Política y Economía

«Vete ya y llévate un buen recuerdo de Moscú»

Mano gigante en el Muzeon Art Park, Moscú. Foto Mikhail Kryshen (CC)
Mano gigante en el Muzeon Art Park, Moscú. Foto: Mikhail Kryshen (CC)

El día 24 de febrero por la mañana, en las calles de Moscú se producía una disonancia entre la imagen y el sonido. El movimiento frenético de coches y peatones no se correspondía con la pista de audio, casi imperceptible. Aunque la ciudad funcionaba a más velocidad, alguien había bajado el volumen. Las expresiones se helaban en las caras de unos ciudadanos cuya alma parecía haberse escurrido por un desagüe, derretida como la poca nieve de las aceras y aplastada por unas nubes pesadas, pesimistas.

Solo hacía unas horas que los aviones rusos sobrevolaban Ucrania y un sudario en forma de déjà vu ya cubría la ciudad. La que se nos viene encima, se leía entre líneas, mientras en las televisiones retumbaban el discurso matutino de Vladímir Putin sobre la «operación militar especial» y los informes agoreros sobre el rublo. Los moscovitas ya sabían lo que tocaba. Frente a las sucursales bancarias, las colas solo se disolvían ante el aviso de falta de efectivo. En menos de un día, distintas entidades ya no permitían extraer más de cuatro euros y en las casas de cambio se alcanzaban las cinco horas de espera. 

Las sanciones entraron en Moscú como los mongoles en el Rus: por todos los flancos y dispuestas a arrasar. El aislamiento comercial fue inmediato, «secuestraron» a los líderes y oligarcas más visibles y pronto se implantó una especie de estado de sitio que impedía la llegada y salida al extranjero. Con las reservas económicas actuando como cuidados paliativos, la inflación y el nacionalismo eran los efectos más notables. A pie de calle, la militarización de la ciudad revelaba los estertores del Estado de derecho. Eran las últimas gotas para los que en los últimos años toleramos leyes cada vez más represivas y crímenes cada vez más descarados. Muchos, tanto rusos como extranjeros, entendimos que nuestra vida en Moscú había terminado. 

Durante esos días, la capital rusa era como un gran barco que atraca cargado de pescado fresco al amanecer. Sobre él, cientos, miles de gaviotas se disputan algas y lenguados; percebes y conchas vacías. La diferencia es que nadie esperaba el día, sino una noche oscura y de tormenta. Asistir a ese acontecimiento histórico tiene un punto épico, pero cuando la historia está empañada de sufrimiento, la realidad desvela miserias que no se recogen en los libros y que transforman la curiosidad en un morbo casi escatológico. Ese brillo sucio es lo que se colaba entre los atascos y colas de una ciudad agresora pero también agredida. O kamikaze. Los moscovitas se retorcían como un asfixiado que intenta agarrarse a la vida que conoce y que se había ganado. Para una población familiarizada con grandes carencias y mayores vaivenes, conseguir productos importados era tanto una ilusión de continuidad como una manera de invertir un dinero que entonces se derretía.

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18 comentarios

  1. Rusia se convirtió en una dictadura en el momento en que Putin ascendió a la presidencia y convirtió las elecciones en un mero trámite, porque el ganador estaba decidido de antemano. O sea que basta de decir que ahora con las sanciones seguro que los rusos pierden los incentivos para derrocar al dictador: han tenido sobrado tiempo para hacerlo desde 1999, de haberlo querido. Y para que conste: las sanciones van destinadas a debilitar la maquinaria de guerra de Putin, no pretenden forzar a la población a sublevarse contra él, (aunque no tenían ningún problema en ver cómo recortaba sus derechos impunemente cuando el rublo estaba fuerte y las divisas del gas y el petróleo circulaban sin fin). A lo mejor no les importa no tener hamburguesas McDonald’s o muebles IKEA, pero empezarán a preocuparse cuando dejen de llegar recambios para sus aviones, turbinas nuevas para sus gasoductos o máquinas para hacer resonancias magnéticas. Putin ha apostado la economía de su país a una guerra que no puede ganar. Todas las divisas que ingresa por la venta de crudo y gas natural (con descuentos especiales de hasta el 30 por ciento impuestos por China e India al tener los mercados occidentales vetados) se van en intentar mantener artificialmente a flote un rublo que nadie quiere tocar ni con pinzas. El dólar está más fuerte que nunca. Todo país a un tiro de piedra de Moscú está solicitando la entrada en la OTAN. El Führer ruso esperaba tomar Kiev en dos días y que los ucranianos huirían como conejos al ver los tanques rusos cruzar la fronera. En su lugar se ha encontrado con otro Afganistán, y tras seis meses de guerra el presuntamente omnipotente ejército de Putin está empantanado en sus actuales posiciones y apenas controla el 20 por ciento del territorio de Ucrania. El problema es que sabe que su plan ha fracasado, pero prefiere prenderle fuego al mundo entero antes que reconocerlo.

