
Viene de «¿Qué es preguntar la pregunta por el ser?»
«Todos los hombres tienen por naturaleza el deseo de saber». He aquí la primera oración con la que Aristóteles nos introduce a su Metafísica. Y no hay que considerar este «saber», como he mencionado unas cuantas líneas más arriba, como el simple hecho de adquisición de conocimientos varios, sino que se debe entender en un sentido heideggeriano de querer saber; de tener «voluntad» de saber. Voluntad entendida como la continua autodeterminación y obediencia de uno mismo hacia la resolución de una acción. No es un mero «desear» o «aspirar», sino el hecho de someterse a un imperativo propio; a tener poder sobre lo querido.
Y es grande este «querer saber», cuando la voluntad se determina hacia el ser. Y es que no hay estudio que implique mayor grandeza anímica que el querer saber aquello que parece imposible.
Dicho esto: ¿qué nos hace querer saber acerca del ser? Pues que es lo más esencial de la historia de la filosofía y de la humanidad. Si ni siquiera nos planteamos esta pregunta, nada de lo que hagamos como humanos tendrá sentido. Si no tenemos un porqué de existir, ¿qué importa el cómo vivamos? Esto ya lo tenía claro Nietzsche.
La pregunta por el ser no puede de ninguna manera ir aparte de la pregunta acerca de la existencia o del ente. Aunque las tres sean diferentes, deben preguntarse en cadena. Por ejemplo, no se puede hablar del deporte «fútbol» sin tener en cuenta el balón, el campo y los jugadores. Lo mismo pasa con la metafísica: no se puede preguntar por el ser en sí mismo sin tener en cuenta conceptos como «existencia», «ente» o «nada», pues todos ellos pertenecen al ser. Karl Jaspers trató el primer concepto en su obra Filosofía de la existencia. Cuando hojeé por primera vez la obra, me surgieron preguntas acerca del título: «¿Existir para ser?» «Ser del existir?» «¿Ser del ser?».
Más allá de los banales delirios acerca del título de la obra Jaspers, este, como he mencionado, indagó en el concepto de «existencia»: «Existencia es una de las palabras que se emplean con el fin de designar la realidad (…)» (Jaspers, 1956, 24). Todo lo que está, es decir, aquello que es la realidad, es existente. Existe todo aquello que está en la realidad. ¿Y cómo podemos percibir la realidad?
(…) todo lo esencialmente real existe para mí solo en cuanto yo soy yo mismo. No estamos ahí meramente, sino que nuestro existente (Dasein) nos es confiado como lugar y como de la realización de nuestro surgimiento originario.
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https://books.google.com/books/about/Heidegger_y_su_herencia.html?hl=es&id=VXUYRQAACAAJ
Heidegger y su herencia: los neonazis, el neofascismo europeo y el fundamentalismo islámico.
«»»Cuando apareció Heidegger y el nazismo el mundo intelectual internacional habló de una «bomba», pese al tono mesurado y exacto del texto. El descubrimiento innegable de su vínculo con el nazi-fascismo, comprometía no sólo a su propio país, sino a toda la cultura del siglo XX. Esta discusión sigue viva. Por eso, Heidegger y su herencia: el neonazismo, el neofascismo y el fundamentalismo islámico compromete de modo sorprendente la proyección del pensamiento heideggeriano en el presente y el futuro. Con su metodología estricta y sobria, su exposición clara, fundada siempre en hechos y textos, Víctor Farías pone de manifiesto la función vitalizadora que Heidegger tiene en las formas totalitarias y extremistas de la actualidad. Para todo lector será una sorpresa mayor descubrir su pensamiento en relación a la polémica antisemita y revisionista iniciada por su alumno Ernst Nolte, la función central de la filosofía heideggeriana en el programa y la praxis del NPD —el mayor partido neonazi alemán— y en el discurso teórico de los neofascistas más relevantes de Francia, Italia y Bélgica, fundamentando en él la xenofobia extrema y el antisemitismo. Aun los ecologistas fundamentalistas heideggerianos, con Rudolf Bahro a la cabeza, anhelan el advenimiento de un «Adolf verde». Sorprende también que los fundamentalistas islámicos vean en Martin Heidegger una suerte de icono en su lucha contra los «infieles», la modernidad y la democracia, se revela que Khomeini formó un grupo autodenominado «los heideggerianos» que recibieron la misión de articular la cultura y la legalidad islámica en Irán. Uno de sus miembros era Ahmadinezhad. El neomarxista populista Hugo Chávez, primitivo pero antisemita radical, tuvo como su asesor más importante a Norberto Ceresole, el neonazi heideggeriano más relevante de Argentina. Incluso los neoracistas indigenistas del Perú acuden a Heidegger para fundamentar su «lucha por su sangre inca y su suelo» en la autenticidad del «Ser-ahí» heideggeriano.»»»
Y?
Que lo malo de Heidegger es su gran talento intelectual y que este lo haya dedicado a esa basura ideológica que supuró. Tanto talento que sigue valiendo para todos esos proyectos tan «emancipadores». Porque su basura no es inocente, aunque sea lo que pretenden trasladarnos sus admiradores.
De nada. Saludos.
No se gaste usted, Simplicisímo. No merece la pena. Basta con algo de sentido común.
“Solo el hombre, como único ser vivo con una conciencia real, es decir, con capacidad de tener conciencia (valga la tautología) sobre sí mismo… Ni una mosca, ni un caballo, ni un toro, ni ningún otro animal que no sea el ser humano es capaz de autopercibirse…”
– ¿Y los bebés? Porque si no tienen conciencia, entonces no serán humanos hasta, pongamos los 7 años. Hasta entonces, ¿qué son? ¿Amebas?
