aburridas, porque las ves a diario en la tele) sobre una sociedad donde los humanos olvidaron cómo leer y los robots manejan bastante el asunto.
Vale, dos aspectos previos. En primer lugar: qué coño tendrán los sinsontes, machos. Los sinsontes son pajarillos insignificantes que, dicen, pueden cantar con un montón de trinos diferentes. Quizá por eso han sido tan usados en literatura (que es el arte de las cien voces). Sí, joder, sinsonte, como en Matar a un sinsonte. Solo que aquí lo tradujeron por Matar a un ruiseñor, que los sinsontes solo están por América, y se nos quedaba la metáfora cojuca. Yo hubiera optado por Matar a un miruello, pero es que a mí me encantan los miruellos (Matar una miagona también tiene lo suyo, ¿eh?). En fin, eso, que sinsonte, ya saben lo que es, quesito verde. Y segundo: contexto. Dice la leyenda que a nuestro amigo Walter Tevis se le ocurrió la idea de este libro mientras daba clase en la Universidad de Ohio. Que sus alumnos cada vez leían menos, y eso lo empujó a escribir sobre una distopía en la cual todo aquello de leer estaba más que enterrado. Deducimos, de esta forma, que si el bueno de Walter estuviese hoy en el sistema universitario español posiblemente Sinsonte fuese una tetralogía con varios miles de páginas, porque…
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Por favor, un corrector de estilo que evite este tipo de prosa tan cargante. Me gustan mucho algunos contenidos de Jot Down, pero esto es insufrible, que manera de inflar el texto.
Totalmente de acuerdo. No entiendo si el sentido del texto es presentarnos la novela, analizarla y, si fuera el caso, recomendar su lectura… o que el autor nos demuestre que sabe muchas cosas y sabe cómo colgar una referencia de otra hasta el hartazgo.
Pues a mí me gusta así. Lo más fácil cuando se lee algo que no gusta es parar y pasar a otra cosa.
Estoy de acuerdo, yo también pensé lo mismo.
Me encanta el estilo del autor. El corrector (si lo hubiera y le dejaran tocar) no haría que el texto fuera menos cargante (que no lo es) porque el estilo es del autor. Suyo. Solamente. Lo que le da personalidad y encanto. Para lecturas ligeras, sálgase usted de Jotdown y entre en la Cuore.
El Buscavidas no es de Scorsese
Se refiere a El color del dinero, que es ‘secuela’ de El Buscavidas, (las dos con Paul Newman, ahí está la gracia) que es de Walter Tevis.
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