  2. El caudillo checheno Ramzan Kadyrov (uno de los principales aliados de Putin) ya ha anunciado su intención de tomarse unas «vacaciones largas e indefinidas». Le recomiendo alejarse de las ventanas abiertas, evitar los callejones oscuros y no manejar objetos afilados. Los sicarios del Kremlin tienen buena memoria, y no perdonan las deserciones.

    • Qué curioso. 25 días después de tu comentario, Kadyrov está vivito y coleando, apoyando la inminente guerra tras la anexión de las regiones del sur de Ucrania.

  3. Ni todos son tan buenos ni todos son tan malos. Al final quienes acabamos perdiendo somos nosotros, las madres, los padres, los hijos, las novias, las familias, todos.
    Esto no tiene ningún sentido. Destruir ciudades, familias, empresas. Que triste ver todo este sinsentido, unos se quedan sin hijos y otros vuelven a encontrarlos y todos lloramos por un presente convulso y un futuro oscuro.
    Qué gran putada.

    • Agente Smith

      Cuatrocientas mil personas han abandonado Rusia desde que empezó la guerra en Ucrania, huyendo de la persecución política, la falta de perspectivas laborales o el miedo a que Putin imponga un reclutamiento forzoso para suplir las bajas que está teniendo su ejército. El daño que ha hecho este hombre a su propio país no lo pagará jamás.

  4. Michele Vannelli

    No he visto ningún presidente de país alguno presentando sus respetos ante el cuerpo yaciente de Mijaíl Gorbachov. Sin embargo, muere una vieja pocha de dinero y va hasta el perro.
    Tiranos hay en todas partes.

  5. Maria R. López

    Con Rusia había que haber cortado relaciones progresivamente hace bastantes años. Cuando Putin se dedicaba hace 15 años a envenenar al personal con polonio en territorio europeo ya se veía de qué pie cojeaba. Mientras se aferraba al poder (¿quién no vio claramente en su momento que Medvedev no era más que un títere para perpetuar a Putin?), Occidente y en particular Europa se dejaron embaucar por los comercios con el gas ruso y cantos de sirena, en vez de garantizarse la independencia energética construyendo centrales nucleares (por ejemplo). Curiosamente eso mismo dijo Putin en tono de comedia en no-se-qué reunión llena de mandatarios y publico europeo y también en otra ocasión, Trump en la ONU. Es absurdo y esperpéntico que semejantes elementos te digan las verdades mientras el público presente se descojona de la risa. Occidente siempre se ha puesto de perfil con muchos asuntos que le están pagando factura.

    Personalmente las sanciones me parecen bien. También hay la opción de meterse de lleno a atacar posiciones rusas en Ucrania, lo cual sería echar demasiada gasolina al fuego, de modo que me quedo con las sanciones y con una OTAN que ayude a Ucrania pero no se involucre directamente para no poner las cosas peor. No sólo eso: prefiero que Occidente corte cualquier relación comercial, cultural o social con Rusia y que comience a plantearse seriamente que cualquier relación comercial debe de realizarse con países democráticos y mínimamente civilizados. Hay muchos otros países con lo que es posible tener relaciones comerciales y prosperar. Si no fuese por la absurda dependencia del gas ruso y otras materias primas, Europa ya la habría dado completamente la espalda al iniciarse la guerra, pero las políticas de puertas giratorias y del cinismo y la demagogia nos han llevado hasta aquí.

