
Viene de «Todas las veces que pensé tirarme a las vías del tren. Y no lo hice (1)»
En Estados Unidos existe un caso escalofriante, un fenómeno curioso y trágico a la vez: los «trenes del suicidio» del este de Florida. Resulta que las vías del tren se han convertido en un lugar de elección para algunas personas que deciden poner fin a sus vidas. No, no es una nueva atracción turística, aunque por popularidad podría rivalizar con cualquier parque de atracciones macabro; la fama procede del aumento de la tasa de suicidios desde la crisis de 2008. A causa de la Gran Recesión, muchas personas han enfrentado dificultades económicas, pérdida de empleo y estrés financiero. Y, cuando las cosas se ponen feas, algunas recurren a medidas drásticas.
Las vías del tren han sido durante mucho tiempo un símbolo de velocidad, progreso y movimiento. Pero, para aquellos que están desesperados, pueden representar algo completamente diferente: un escape rápido y definitivo a sus problemas. El sociólogo Marco Jiménez comenta sobre este caso específico que «es muy fácil suicidarse contra un tren. No hay nadie mirando, o que lo pueda impedir. Los suicidas lo saben». Saben que es muy difícil frenar la inercia de la máquina de alta velocidad una vez que el personal ferroviario ha localizado un caso de arrojo a las vías del tren, pero de lo que no se percatan es de que las consecuencias de un error de cálculos pueden provocar una muerte demasiado dolorosa para merecerla; ni reparan en cómo modifica la vida del personal ferroviario que tiene que reponerse a la experiencia de provocar muertes con su material de trabajo, y esto es así en todos los lugares del mundo. Visto así, pareciera que suicidarse bajo las ruedas de un tren no sea una gran opción. Ninguna lo es hasta que la política tenga el valor de explorar las formas legales de arrebatarse la vida con los motivos que seamos capaces de asumir como «aceptables»; entre tanto que eso no ocurre y legislamos en el derecho de la autodeterminación del individuo, queda la clandestinidad y los destrozos que esta provoca en todas sus formas. Desde el pesimismo de Schopenhauer hasta el existencialismo de Sartre, hemos estado desentrañando las complejidades del pensamiento humano y las condiciones sociales que pueden llevar a las personas al borde del abismo. Y los «trenes del suicidio» del este de Florida son solo otro ejemplo de cómo el desespero puede llevar a las personas a extremos inimaginables.
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–¿Has pensado en el suicidio, Marlowe?
–¿Yo? ¡No! ¡Yo no creo en eso!
The Long Goodbye, Raymond Chandler & Robert Altman.
«El largo adiós» o por qué es preferible el rencor y la venganza que el suicidio.
«El largo adiós», con ese comienzo ideal con Jack Sheldon interpretando la estupenda canción con el mismo título, «The long goodbye». ¡No me canso de escucharla!
Lo del tren yo nunca me lo planteé, aunque sí otras opciones que necesariamente me habrían llevado al mismo resultado. A mí lo del tren siempre me recuerda a la triste historia del que fue portero del Barcelona: Robert Enke. Todas esas cosas las cuento en un libro que escribí: «Otro año con mi perro negro: Una historia de lucha contra la depresión». Al que esté pensando en lo del tren o en otras cosas parecidas, le recomiendo, le pido, le ruego, que lea ese libro. A veces hay otra salida. Total, si alguien están pensando en lo del tren, ya no va a empeorar su situación por leer un libro.