Según mi libreta de lecturas he leído ciento tres libros este 2022, no son pocos, aunque se encuentran muy lejos de los cerca de sesenta mil libros que se publican al año en nuestro país. Ni aunque me hubiese encerrado en una habitación acolchada como la de Proust, sin salir nunca ni dormir ni comer, me habría podido leer todos los libros que se han publicado. Por eso, esta lista es totalmente subjetiva, como cualquier lista en realidad, depende de mis gustos lectores y de los libros que he decidido leer, por lo que en esta selección predominan las autoras y las lecturas en los márgenes.
No os puedo asegurar que estos sean los mejores libros del año, lo que si puedo afirmar es que se trata de lecturas que me han emocionado y removido, que me han enseñado otras realidades y me han ayudado a entender mejor la mía. Deseo que encontréis en ellas lo mismo que me han dado a mí.
La señora Potter no es exactamente Santa Claus, de Laura Fernández (Random House)

La novela de Laura Fernández es delirante y absurda: mezcla la magia de un cuento navideño con la investigación policial, la psicodelia de Alicia en el país de las maravillas, la genialidad macabra de Roald Dahl y lo pintoresco de un Stars Hollow —el pueblo de Gilmore Girls —nevado y chismoso. Pero detrás de todas estas capas también se encuentra una reflexión profunda sobre la creación artística, las exigencias de la maternidad, los traumas de la infancia y la necesidad que todos sentimos de escapar de nosotros mismos, aunque solo sea con unas vacaciones en la desapacible Kimberly Clark Weymouth.
Los Bean de Egypt, Maine, de Carolyn Chute (Dirty Works)

Los Bean son malhablados, borrachos y violentos, el sol ha enrojecido su cuello tras interminables jornadas trabajando a la intemperie y no respetan ninguna ley humana ni divina. Pero Carolyn Chute nos avisa: no caigamos en el error de juzgar cada una de sus acciones como el resultado de una mala intención solo porque pertenecen a la clase trabajadora. No equiparemos la riqueza con la virtud y la pobreza con el pecado. No veamos incesto donde no lo hay ni olvidemos que los verdaderos abusadores y explotadores son la cultura consumista y el capitalismo que todo lo devora.
El libro de Chute pone a prueba los prejuicios del lector, incomoda y remueve. No suaviza las costumbres de los hombres como los Bean —que maltratan a sus mujeres, abandonan a sus hijos y se dejan arrastrar por la bebida y las peleas—, pero destaca el valor de esas mujeres, que han escapado del control de sus padres y maridos, convertidas en el pilar de una comunidad que trata de vivir al margen de la sociedad consumista. Chute también pone el foco en los verdaderos culpables de esa pobreza en la que viven buena parte de los trabajadores de Estados Unidos: las empresas y un control estatal pensado parar aplastar cualquier forma de vida que escape al sistema.
El gánster que todos andamos buscando, lê thi diem thúy (Arde editorial)

El estilo de lê thi diem thúy es bello y metafórico, recuerda a una melodía, lo que no es de extrañar, ya que para la autora el origen de todas las historias comienza con una canción. Dice Ocean Vuong —autor de En la Tierra somos fugazmente grandiosos (Anagrama, 2019)— que lê thi diem thúy rompe las reglas de la narrativa occidental, y lo cierto es que mezcla tiempos y hechos, hay una cadencia que se repite en sus palabras y una historia en la que no encontraremos principio, nudo o final, pero en la que todo acaba fluyendo como un río, desembocando en un tipo de literatura que no es occidental ni asiática, que bebe de las dos culturas para dar lugar a una nueva forma de entender el mundo, el amor, las relaciones familiares, la guerra y la identidad.
Los reyes muertos, de Rui Díaz (Aristas Martínez)

Los relatos de Rui Díaz nos hablan de un terror muy relacionado con la culpa, el amor mal entendido y la presión de los cuidados. No faltan los toques fantásticos, pero se trata de un miedo muy real porque muestra situaciones cercanas, por las que podría pasar cualquier persona y que cambiarían su vida para siempre, como ser atacado en un aparcamiento, perder a un amigo cercano o sentir el deber de cuidar a otro ser humano que demanda una entrega total.
En varios relatos el autor se pone en la piel de problemas que solemos experimentar las mujeres, pero lo hace desde el respeto y la empatía, tratando la violencia desde un punto de vista crítico y sin caer en el argumento ya manido de convertir a las mujeres en víctimas vengativas.
Mira esa chica, de Cristina Araújo Gámir (Tusquets)

