Arte y Letras Historia

Macarena pop y la sombra de Queipo de Llano

La versión de la imagen de la Esperanza Macarena de Ricardo Suárez.
La versión de la imagen de la Esperanza Macarena de Ricardo Suárez.

El libro sobre los tópicos de Sevilla —de lectura poco recomendable— tiene una entrada donde se dice que la devoción por la Macarena es universal. Hablamos de una talla religiosa (siglo XVII), hecha en madera policromada para ser vestida. Su autoría, envuelta en cierto halo de misterio, se preserva en el anonimato (las pistas detectivescas llevan al taller del escultor sevillano Pedro Roldán y, en concreto, a una mujer: su propia hija, conocida en el gremio como la Roldana).

A medio mundo le suena —al menos de oídas— el nombre de Macarena, pero pocos saben que tras el mote —por llamarlo de un modo— se esconde su advocación real: María Santísima de la Esperanza. De ayer a hoy, con tantos siglos de historia, el pueblo común que somos todos (aborígenes sevillanos o extranjeros, profanos o fervorosos, creyentes o ateos, pasotas o capillitas de Semana Santa, etc.) la conoce simplemente como la Macarena o como la Esperanza Macarena.

El nombre de la Macarena procede del singular barrio donde se halla expuesta a la veneración de los fieles. La imagen preside el altar de su actual basílica (no entraremos en detalles críticos sobre la pinturilla pastel que decora sus bóvedas). Durante siglos habitó bajo la recoleta iglesia de San Gil (siglo XIII), en la trasera de la hoy basílica (San Gil fue saqueada e incendiada en 1936). Se alza el templo basilical junto a un vistoso arco de color albero. Cerca se halla el antiguo y renacentista Hospital de las Cinco Llagas (actual sede del Parlamento de Andalucía, mucho más manso que el Congreso de los Diputados). Casi paredaño al templo, se alza también el largo paño de las murallas del periodo almohade en la ciudad (aún hoy es posible ver impactos de bala en los muros por los fusilamientos que trajo consigo la guerra civil y su terrible y largo día después).

Aparte, el barrio de la Macarena es un dédalo de callejas y callejones, si bien el caserío —otrora popular y genuino— fue machacado en buena parte por la piqueta y la reurbanización. Nada nuevo. No lejos se encuentra la plaza del Pumarejo, el kilómetro cero de la droga dura en la Sevilla de los años 70 y 80 (el libro Canijo de Fernando Mansilla, ya fallecido, sí que es lectura imprescindible). El nombre del barrio lo atribuyen unos a una antigua huerta romana que existió por estos lares, propiedad de un tal Macario. Otros sugieren que debe su etimología a una primigenia basílica que unos monjes basilios custodiaban en honor a Santa Macrina, mártir del siglo IV.

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4 comentarios

  1. Esa virgen y esa basílica no podrán nunca limpiarse la peste que les impregnó, para siempre, el mayor genocida de la historia de Andalucía.

  2. LO que está claro es que el templo fue saqueado e incendiado y destruido por los rojos, que se levantó un templo nuevo en otro solar, que el principal gestor y conseguidos de donativo para tal obra fue Queipo de Llano que otro gran impulsor fue su compañero el geral Bohorquez, que Queipo de Llano pisu de su bolsillo 75.000 pts. una fortuna hace 80 años, y los demás poquita cosa. Su función en el bando franquista ya lo cuentan los historiadores.

  3. Me quedo con los versos de Alberti.

    Que tú no eres generala,
    abogada del terror,
    sino madre del amor,
    lumbre que todo lo iguala.

    Camarada, compañera,
    de obreros y campesinos,
    nunca de los asesinos
    del pueblo que te venera.

  4. Para empezar, hay una confusión nada mas comenzar el texto.
    La universalidad de la Macarena…será la de «Los de Rio»… que le puso cuernos al novio.

    Y las dudas de la legalidad de sacar despojos de una propiedad privada…. bueno, también los bares son propiedades privadas, y desde el Estado hasta el Ayuntamiento, te pueden exigir leyes, normas o bandos de obligada cumplimentación .
    Lo cierto, es que hoy, se respira mejor en Sevilla.

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