
Cynthia Rimsky (Santiago de Chile, 1962) estudió periodismo pero de a poco fue descubriendo que eso no era lo suyo. Lo suyo era escribir y así lo demuestra su obra: Poste restante, Ramal, El futuro es un lugar extraño, La revolución a dedo, La vuelta al perro, Yomuri, Los perplejos, entre otros, son libros singulares que se han editado en Chile, Argentina y, algunos de ellos, también en España. La charla es en un café del centro de Buenos Aires, ciudad a la que viaja Cynthia cada semana desde Azcuénaga, el pequeño pueblo —el campo, en sus palabras— en el que vive desde hace más de diez años, cuando decidió cruzar la cordillera. Excepto los días en que dicta clases en la Universidad Nacional de las Artes, el resto de la semana transcurre en la paz de la pampa como entorno para la escritura: «mi deseo y mi pasión». Dueña de una mirada única, Rimsky la ha convertido en una marca sin marcas ni fórmulas, en una voz narrativa personal. Una de esas voces que, para ser escuchada, pide que nos alejemos del ruido de época.
En tus libros, de alguna u otra manera, están siempre presentes los viajes, ¿no?
Un trayecto, siempre hay algo como un trayecto.
¿Y eso tiene un por qué? ¿Te lo has preguntado alguna vez?
No. No me lo pregunté, empiezo a escribir y… Los viajes te dan una distancia, una distancia para mirar, una distancia de tiro como necesita ella, la fotógrafa, que tiene que alejarse para tomarnos las fotos. Alejarme me obliga a tomar una distancia frente a lo que estoy escribiendo y es una distancia que aparentemente me acomoda.
Hay algo del movimiento y cierta inestabilidad que tiene cualquier viaje que quizás se traslada a la escritura y la vuelve más plástica. Eso me produjo hace años la lectura de Poste restante. ¿Ese fue tu primer libro?
No fue el primero que escribí, pero sí el primero que publiqué.
Es explícitamente un libro de viaje pero el contenido se traslada a la forma. Cuando uno está de viaje necesita andar más liviano y hay algo de eso en la escritura.
Siempre me interesó eso. Más que qué contar, me interesan las formas. La pregunta que me hago ante cada libro es cómo lo voy a contar porque, si no, me aburro mucho. Yo soy muy inquieta. Si cuando estoy escribiendo me siento cómoda, me aburro. Necesito que haya un desafío, un problema de inteligencia, necesito problemas constructivos.
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Las experiencias de vida y los viajes de Rimsky influyen en lo que ella crea como escritora. Me hace pensar que, aunque no viaje casi por decir nada, mis experiencias personales también influyen en lo que creamos. ¡Menos mal!