En su ópera prima, ganadora del Premio Tusquets Editores, Cristina Araújo Gámir nos relata una historia que recuerda mucho al caso de la Manada, pero que se centra más en las consecuencias para una joven que debe vivir y denunciar un acontecimiento tan traumático, sabiendo que va a encontrar rechazo y sintiéndose ella misma culpable. Araújo también aborda de dónde viene esa culpa: de una educación patriarcal que enseña a las mujeres a ser complacientes con los hombres, a aguantar comentarios sobre sus cuerpos sin quejarse para no ser tachadas de histéricas y a ser deseables, pero también responsables de su reputación y de no provocar situaciones que los hombres «puedan confundir».
Número dos, de David Foenkinos (Alfaguara)

Foenkinos parte de un hecho real, el casting para la primera película de Harry Potter, para contarnos una historia sobre cómo el fracaso puede dominar tu vida si no decides transformarlo en algo positivo. La novela no cuenta con la autorización de J. K. Rowling ni de la productora, pues no trata realmente sobre Harry Potter, aunque la historia del niño mago, con sus ocho adaptaciones cinematográficas y su éxito mundial, resulta un buen ejemplo de un fracaso que te persigue allá donde vayas.
Foenkinos, con su humor característico y su estilo siempre delicado, nos habla del azar tan presente en nuestras vidas, de la felicidad mal entendida y de un amor que puede salvarte de ti mismo. También nos dice que una historia siempre tiene dos caras y que el éxito a veces te complica la existencia, de la misma forma que un fracaso se puede convertir en lo que mejor que te haya pasado nunca.
La muerte de Vivek Oji, de Akwaeke Emezi (Consonni)

Pero estos mismos padres deberán replantearse no solo sus creencias, sino también su educación y valores, cuando encuentren en la puerta de su casa el cuerpo sin vida de su hijo envuelto en telas de colores. ¿Alguna vez conocieron realmente a Vivek? ¿Todo habría sido distinto si no le hubieran negado su nombre igbo femenino o si su hijo hubiera sabido que podía confiar en ellos?
Esta historia parte de la muerte de Vivek, pero mezcla tiempos y sucesos para mostrarnos a un niño con arranques violentos, un adolescente que sufre momentos de desconexión con su cuerpo, y a un joven que supera una depresión y florece gracias al amor de sus amigas y su primo, entre quienes encuentra un lugar seguro. Por desgracia, ese espacio puede ser demasiado pequeño en una sociedad tradicional abiertamente homófoba y tránsfoba, y el amor puede llegar a dañar cuando las personas que te quieren sienten miedo por lo que pueda ocurrirte si muestras tu verdadero ser en público.
En La muerte de Vivek Oji, Akwaeke Emezi habla sobre el duelo, de quiénes somos y de la familia elegida. Además, y como ya ocurría en Agua dulce (Consonni, 2021), la espiritualidad de su cultura igbo se encuentra muy presente, mostrando que hay formas no coloniales de entender la identidad y el deseo.
La ciudad, de Lara Moreno (Lumen)

En La ciudad, Lara Moreno nos acerca a la vida de tres mujeres que han cambiado su vida buscando un futuro mejor, pero solo han encontrado violencia y abandono, porque nadie indaga en una relación ajena cuando la mujer asegura que todo marcha bien, aunque su temblor de manos indique lo contrario; ni se preocupa por la salud mental de una cuidadora extranjera que no puede permitirse el descanso que necesita y, mucho menos, pagar a un psicólogo para que le enseñe que el cambio se encuentra en su interior cuando la situación de injusticia, precariedad y explotación en la que vive no va a variar, de la misma forma que la mujer con un pañuelo en la cabeza no va a recibir ninguna ayuda para encontrar a su hijo y solo se va a cruzar a personas que se quieran aprovechar de ella. Estas tres mujeres se moverán por una ciudad, Madrid, herida por el egoísmo y la soledad, y ni siquiera se podrán ayudar entre ellas más que con pequeños actos de empatía, ya que su propia situación límite no les permite hacer más, pero seguirán adelante porque la vida no da tregua y continúa su marcha inexorable sea cual sea nuestra situación.
Una vidriera en Leópolis, de Zanna Sloniowska (Alianza Editorial)

En el primero piso, junto a la parte de la vidriera en la que emerge un grande y solitario tronco de árbol que parte un lago azul turquesa por la mitad, conviven en una precaria armonía cuatro generaciones de mujeres de una misma familia: supervivientes de las purgas estalinistas, de la guerra y el exilio, a estas mujeres, que no siempre coinciden en sus ideas, las une un interés por el arte, su resistencia y el sueño de un futuro mejor, pero su mundo se tambalea cuando la madre de la narradora, una famosa cantante de ópera, muere asesinada por defender la independencia de Ucrania.
Zanna Sloniowska escribió esta novela en 2015 y Alianza Editorial la tenía contratada desde antes de la pandemia, pero es inevitable ver con otros ojos esta historia tras la invasión rusa. Hoy la guerra ha vuelto a entrar en Leópolis y la vidriera de la que habla la autora, vulnerable como la propia ciudad, es un recordatorio del pasado y de un conflicto no resuelto que se remonta a la antigua Unión Soviética.
Zelda: Luces y sombras de Zelda Fitzgerald, de Nancy Milford (Bamba editorial)

