
La tierra natal, la familia, la religión y el sexo son los territorios por los que transita el escritor irlandés Colm Tóibín, que muy pronto descubrió que Irlanda no era solo una referencia geográfica sino una forma de ser.
La escena sucede en Estocolmo, una noche primaveral. Un joven escritor español que se halla promocionando una de sus novelas traducida al sueco es invitado a una cena con autoridades y académicos en el suntuoso Blå hallen del Ayuntamiento, ese Salón Azul que a simple vista no tiene nada de azul. Sientan a su lado a cierto escritor irlandés del que ha oído hablar vagamente, y simpatizan de inmediato. Su acento inglés le parece terrible, casi no alcanza a entenderlo en medio del rumor de las conversaciones, las copas y los cubiertos. Por suerte, descubre que el tipo se defiende perfectamente en castellano, es agudo y divertido. En un momento dado, achispados por el vino danés, ambos autores se levantan a la vez para ir al baño. Un empleado del servicio señala la dirección con su dedo enguantado. Atraviesan pasillos alfombrados y salones decorados con molduras barrocas y pinturas medio desvaídas. Cuando llegan junto a una enorme escalera de mármol tapizada de rojo, el irlandés se detiene y prorrumpe en una perorata encendida, dirigiéndose a la oscuridad. El español no está del todo seguro, pero juraría que está improvisando el discurso de recepción del Premio Nobel. El tipo concluye, se vuelve sonriente hacia su compañero y le dice: «Ahora sí, vamos a mear».
Todo ocurrió más o menos como se cuenta. El escritor irlandés no era otro que Colm Tóibín, y su discurso, un alarde de buen humor. No solo no parece que haya escrito jamás con el propósito de hacerse con los once millones de coronas suecas del galardón, sino que este año su nombre figuraba en las apuestas de los que no ganarían el Nobel a 66/1, empatado con los habituales Murakami, Banville, Atwood o Rushdie. Contemplemos la expresión irónica en cualquiera de sus fotografías y no tendremos dudas: el asunto no le quita el sueño a este veterano creador, con una veintena larga de títulos a sus espaldas y una vida que es, tal vez, su mejor obra.
Una novela que empieza en Enniscorthy, villa con castillo anglonormando situada en Wexford, uno de los doce condados de la provincia de Leinster, entre las montañas de Blackstairs y las costas del mar de Irlanda. Allí vieron su padre y sus tíos una noche de 1916 al abuelo, Patrick Tobin, levantando las tablas del suelo de casa para sacar los fusiles que tenía escondidos. Era el célebre levantamiento de Pascua, en el que medio millar de personas murieron en las refriegas tras la toma de la ciudad por los Voluntarios Irlandeses. Los líderes de la insurrección fueron ejecutados, pero el abuelo Tobin pagó su implicación con una condena de varios meses en la prisión galesa de Frongoch. Nunca se habló en la familia del asunto, pero, desde su ventana, Colm podía ver la colina de Vinegar Hill, escenario de la derrota irlandesa, y una postal que el abuelo envió desde la cárcel fue conservada por los suyos como un fetiche.
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Colm tiene que ser un tipo de P.M yo diría… He leído un par de libros suyos, el de Barcelona y «The Blackwater Lightship» también… ambos excelentes…
No he leído «The Master» que habría que leer pero no lo he leído porque no he leído mucho Henry James, más allá de unos cuentos – como Alejandro Amenábar – y «El Retrato de una Dama» que no me llegó a emocionar… sobre todo por la primera frase sobre lo de tomar el té a las cinco de la tarde que me produce un rechazo instantáneo como escocés del barrio…
Luego lo de su abuelo y los rifles debajo del suelo de la casa, tiene que ser muy frecuente ese tipo de anécdota en Irlanda. De mi familia de origen irlandés en Escocia llegue a conocer tres de catorce hermanos, todos muy mayores, y alguna pareja de los fallecidos, por ejemplo, la mujer del hijo mayor de la familia, John Ryan, una mujer impresionante que hablaba el gaélico irlandés en Escocia en el año 2007 o así y cuyo padre había estado en Correos con los mártires de Semana Santa de 1916, cuya ocupación fue el foco de la revolución y desde donde Padraigh Pearce hizo la proclamación de la Republica de Irlanda.
El padre había sido un voluntario del IRA, el primer IRA, el de esa rebelión, un soldado raso como se dice aquí, y ella era muy orgullosa de ese hecho, porque me lo contó casi 100 años después. Mi tío abuelo y ella se habían conocido en un baile de La Liga Gaélica en Glasgow y mi tío abuelo había sido uno de los fundadores de esa iniciativa, cuyo fin era promover la cultura gaélica en una Escocia por lo general hostil y protestante, o ultra protestante y muy hostil…
En todo caso, de esa familia, lo que me impresiona es el nivel de autodidactismo. Vivían 14 en una casa de dos habitaciones en Milngavie cerca de Glasgow, y todos eran intelectuales de alguna forma u otra… una gente muy culta… muy leída… otro tio abuelo, Patrick Joseph Ryan, se murió en la II Guerra Mundial como piloto del RAF por los cielos de Berlin y los más seguro es que Cernuda, entonces exiliado en Glasgow, le daba clases en la Universidad de Glasgow donde estudiaba idiomas, francés incluido, que Cernuda daba entonces… Su nombre figura en la capilla de allí
No puedo sino pensar en el poema de Yeats, «Un Aviador Irlandés Prevé Su Propia Muerte» :
«Los contra quien lucho, no los odio /
Y los que guardo, tampoco los quiero /
Mi país es Kiltartan Cross /
Mis paisanos, los pobres de allí /
Ningún desenlace les iba traer una pérdida/
Ni dejarles mejores que estaban antes /
Sopesé todo, saqué todo a colación /
Los años venideros, una perdida de aliento /
El aliento perdido, los años atrás/
En balance con esta vida /
Esta muerte…
En todo caso, vale anotarlo, hasta cuanto la derecha española se caga en sus bragas con la historia de Irlanda.
Quiero decir Colm se va a Barcelona pero hay que vivir en Madrid para saber que es España, gran ciudad. Hay que estar aquí un rato, o 30 años… Yo cuento lo que he contado arriba, y no quieren saber nada: miradas furtivas, llamadas imprevistas…. je je je… No me cuentes lo de Irlanda, por favor… vale!
Yo si fuese un director español de cierto renombre que iba a rodar una peli en inglés, llamaría a Colm de primera entrada. Hubiese pedido ya una traducción correcta, tirando al literal, y le daría a Colm, amigo dame tu magia, dame tu brillo, dame tu saber…
Pero ya sabemos que Pedro Almodóvar esta encima de estas cosas. Pedro y sus enormes y tremendísimos huevos manchegos cree que los diálogos de sus película son los mismos que el que ha escrito en español. No ha entendido nada, y es doloroso… lo reconozco… los diálogos de una peli de Pedro son tan buenos o malos como el que los hace en inglés…..y allí tienes Colm Toibin por ejemplo… que además en su honda…
… » descubrió que Irlanda no era solo una referencia geográfica sino una forma de ser»…si es el único escritor irlandés que ha descubierto eso (jejeje), se merece el premio nobel…claro, por sus obras no creo…
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