    Pero la situación no puede ser peor para todas las partes:
    1) Putin está perdiendo la guerra y Rusia sólo ha dejado un reguero de cadáveres propios y ajenos. La imagen internacional de su ejército ha acabado en el ridículo y en el desprecio. El ejército ruso que tenía —por decirlo de algún modo— cierto prestigio en época soviética se considera ahora como una mezcla entre los orcos de El Señor de los Anillos y un grupo de monos que llevasen en una mano una pistola y en la otra una botella de vodka. Ucrania les ha hundido los mejores barcos de guerra, les han volado puentes en Crimea, destrozado infinidad de tanques, tumbado helicópteros y abatido miles de soldados… y todo esto contra los que se suponía que eran el segundo mejor ejército del mundo, sin contar con que Putin y los suyos pensaban adueñarse de Ucrania en poco más de un fin de semana.
    2) Que un país de más de 17 millones de kilómetros cuadrados necesite 100000 Km2 y las pase canutas para apropiarse de ese terreno, sólo deja en evidencia al invasor. No sólo eso: aunque Rusia se quede con los territorios de momento invadidos, ¿qué estabilidad van a tener las zonas ante guerras de guerrillas y ataques permanentes por parte de Ucrania? Muchos ciudadanos rusos que vivían con cierta tranquilidad en Crimea se largan porque ya ven la espada de Damocles sobre sus cabeza.
    3) Las atrocidades cometidas (y más que saldrán a la luz) van a dejar a los rusos a la altura del betún por mucho, mucho tiempo. Rusia sólo ha demostrado que su única capacidad es la de ensañarse contra los civiles cometiendo las peores salvajadas posibles (incluyendo, entre otros, bombardeo de hospitales, colegios, edificios civiles, estaciones de tren…) y eso habla muy claramente del desprecio no sólo de Putin sino de buena parte de la sociedad civil y militar rusa ante los derechos humanos más elementales. Esta imagen, a la larga, no va a traer nada bueno para el pueblo ruso. Peor aún: internacionalmente a Rusia le apoyan países como Irán, Corea del Norte, Venezuela, Bielorusia… lo mejor de cada casa y después China e India (con matices). Mientras Putin siga en el poder ya se puede ir olvidando de su época «dorada» hace 10-15 años. Sin contar con que si alguien lo reemplaza, difícilmente será mejor que él.
    4) Pero la situación actual es realmente más tensa: un Putin acorralado puede perfectamente emplear armas químicas o nucleares de baja potencia para causar un daño irreparable. Sólo hay que ver las atrocidades rusas cometidas en Georgia, Siria, en el Norte del Cáucaso, Chechenia, Dagestan y otras zonas. Aunque la retórica rusa ha incluido este tipo de amenazas desde época de la URSS, a Putin no le va a temblar la mano si ve la más mínima posibilidad.

    De modo que, en el fondo, ¿Qué ha conseguido, de momento, Putin?
    – ¿Se ha quedado con Ucrania? No. Y difícil que consiga algo.
    – ¿Ha intimidado a la OTAN? No. La excusa paupérrima de ser acosado por la OTAN sólo le ha servido para que más países quieran sumarse lo más pronto posible a la alianza atlántica.
    – ¿Ha conseguido mayor dependencia de Europa? No. En Europa la idea de la independencia energética de Rusia ha calado más fuerte que nunca.
    – ¿Es más apreciado por su pueblo? No, aunque resista de momento empleando la opresión cuando le conviene.
    – ¿Es más valorado internacionalmente? Es prácticamente un paria.
    – ¿Es políticamente más fuerte? Se debilita por momentos, aunque tras más de 20 años de poder, no es tan fácil hacerlo caer. Pero sabe que está más acorralado que hace 8 meses.

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