Hemingway decía de Zelda que «estaba loca» —el escritor nunca perdonó que Zelda le acusara de mantener un idilio con su marido— y esta idea machista y reduccionista de una Zelda Fitzgerald inestable e histérica es la que ha llegado hasta nuestros días. Pero cabe preguntarse cuál fue el desencadenante de la enfermedad mental de Zelda, quien pasó los últimos años de su vida en centros psiquiátricos, y si su vida habría sido otra si su marido no se hubiera apropiado de su intimidad, diarios y cartas para sus obras o no se hubiera interpuesto entre ella y su pasión por la escritura, la danza y la pintura.
En la biografía recuperada este año por la editorial Bamba —traducida por Raquel Bada y con una cubierta ilustrada por Natalia Bosques—, Nancy Milford rompió con el mito de Zelda de simple musa, demostrando la importancia que tuvo en la creación literaria de Scott Fitzgerald, que incluso llegó a publicar cuentos y artículos de Zelda bajo su nombre. Para ello, la autora repasó la vida de Zelda, las cartas que envió a Scott y las obras que escribió y contrastó los hechos con personas que conocieron a la pareja. Milford no juzgó el alcoholismo y la violencia de él ni la inseguridad de ella, pero con su investigación nos proporcionó una visión realista de una de las parejas más famosas del siglo XX.
Los reyes de la casa, de Delphine de Vigan (Anagrama)

Por sorprendente que parezca, los canales de menores abriendo regalos, probando juguetes o asistiendo a eventos infantiles acumulan millones de suscriptores. Pero tras su imagen de ternura e inocente entretenimiento, se esconde un negocio millonario para los padres —que fomenta el consumismo y estereotipos—, y un trabajo infantil que no se encuentra regulado, como sí lo está, por ejemplo, el de los niños actores.
En su novela, de Vigan se pregunta qué ocurrirá cuando estos niños crezcan después de haber pasado su infancia en una realidad orwelliana, si sufrirán trastornos psicológicos, podrán relacionarse socialmente o si culparán a sus padres por haber vulnerado su intimidad.







Yo estaba orgulloso de los 22 libros que he leído este año, hasta que el autor del artículo me ha dejado en ridículo. Me apunto alguno, como el de Laura Fernández.
Los Bean y El gángster que todos andamos buscando. Esos dos me los leo seguro estas navidades. Qué ganazas después de leer el artículo.
Estas listas están muy bien, siempre te ponen sobre la pista de algo interesante. Aunque en este caso hecho de menos algo de ensayo. Dejo yo un par:
– La patria en la cartera, J. Bosch;
– Los nuevos odres del nacionalismo español, P. Batalla.
Leyenda Negra Española en vena lee usted…
Que le vaya bien, odiando lo que es…
Si no le importa, mis lecturas las decido yo. Imagino que las suyas deben ser La Razón, el Mundo y el Abc.
Y es que tengo mis fobias y mis filias. Entre las primeras, el fascismo – supongo que Vd. no la comparte – . odio el fascismo y todo lo que huela a él de lejos. Ya tengo cierta edad y he conocido el franquismo, o sea que sé de lo que hablo. Apostaría a que Vd. no.
En la línea de «Imperiofobia», como ensayo es recomendable «Nada por lo que pedir perdón» de Marcelo Gullo, editorial Cima y Honzenthal. Otra dosis de vacuna contra la leyenda negra. O sea, contra la ignorancia.
– La encrucijada mundial. Pedro Baños.
– Románticos y racistas. Jorge Polo.
– Por el cambio. 1972-1982. Ignacio Varela.
– A ratos perdidos, 3 y 4. Diarios. Rafael Chirbes.
Hortelano tonto, patata gorda de R. Gracia
Cuando el poder perdio el juicio de Luis Moreno Ocampo
Pues yo apunto: Los últimos días de Clayton & Co. de Francisca Solar y me llevo La señora Potter…
Gracias por las recomendaciones. Yo creo que el libro que más me ha gustado éste año es Al final siempre ganan los monstruos, de Juarma.
Dejo los primeros de mi lista.
Imposible :: Erri De Luca
Tengo miedo torero :: Pedro Lemebel
Claus y Lucas :: Agota Kristof
Palabras del Egeo :: Pedro Olalla
Imaginemos una frase :: Brian Dillon
Laurus :: Evgene Vodolazkin
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