– ¿Y si usted se sume en un sueño muy profundo sin sueños? ¿Ha dejado de ser hombre? ¿En ese caso? ¿Qué será? ¿Un ectoplasma? ¿Un pájaro bobo? ¿Un botafumeiro?
– Las personas que están en coma y no tienen conciencia de sí, ¿han dejado de ser personas? No son capaces de autopercibirse. ¿Qué son entonces? ¿Ectoplasmas?
– Tuve un gato, Miau, que sólo me quería a mí. Me daba los típicos cabezazos que los gatos no dan más que a los miembros de su familia. Hay que ser único en la vida de un gato para recibirlos. Si Miau tenía conciencia de mí, ¿cómo no iba a tener conciencia de sí? Era un gato, pero tenía conciencia real suya. ¿Qué era entonces Miau? ¿Un hombre en el cuerpo de un gato?
La respuesta a todas estas preguntas se encuentra en el “Breve tratado de Dios” de Spinoza, un filósofo como la copa de un pino, no como Heidegger, que es más bien como plantar un pino.
Dice Spinoza que el ser humano es parte de la naturaleza. El resto, superstición.
Los seres humanos pertenecemos al mismo “Ser”, la naturaleza, lo mismo que las piedras, los robles o los gatos.
La sustancia pensante y la extensa son una y la misma, comprendidas ya sea bajo aquél atributo, ya sea
bajo éste. En términos más concretos, esto implica que todo acto mental tiene un correlato físico, con el que de hecho es idéntico y viceversa. Son simultáneos.
Véase proposición 7 de la segunda parte de la “Ética”.
La estupidez que posibilitó a los nazis ya se había desplegado en 1935, lo mismo que es claro que ya está instalada en nuestra sociedad.
Deus sive natura…
Se ha ido al más grande junto a Platón y Marx.
Se le ha colado sin querer un adjetivo heideggeriano en la lengua: “grande”. El franquismo en el habla castellana es una asignatura pendiente que impregna a cualquiera. Y usted está ilustrado. Imagine en otro caso.
Lo óptimo de Spinoza es que nos hermana con la “no verdad”.
Constando la naturaleza de infinitos atributos (I, df. 6) y pudiendo nosotros sólo comprender dos (I, df. 5), el ser humano sólo cabe aspirar a un conocimiento “no verdadero”.
Ahora bien, lo que el autor de estos lamentables artículos escribe es sin más falso.
Por poner otro ejemplo, atribuye el libro de Elisabeth Förster y Köselitz, “La Voluntad de Poder” a Nietzsche. Una cosa es que el concepto sea suyo, pero ese texto no lo es. Colli and Montinari destaparon el fraude en 1960. Esa obra es una falsificación de Elisabeth Förster que tenía empeño en fomentar la eugenesia y contaba con amigos de lo más curiosos:
https://lc.cx/MIA5IB
Efectivamente, Nietzsche no amaba precisamente a su cuñado. Respecto a La voluntad de poder, no debería citarse nunca sin prevenir de su carácter espurio.
He disfrutado enormemente leer este artículo, agradezco tenerme aquí a las 4 am leyendo esto, a pesar de no saber mucho de filosofía, mi búsqueda de encontrar alguna respuesta para -el ser- y mi deseo de sentido, algo finalmente me traído hasta aquí.
Una lectura. Atrayente y reflexiva. A querer o no. Me sumerge en un estado mental muy diferente de mi vida cotidiana. Gracias
Durante el transcurso de una depresión me pregunté sobre el ser. La respuesta en ese momento fue: para ser hay que estar. Si no estás en el mundo, si no tienes una impronta, una voluntad, un deseo, una vitalidad, no eres.
Lo relacioné con otra cuestión: porqué en en el idioma inglés el verbo to be puede significar ser y estar, aún me lo pregunto, pero creo que la respuesta tiene como base aquello que escribí en el parrafo anterior, para ser primero hay que estar.
¿Es la guerra el hecho social por excelencia, por definición?Un amigo me dijo esto y me dejó pasmada su sabiduría.
Cuando a mí hija de ocho años le digo que los libros que lee están llenos de violencia me responde que si no no tienen encanto, chicha, sustancia. Con otra palabras me lo dice, pero nada pueriles en definitiva.
Pienso a veces que no existen juegos que no impliquen competencia, que deberíamos inventarlos, y me imagino juegos cooperativos como por ejemplo una fila o grupo de personas que se pasan un balón cada vez con mayor rapidez y precisión, hasta que los participantes se desternillan, se parten de risa por lo divertido y absurdo que resulta. Qué diferente del futbol o baloncesto, qué endemoniadamente divertido es lo no competitivo. Y que lejos estamos de comprenderlo.
Quizá solo soy yo, pero me gusta. Me hace ser yo.
El ser se dice de muchas maneras (es un término análogo), escribió el estagirita. Una de las flexiones del verbo ser, pues no deja de ser un verbo, es la que lo concretiza como ente, el ‘esto’, pues el caso es que todos los entes son. La diferencia ontológica se basa en que el ser no se agota en los entes; ahora bien, ¿qué sentido tiene la pregunta por el ser, más allá de la petulancia de que es esa pregunta la que nos convierte en humanos?
Decir que el hombre es el único ser vivo con conciencia real, me resulta de una arrogancia asquerosa. La verdad es que no tenemos ni p… idea, empezando por el autor.
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